El hermanamiento es una responsabilidad del sacerdocio

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


Como poseedores del sacerdocio, esta lección debe motivarnos a fortalecer a los miembros de la Iglesia mediante el hermanamiento.

Introducción

Lea D. y C. 18:10.

¿Cuán importante es cada individuo para nuestro Padre Celestial?

Cada uno de nosotros es importante para nuestro Padre Celestial. Sin importar quién sea, dónde viva, qué idioma hable o a que raza pertenezca, Su obra y Su gloria es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre (Moisés 1:39). Para ayudarlo en esta obra, el Señor ha restaurado el sacerdocio a la tierra y nos ha dado la responsabilidad de amarnos los unos a los otros al igual que Él nos ama.

Las Escrituras nos enseñan que debemos sentir por los demás el mismo interés que sentimos por nosotros mismos (véase D. y C. 38:24). Tenemos la responsabilidad y el privilegio de ayudar a nuestros hermanos y hermanas a fin de que reciban las bendiciones que nuestro Padre Celestial tiene preparadas para los fieles.

“Estamos aquí para ayudarnos mutuamente a progresar, a inspirarnos unos a otros hacia el amor y las buenas obras y no… para juzgar. Nuestra responsabilidad es dar ánimo a quienes están menos activos y extraviados. Tenemos el deber de ‘cuidar de que no haya iniquidad en la Iglesia, ni aspereza entre uno y otro, ni mentiras, ni difamaciones, ni calumnias’. (D. y C. 20:54.)” (Delbert L. Stapley, “El sendero hacia la gloria eterna”, Discursos de conferencias generales, 1973–75, pág. 47).

Lea Lucas 22:32.

El presidente Harold B. Lee declaró: “Estoy convencido de que hay muchas personas en la Iglesia que están cometiendo un suicidio espiritual y que están pidiendo ayuda… si tan sólo pudiéramos reconocer a tiempo ese clamor, seríamos el medio por el que se salvarían muchas almas” (véase “La fortaleza del sacerdocio”, Liahona, marzo de 1973, pág. 4).

El hermanamiento en la Iglesia

El hermanamiento en la Iglesia significa el alentarnos y ayudarnos mutuamente para gozar de la plenitud de las bendiciones del Evangelio; significa demostrar cortesía, compartir experiencias, prestar servicio y demostrar amor, ayudar y efectuar actos de bondad. Hermanamos cuando somos buenos amigos y vecinos, cuando hacemos que otras personas se sientan importantes y demostramos que los necesitamos.

Cuando compartimos nuestro tiempo, nuestros talentos y todo lo que poseemos con los demás, desarrollamos el espíritu de hermandad que Pablo describe cuando dice que los miembros nuevos de la Iglesia no son más extranjeros, “…sino conciudadanos de los santos…” (Efesios 2:19).

Aunque debemos ser amistosos y buenos vecinos con todos nuestros semejantes, es una responsabilidad básica del sacerdocio ayudar y brindar amistad a los miembros nuevos y a los menos activos. La Iglesia nos ayuda a hacerlo de varias maneras. Proporciona programas, tales como la orientación familiar, que nos animan a servir a nuestros hermanos y hermanas; además, la oportunidad de reuniones en las que podemos relacionarnos unos con otros, así como instrucción para que podamos expresar correctamente nuestro amor e interés.

Las personas que no son miembros de la Iglesia siempre deberían ser objeto de nuestro interés, pero también debemos ocuparnos de las familias en las que el padre, la madre, el hijo, la hija, etc., no son miembros de la Iglesia. Estas familias nos necesitan. Al hermanarlas y brindarles nuestra comprensión y amor, podemos ayudarlas a fin de que lleguen a formar una unidad en el Evangelio.

Haga un resumen de estas ideas escribiendo en la pizarra una lista de aquellos que necesiten de nuestra hermandad.

Maneras de hermanar

La manera de hermanar a una persona depende de las circunstancias y de nuestra relación personal con ella. Una familia relata a continuación la forma en que ellos hermanaron a una persona desconocida:

“El extraño que se encontraba al lado nuestro se sentía incómodo; miraba hacia adelante y apenas respiraba. Ni siquiera sonrió cuando vio a nuestros dos niños que siempre eran muy amistosos. Después de la reunión, mi esposo le pidió a tan solemne caballero que viniera a casa para que juntos participáramos de un postre. Una sonrisa hizo que su cara se relajara un poco. Él nos explicó: ‘Apenas me bauticé la semana pasada y acabo de mudarme a este barrio’. Después pasaba a visitarnos varias veces por semana, contándonos acerca [del aumento de su conocimiento del Evangelio], ansioso de hablar de las Escrituras y de sus asuntos personales. Grande fue nuestro gozo al observar el desarrollo de nuestro hermano en el Evangelio; ya no era un extranjero” (Susan Spencer Zmolek, “The Stranger Within our Gates”, Ensign, marzo de 1976, pág. 49).

Sin embargo, el hermanamiento se lleva a cabo de manera diferente cuando se trata de la orientación familiar. Una hermana contó cómo fue que los maestros orientadores los incluyeron a ella y a su hijo en sus actividades:

“Yo quería empezar una vida nueva después de un doloroso divorcio, de manera que tomé a mi hijo y me mudé al sur para completar mis estudios universitarios. Suponiendo que el clima iba a ser caluroso, no llevamos los suéteres ni las mantas. ¡Qué frío pasamos en el invierno en aquella cabaña que estaba diseñada para el verano! Tenía miedo de encender el calentador o de pedir mantas prestadas. No conocía a nadie y no me sentía parte de ese grupo de gente de la Iglesia porque yo era divorciada y no quería que nadie pensara que iba a ser una carga; de modo que me sentí muy feliz cuando llegaron los maestros orientadores. Ellos querían de todo corazón que nos sintiéramos bien y venían a vernos en forma regular, aun cuando no teníamos teléfono y en varias oportunidades no nos encontraron en casa. En varias ocasiones nos incluyeron en sus actividades familiares. Finalmente, no tuve ningún reparo en pedirles que nos prestaran algunas mantas” (citado por Susan Spencer Zmolek, “The Stranger Within our Gates”, Ensign, marzo de 1976, págs. 47–48).

Escriba en la pizarra los métodos de hermanamiento que se demostraron en las experiencias mencionadas anteriormente.

Obviamente, si sentimos una verdadera amistad hacia los demás, las actividades de hermanamiento se extenderán más allá de las actividades del día domingo para incluir otras ocasiones y actividades durante la semana. Tales actividades podrían ser invitaciones a nuestro hogar y a actividades sociales, comunitarias y de la Iglesia. La hermandad es una de las características del verdadero santo, persona a la que Jesús se refirió cuando dijo: “Fui forastero, y me recogisteis” (Mateo 25:34–36).

El siguiente relato es un ejemplo de la forma en que dos miembros varones de la Iglesia demostraron la verdadera hermandad:

Había un joven hombre que se encontraba solo y triste. Su asistencia a la Iglesia era irregular y consideraba que era difícil llevar a cabo las asignaciones que se le encomendaban. Dos hermanos viudos lo invitaron a participar en las noches de hogar con ellos.

Antes de que pasara mucho tiempo, el lunes por la noche llegó a ser el tiempo más importante de la semana para él. Allí participaba en conversaciones del Evangelio y se sentía motivado para orar más diligentemente; de ese modo no demoró mucho para que su testimonio cambiara del conocimiento pasivo al testimonio ardiente de la verdad.

Los dos hermanos lo aceptaron y le extendieron la más cordial amistad de la mejor manera posible. Lo invitaban a sentarse junto a ellos en las reuniones de la Iglesia y después, a cenar a su casa; lo llevaron de compras y le ayudaron a arreglar la casa.

Con ese ejemplo, en poco tiempo él mismo comenzó a ayudar a otras personas, así como a ser responsable de sus asignaciones en la Iglesia. Un día, conversando con uno de sus amigos acerca de la felicidad en la vida, éste le preguntó: “¿Qué piensas que fue lo que causó el cambio?”.

“Los más importante fue el amor que tuvieron dos amigos”, exclamó. “He llegado a confiar y a sentirme seguro del amor que ellos me dan y ese amor me ayuda a hacer cosas que jamás habría soñado que podría hacer” (adaptado de Cursos de estudios de la Sociedad de Socorro, 1977–78, pág. 126).

Agregue a la lista de la pizarra las formas en que estos dos hermanos ayudaron a hermanar a un miembro que se sentía solo.

El hermano Ernst Eberhard, hijo, relata la siguiente historia relacionada con el hermanamiento:

“La hermana Susan Munson es una hermana muy activa en la Iglesia y ha esperado pacientemente que su marido, que no es miembro, demuestre algún interés por la Iglesia. Él siempre decía: ‘¡Ah!, eso está bien para ti y los niños, pero a mí no me interesa’.

“Eso es sólo parte de la verdad. Jack es también tímido… Finalmente Susan le pidió al hermano Caldwell, líder misional del barrio, si podía ayudarla de algún modo. El prometió considerar el caso en la reunión semanal de la obra misional.

“El grupo… decidió comenzar por organizar una fiesta de vecinos, considerando que era la mejor manera de atraerlo. Les pidieron a tres familias que organizaran una fiesta para los Munson y para la familia Noble, que eran investigadores de la Iglesia… Estas tres familias participaron en el hermanamiento.

“Jack se sentía un poco reacio a participar, pero estaba sorprendido y encantado a la vez con la amistad natural y sincera del grupo. Al terminar, él mismo apoyó entusiastamente la idea de tener una segunda fiesta; esta vez se trataba de un picnic después de dos semanas. Nadie dijo nada de asistir a la Iglesia, pero Allen Westover, quien había estado hablando con Jack en cuanto al proyecto que éste tenía de pintar su casa, llegó el sábado a la casa de Jack con su propia escalera y volvió varias tardes después de su trabajo. Steve Caldwell y Glen Rivers también ayudaron varias veces.

“Más adelante ese mes, cuando el quórum de élderes tenía un proyecto de servicio, Jack estaba listo para ayudar… A medida que pasaba el verano, Jack pasaba más y más tiempo entre los miembros de la Iglesia. Las conversaciones variaban entre cañas de pescar, política, cómo enseñar a los niños, cómo plantar un huerto, cómo solucionar problemas en el matrimonio y cómo resistir las presiones en el trabajo. Jack escuchaba y opinaba. Algunas de las actividades sociales incluían noches de hogar y conversaciones de naturaleza espiritual. Para alegría de Susan, una tarde Jack le dijo que estaba listo para tomar el próximo paso de que los misioneros de la Iglesia le enseñaran y… de unirse a la Iglesia”.

El hermano Eberhard agrega lo siguiente: “No hay nada más artificial que una actividad de hermanamiento sin el espíritu de hermanamiento. Primero tiene que surgir el sentimiento”. Él sugiere que seamos buenos oidores, que busquemos lo que a ellos les gusta y lo que no les gusta, que sepamos cuáles son sus actividades familiares y sus actividades laborales. Pone énfasis en que aquellos que hermanamos deben saber que verdaderamente estamos interesados. (“That Part-member Family”, Ensign, julio de 1978, pág. 38–39.)

¿Qué métodos de hermanamiento se usaron en esta historia que puedan agregarse a la lista que ya se encuentra en la pizarra?

Analicen la lámina “Actividades para hermanar” (ayuda visual 10-a). Agregue otras actividades que sugieran los miembros de la clase.

Conclusión

El hermanamiento es una responsabilidad del sacerdocio; ayuda a los nuevos conversos y a otros miembros de la Iglesia a sentirse bien y a saber que los necesitamos; además, los motiva a participar en la Iglesia. A medida que aceptamos la responsabilidad de ayudar a otras personas a activarse en la Iglesia, experimentamos gozo y satisfacción. El Señor promete que este gozo será eterno.

Lea D. y C. 18:15–16.

Pida al miembro de la clase antes asignado que dé su testimonio de cómo le ayudó el hermanamiento.

Cometidos

  1. 1.

    Busque a un converso nuevo y hermánelo.

  2. 2.

    Dedíquese a hermanar más a las familias que tiene asignadas en la orientación familiar.

  3. 3.

    Seleccione a una familia menos activa y esfuércese por hermanarla para que vuelva a la Iglesia.

  4. 4.

    Sea amistoso con todos los miembros de la Iglesia, especialmente con aquellos que son desconocidos.

  5. 5.

    Si hay una familia de miembros y algunas personas que no lo son, incluya también a las personas que no son miembros en las actividades de la Iglesia.

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Pida a un miembro de la clase que dé su testimonio de la forma en que lo ha ayudado el hermanamiento. Puede ser un converso reciente a la Iglesia, un miembro que volvió a la actividad en la Iglesia o alguien que ayudó a otra persona a activarse.

  2. 2.

    Prepare un cartel con actividades de hermanamiento (véase ayuda visual 10-a).

  3. 3.

    Pida a un miembro de la clase que lea o presente las historias y los pasajes de las Escrituras de esta lección.

Actividades para hermanar.

Actividades en nuestro hogar

  • Tener una cena juntos.

  • Escuchar buena música.

  • Participar en una actividad recreativa.

  • Mirar un buen programa de televisión.

  • Mostrar diapositivas o fotografías.

  • Tener un picnic en el patio.

  • Tener una fiesta informal.

  • Pedirles que nos ayuden en un proyecto.

Actividades en el hogar de ellos

  • Llevarles un pastel u otro postre.

  • Planear juntos una fiesta.

  • Ayudarles con algún proyecto:

  • Visitarles inesperadamente, “sólo porque son nuestros amigos”.

  • Cuidar a sus niños.

  • Plantar un huerto.

  • Ayudarles a instalarse en una casa nueva.

  • Ayudarles a reparar algo.

Actividades en la comunidad

  • Ir a una película o programa especial.

  • Pasar a buscarlos en camino a una actividad en la escuela. (Tener un refrigerio después en nuestra casa.)

  • Ir a un picnic.

  • Participar juntos en deportes.

  • Asistir a una actividad que los niños tengan en común (un partido de fútbol, etc.).