Cómo mantener una buena salud física

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


Esta lección debe enseñarnos a mantener la buena salud y a prevenir enfermedades.

Introducción

Nuestra salud física es importante; tanto es así que una buena salud nos permite lograr, en una forma más fácil, las metas que nos propongamos en la vida. Por esta razón debemos entender lo que necesitamos hacer para mantenernos y para mantener a los nuestros en buen estado de salud. Aunque muchas veces no tengamos una salud perfecta, el Señor espera que tengamos el mejor estado de salud física que sea posible.

La siguiente historia cuenta de un problema común de salud que tienen muchas familias:

Marta Molina tenía solamente ocho meses de edad cuando enfermó gravemente a tal punto de perder mucho peso en muy poco tiempo; tenía la boca seca, los ojos habían perdido su brillo y la fontanela, arriba de su cabecita, se notaba muy hundida. Sin saber qué hacer, y para ayudarla a mejorar, la familia decidió cuidarla a su manera, según las costumbres tradicionales locales; no obstante, éstas no resultaron eficaces (véase Teaching Personal and Family Preparedness, lección 22, “Disease Prevention and Good Health”).

Marta Molina, como muchas otras personas en el mundo, enfermó por razones que la familia no comprendía; por lo tanto, sus familiares no sabían cómo prevenir ni curar la enfermedad. Con frecuencia se practican costumbres y ritos que no tienen eficacia y pueden resultar peligrosos cuando se trata de prevenir o curar alguna enfermedad. Esto es muy común en la actualidad; algunos de esos métodos han causado serios problemas de salud.

Causas de las enfermedades

¿Cuál es la causa de las enfermedades?

Hace mucho tiempo, las personas no conocían la causa de las enfermedades; algunos creían que eran la consecuencia de no haber efectuado los sacrificios requeridos y otros pensaban que eran causadas por los hechizos de sus enemigos. En esta época los científicos y los médicos han investigado y aprendido los orígenes de los problemas de salud. Se ha logrado mucho conocimiento desde que el Evangelio fue restaurado al mundo en el año 1830. A medida que el Espíritu del Señor ha llenado la tierra, muchos descubrimientos han ocurrido para ayudarnos a mantener la salud.

En la actualidad sabemos que la mayor parte de las enfermedades son causadas por microbios, organismos muy pequeños que viven alrededor de nosotros y, por ser tan pequeños, no podemos verlos a simple vista. Algunos microbios viajan a través del aire, otros pasan de persona a persona y otros pasan de los animales e insectos a las personas. Por esta razón debemos hacer los esfuerzos posibles para evitar la entrada a la casa de insectos y animales tales como las ratas y los ratones.

Es más, todo desecho animal o humano debe eliminarse en forma adecuada. El desecho, tanto humano como animal, contiene muchos microbios peligrosos, en especial si proviene de personas o animales enfermos. Si lo dejamos al descubierto, atraerá las moscas y otros insectos, al igual que los roedores. Al mezclarse con la basura, estos insectos y animales los invaden los microbios; después, dichos insectos y animales entran en nuestro hogar y se posan en nuestro alimento, en los utensilios de cocina y otros objetos que nosotros también tocamos. Los microbios que hayan sido depositados en estas cosas pueden enfermarnos.

Al entrar en el cuerpo, los microbios pueden causar muchas clases de enfermedades. Si queremos eliminarlas debemos eliminar también los microbios que las causan (adaptado de Teaching Personal and Family Preparedness, lección 23, “Causes of Infectious Disease”, y lección 25, “Waste Disposal”).

Cómo prevenir la propagación de los microbios

A continuación figuran algunas sugerencias para reducir o eliminar los microbios que causan enfermedades:

  • Limpie la casa regularmente, en especial en los lugares donde puedan habitar los microbios.

  • Proteja los alimentos de los microbios y de los insectos cubriéndolos adecuadamente. Si tiene una nevera (refrigerador) disponible, guarde los alimentos que puedan descomponerse.

  • Lave con cuidado los alimentos para eliminar la mayor cantidad de microbios que sea posible.

  • Lávese las manos antes de comer y después de ir al cuarto de baño.

  • Lávese los dientes después de cada comida a fin de prevenir las caries y otros problemas dentales.

  • Cuando estornude o tenga tos, cúbrase siempre la boca. Esto ayudará a prevenir la propagación de los microbios.

  • Use zapatos, sandalias o cualquier calzado para cubrir sus pies, de manera que no estén en contacto directo con los microbios de la tierra.

  • Coma y descanse adecuadamente. Comer alimentos saludables y descansar lo suficiente nos ayudan a evitar las enfermedades y a sobreponernos a ellas. Un cuerpo saludable tiene mayores probabilidades de resistir los microbios.

Mientras nos esforzamos por mantener una buena salud, prevenimos o eliminamos muchas enfermedades. También somos un buen ejemplo para nuestros hijos, inculcándoles así hábitos saludables.

Cómo proteger la salud

Los médicos nos enseñan que, además de desarrollar y practicar los buenos hábitos de la higiene, debemos protegernos contra las enfermedades por medio de inmunizaciones (vacunas). La poliomielitis, por ejemplo, es una enfermedad que hace un tiempo mataba y lisiaba a muchas personas. Hace unos pocos años un médico-científico descubrió la forma de proteger a las personas de tan terrible enfermedad dándoles una inmunización o vacuna. Cuando nos vacunamos, generalmente recibimos una inyección de esta medicina en el brazo. Para algunas enfermedades necesitamos solamente una inyección, mientras que para otras puede ser que necesitemos varias, con intervalos entre una y otra.

En casi todo el mundo, podemos recibir vacunas en el hospital y en el consultorio médico. Podemos vacunarnos contra enfermedades tales como el sarampión, las paperas, la rubéola, la difteria, la tos convulsiva, la fiebre tifoidea, la viruela, la poliomielitis, la influenza o gripe y el tétanos.

Además de las vacunas, la medicina moderna ha desarrollado medicamentos en forma de líquidos, de pastillas y de otras clases para prevenir y curar enfermedades, los que deben usarse cuidadosamente y de acuerdo con las instrucciones que nos den los médicos y las enfermeras. Nunca debemos ingerir o usar los medicamentos que el doctor haya recetado a otra persona.

Otra buena manera de prevenir las enfermedades es hacerse un examen (reconocimiento) médico por un especialista de la salud o por un médico, por lo menos una vez al año si es posible. Mediante esos exámenes regulares se pueden detectar los primeros síntomas de alguna enfermedad o dolencia. Dado que los jóvenes deben tener un reconocimiento médico antes de ir a la misión, el participar en dichos reconocimientos médicos regulares es una de las maneras de prepararse para ir a la misión.

Qué debe hacerse cuando hay una enfermedad

En general, si ocurre una enfermedad seria, la mejor ayuda médica disponible la proporciona un médico o un hospital. No sólo debemos acudir a los médicos o a las clínicas de salud cuando estemos enfermos, sino que también debemos pedirles que nos capaciten con respecto a los buenos hábitos de higiene.

Desafortunadamente, algunas personas creen que el hecho de acudir a un médico demuestra falta de fe en el Señor. Es cierto que el Señor espera que pongamos en práctica nuestra fe y el poder del sacerdocio cuando estamos enfermos, pero también espera que aprovechemos los servicios y el conocimiento médicos que disponemos.

Antes de que el presidente Spencer W. Kimball llegara a ser el Presidente de la Iglesia, tenía serios problemas de salud. Anhelando tener la mejor salud física posible, consultó con un médico, quien le dijo que debía tener una operación muy delicada del corazón para librarle de su problema. Él depositó gran fe y confianza en sus médicos y procedió con la cirugía.

El día en que fue ordenado y apartado como Presidente de la Iglesia, recibió una carta del doctor Russell Nelson relacionada con su estado de salud. El doctor Nelson sabía que el presidente Kimball tendría preguntas con respecto a su salud, de modo que en esa carta le explicó que el reconocimiento físico al que se había sometido recientemente indicaba que había recuperado totalmente la salud. La carta decía así: “Su cirujano quiere informarle que usted tiene un cuerpo fuerte; que su corazón está mejor ahora de lo que ha estado durante muchos años; y que desde el punto de vista médico usted puede aceptar este nuevo cargo sin preocuparse por su salud”.

El doctor Nelson continuaba diciendo: “Concerniente a la operación crítica llevada a cabo el 12 de abril de 1972… tenía perfectamente presente la magnitud de su llamado apostólico, así como mis propias flaquezas humanas, al contemplar una de las operaciones más complejas y arriesgadas jamás llevadas a cabo. Esta operación resultó técnicamente perfecta en todo detalle, y yo reconozco con gratitud la ayuda del Señor. Por encima de todo atesoro el hecho de que al haber casi completado la operación, me fue manifestado que un día usted sería Presidente de la Iglesia” (véase Edward L. Kimball y Andrew E. Kimball, hijo, Spencer W. Kimball,Historia del Profeta, 1979, pág. 9).

Como resultado de la fe del presidente Kimball en el Señor y por la confianza que él depositó en su médico, pudo realizar sin problemas sus responsabilidades como Profeta del Señor.

Nosotros también podemos gozar de la mejor salud posible si se nos cuida en la debida forma cuando estamos enfermos y si sabemos cuáles son los síntomas de las enfermedades que puedan afligirnos. Muchas enfermedades pueden tratarse con éxito si se les da el tratamiento adecuado en sus primeras etapas.

¿Cuáles síntomas indican que debemos ver a un médico?

Mencione cada uno de los síntomas que están a continuación y analícelos uno por uno.

  • Hemorragias que no tengan explicación y otras pérdidas anormales de fluidos del cuerpo.

  • Heridas que no cicatricen.

  • Tos excesiva o dificultades para respirar.

  • Fiebre prolongada o muy alta.

  • Escalofríos.

  • Dificultad para evacuar el vientre.

  • Marcas oscuras o salpullido en la piel.

  • Pérdida injustificada de peso.

  • Algún dolor grave que haya durado por mucho tiempo.

  • Vómitos o diarrea prolongados.

  • Ataques y desmayos.

  • Dificultades para ver, visión borrosa o cualquier cambio de la vista.

  • Quemaduras serias o quemaduras en gran parte del cuerpo.

  • Dolor o hinchazón en alguna parte del cuerpo.

  • Desmayos prolongados.

  • Cualquier otro cambio en el cuerpo o en su capacidad de funcionar en forma normal.

(Véase Teaching Personal and Family Preparedness, lecciones 26, “Immunizations”; y 27, “Preventing Serious Disease”.)

Cuando experimentemos cualquiera de estos síntomas, debemos comunicarnos de inmediato con un médico, con el hospital o con un trabajador de la salud. Muchas veces demoramos en conseguir el debido cuidado médico; sin embargo, esto puede conllevar a incapacidades graves, a largos períodos de enfermedad o aun la muerte.

Debemos cuidar de la salud de nuestro organismo ya que el cuerpo es el templo de nuestro espíritu. Un cuerpo débil, enfermo, que no puede funcionar adecuadamente, impide que podamos llevar una vida activa.

Conclusión

Estamos aquí para llevar a cabo nuestra salvación y la salvación de otras personas. Para poder hacerlo, debemos tener una mente y un cuerpo saludables, lo que requiere no sólo que los padres se mantengan en buen estado de salud, sino también que sean sabios y juiciosos en el cuidado de sus hijos, y les enseñen buenos principios de salud y los buenos hábitos de higiene.

En la actualidad existen muy buenos y variados recursos para mantener la buena salud; en consecuencia, la mayor parte de las enfermedades y dolencias pueden curarse o prevenirse. El Señor espera que aprovechemos estos recursos para prevenir y curar enfermedades y también espera que hagamos todo lo que podamos por los enfermos, lo que requiere que hagamos uso de las prácticas modernas de la medicina y que ejerzamos la fe, la oración y el poder del sacerdocio. Si hacemos esto y es la voluntad del Señor, el enfermo puede sanarse.

El presidente Brigham Young enseñó: “Entonces busquemos la manera de extender a más no poder la vida que hoy tenemos, observando cada ley de salud y manteniendo un equilibrio adecuado entre el trabajo, el estudio, el descanso y la diversión; así nos prepararemos para una vida mejor. Enseñemos estos principios a nuestros hijos” (Discourses of Brigham Young, pág. 186).

Cometidos

  1. 1.

    De ser posible, asegúrese de que todos los miembros de la familia estén inmunizados. Practique los buenos hábitos de higiene y enséñeselos a sus hijos.

  2. 2.

    Examine sus condiciones actuales de vida y tome las medidas necesarias para limpiar las áreas donde se desarrollen y se propaguen los microbios.

Pasajes adicionales de las Escrituras

D. y C. 89 (la ley de salud del Señor: la Palabra de Sabiduría).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Comuníquese con un hospital o con un trabajador de la salud. Verifique cuáles son los servicios disponibles en su zona, tales como:

    • Instalaciones o servicios médicos.

    • Vacunas y cómo obtenerlas.

    • Cuidado materno y de los niños.

    Esté preparado para incluir esta información en la lección cuando hable sobre estos temas.

  2. 2.

    Ayude a los padres y a los jóvenes a entender que deben obtener la mejor asistencia médica disponible para poder alcanzar su máximo potencial.

  3. 3.

    Ayude a los miembros de la clase a comprender por qué hay que mantener buenas condiciones sanitarias en el hogar.