El vivir la Palabra de Sabiduría

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


El propósito de esta lección es ayudarnos a comprender mejor y a vivir las leyes de salud del Señor.

Introducción

“Paul C. Kimball era un estudiante Santo de los Últimos Días en la Universidad de Oxford, Inglaterra. Cuando se le pidió que entrenara a un equipo de remo cuyos integrantes eran jóvenes que no tenían mucha experiencia, dijo que se sentía ‘incapaz. Yo nunca había entrenado a nadie’.

“Sin embargo, aceptó la asignación con una condición: ‘Si quieren que yo los entrene’, les dijo a los remeros, ‘los voy a entrenar según mis reglas’. Sus reglas comprendían la abstinencia total del tabaco, del alcohol, del té y del café. A los muchachos les tomó más o menos una semana aceptar las condiciones.

“Habiendo obtenido el acuerdo, el hermano Kimball ‘empezó a entrenarles y… trabajó con ellos durante tres horas todas las tardes hasta el mes de febrero. En ese mes se inscribieron en una serie de concursos de remo en las que participaban todas las otras facultades de Oxford. ‘Mis muchachos competían contra equipos de hombres que habían participado en el deporte de remo desde muy pequeños’, expresó el hermano Kimball. ‘El grupo que yo tenía estaba constituido por muchachos sin experiencia. Sin embargo, se habían entrenado arduamente y, que yo sepa, ninguno había usado cigarrillos durante ese período, ni había tomado té, ni café, ni ninguna bebida alcohólica’.

“Aun así, al llegar el día de la carrera, nadie pensaba que los jóvenes inexpertos tenían la más remota posibilidad de triunfar. Cuando se escuchó el disparo que indicó el comienzo de la carrera de dos kilómetros y medio por el río Támesis, todos pensaban que muy pronto el joven equipo se quedaría atrás. Pero cuando los remeros llegaron a mitad de camino, Paul C. Kimball, quien corría por la ribera y usaba un megáfono para gritar instrucciones a su equipo, vio que sus muchachos todavía iban a la par con los demás competidores.

“El hermano Kimball les gritó las últimas instrucciones: ‘¡Ahora es el momento; aceleren!’. Entonces los muchachos aumentaron la velocidad en forma magnífica y, en un minuto, le sacaron treinta metros de ventaja al bote más cercano; luego ganaron la carrera fácilmente.

“En cada uno de los seis días que se llevó a cabo la competición se esperaba que el equipo del hermano Kimball fuese derrotado; pero, al contrario, siguiendo la misma táctica, ganó fácilmente. Paul C. Kimball dijo después: ‘Cuando la gente me preguntaba cómo logré tal éxito con un equipo de novatos, yo respondía: “Hice que los muchachos vivieran de la forma correcta”; ‘y al llegar el momento de aumentar la velocidad, sus pulmones estaban limpios; los sistemas de su organismo estaban limpios; su sangre estaba limpia y sus nervios estaban fuertes’ ”(Joseph Walker, “Victory on the Thames”, Church News, 20 de febrero de 1983, pág. 20).

Las leyes de salud del Señor

¿Cuáles son las leyes de salud del Señor? (La Palabra de Sabiduría [inclusive una dieta balanceada], el descanso adecuado y el ejercicio.)

Durante esta vida mortal, nuestro cuerpo es el hogar de nuestro espíritu eterno. Este cuerpo seguirá cumpliendo con la misma función en la eternidad después de resucitar y juntarse nuevamente con el espíritu. En efecto, el cuerpo es tan importante que el Señor lo llama “templo de Dios” (véase 1 Corintios 3:17). Todas las experiencias que tengamos en esta tierra dejarán una indeleble impresión sobre el cuerpo y el espíritu; por lo tanto debemos tener sumo cuidado en mantener limpio y saludable nuestro cuerpo.

Las leyes de salud del Señor están destinadas a preservar la salud física, mental y emocional. El Señor sabe que cuando somos saludables física, emocional y mentalmente, podemos participar en actividades que ayudan a aumentar la espiritualidad y nuestra influencia positiva sobre los demás. Así nos sentimos felices y podemos mantener a nuestra familia y ayudar a nuestro prójimo y a nuestro Padre Celestial en el desarrollo de Su Reino.

Muchas de las leyes de salud del Señor se encuentran en la sección 89 de Doctrina y Convenios; esta sección se conoce como la Palabra de Sabiduría, la que nos indica qué debemos comer y qué no debemos comer. Entre las substancias que se nos advierte no usar se encuentran las bebidas fuertes, las bebidas calientes y el tabaco.

Las bebidas fuertes

Las bebidas alcohólicas incluyen el licor, el vino y la cerveza. El alcohol no se debe usar como bebida, sino para limpiar el cuerpo y como desinfectante (véase D. y C. 89:5, 7).

Las bebidas calientes

Se define las bebidas calientes como el café y el té. No obstante, los líderes de la Iglesia aconsejan que no usemos ninguna bebida que contenga drogas u otra substancia dañina o que pueda crear hábito.

El tabaco

El tabaco no debe ser ingerido por el hombre en ninguna de sus formas; por el contrario, se trata de una hierba para tratar magulladuras y también para tratar el ganado enfermo. Aun así, debe ser utilizado con juicio y destreza. (Véase D. y C. 89:8.)

Siempre debemos ser cuidadosos con cualquier clase de comida o bebida que pueda crear un deseo que no sea natural o que pueda dañar las funciones naturales del cuerpo. El presidente Spencer W. Kimball nos amonestó diciendo que el uso de las drogas dañinas creará apetitos dentro de nosotros que no son naturales, los que nos causarán gran miseria personal. (Véase Ensign, mayo de 1978, pág. 78.)

Si tenemos dudas acerca de alguna substancia, debemos seguir el consejo del presidente Joseph Fielding Smith: “Si tiene alguna duda acerca de cualquier tipo de comida o bebida, si es buena o dañina, no la toque hasta que haya averiguado la verdad acerca de ella. Si cualquier cosa que se nos ofreciera creara hábito, estamos en lo cierto al concluir que contiene algún ingrediente que es dañino para el cuerpo y, por lo tanto, se debe evitar” (“The Word of Wisdom”, Improvement Era, febrero de 1956, pág. 79).

Además, la Palabra de Sabiduría sugiere alimentos que debemos hacer parte de nuestra dieta; dichos alimentos incluyen toda hierba saludable y toda fruta (véase D. y C. 89:10–11, y D. y C. 49:19). También podemos comer carne de animales y de aves y usar la piel de los animales para hacer vestiduras (véase D. y C. 89:12–13; D. y C. 49:18–19). Sin embargo, el Señor nos ha advertido que no tenemos que matar animales nada más por el placer de hacerlo y desperdiciar su carne (véase D. y C. 49:21). La Palabra de Sabiduría también especifica que todos los granos son buenos para el hombre y las bestias. El trigo es especialmente bueno para el uso del hombre. Si se desea, también se pueden hacer bebidas moderadas de algunos granos (véase D. y C. 89:14–17).

Aunque deberíamos esforzarnos por saber cuáles alimentos son buenos para el hombre, debemos tener cuidado de no llegar a ser fanáticos en nuestras actitudes con respecto a los alimentos. Algunas personas llegan a ser tan cerradas en sus puntos de vista que comienzan a enseñar que hay ciertos elementos básicos en nuestra dieta que no se han de comer. El uso excesivo o el refrenarse de algunos alimentos básicos nunca fue justificado por la Palabra de Sabiduría.

El Señor creó todas las cosas que se encuentran en la tierra para el beneficio y uso del hombre, con el propósito de fomentar la buena salud y la felicidad. Estas son hechas “tanto para agradar la vista como para alegrar el corazón; sí, para ser alimento y vestidura, para gustar y oler, para vigorizar el cuerpo y animar el alma” (D. y C. 59:18–19).

Lea en D. y C. 59:20.

¿Qué significa este versículo?

Hay otros pasajes de las Escrituras aparte del que se encuentra en D. y C. 89 que enseñan acerca de las leyes de salud del Señor. Una de ellas dice así: “Cesad de ser ociosos; cesad de ser impuros; cesad de criticaros el uno al otro; cesad de dormir más de lo necesario; acostaos temprano para que no os fatiguéis; levantaos temprano para que vuestros cuerpos y vuestras mentes sean vigorizados” (D. y C. 88:124). También se nos ha dicho que trabajemos, pero que no hagamos más de lo que nuestras fuerzas nos permitan (véase D. y C. 10:4).

¿Cómo puede afectar nuestra salud el aviso del Señor: “cesad de ser ociosos”? (La actividad fortalece los músculos, el corazón y los pulmones.)

¿De qué forma se relaciona con nuestra salud la amonestación del Señor que dice: “cesad de criticaros el uno al otro”? (La crítica conduce a disturbios emocionales, y la salud emocional es necesaria para nuestra felicidad y para nuestro bienestar espiritual.)

Las leyes de salud del Señor se relacionan con todos los aspectos de la vida, y si vivimos de acuerdo con estas leyes, tendremos una vida bien equilibrada entre lo físico, lo emocional y lo espiritual.

Leyes con promesas

Lea D. y C. 89:18–21.

¿Qué promesas se dan a quienes vivan de acuerdo con las leyes de salud del Señor?

El Señor nos ha prometido que si obedecemos Sus leyes de salud y guardamos Sus mandamientos, tendremos salud y podremos correr sin fatigarnos, y andar sin desmayar (véase D. y C. 89:18, 20). Él también promete que el ángel destructor pasará por nosotros y no nos matará (véase D. y C. 89:21). El presidente Spencer W. Kimball declaró: “El galardón por observar la Palabra de Sabiduría es vida, no sólo vida terrenal prolongada, sino vida eterna” (El Milagro del Perdón, pág. 211).

Uno de los mayores galardones que recibiremos por obedecer las leyes de salud del Señor es el de “sabiduría y grandes tesoros de conocimiento, sí, tesoros escondidos” (D. y C. 89:19).

¿Qué es sabiduría? (El sabio uso del conocimiento.)

Cuando conocemos las leyes de Dios, ¿cuánta sabiduría tenemos si las desobedecemos?

Si obedecemos las leyes de salud, tendremos una mente clara y podremos entender mejor tanto el conocimiento de los hombres como el de Dios; además, disfrutaremos de mejor salud emocional y mental, tal como lo ilustra la siguiente historia.

Muestre la ayuda visual 25-a, “Daniel fue bendecido por guardar la ley de salud del Señor”.

El profeta Daniel fue uno de los que tuvo un entendimiento claro y puro. Después de la captura de Jerusalén, el rey Nabucodonosor, de Babilonia, deseaba que a ciertos jóvenes de entre los cautivos se les enseñara el idioma de él, de manera que llegaran a ser siervos en su palacio. Pero eso significaba que deberían participar de comida y bebida que a ellos se les había enseñado que no debían ingerir.

Daniel fue uno de esos jóvenes escogidos, pero, a diferencia de algunos, Daniel rehusó beber el vino y comer de los alimentos impropios que se le ofrecieron y en cambio pidió que se le permitiera guardar las leyes de salud del Señor y comer los alimentos que él sabía que eran saludables. Se consintió en ello a manera de prueba. Después de un tiempo, se comparó a Daniel con quienes bebieron y comieron los alimentos prohibidos. Por causa de su obediencia, Daniel fue más saludable que los demás y se le dio sabiduría, conocimiento, destreza en el aprendizaje y visiones. (Véase Daniel 1:3–6, 8, 12–19.)

Si somos obedientes a las leyes de salud del Señor, seremos bendecidos, al igual que Daniel, con estos mismos dones, no sólo en esta vida sino también en la eternidad. Estas promesas son ciertas, siempre y cuando sigamos el consejo del Señor. Porque el Señor nos ha dicho que “cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa” (véase D. y C. 130:21). Él también ha dicho: “Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis” (D. y C. 82:10).

Lea nuevamente D. y C. 89:19.

¿Quién nos ayuda a alcanzar la promesa que se menciona en este versículo? (El Señor.)

Cuando obedecemos las leyes de salud del Señor, podemos lograr sabiduría y grandes tesoros de conocimiento. Esto lo recibimos mediante la luz de Cristo; entre otras cosas, la luz de Cristo nos ayuda a reconocer la verdad y a desarrollar la sabiduría (véase D. y C. 88:11–12). La luz de Cristo está a disposición de todos los hombres, pero cuando recibimos el don del Espíritu Santo, en verdad recibimos ayuda adicional. El Espíritu Santo puede enseñarnos a usar esta luz y verdad en la vida para volver a Dios (véase D. y C. 84:45–47).

Mediante la obediencia a las leyes de salud del Señor, también encontramos tesoros escondidos, que son las cosas más sagradas y profundas del Señor. Estos también nos son revelados por medio del Espíritu Santo, “porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios… lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu” (1 Corintios 2:10, 13). Este es un don inapreciable.

Las cosas profundas y sagradas que aprendamos permanecerán con nosotros si somos obedientes a los mandamientos de Dios. El Señor prometió: “Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero” (D. y C. 130:18–19).

A medida que recibimos sabiduría, conocimiento y comprensión mediante el Espíritu Santo, llegamos a parecernos más a nuestro Padre Celestial; llegamos a ser mejores hijos, mejores padres, mejores esposos. Los miembros de la familia aprenden que ellos pueden acudir a nosotros para recibir consejo y bendiciones de nosotros; llegamos a ser poseedores del sacerdocio más rectos y capaces y recibimos la sabiduría y el conocimiento necesarios para nuestras asignaciones en la Iglesia.

Hay otras bendiciones que se encuentran a nuestra disposición mediante la obediencia a las leyes de salud del Señor. Por ejemplo, seremos más productivos en nuestro trabajo porque tendremos la fortaleza y sabiduría para ayudar más a nuestros jefes y patrones. Nuestro aumento en sabiduría y conocimiento nos ayudará también a ser más considerados con los demás, incluso el ser tolerantes con aquellos que no guardan las leyes de salud del Señor.

Conclusión

Las leyes de salud del Señor fueron dadas para nuestro beneficio emocional, físico, mental y espiritual. Se nos promete que si vivimos estas leyes, tendremos salud; de la misma manera, se nos promete un aumento en la sabiduría y en el conocimiento relacionados con las cosas sagradas de Dios. Esta comprensión espiritual y nuestra buena salud nos ayudarán a fortalecer nuestro hogar y familia, a servir al Señor en forma más eficaz y a rendir más en nuestro trabajo.

Cometido

Comprométase a obedecer siempre y en toda circunstancia las leyes de salud del Señor.

En un discurso de una conferencia general, el presidente Ezra Taft Benson dijo:

“El Señor previó la situación de hoy en día cuando la ambición del dinero llevaría a hombres conspiradores a persuadir a los demás a consumir substancias nocivas. La propaganda de la cerveza, el vino, los licores, el café, el tabaco y otras substancias dañinas es muestra de lo que previó el Señor. Pero el ejemplo más pernicioso de maligna conspiración hoy en día lo representan los que inducen a los jóvenes a usar drogas.

“Mis hermanos y hermanas jóvenes, con todo amor les advertimos que Satanás y sus emisarios se esforzarán por persuadirlos a usar substancias perjudiciales porque saben bien que si las usan, los poderes espirituales de ustedes serán inhibidos y caerán en su maligno poder. Consérvense alejados de los lugares y de las personas que los tienten a quebrantar los mandamientos de Dios. Guarden los mandamientos de Dios y tendrán la sabiduría para saber y discernir lo que es malo” (véase “Un principio con promesa”, Liahona, julio de 1983, pág. 79).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Repase el capítulo 29 de Principios del Evangelio, “La ley de salud del Señor”.

  2. 2.

    Esté preparado para destacar las bendiciones espirituales y físicas que se cosechan al vivir las leyes de salud del Señor.

  3. 3.

    Pida a miembros de la clase que lean o presenten historias y los pasajes de las Escrituras que se encuentran en esta lección.