En busca de conocimiento

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


El objetivo de esta lección es alentarnos a buscar conocimiento.

Introducción

Al igual que es natural que los hijos deseen ser como sus padres, es natural que nosotros, cuando nacemos de nuevo como “progenie de Cristo” (Mosíah 5:1–7), deseemos ser como Él. En realidad, el Salvador desea que seamos como Él: nos dio el mandamiento de llegar a ser perfectos tal como lo son Él y nuestro Padre Celestial. Para llegar a ser perfectos como ellos, debemos aprender y desarrollarnos en el conocimiento de la verdad; al hacerlo, aprendemos la manera de llegar a ser como ellos y a hacer las obras que ellos hacen.

El mandamiento de aprender

En Doctrina y Convenios el Señor nos da el mandamiento de aprender.

Lea Doctrina y Convenios 88:78.

De acuerdo con este versículo, ¿qué es lo que el Señor desea que aprendamos? (Los principios, las doctrinas y las leyes del Evangelio.)

De todo el conocimiento que podemos alcanzar, el testimonio de Jesucristo, de Su misión divina y de Su Evangelio es el más importante; de manera que debemos estudiar constantemente las Escrituras y buscar una comprensión más profunda del Evangelio mediante la oración y una vida digna. De nada nos servirá todo lo que aprendamos si no comprendemos y obedecemos los principios de salvación del Evangelio.

Lea D. y C. 88:79.

¿Qué otras cosas quiere el Salvador que estudiemos además del Evangelio? Anote las respuestas en la pizarra (la tierra, el cielo, la historia, los acontecimientos de actualidad, las profecías, nuestro país, otros países).

El presidente N. Eldon Tanner expresó lo siguiente: “Nuestra Iglesia siempre nos ha pedido a los miembros que estudiemos y aprendamos todo lo que podamos en cuanto a nosotros mismos, en cuanto a la historia y la geografía, las ciencias, el universo y, sobre todo, en cuanto al Evangelio de Jesucristo” (Seminario de Representantes Regionales, abril de 1971).

Desde la época de la restauración del Evangelio, la Iglesia siempre ha alentado a los miembros para que estudien; inclusive en los primeros días de la Iglesia, cuando había muchos problemas, el Señor instruyó a José Smith para que organizara escuelas tanto para niños como para adultos. Aparte del estudio del Evangelio, esas escuelas también ofrecían clases de historia, de idiomas, de gramática, de matemáticas y de otras materias. En la actualidad, la Iglesia dedica mucho de su dinero, de sus esfuerzos y de su tiempo para respaldar la educación; de entre esos esfuerzos podemos mencionar el Sistema Educativo de la Iglesia, el que se estableció con el fin de ayudar a satisfacer las necesidades educacionales de los miembros.

Lea Doctrina y Convenios 88:80.

¿Cuál es el verdadero propósito de obtener conocimiento?

El conocimiento que tengamos sobre la gente y el mundo que nos rodea nos ayuda a edificar el Reino de Dios; de este modo, mejoraremos la manera de enseñar el Evangelio a más personas. Además, a medida que los Santos de los Últimos Días lleguen a ser bien respetados en sus profesiones, ya sean médicos o expertos carpinteros, se convierten en ejemplos que pueden influir de tal manera en la vida de otras personas que éstas deseen aprender más sobre la Iglesia.

La educación es importante no solamente porque sirve como una herramienta misional, sino porque a la vez sirve como una fuente de refinamiento en todos los aspectos de la vida. El presidente David O. McKay declaró una vez: “La verdadera educación consiste no tan sólo en aprender acerca de unos pocos hechos relacionados con la ciencia, la historia, la literatura o el arte, sino en el desarrollo del carácter… La verdadera educación inculca la negación a sí mismo y el autodominio, a la vez que disciplina el temperamento, subyuga la pasión y hace de la obediencia a las leyes sociales y morales un principio rector de la vida…

“El propósito de la educación es el de desarrollar en el alumno los recursos que le ayudarán en su bienestar mientras viva” (Secrets of a Happy Life, págs. 46–47).

El lograr conocimiento nos ayudará también a servir a nuestros semejantes; por medio de nuestro conocimiento podemos ayudar a la gente a sobreponerse a sus enfermedades y sufrimientos, podemos buscar maneras de hacer más productiva nuestra vida y proveer el alimento, el vestido y la protección necesarios para nuestra familia. Sobre todo, podemos aprender y compartir con los demás los principios y las leyes que debemos conocer para llegar a ser como nuestro Padre Celestial.

Sin embargo, algunas veces ocurre que a medida que las personas logran mayor conocimiento se sienten orgullosas de su propia sabiduría. Creen que ya no tienen que seguir los consejos del Señor y de Sus Profetas. El Señor nos ha prevenido sobre esto en las Escrituras; ser instruidos está bien, dice Él, si escuchamos Su consejo. De lo contrario estamos usando nuestra instrucción en forma imprudente. (Véase 2 Nefi 9:28-29.)

La importancia de asistir a la escuela

¿Por qué es importante asistir a la escuela? ¿Qué podemos aprender al asistir a la escuela?

Gran parte de nuestra educación académica la logramos en la escuela; allí aprendemos a leer, a escribir, así como los principios básicos de la aritmética; aprendemos historia, geografía y ciencias; estudiamos cómo funciona el cuerpo humano, los movimientos de las estrellas, y la belleza y el propósito de las plantas y de los animales. A medida que aumentamos nuestra comprensión acerca del mundo, podemos contribuir mejor a nuestra familia, a la Iglesia y a la sociedad en que vivimos.

Algunas veces se hace muy difícil seguir una carrera o asistir a la escuela; nos preocupa el dinero, el tiempo y los esfuerzos que se requiere para ello; pero es el Señor quien desea que estudiemos. Por esta razón, Él nos ayudará a alcanzar la meta que nos propongamos si se lo pedimos a través de la oración y por medio de nuestros mejores esfuerzos. A medida que el mundo avanza en los aspectos industrial, tecnológico y científico, la educación académica se considera cada vez más importante; debemos capacitarnos para mantener apropiadamente a nuestra familia, y adquirir conocimiento con el fin de mejorar la sociedad en que vivimos.

A los miembros de la Iglesia, especialmente a la juventud, siempre se les ha aconsejado que hagan todo lo posible por alcanzar una buena educación académica o técnica, lo cual incluye la capacitación necesaria para conseguir un buen trabajo. Donde no existan escuelas públicas o lugares en donde lograr una educación básica, debemos recurrir a nuestros padres o personas capacitadas para que nos ayuden a lograr la educación que necesitemos.

El estudiar es un proceso de toda la vida

Muestre la ayuda visual 26-a, “El estudiar es importante para la juventud”.

De ser posible, deberíamos seguir estudiando después de haber terminado la escuela secundaria, ya sea asistiendo a una universidad, a una escuela vocacional o técnica, o recibiendo una capacitación especial mientras trabajamos.

Muestre la ayuda visual 26-b, “El estudiar es un proceso de toda la vida”.

Incluso cuando pensemos que ya no tenemos la edad para ello, podemos asistir y participar en clases de diferentes materias; existen escuelas o clases para adultos, como también cursos por correspondencia. Si no hubiera posibilidades de asistir a la escuela, podemos buscar a personas preparadas que tienen conocimientos y habilidades o aptitudes especiales, y pedirles su ayuda; por lo general, esas personas están dispuestas a ayudarnos cuando ven que tenemos el deseo de aprender.

Siendo que el Señor nos aconseja que aprendamos, tenemos una razón más que nos motiva a hacer lo mejor que podamos para estudiar a lo largo de nuestra vida. A medida que leamos, estudiemos y aprendamos, pidámosle al Señor que nos ayude a comprender y a retener lo que estudiamos.

Además de las Escrituras, deberíamos buscar conocimiento “de los mejores libros” (D. y C. 88:118). Esto quiere decir que debemos elegir sabiamente los libros o el material de lectura que vayamos a leer. Algunos de ellos nos ayudan a ser mejores seres humanos; nos enseñan bondad y belleza; otros, sin embargo, se dedican a promover y aumentar la maldad.

El presidente Spencer W. Kimball habló al respecto, previniéndonos: “Muchas de estas malignas influencias penetran en el hogar mediante la televisión, la radio, las revistas, los diarios y otras formas de comunicación” (“Fortalezcamos la familia”, Liahona, agosto de 1978, pág. 69). Lo que aprendemos debe desechar las malas influencias y debe llenar nuestra mente con cosas buenas que mantendrán nuestra mente ocupada.

Además de leer libros, revistas y periódicos que nos edifiquen, podemos asistir a la representación de obras que inculquen la compasión, la piedad y la comprensión de otros pueblos y culturas; podemos asistir a conciertos y visitar museos de arte para aumentar nuestro amor por la belleza y hablar con los demás acerca de lo que aprendemos.

Aprendemos por medio de la práctica

Nuestro Padre Celestial nos puso en la tierra para aprender y obtener experiencia. Gran parte de lo que aprendemos sólo se puede aprender por medio de la práctica. No es suficiente simplemente estudiarlo. El autor de Eclesiastés escribió: “Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne… Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o mala” (Eclesiastés 12:12,14). El Señor nos pide que consideremos cuidadosamente la necesidad que tenemos de trabajar fielmente: “Por tanto, aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado” (D. y C. 107:99).

El llevar a cabo las tareas que nos sean asignadas, al obrar en un oficio o llamamiento, nos da experiencia de la que podemos aprender. Al hacer las cosas, a veces cometeremos errores, lo cual nos dará la oportunidad de aprender, de cambiar y de aumentar nuestras habilidades. Al progresar y al mejorar nuestra manera de hacer las cosas, muchas que eran difíciles se hacen más fáciles; entonces, no sólo somos capaces de llevarlas a cabo para nosotros mismos, sino también para ayudar a los demás.

El Señor nos ha dado muchas oportunidades de servir y de liderazgo en Su Iglesia, las que nos ayudarán a desarrollarnos y a aprender si las aceptamos y hacemos lo mejor posible con un espíritu de oración.

En el seno familiar se puede aprender mucho informalmente; las familias pueden concurrir a espectáculos musicales, asistir al teatro, visitar museos; pueden hacer cosas juntos. Los paseos campestres, picnics, vacaciones, campamentos, y aun las caminatas pueden ser actividades de aprendizaje. Por ejemplo, los miembros de cierta familia se turnan para leer un buen libro en voz alta, y luego analizan las ideas que consideren más importantes.

El aprendizaje por medio de la práctica es algo que todos podemos llevar a efecto, sin importar los estudios que tengamos. En cierta ocasión una señora se quejó al distinguido científico, el doctor Louis Agassiz, de que nunca había tenido la oportunidad de aprender. Le contó que ella y su hermana mantenían una casa de huéspedes y que ella no tenía tiempo para hacer nada más. El doctor le preguntó qué clase de trabajo hacía, a lo que ella respondió:

—Pelo papas y pico cebollas.

El continuó preguntando: —Cuando hace eso, ¿dónde se sienta?

—En los últimos peldaños de la escalera de la cocina.

—¿Adónde pone sus pies?

—En el ladrillo barnizado.

—¿Y qué es ladrillo barnizado?

—No sé, señor.

—¿Cuánto tiempo hace que se sienta allí?

—Hace quince años.

—Señora, aquí tiene mi dirección —le dijo el erudito—. ¿Sería tan amable de escribirme una carta contándome acerca de la naturaleza del ladrillo barnizado?

Ella lo tomó en serio. Fue y buscó en el diccionario la palabra “ladrillo”, pero pensó que era una definición muy simple para enviar a un científico de tanto renombre, de manera que recurrió a una enciclopedia; y a medida que seguía leyendo se encontraba con palabras muy difíciles que no comprendía, así que las buscó en el diccionario. Luego, como su interés aumentó tanto en lo que estaba aprendiendo, visitó museos y adoberías (fábricas de ladrillos). Una vez que terminó su estudio, se sentó y le escribió una carta de treinta y seis páginas al doctor sobre el tema de ladrillo barnizado.

El Dr. Agassiz le contestó la carta, dándole a saber que después de haber hecho unos pequeños cambios, había publicado su carta y le enviaba también una considerable cantidad de dinero. Al finalizar la carta había otra pregunta: “¿Qué había debajo del ladrillo barnizado?”.

Ella fue a mirar y, debajo de los ladrillos había hormigas, así que comenzó a estudiar las hormigas. Aprendió que había entre 1800 y 2500 clases diferentes. Se sintió tan fascinada acerca del tema, de la inmensa variedad, y de dónde y cómo vivían, que después de un estudio cuidadoso escribió al respecto un volumen de 360 páginas, el cual el Dr. Agassiz publicó como un libro y le envió aún más dinero.

Con el dinero que obtuvo, viajó y visitó todos los lugares de sus sueños. (Adaptado de Marion D. Hanks, The Gift of Self, págs. 151–153.)

¿Cómo se enriqueció la vida de esta señora además del dinero que recibió? (Aumentó su conocimiento y desarrolló un nuevo interés en el mundo que la rodeaba.)

Nosotros también podemos aprender mucho si nos interesamos en el mundo y en las personas que nos rodean. Podemos aprender mucho si simplemente ponemos atención a nuestras experiencias y buscamos comprenderlas a través del estudio y de la meditación en la mente y en el corazón. Al observar, estudiar, trabajar y meditar, aprenderemos muchas cosas de valor y comprenderemos cómo aplicarlas en nuestra vida diaria.

“Hay cosas que usted puede dar a otra persona, así como hay otras que no le puede dar, a menos que ella desee tender la mano y tomarlas, y pagar el precio por hacerlas parte de sí misma. Este principio podemos aplicarlo al estudio, al desarrollo de nuestros talentos, al absorber conocimiento, al adquirir aptitudes y al aprendizaje de todas las lecciones de la vida” (Richard L. Evans, Richard Evans’ Quote Book, pág. 74).

Analice con la clase esta idea expresada por el élder Evans.

¿De qué oportunidades disponemos para aumentar nuestros conocimientos y experiencias?

Conclusión

El Señor nos mandó que lográramos conocimiento acerca del Evangelio y del mundo. Podemos llevar a cabo este propósito asistiendo a escuelas, tomando cursos por correspondencia, interesándonos en las cosas que nos rodean y tratando de comprender nuestras propias experiencias. A medida que aumentamos en conocimiento, aprenderemos a apreciar la tierra y todas las cosas que el Señor nos ha proveído. Si logramos más conocimiento y capacitación profesional, también estaremos mejor preparados para mantener a nuestra familia, para edificar el reino de Dios, ser mejores ciudadanos y llegar a asemejarnos más a nuestro Padre Celestial.

Cometidos

Padres: Alienten a sus hijos para que estudien. Sean un buen ejemplo de aprendizaje para ellos. Planeen actividades familiares que los ayuden a aprender juntos.

Jóvenes poseedores del sacerdocio: Hagan los planes necesarios que le permitan lograr una educación adecuada.

Preparación del maestro

Antes de presentar la lección:

  1. 1.

    Familiarícese con los programas educacionales de su país y de su comunidad.

  2. 2.

    Pida a varios miembros de la clase que lean y presenten las historias y los pasajes de las Escrituras de esta lección.