La preparación personal y familiar

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


Esta lección nos ayudará a entender y a planear la preparación personal y familiar.

Introducción

En la mañana del 9 de febrero de 1971, los santos del Valle de San Fernando, California, Estados Unidos, experimentaron un terremoto. La hermana Ina Easton nos describe lo que sucedió en su familia:

“Desde la mañana del martes 9 de febrero, poco después que ocurrió el terremoto, hasta el viernes 12 de febrero por la tarde, tuvimos bajo nuestro cuidado entre 17 y 22 personas en nuestro hogar. Por un día y una noche no tuvimos electricidad y durante el tiempo que ellos estuvieron en casa tampoco teníamos gas para calentarnos y cocinar, ni suficiente agua.

“…fue una gran tarea cuidar a tantas personas con tan pocas comodidades y un espacio tan limitado; pero fuimos capaces de arreglarnos bien bajo tales circunstancias, gracias a nuestros maravillosos huéspedes y al plan de almacenamiento de la Iglesia de guardar alimentos y agua… Todas las tiendas y almacenes cercanos a nuestra casa estaban dañados, los caminos destrozados; así que no podíamos ir al mercado para comprar los abastecimientos necesarios. Entonces nos sentimos agradecidos por el agua y los alimentos que teníamos almacenados…

“Aprendimos muchas cosas, entre ellas a almacenar los artículos más útiles, tales como jabón y detergentes que se disuelvan en agua fría, toallas viejas… papel higiénico y toallas de papel, cepillos y pasta de dientes… Y, ¿qué decir de la ropa extra?, una muda de ropa para cada miembro de la familia. Los materiales de primeros auxilios son una gran necesidad. Por todos lados teníamos heridos y personas que tenían lastimados sus pies; algunos de ellos no se encontraban muy graves, pero empeoraron porque no había con qué curarlos ni vendarlos. Muchos niños lloraban porque tenían hambre y estaban incómodos. En especial los bebés sufrieron mucho; y por eso es que si hubiéramos tenido alimentos para niños, botellas, mantas, leche en polvo para lactantes y pañales, habría sido muy diferente… Entre las cosas que algunas personas olvidaron por el apuro había píldoras para el corazón y medicamentos para los diabéticos, lo que fue motivo de angustia en algunos casos.

“Nos dimos cuenta de que el tener una cocina portátil de gas (propano) es algo muy valioso ya que ese combustible no es peligroso y es fácil de almacenar. Las linternas (faroles) de gas dan muy buena luz cuando no hay electricidad…

“Mucho es lo que se puede decir, pero lo importante que todos debemos recordar es que el Señor nos ha hecho saber que debemos almacenar alimentos, agua, ropa y dinero, porque algún día los podemos necesitar. Mi testimonio es que, en verdad los necesitábamos; y al obedecer los mandamientos que nos fueron dados por medio de nuestras autoridades, tuvimos lo suficiente para compartir con nuestros maravillosos amigos y con los miembros del barrio que debieron abandonar sus hogares” (véase Cursos de estudio de la Sociedad de Socorro 1977-78, págs. 79–80).

El plan del Señor

El plan que tiene el Señor de proporcionar a los miembros de Su Iglesia independencia y seguridad es simple: requiere que hagamos todo cuanto sea posible para proveernos de las cosas personales que necesitemos, así como de las que necesite nuestra familia, lo cual incluye el desarrollar buenos hábitos de trabajo, el ser frugales, el almacenar alimentos suficientes para mantenernos por lo menos durante un año, el prever y planear las necesidades que puedan sobrevenirnos y el mantener íntegro nuestro autorrespeto.

El principio del trabajo es básico en el plan del Señor. Él espera que seamos tan independientes como sea posible al proveer lo necesario para satisfacer nuestras propias necesidades. En realidad, el principal propósito de la Iglesia es ayudar a ayudarnos a nosotros mismos; por lo tanto, la preparación comienza en el hogar con la persona y con la familia.

Pida a uno de los miembros de la clase que presente un informe sobre “Las responsabilidades familiares” (capítulo 37, Principios del Evangelio).

¿Quién tiene la primera responsabilidad de satisfacer las necesidades de nuestros seres queridos?

“Cuando hablamos de la preparación familiar, nos referimos a las necesidades previstas, anticipadas, casi predichas, que podemos satisfacer a través de una sabia preparación. Incluso las verdaderas emergencias pueden aliviarse mediante la aplicación de una buena planificación” (H. Burke Peterson, “The Family in Welfare Services”, Reunión de los Servicios de Bienestar, abril de 1975, pág. 5).

Si no podemos obtener lo necesario para nuestras propias necesidades, debemos, ante todo, buscar la ayuda de nuestros familiares. Por ejemplo, los miembros discapacitados de la Iglesia o los que tengan problemas que les impidan cuidar de sí mismos pueden necesitar más ayuda de lo que la familia directa podría dar; en esos casos, se debe solicitar a otros familiares que ayuden al necesitado, y si esa ayuda no fuera suficiente, entonces se deberá solicitar la ayuda de la Iglesia.

El estar bien preparados no sólo nos ayuda a cuidar de nosotros mismos, sino que también nos ayuda a asistir a otras personas en tiempos de necesidad. Este es el plan del Señor: el crecimiento espiritual se logra mediante el ofrecimiento generoso de nosotros mismos, de nuestro tiempo y de nuestros talentos para ayudar a los demás.

¿Por qué quiere nuestro Padre Celestial que proporcionemos lo necesario para nosotros mismos y para nuestras familias siempre que podamos hacerlo? ¿Debemos permitir que otras personas satisfagan nuestras necesidades?

¿Cómo nos desarrollamos espiritualmente cuando ayudamos a quienes tienen necesidad?

Cómo preparar a nuestra familia

Coloque delante de la clase la lámina que presenta la preparación personal y familiar (ayuda visual 7-a). (También puede copiarlo en la pizarra.)

Por medio de Sus Profetas, el Señor ha indicado que debemos prepararnos de seis maneras diferentes a fin de satisfacer las necesidades presentes y futuras:

  1. 1.

    Producir y almacenar alimentos y obtener otros artículos de primera necesidad.

  2. 2.

    Alimentarse y hacer ejercicios en forma adecuada.

  3. 3.

    Ser felices y estar en paz con nuestros semejantes y con Dios.

  4. 4.

    Leer y aprender.

  5. 5.

    Desarrollar aptitudes para obtener mejores empleos.

  6. 6.

    Utilizar el dinero en forma sabia.

Producir y almacenar alimentos y obtener otros artículos de primera necesidad

En algunos países no se permite guardar alimentos, pero donde sea posible y esté de acuerdo con la ley, cada persona o familia debería tener la cantidad de alimentos que le permita satisfacer las necesidades básicas por un mínimo de un año, lo que significa que debemos producir y preservar alimentos (véase la lección 16 sobre el huerto familiar) y entonces usarlos aplicando un sistema rotativo de almacenamiento para evitar que se malogren. (Esto es lo que se quiere decir cuando se habla de rotar nuestro almacén de alimentos.) También debemos saber cómo confeccionar la ropa que usemos y, si fuera posible, debemos guardar combustible y artículos de primeros auxilios. La producción y el almacenamiento nos ayudan a cuidar de nosotros mismos, de nuestras familias y de otras personas en tiempos de necesidad. (Véase Deberes y bendiciones del sacerdocio, Parte A, Lección 22, “La producción y el almacenamiento en el hogar”.)

¿Cómo podemos aumentar nuestra preparación en la producción y almacenamiento en el hogar?

Alimentarse y hacer ejercicios en forma adecuada

Para disfrutar de buena salud y a fin de tener una condición física que nos permita manejar una emergencia, nuestra familia debe comer alimentos nutritivos. Por esta razón el Señor nos ha dado la Palabra de Sabiduría (D. y C. 89); esta sección de las Escrituras contiene consejos de buena salud y promesas de bendiciones a las que tendremos acceso siempre que vivamos de acuerdo con esta ley de salud. Además, para ayudarnos a evitar enfermedades debemos mantener limpios y aseados nuestro hogar y sus alrededores, así como recibir las inmunizaciones recomendadas por las autoridades sanitarias de la región. Asimismo, tenemos que hacer ejercicios en forma regular, mantenernos limpios y seguir otras prácticas de buena salud.

¿Qué podemos hacer para mejorar la salud de nuestra familia?

Ser felices y estar en paz con nuestros semejantes y con dios

Nuestra familia estará mejor preparada tanto social como emocionalmente si aceptamos las tribulaciones y penas de la vida sin dejar que ellas nos abrumen. El élder Boyd K. Packer ha dicho:

“Desde el principio se supo que la vida nos presentaría un desafío constante; es normal sufrir algo de ansiedad, depresión, desilusión e incluso algunos fracasos.

“Enseñen a nuestros miembros que si tienen un día desgraciado de vez en cuando, o varios consecutivos, los enfrenten firmemente. Las cosas se arreglarán.

“Existe un propósito para nuestra lucha en la vida” (“Autosuficiencia emocional”, Liahona, agosto de 1978, pág. 148).

Cuando hay problemas en la familia, debemos amarnos, apoyarnos, apreciarnos y alentarnos mutuamente, porque sólo mediante la ayuda mutua desarrollamos la fortaleza emocional necesaria para resolver nuestros problemas. La siguiente historia describe a una familia que desarrolló esta clase de fortaleza:

La familia consistía en los padres, tres hijos y dos hijas. Al nacer, la hija menor sufrió un daño cerebral y, como resultado, nunca pudo crecer y desarrollarse normalmente. Murió cuando solamente tenía diecisiete años de edad.

“El cuidado constante de una madre amorosa, la paciencia y el amor de un padre bondadoso y la comprensión de tres nobles hermanos y de una hermana considerada hizo que su presencia en esa familia fuera algo muy especial… Su padre dijo una vez, ‘ningún dinero en el mundo pudo haber comprado o traído el amor, la paciencia y la humildad que vino como consecuencia de cuidar a nuestra hija’. Allí ocurrió algo trágico… que se transformó en una oportunidad para recibir bendiciones” (Marvin J. Ashton, “Family Home Storage”, en 1977 Devotional Speeches of the Year, pág. 69).

Tal como lo relata la historia, una relación familiar llena de bondad, de oración, de amor, puede ser una gran bendición en la vida de cada miembro de la familia. Este tipo de relación debería ser la meta de cada familia. El élder Marvin J. Ashton ha dicho: “A menudo, las más grandes ayudas que podemos recibir provienen de nuestro propio círculo familiar. Muchas veces las manos que más se necesitan son aquellas que están más cerca de nosotros… Dios ha decretado que los miembros de la familia deben ayudarse entre sí… Debemos tomar de la mano a los miembros de la familia y mostrarles que nuestro amor es verdadero y continuo” (“He Took Him by the Hand”, Ensign, enero de 1974, pág. 104).

¿Por qué debemos desarrollar y dar apoyo emocional en nuestra familia?

¿Por qué es importante ayudar, comprender y amar a los demás para tener paz y felicidad?

Leer y aprender

En Doctrina y Convenios el Señor nos dice que “la gloria de Dios es la inteligencia, o en otras palabras, luz y verdad” y nos manda “criar a vuestros hijos en la luz y la verdad” (D. y C. 93:36, 40). Si queremos criar a nuestros hijos de esta manera, debemos saber leer, escribir y conocer la aritmética elemental. Por lo tanto debemos estudiar las Escrituras regularmente, así como otros buenos libros y usar todas las ayudas disponibles para enseñar estas aptitudes a nuestra familia. Esto significa que nosotros, nuestra esposa y nuestros hijos debemos aprovechar las oportunidades que ofrece la educación pública y de otra índole.

¿Por qué debemos nosotros y nuestra familia aprender a leer y a escribir? ¿Por qué es importante estudiar?

Desarrollar aptitudes para obtener mejores empleos

Siempre que sea posible, debemos conseguir un empleo que nos permita mantener y cuidar de nuestra familia, además de la satisfacción personal que nos otorgue. Este tipo de empleo debería estar en armonía con las enseñanzas de la Iglesia y permitirnos llevar a cabo nuestros deberes en ella. Cada joven debería, por lo tanto, recibir consejo para seleccionar una carrera apropiada. Aquellos de nosotros que tengamos un trabajo debemos aprender todo lo que podamos en relación con él para que proveamos a nuestra familia en forma adecuada.

Un filósofo dijo: “Denle un pescado a un hombre y tendrá comida para una vez; pero enséñenle a pescar y tendrá comida para toda la vida”. El siguiente caso ilustrará este principio básico de preparación personal y familiar.

Juan es el padre de dos niños y se encuentra desempleado. Encontró un trabajo en el que permaneció por un corto tiempo; pero como no le gustó, lo dejó, sin haber encontrado otro empleo. Ahora está atrasado con el alquiler de la casa y su esposa tiene problemas de salud, lo cual impide que ella pueda trabajar para ayudar financieramente.

¿Qué puede hacer esta familia para resolver este problema? ¿Cómo podría ayudar la esposa? ¿Cómo podrían ayudar los niños? Si el padre tiene un trabajo que no le gusta, ¿qué puede hacer para prepararse y conseguir otro tipo de trabajo?

El élder Marvin J. Ashton ha aconsejado lo siguiente: “Hagan de la educación un proceso continuo. Traten de lograr toda la educación formal que sea posible; incluso la asistencia a las escuelas técnicas o vocacionales. El dinero que usen para este fin es dinero bien invertido. Aprovechen las escuelas nocturnas, así como los cursos por correspondencia, en donde se encuentren disponibles, para aumentar los conocimientos que tengan. Traten de adquirir habilidades o aptitudes que puedan utilizar en los casos de prolongados períodos de desempleo… En una situación así, no podemos darnos el lujo de sentarnos a esperar ‘el trabajo ideal’ si un trabajo honorable se encuentra disponible” (véase “Presupuesto y administración personal”, Liahona, julio de 1976, pág. 24).

¿Por qué deberían prepararse los jóvenes para una carrera?

Utilizar el dinero en forma sabia

Debemos aprender a vivir de acuerdo con nuestras posibilidades financieras; esto requiere organizar y establecer un presupuesto familiar. Un presupuesto eficaz comprende cosas tales como metas financieras prácticas, el pago de diezmos y ofrendas, y previsiones a fin de evitar las deudas. Además de un presupuesto familiar, un plan sabio para nuestras entradas económicas incluye el comprar alimentos y otros artículos esenciales que estén a bajo costo, evitar el desperdicio y, si fuera posible, desarrollar el hábito de ahorrar para disponer de algún dinero en caso de emergencias financieras.

La familia Christensen, de Kansas City, Misuri, tiene la siguiente sugerencia para el buen manejo de las finanzas familiares: “Algo que nunca da buenos resultados es la actitud de decir: ‘El dinero lo gano yo y lo gasto como yo quiera’. Sea el marido o la mujer quien gane el dinero, o ambos, éste debe ir a un fondo común y pertenecer a los dos por igual” (citado por Orson Scott Card, “La economía familiar”, Liahona, mayo de 1979, pág. 18).

¿De qué forma produce la paz en el hogar el uso sabio del dinero? ¿Cuán preparados nos encontramos en cada uno de los seis aspectos básicos de la Preparación personal y familiar?

La preparación de la Iglesia

Además de cuidar de nuestras propias necesidades individuales y familiares, el Señor nos pide que nos ayudemos mutuamente.

Lea D. y C. 52:40.

Para ayudarnos mutuamente se han combinado los esfuerzos y recursos de todos los miembros de la Iglesia en un programa llamado “Preparación de la Iglesia”. Cuando se necesitan los esfuerzos y productos de toda la Iglesia, los líderes del sacerdocio dirigen su uso. Los siguientes son algunos ejemplos de desastres que requirieron la ayuda de la Iglesia para apoyar los esfuerzos locales.

“En las devastadoras inundaciones de la ciudad de Rapid, estado de Dakota del Sur, los santos de aquella zona respondieron inmediatamente enviando ayuda a las víctimas. Se les proveyó ropa, ropa de cama y alimentos a través de los esfuerzos de las organizaciones locales de la Iglesia. Desde Salt Lake City se debió enviar solamente un camión con abastecimientos, tales como comida para bebés, pañales y mantas” (Junior Wright Child, “Welfare is the Church,” Ensign, sept. de 1973, pág. 71; cursiva agregada).

Después del terremoto de la ciudad de Managua, Nicaragua, en diciembre de 1972, “lo único que se envió a los santos desde Salt Lake City fue suero para la fiebre tifoidea… Toda otra clase de ayuda se obtuvo en forma local; los santos de Costa Rica administraron el programa, haciendo los arreglos para enviar abastecimientos de socorro y trabajando junto con los oficiales de gobierno” (“Welfare is the Church”, pág. 71).

El presidente Spencer W. Kimball ha dicho:

“En estos últimos tiempos hemos sufrido muchas calamidades. Parece que cada día o dos hubiera un terremoto, una inundación o un tornado, o algún otro desastre que atribula a mucha gente. Estoy agradecido de ver que nuestra gente, nuestros líderes, están comenzando a vislumbrar el verdadero significado de la autosuficiencia…

“Ahora pienso que se aproximan tiempos de muchas dificultades, cuando vengan más tornados, más inundaciones… más terremotos… Creo que aumentarán, probablemente como resultado de que estamos acercándonos al fin y es por esa razón que debemos estar preparados para enfrentarnos a estos fenómenos” (Conference Report, abril de 1974, págs. 183–184).

Necesitamos prepararnos como Iglesia y como personas y familias para sobrevivir estas calamidades. Cuando la Iglesia está completamente organizada en nuestra área podemos trabajar juntos para preparar alimentos, vestimenta y otros artículos del hogar que puedan usarse en caso de emergencia. De esta manera, todos los que no puedan ayudarse a sí mismos, cuyas familias hayan hecho todo lo posible, podrán recibir el socorro de estos productos; si nos cuidamos los unos a los otros en toda forma que sea posible, seremos dignos de recibir ayuda si la necesitamos.

Conclusión

Si participamos en forma activa en el plan de preparación del Señor, aumentará nuestro amor por nuestra familia y por los demás, al igual que aumentará nuestro testimonio de la necesidad que tenemos de la preparación personal y familiar. Con este testimonio, querremos ayudar a otras personas para que ellas también se preparen.

En Doctrina y Convenios leemos: “…todas las cosas son espirituales; y en ninguna ocasión os he dado una ley que fuese temporal…” (D. y C. 29:34). Los cimientos del plan de bienestar de la Iglesia son el amor fraternal, el servicio y la caridad. El Salvador dijo: “En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40).

Cometido

  1. 1.

    Haga una evaluación de su preparación familiar en la próxima noche de hogar de su familia. Determine cualquier aspecto en los que se sienta débil y haga planes para mejorarlo.

  2. 2.

    Como maestro orientador, sea consciente de las necesidades de las familias que están bajo su cuidado. Aliéntelas para que participen de la preparación familiar.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • 1 Timoteo 5:8 (debemos proveer para nuestras familias).

  • 1 Juan 3:17 (la importancia de ayudar a los demás).

  • Alma 34:28 (nuestra obligación de ayudar a otros).

  • D. y C. 56:16–18 (una amonestación a los ricos y a los pobres).

  • D. y C. 68:30–32 (los ociosos son reprendidos).

  • D. y C. 78:7, 13–14 (la importancia de la preparación).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Estudie el capítulo 27, “El trabajo y la responsabilidad personal”, págs. 179–184 y el capítulo 37, “Las responsabilidades familiares” págs. 238–242, del manual Principios del Evangelio.

  2. 2.

    Asegúrese de que haya tiza y pizarra.

  3. 3.

    Asigne a un miembro de la clase para que dé un informe sobre “La responsabilidad familiar”, del manual Principios del Evangelio, capítulo 27, pág. 180.

  4. 4.

    Prepare una lámina (ayuda visual 7-a) para mostrar los seis aspectos de preparación personal y familiar.

  5. 5.

    Pida a los miembros de la clase que lean o presenten las historias y los pasajes de las Escrituras en esta lección.