Las llaves del sacerdocio

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


El propósito de esta lección es el de mejorar el entendimiento que tenemos sobre las llaves del sacerdocio; su significado y uso.

Introducción

Para abrir el cerrojo de una puerta necesitamos una llave; no podemos entrar en una casa a menos que tengamos la llave de la puerta o que el dueño nos permita entrar. Asimismo, con la excepción del derecho que tienen los esposos o padres de bendecir a su familia, un poseedor del sacerdocio sólo puede usarlo cuando tiene la autorización correspondiente. Por ejemplo, un presbítero tiene la autoridad para ordenar a otra persona a un oficio del Sacerdocio Aarónico, pero no puede hacerlo sin recibir el permiso del obispo o del presidente de rama para hacerlo. Este poder para dar permiso se denomina las llaves del sacerdocio.

“…es necesario que todo acto efectuado bajo esta autoridad se haga en el momento y lugar apropiados, en la manera debida y de acuerdo con el orden correcto. El poder de dirigir estas obras constituye las llaves del sacerdocio” (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, pág. 131).

El presidente Joseph F. Smith explicó: “Estas llaves son el derecho de presidir; el poder y la autoridad para gobernar y dirigir todos los asuntos del Señor sobre la tierra. Aquellos que las poseen tienen el poder para gobernar y controlar la forma en que todos los demás pueden servir en el sacerdocio. Todos nosotros podemos poseer el sacerdocio, pero únicamente podemos ejercerlo cuando aquellos que poseen las llaves nos autorizan” (“Las llaves eternas y el derecho de presidir”, Liahona, marzo de 1973, pág. 18).

¿Cuál es la diferencia que existe entre el sacerdocio y las llaves del sacerdocio?

El sacerdocio es el poder o autoridad de Dios. Las llaves son el derecho de usar este poder o autoridad en una forma específica.

¿Quién tiene las llaves del sacerdocio?

Jesucristo ha tenido siempre todas las llaves del sacerdocio. Cuando Él llamó por primera vez a sus Doce Apóstoles, les dio a todos ellos el sacerdocio (véase Juan 15:16).

Muestre la ayuda visual 2-a, “Cristo ordenó a Sus Apóstoles y les dio las llaves del sacerdocio”.

Antes de ser crucificado, Cristo les dio las llaves del sacerdocio a Pedro, a Santiago y a Juan. Esto tuvo lugar en el Monte de la Transfiguración. (Véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 184; Mateo 17:1–9.) Sin embargo, estas llaves se perdieron en los siglos siguientes a la muerte de los Apóstoles, y antes de que los hombres pudieran ejercer nuevamente este sacerdocio, las llaves tendrían que ser restauradas. Por esta razón el Señor envió a Pedro, a Santiago y a Juan al profeta José Smith, a fin de restaurar el Sacerdocio de Melquisedec y las llaves correspondientes a ese sacerdocio (véase D. y C. 27:12–13).

Estas sagradas llaves fueron entregadas a todos los Apóstoles y Profetas de la Iglesia y, en la actualidad, se encuentran en poder del Profeta y de los Apóstoles.

Muestre la ayuda visual 2-b, “El presidente Gordon B. Hinckley”.

Aunque cada uno de los Apóstoles tiene todas las llaves del sacerdocio, el plan del Señor requiere que sólo un hombre a la vez haga uso de estas llaves en favor de toda la Iglesia. Por lo tanto, el Apóstol más antiguo (según la fecha de su ordenación y no por su edad) es ordenado como Presidente de la Iglesia por el Quórum de los Doce, recibiendo así el derecho de ejercer todas las llaves del sacerdocio. Cuando él muere, el resto de los Apóstoles ordena al Apóstol más antiguo del quórum (el Presidente del Quórum de los Doce) para usar las llaves apostólicas que tiene en su plenitud como Presidente de la Iglesia.

El Presidente de la Iglesia es, por lo tanto, el único hombre de la tierra que tiene el poder para ejercer todas las llaves del sacerdocio (véase D. y C. 132:7). Sin embargo, él delega algunas llaves a los líderes que presiden en la Iglesia. (Estos hombres son los presidentes de templo, los presidente de misión, los presidentes de estaca, los obispos, los presidentes de rama y los presidentes de los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec.) Ellos, a la vez, delegan parte de su autoridad (pero no sus llaves) a otros hombres y mujeres en sus unidades cuando los apartan para que desempeñen diferentes oficios y llamamientos.

El presidente Joseph F. Smith lo explicó de la siguiente forma: “Sólo una persona a la vez, el Profeta y Presidente de la Iglesia, posee estas llaves en su plenitud. Puede delegar cualquier porción de este poder a otro, y en tal caso dicha persona posee las llaves de esa obra particular. De modo que el presidente de un templo, el presidente de una estaca, el obispo de un barrio, el presidente de una misión, el presidente de un quórum, cada uno de ellos posee las llaves de las obras efectuadas en ese cuerpo o sitio particular. Su sacerdocio no ha aumentado a causa de este nombramiento especial” (Doctrina del Evangelio, pág. 131).

Cuando un hombre recibe el Sacerdocio de Aarón o de Melquisedec, al mismo tiempo recibe algunas llaves en forma automática; éstas consisten en ciertos derechos que no perderá mientras conserve el sacerdocio. Por ejemplo, cuando se le confiere a un hombre el Sacerdocio de Melquisedec, se le dan las llaves para bendecir a sus hijos, a los enfermos o a los que necesitan bendiciones de consuelo. Estas llaves sólo se le pueden quitar si peca con tal gravedad que tenga que ser excomulgado. De lo contrario, continúan perteneciéndole aun más allá de la muerte.

Por otra parte, hay ciertos poderes y derechos que se le pueden dar a los poseedores del sacerdocio que le son otorgados sólo por ciertos períodos de tiempo. Un presidente de rama, por ejemplo, tiene las llaves para dirigir su rama solamente por el período que sea presidente de rama. Cuando es relevado de ese puesto, deja de poseer esas llaves.

La importancia de las llaves del Sacerdocio

Cuando se llama a una persona para que desempeñe una asignación temporaria en la Iglesia como oficial o maestro, dicha persona tiene que ser apartada para ese llamamiento. El oficial que posee las llaves de ese llamamiento le da a esa persona, en la bendición de apartamiento, el derecho a desempeñarlo. De ahí en adelante, nadie más puede actuar en el llamamiento que le fue conferido a esa persona; en la misma forma que ella, a su vez, no puede asumir los deberes de otra persona. La persona conserva ese derecho hasta que es relevada de ese puesto. Este relevo lo realiza el oficial que preside, después de lo cual esta persona ya no tiene el derecho de actuar en ese puesto. Los miembros de la Iglesia pueden ser apartados para servir en cargos dentro de la Iglesia por el transcurso de unas semanas, por algunos meses o por años. El tiempo que sirvan dependerá de las necesidades existentes, la forma en que cumplan con sus deberes y la guía que el oficial que preside reciba del Señor.

Aun cuando tanto los hombres como las mujeres pueden ser apartados para ciertos llamamientos, solamente los poseedores del sacerdocio son ordenados para oficios en el sacerdocio. Estos oficios incluyen los de diácono, maestro, presbítero, élder, sumo sacerdote, obispo, patriarca, Setenta y Apóstol. La ordenación a cualquiera de estos oficios permite que esa persona sirva en la Iglesia en una manera específica, pero, como ya se ha explicado anteriormente, sólo cuando recibe la autorización debida para hacerlo de quienes tienen las llaves del sacerdocio.

El siguiente relato demuestra la forma en que el uso correcto de las llaves del sacerdocio mantiene el orden en la Iglesia.

El hermano Hiram Page, que vivió en los primeros tiempos de la Iglesia, pensó que tenía la autoridad para revelar la palabra del Señor a los miembros; comenzó a contar a otras personas sus revelaciones, y muchos miembros de la Iglesia creyeron todo lo que enseñaba. El profeta José Smith oró y le preguntó al Señor qué debía hacer, y el Señor le respondió: “…nadie será nombrado para recibir mandamientos y revelaciones en esta iglesia sino mi siervo José Smith, hijo…” (D. y C. 28:2). También le dijo a José Smith que le informara a Hiram Page que las cosas que había enseñado y escrito eran inspiradas por Satanás. El Señor le explicó que Hiram no era quien debía recibir revelaciones para la Iglesia. Dijo: “…no se le han señalado estas cosas… Porque es preciso que todas las cosas se hagan con orden…” (D. y C. 28:11–13).

El profeta José Smith siguió Sus instrucciones: se reunió con Hiram Page y le dijo lo que el Señor le había mandado. El hermano Page, en forma muy humilde, expresó su pesar y prometió no hacerlo más. Al ver su arrepentimiento, José le pidió que saliera a una misión. Tiempo más tarde, durante una conferencia, el Profeta dijo a los miembros lo que el Señor había revelado y les pidió que olvidaran lo que el hermano Hiram Page les había enseñado; todos estuvieron de acuerdo y votaron aceptar a José como el único Profeta, Vidente y Revelador. (Véase José Smith, History of the Church, 1:109–15.)

¿Por qué es importante que un solo hombre ejerza todas las llaves del sacerdocio?

La Iglesia del Señor es una “casa de orden”

El sacerdocio es sagrado, y por eso se nos enseña que debemos ejercerlo con cuidado. El sacerdocio es, por lo tanto, controlado en forma ordenada para evitar confusiones y prevenir su mal uso. “He aquí, mi casa es una casa de orden, dice Dios el Señor, y no de confusión” (D. y C. 132:8).

Este orden siempre ha sido parte del reino del Señor en la tierra. Por ejemplo, Moisés aprendió acerca de la necesidad de tener orden poco después de haber sido llamado para sacar a los israelitas de su servidumbre. Los israelitas necesitaban el liderazgo que los mantuviera unidos, pero Moisés comprendió muy pronto que le era imposible guiar a toda esa multitud por sí solo. De manera que escogió a “varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad” y los llamó para que fueran jefes de grupos de millares, de centenas, de cincuenta y de diez personas, y les enseñó a presidir sobre sus grupos. (Éxodo 18:17–22.)

En la actualidad se les entregan las llaves del sacerdocio a nuestros líderes del sacerdocio —obispos y presidentes de estaca, de distrito, de rama y de quórum— para que seamos dirigidos en forma ordenada y recibamos las ordenanzas necesarias del Evangelio. Entre las responsabilidades que tienen los líderes de la Iglesia, por poseer las llaves del sacerdocio, se cuentan las siguientes:

  • Entrevistar a aquellos que van a recibir alguna ordenanza.

  • Explicar la importancia de la ordenanza.

  • Determinar si la persona está preparada para recibir la ordenanza.

  • Llevar los registros necesarios.

  • Determinar la dignidad de quienes efectuarán la ordenanza.

  • Pedir a alguien que dirija las reuniones de la Iglesia.

  • Pedir los votos de sostenimiento a los miembros de la Iglesia.

El padre tiene las llaves para bendecir a su familia

Por llamamiento del Señor, el padre es el jefe del hogar. Para ser un verdadero guía espiritual de su familia, debe poseer su sacerdocio en forma honorable y, si así lo hace, tendrá el poder para guiar y bendecir a su familia en amor y armonía.

¿Qué llaves poseemos como jefe de nuestra familia?

¿Qué nos permiten hacer estas llaves en beneficio de los miembros de nuestra familia?

El sacerdocio puede traer muchas bendiciones maravillosas a nuestra vida. El obispo H. Burke Peterson hizo una lista de algunas de esas bendiciones: “Si vivimos para lograrlo, el nuestro puede ser el poder que nos dé nuestro Padre Celestial para llevar la paz a un hogar con problemas; el poder que bendiga y reconforte a los niños pequeños; que brinde un descanso apacible a los ojos enrojecidos por el llanto de la madrugada; el poder… que calme los nervios de una esposa cansada; que guíe al adolescente confundido y vulnerable. Podemos poseer el poder para bendecir a una hija antes de que salga por primera vez con un joven o antes de su casamiento en el templo; o para bendecir a un hijo antes de su partida para una misión o para estudiar fuera del hogar… El nuestro puede ser el poder que sane a los enfermos y dé consuelo a los solitarios” (véase “La autoridad y el poder del sacerdocio”, Liahona, agosto de 1976, pág. 26).

¿Qué piensa usted del hecho de que un padre digno tiene el poder y la autoridad para bendecir a su esposa y a sus hijos? ¿Cómo se sentiría usted si un miembro de su familia le pidiera una bendición?

La hermana Kyuln Lee, de Corea, recibió el consuelo de una bendición del sacerdocio en su hogar; ella relata lo siguiente:

“Sucedió hace casi siete años, cuando mi hija mayor tenía sólo diez meses de edad. Mi esposo, que era miembro de la presidencia del Distrito de Corea, tenía que viajar grandes distancias casi todos los fines de semana para cumplir con sus deberes en la Iglesia, dejándome sola con Po Hee, nuestra hijita. Ese sábado, él había viajado siete horas en tren, 400 km, a Fusán, y esa noche había regresado a Seúl para asistir a una conferencia por la Rama Seúl Este, el día domingo; el viaje era cansador y me daba lástima por él.

“Po Hee estuvo bien de salud el sábado y el domingo; aunque estuvo un poco inquieta durante la reunión sacramental. Cuando volvimos a casa, tomó su biberón y se quedó dormida. Eran las 9:30 de la noche cuando comenzó a llorar, más fuerte de lo común, y al levantarla comprobé que tenía mucha fiebre. No sabía qué hacer. Al hacer las averiguaciones, comprobé que el único hospital cerca de casa ya había cerrado. Ella siguió llorando por largo rato, y cuando mi esposo finalmente llegó a casa, yo también empecé a llorar.

“El nos abrazó fuertemente a las dos y me preguntó qué había pasado. Po Hee se veía muy enferma. Cuando terminé de contarle, dejó su chaqueta y su maletín a un lado, sacó aceite consagrado y bendijo a nuestra hijita. No recuerdo todas las palabras, pero después de pronunciar las palabras formales de la administración continuó: ‘Padre Celestial, estoy agradecido por la vida, por mi esposa y por mi hijita. Estoy agradecido por este Evangelio restaurado y por la oportunidad de servir en tu obra. Tú me enviaste a Fusán y a la Rama Seúl Este para atender los asuntos de la Iglesia. Yo cumplí con la responsabilidad que se me asignó ayer y hoy; y ahora, Padre, encuentro a mi hija muy enferma. Tú me has ayudado siempre; te ruego que también me ayudes esta noche’.

“Antes de que terminara la oración, nuestra hijita estaba dormida, y cuando miré a mi esposo, estaba mirándola con lágrimas en los ojos.

“Nuestra hijita está ahora en el segundo año escolar y es muy saludable y feliz, pero todavía puedo recordar claramente la parte de la oración de mi esposo, cuando le dijo al Señor: ‘Yo cumplí con la responsabilidad que se me asignó ayer y hoy’. Espero poder continuar apoyando a mi esposo, para que él siempre pueda decirle al Señor que es obediente. ¡Es una gran bendición tener un esposo que honra su sacerdocio!” (“Our Baby, My Husband, and the Priesthood”, Ensign, agosto de 1975, pág. 65).

Muestre la ayuda visual 2-c, “Las bendiciones del sacerdocio están a disposición de todos los miembros de la familia”.

Las bendiciones especiales que ofrece el sacerdocio están disponibles para todos los miembros de la familia. Un hijo con un problema que resulte difícil de resolver, o una esposa con necesidad de consuelo o de guía, pueden pedir una bendición especial, para recibir así la ayuda que necesitan del Señor. Al recibir tales bendiciones, debemos recordar que muchas pruebas son para nuestra experiencia; debemos resolverlas de la mejor manera posible a solas, pero cuando reconocemos que necesitamos ayuda adicional, podemos recurrir a un poseedor del sacerdocio de nuestra familia, a nuestros maestros orientadores o a otro líder del sacerdocio y pedirles una bendición especial del sacerdocio.

Pida a los hermanos que cuenten brevemente algunas de las bendiciones recibidas por su familia a través del sacerdocio.

“El padre de familia debe tener hambre y sed y añoranza por bendecir a su familia, por recurrir al Señor, por meditar las palabras de Dios y por vivir de acuerdo con el Espíritu, con objeto de conocer la mente y la voluntad del Señor, y lo que debe hacer para guiar a su familia” (Ezra Taft Benson, God, Family, Country: Our Three Great Loyalties, pág. 185).

Además de proveer esta clase de guía, el élder A. Theodore Tuttle dijo: “…se debe alentar a un padre digno que posee el Sacerdocio de Melquisedec para que dé un nombre y bendiga a sus hijos. El debe administrar a los enfermos en su hogar… Puede dar a sus hijos una bendición paterna” (A. Theodore Tuttle, “The Role of Fathers”, Ensign, enero de 1974, págs. 66–67).

El presidente Joseph Fielding Smith expresó: “Como patriarca de su hogar, un padre es también un revelador para su familia… y… en este sentido está en una posición para recibir revelaciones del Señor para el bienestar y la bendición de su familia” (véase Doctrina de Salvación, 3:162–163). Los padres dignos deben también bautizar a sus hijos, confirmarlos, concederles el don del Espíritu Santo y ordenarlos al sacerdocio. Sin embargo, a diferencia de los derechos que le incumben por ser padre, éste sólo puede hacer estas cosas siempre y cuando haya recibido la autorización correspondiente de los líderes del sacerdocio que poseen las llaves de esa autoridad, en la unidad de la Iglesia a la que el hombre pertenezca.

Conclusión

Para llevar a cabo ciertas ordenanzas como poseedores del sacerdocio, debemos recibir la autorización de nuestros líderes eclesiásticos. El poder para dar esta autorización se llama las llaves del sacerdocio. El Profeta es el único hombre en la tierra que tiene todas las llaves del sacerdocio, pero él ha dado algunas de esas llaves a los líderes que presiden las unidades de la Iglesia. Estos líderes, a su vez, nos dan la autorización para usar el sacerdocio que poseemos.

Por otra parte, cuando se nos ordena al Sacerdocio de Melquisedec, recibimos ciertas llaves para usar como padres. Con estas llaves podemos usar el Sacerdocio para bendecir a nuestra familia sin tener que recibir permiso para hacerlo.

Cometido

Medite y ore para saber cómo puede usted usar su sacerdocio para bendecir a los miembros de su familia.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • D. y C. 65:1–6 (las llaves del Reino de Dios entregadas a los hombres).

  • D. y C. 110:11–16 (las llaves de ésta y otras dispensaciones entregadas a los hombres).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Estudie 1 Corintios 12:12–18.

  2. 2.

    Pida a algunos de los miembros de la clase que presenten narraciones y pasajes de las Escrituras de esta lección.