Cómo honrar el sacerdocio

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


Esta lección se ha preparado para ayudarnos a comprender el poder sagrado del sacerdocio, y para aumentar nuestro deseo de honrarlo.

Introducción

“Dos misioneros que estaban predicando en Hong Kong habían sido invitados a comer al hogar de la familia Wong. La mesa fue puesta con una variedad de cubiertos y platos; mientras la hermana Wong cocinaba en su cocina económica (de carbón), sonreía a los misioneros desde una esquina del cuarto. En poco tiempo, ubicó todos los alimentos en la mesa. Los élderes estaban sorprendidos de tal cena; había ollas con arroz, pero también platillos de langostinos y otros exquisitos platos orientales que, sin duda, sobrepasaban los medios económicos de esta humilde familia de refugiados. El hermano Wong bendijo los alimentos y comenzaron a comer; la familia Wong sólo se servía porciones muy pequeñas, a la vez que les pedían a los élderes que se sirvieran de todo. Los élderes se dieron cuenta de que el gesto era sincero, y aunque comprendieron que estaban participando de una comida mucho mejor que la que los Wong podían comer diariamente —alimentos que probablemente les costaran a los Wong el equivalente al salario de un mes de trabajo— no quisieron ofenderles, ni dañar sus sentimientos, ni rehusar los alimentos de sus anfitriones que con tanto sacrificio habían preparado.

“Esa fue una comida difícil de comer, por un lado sintiendo el deseo de aceptar ese regalo nacido en lo profundo del corazón, pero a la vez dándose cuenta de los sacrificios y los días de hambre que habían hecho posible ese regalo. El hermano y la hermana Wong, y también los niños, apenas probaron la cena; pero cuando todo terminó, expresaron su satisfacción y estaban ansiosos por saber si los misioneros se encontraban satisfechos. Después que todos se levantaron de la mesa para que la hermana Wong retirara los platos, uno de los élderes tomó al hermano Wong por la mano y con profunda emoción le preguntó: ‘¿Por qué nos han honrado de esta manera, haciendo tan grande sacrificio?’. Con la serena gentileza que sólo proviene de aquellos que dejan su hogar y su patria, y aceptan la verdad en una tierra extranjera, el hermano Wong respondió: ‘Hicimos esto porque ustedes tienen el sacerdocio, y Dios los ha enviado aquí para enseñarnos’ ” (Life and Teachings of Jesus, pág. 134).

¿Cómo honraron los hermanos Wong a aquellos que tenían el sacerdocio de Dios?

¿Por qué es importante que honremos el sacerdocio que poseemos?

El sacerdocio: el poder más grande de la tierra

El sacerdocio es el poder más grande de la tierra. No sólo es el poder de Dios dado a los hombres en la tierra para efectuar Su obra, sino que es el mismo poder por el cual nuestro Padre Celestial y Jesucristo llevan a cabo Su obra. De hecho, fue mediante el poder del sacerdocio que el Salvador creó la tierra.

Muestre la ayuda visual 3-a, “La tierra fue creada por el poder del sacerdocio”.

Es un gran privilegio para nosotros recibir este sacerdocio y Su poder.

Pida a los miembros de la clase que lean D. y C. 107:1–4, y que encuentren cuál es el nombre oficial del sacerdocio.

El verdadero nombre del sacerdocio es “el Santo Sacerdocio según el orden del Hijo de Dios”. Nosotros lo llamamos el Sacerdocio de Melquisedec para evitar la constante repetición del nombre “Hijo de Dios”. Pero el sacerdocio es en realidad el sacerdocio del Salvador.

Muchos de nosotros no comprendemos cuán poderoso es el sacerdocio. Durante los días de Enoc, Dios hizo una promesa: “…que todo aquel que fuese ordenado según este orden y llamamiento tendría poder, por medio de la fe, para derribar montañas, para dividir los mares, para secar las aguas, para desviarlas de su curso; para desafiar los ejércitos de naciones, para dividir la tierra, para romper toda ligadura, para estar en la presencia de Dios; para hacer todas las cosas de acuerdo con su voluntad, según su mandato” (Traducción de José Smith: Génesis 14:30–31; cursiva agregada).

Porque tenemos el sacerdocio representamos a Cristo. Por lo tanto, debemos hacer lo que Él quiera que hagamos si deseamos continuar teniendo Su poder. Debemos obedecer Sus mandamientos y tratar de comportarnos, al ejercer el sacerdocio, en la forma en que Cristo querría que lo hiciéramos.

“De esto puedo deducir que existe una diferencia entre la autoridad y el poder del sacerdocio… todos los que poseemos el sacerdocio tenemos la autoridad para actuar por el Señor, pero su eficacia, o si gustan decirlo de otro modo, el poder que recibimos a través de esa autoridad, depende del molde de nuestra vida; depende de nuestra justicia (veáse H. Burke Peterson, “La autoridad y el poder del sacerdocio”, Liahona, agosto de 1976, pág. 25).

Si somos dignos, tenemos el poder de bendecir a nuestra familia, de recibir revelaciones para nuestros llamamientos del sacerdocio, de realizar milagros y de vencer a Satanás. El sacerdocio es el poder por el cual se llevan a cabo las ordenanzas, tales como la obra del templo y la prédica del Evangelio. Sin el poder del sacerdocio no podríamos recibir ninguna de estas ordenanzas y bendiciones.

¿Cómo se ha manifestado el poder del sacerdocio en su vida?

Una experiencia personal ayudó a un joven misionero a comprender el poder del sacerdocio:

Él y su compañero fueron a uno de los distritos más pobres de una ciudad para presentar una lección. La pareja de investigadores era muy pobre y su más rica posesión era su hijita, quien, en aquella oportunidad, estaba muy enferma; su carita tenía un tinte azulado y entrecerraba sus ojitos como si se fuera a quedar dormida. Los padres estaban muy agobiados y lloraban pues comprendían que su preciosa hijita estaba a punto de morir. Fue entonces que este misionero recibió una impresión muy fuerte: “¡Usa tu sacerdocio!”. Así fue como el misionero le pidió al padre que sostuviera a la niña en sus brazos. Él y su compañero pusieron las manos sobre su cabecita y procedieron a ejercer su fe y a darle una bendición. La voz del Espíritu les indicó que la bendijeran para que recobrara su salud y pudiera crecer sana para llegar a ser una excelente señorita. La bendición se cumplió y la niña recuperó la salud.

El misionero se regocijó en el Señor por la oportunidad de ser Su siervo. La experiencia que tuvo fue emocionante, no obstante lo hizo reflexionar: le enseñó el potente poder de Dios al que tienen acceso Sus siervos por medio del sacerdocio.

¿Por qué es importante la fe al ejercer el poder del sacerdocio?

El honrar el sacerdocio

Debido a que este es el sacerdocio del Salvador, debemos honrarlo como Cristo quiere que lo hagamos. Honramos al Señor y a Su sacerdocio cuando guardamos los mandamientos y hacemos la obra del sacerdocio que se nos pida que hagamos. Como poseedores del sacerdocio debemos obrar con justicia.

El élder James E. Talmage escribió lo siguiente acerca de su ordenación al sacerdocio y de cómo se sentía al tratar de honrarlo:

“Cuando fui ordenado, me invadió un sentimiento tal que jamás he podido describir completamente. Parecía difícil creer que yo, un niño solamente, pudiera haber sido honrado de Dios y ser llamado al sacerdocio… Me olvidé de que era un chico de tan sólo 12 años; me sentía fuerte ante la idea de que pertenecía al Señor y de que Él me ayudaría en todo aquello que se requiriera de mí…

“El efecto de mi ordenación al oficio de diácono tuvo repercusión en todos los aspectos de mi joven vida. A veces, me temo que me olvidaba de lo que era, pero estoy agradecido por haberlo recordado en más de una oportunidad porque siempre me sirvió para que fuera una persona mejor. Cuando jugábamos en la escuela y me sentía tentado a ser deshonesto, o en medio de una disputa con un compañero lo recordaba, y el sólo hecho de hacerlo era eficaz, como si me lo hubieran dicho en voz alta: ‘Soy diácono, y no está bien que un diácono actúe de esta manera’. En los días de exámenes, cuando me parecía fácil copiar el trabajo de otro joven… me decía a mí mismo: ‘Sería mucho peor si lo hiciera yo, que si lo hicieran ellos, porque yo soy diácono’ ”.

“…El sentido de gran honor que experimentaba por mi ordenación hizo que todos los servicios que se me asignaran fueran bienvenidos…

“La impresión que tuve en mi mente cuando fui ordenado diácono nunca se ha desvanecido. El sentimiento de que había sido llamado para un servicio especial en la obra del Señor como un poseedor del sacerdocio ha sido una fuente de fortaleza para mí a lo largo de los años. Mas tarde, cuando fui ordenado a oficios más altos en la Iglesia, en cada ocasión me invadió la misma seguridad: que en verdad estaba investido con poder del cielo y que el Señor requería que yo honrara Su autoridad. Con el correr de los años, he sido ordenado maestro, élder, sumo sacerdote y, por último, Apóstol del Señor Jesucristo; y en cada ordenación me invadió un sentimiento profundo y conmovedor, como el que sentí la primera vez, cuando me llamaron para ser un diácono en el servicio del Señor” (véase Conmemoración de la restauración del Sacerdocio Aarónico, 1977, pág. 5–6).

¿En qué forma podemos honrar el sacerdocio? (Véase Deberes y bendiciones del sacerdocio, Parte A, lección 1.)

El presidente Brigham Young dijo en una oportunidad: “Aquellos hombres que poseen… el santo sacerdocio, que están encomendados para llevar las palabras de vida eterna al mundo, deberían, en forma constante, por medio de sus palabras y sus acciones… esforzarse por honrar sus llamamientos y oficios como sacerdotes y representantes del Más Alto Dios” (Discourses of Brigham Young, pág. 130).

El llevar el sacerdocio con dignidad

El presidente Harold B. Lee relató lo siguiente:

“Recuerdo una historia que en cierta oportunidad nos narró un miembro de la Iglesia que pertenecía al ejército. Lo habían invitado al centro de oficiales donde se realizaba una fiesta en la que servían bebidas alcohólicas, oportunidad en la que los hombres se estaban comportando en una forma un poco desordenada. Cuando notó que había uno igual que él, que no parecía interesado en lo que estaba ocurriendo, se acercó y le dijo: ‘Parece que usted no está muy interesado en esta clase de fiesta’. El joven se enderezó y cuadró los hombros respondiendo: ‘No, señor, yo no me mezclo en esta clase de fiestas, porque como usted podrá comprender, soy miembro de la Casa Real de Inglaterra’. A lo que el militar Santo de los Últimos Días contestó, con tanto orgullo como el militar inglés, diciendo: ‘Yo no pertenezco a esa casa real, pero soy un miembro de la Casa Real de Dios’ ” (Ye are the Light of the World, pág. 22; véase 1 Pedro 2:9).

Para ser dignos varones poseedores del sacerdocio, debemos honrarlo viviendo rectamente. El presidente Harold B. Lee también dijo: “Debemos decirnos: ‘Porque soy un poseedor del sacerdocio del Dios viviente, soy un representante de nuestro Padre Celestial y Él puede obrar a través de mí, no puedo rebajarme y hacer las cosas que quizás habría hecho si no tuviera esta relación con el sacerdocio de Dios’… Y esto es lo que los poseedores del sacerdocio deben repetirse a sí mismos: ‘Nosotros no podemos ser poseedores del sacerdocio y ser como otros hombres. Debemos ser diferentes’ ” (Ensign, enero de 1974, pág. 97).

Lea lo siguiente a la clase y luego pida a los alumnos que indiquen las maneras de llevar el sacerdocio con dignidad.

El élder Robert L. Simpson, dijo:

“Llevar el sacerdocio de Dios con dignidad significa… que nos comportemos con serena dignidad, no sólo cuando nos sentamos a la mesa sacramental, sino también en nuestro trabajo, en los estudios, y aun cuando papá se dirige hacia su trabajo; somos poseedores del sacerdocio y somos diferentes. No significa que somos mejores que los demás, pero sí que somos diferentes; un representante de Dios se viste en forma correcta; es siempre modesto… y, sin duda, tanto su ropa como su cuerpo están sumamente limpios

“ En ocasiones algunos poseedores del sacerdocio deben mejorar su vocabulario; no hay ninguna dignidad en el uso de expresiones obscenas. El lenguaje indecente es una ofensa para Dios…

“Nosotros le robamos a Dios cuando no cumplimos con la ley de los diezmos. (Véase Malaquías 3:8.) Un poseedor del sacerdocio nunca tiene más dignidad que cuando tiene sus cuentas en orden con el Señor.

“Y nunca tiene menos dignidad que cuando descuida su cuerpo y se olvida de tratarlo como un templo de Dios… Sin duda, hermanos, dejamos de ser dignos cuando violamos la ley de salud de nuestro Padre Celestial [al usar alcohol, drogas o tabaco]” (Conference Report, Conferencia de Área de Melbourne, Australia, 1976, pág. 38; cursiva agregada).

¿Qué es lo que el élder Simpson sugirió para ayudarnos a llevar el sacerdocio con dignidad? Haga una lista en la pizarra de las ideas mencionadas por los miembros de la clase. (La lista puede incluir cosas como la humildad, el vestirse en forma correcta, la modestia, la limpieza, la pureza de vocabulario, los diezmos y la obediencia a la Palabra de Sabiduría.)

¿Qué otras cosas podrían ayudarnos a llevar con dignidad el sacerdocio?

El élder Vaughn J. Featherstone nos cuenta el siguiente episodio de su vida:

“Recuerdo una oportunidad en que volví de la oficina a las siete de la tarde y mi esposa Merlene salía de casa para la Iglesia a enseñar una clase a las Laureles. Me dijo que Jill, nuestra hija, no se sentía bien y que la cuidara mientras iba a la Iglesia; de modo que me quedé con Jill. Primero le leí unos cuentos y después vimos juntos un programa de televisión por una media hora. Luego jugamos por un rato y como a las nueve de la noche le pregunté: `Hijita, ¿cómo te sientes?’.

“ ‘No me siento bien, papá’, me respondió, ‘y mamá me dijo que si no me sentía bien, podría pedirte una bendición. ¿Me das una, por favor?’

“Le respondí: ‘Por supuesto que sí, mi tesoro’. Fui hasta mi cuarto, me puse una camisa y una corbata, y me volví al lado de su cama. Ella se sentó al borde de la cama y yo le di una bendición. Entonces volví y me saqué la camisa y la corbata y me preparé para ir a dormir.

“¿Piensan ustedes que ella olvidará esa experiencia alguna vez? Lo dudo. Podría ser que ella olvidara la bendición, pero nunca que yo sentía el suficiente respeto por ella y mi sacerdocio como para vestirme adecuadamente para tal ocasión” (A Generation of Excellence, pág. 145).

¿Cómo demostró respeto por el sacerdocio el élder Featherstone?

Es un gran honor poseer el sacerdocio de Dios, el ser un miembro de la corte real de Dios. Debemos esforzarnos por ejercer el sacerdocio con dignidad y mantenernos dignos de las bendiciones del Señor.

Conclusión

El sacerdocio es el poder de Dios. Como tal, es el poder más grande de la tierra. Nosotros podemos honrar el sacerdocio si recordamos constantemente que tenemos la autoridad de Dios y que el Señor exige que honremos esa autoridad. Llevamos el sacerdocio con dignidad cuando obedecemos los mandamientos y hacemos todo lo posible por vivir rectamente.

Cometidos

  1. 1.

    Medite seriamente acerca de su propio sacerdocio. Pregúntese a sí mismo: “¿Estoy haciendo algo que un poseedor del sacerdocio no debería hacer? ¿Estoy tomando mi sacerdocio en serio de tal manera que influya en todas mis acciones?”.

  2. 2.

    Ore diligentemente para lograr ese sentimiento interior del que habla el élder Talmage. Busque una o dos maneras de mejorar.

  3. 3.

    Esfuércese más por llevar el sacerdocio con dignidad mejorando su vida.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • 1 Pedro 2:9 (un linaje escogido).

  • D. y C. 121:39–43 (pautas para los poseedores del sacerdocio).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Estudie el manual Deberes y bendiciones del sacerdocio, Parte A, lección 2: “El sacerdocio desde Adán hasta la restauración”.

  2. 2.

    Si lo desea haga los arreglos para que, al empezar, los alumnos de la clase y usted entonen el himno “Bandera de Sión”, Himnos, Nº 4; (también se encuentra en el manual Principios del Evangelio, pág. 338).

  3. 3.

    Asegúrese de que haya tiza y pizarra.

  4. 4.

    Pida a los miembros de la clase que lean o presenten algunas de las historias o los pasajes de las Escrituras que se mencionan en la lección.