La historia familiar y el llevar registros

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


Esta lección debe enseñarnos nuestra responsabilidad de recolectar registros familiares y de asegurarnos que se lleven a cabo las ordenanzas del templo por nuestros parientes fallecidos.

Introducción

Toda persona responsable por sus propios hechos debe bautizarse y recibir las otras ordenanzas para estar en condiciones de alcanzar el reino celestial. Muchas personas, sin embargo, han vivido y muerto sin escuchar el Evangelio o sin haber recibido estas ordenanzas necesarias.

El Señor ha revelado a través del profeta José Smith y de otros Profetas de estos últimos días la forma en la que estas personas pueden recibir el Evangelio en el mundo de los espíritus (véase D. y C. 138, “Visión de la redención de los muertos”). Sin embargo, ellos también deben recibir las mismas ordenanzas de la salvación, que sólo pueden ser administradas a los vivos. Es nuestra responsabilidad, por lo tanto, saber quiénes son nuestros antepasados y asegurarnos de que estas ordenanzas se lleven a cabo a su favor en el templo. A este trabajo nosotros lo llamamos la obra de la historia familiar.

El Señor le reveló a José Smith que esta obra es muy importante.

Lea D. y C. 128:15.

Cuando encontramos la información necesaria acerca de nuestros antepasados, podemos hacer que ellos se sellen en el templo como familias por la eternidad. Al sellarse una generación a otra, las familias quedan unidas en la eternidad como los eslabones de una gran cadena. El presidente Joseph Fielding Smith lo describió de la siguiente manera:

“Cada hombre casado se encuentra al frente de su… familia inmediata. Yo, por ejemplo, estaré al frente de mi grupo familiar en virtud del sellamiento por esta vida y por la eternidad y mis niños me pertenecerán. Del mismo modo yo perteneceré a mis padres y a su grupo familiar. Mi padre, en la misma forma con sus hermanos y hermanas, pertenecerá al grupo familiar de su padre, y su padre al padre de él, antes de él, todos unidos generación tras generación al igual que una cadena” (Seek Ye Earnestly, pág. 225).

El libro de recuerdos

El pueblo del Señor siempre ha llevado libros de recuerdos. Los hijos de Adán llevaron uno (véase Moisés 6:4–8); y a los Nefitas se les mandó guardar los registros sagrados (véase 3 Nefi 23:6–13). Esta misma responsabilidad es, en la actualidad, un mandamiento para nosotros (véase D. y C. 128:24).

El libro de recuerdos es un registro de nuestra familia. Debe contener la genealogía, los documentos importantes de la familia, la historia de nuestros antepasados y la nuestra. Una buena manera de comenzar el libro de recuerdos es tomar una caja, ponerla en un lugar accesible y guardar en ella todos los registros que se puedan encontrar sobre nosotros mismos y los de nuestros antepasados.

¿Qué clase de registros debemos poner en la caja? (Algunos de estos documentos podrían ser el certificado de nacimiento, de bautismo, de ordenaciones, las bendiciones patriarcales, los certificados de matrimonio, las fotografías, los diarios personales, recortes de periódicos, así como registros escolares y universitarios.)

La parte más importante de nuestro libro de recuerdos es la historia que escribimos acerca de nosotros mismos. Esta historia personal puede escribirse usando el sistema de recopilación descripto anteriormente para la recolección de información relacionada con nuestros antepasados. Al recopilar los registros de nuestra vida en una caja y conversar con nuestros padres, otros parientes y amigos, podríamos obtener bastante información acerca de nosotros mismos y hacer un resumen de las experiencias que hemos tenido. A menudo, los registros y otras cosas que juntamos nos ayudan a recordar otros acontecimientos y experiencias que hemos vivido.

Cuando hayamos reunido todo lo que podamos encontrar acerca de nosotros, debemos tratar de poner cada documento de acuerdo con la fecha que tengan, y comenzar con nuestra niñez. Luego podemos empezar nuestra autobiografía o la historia de nuestra vida, escribiéndola nosotros mismos, pidiendo que alguien lo haga para nosotros o grabándola en una cinta magnetofónica.

La historia de nuestra vida debe ser puesta junto con los demás documentos genealógicos importantes coleccionados en las cajas o archivadores. Este es el comienzo de nuestro libro de recuerdos, el que al final debería incluir todos nuestros registros familiares sagrados.

El diario personal

Muestre la ayuda visual 8-a, “Cada miembro debe tener un diario personal y escribir en el”.

Nuestros registros también deben incluir un diario personal que tenga nuestras experiencias más importantes, nuestros pensamientos y sentimientos. Esto requiere que apartemos un tiempo cada día o cada semana para escribir acerca de lo que nos haya sucedido. El presidente Kimball escribió lo siguiente:

“Rogamos a nuestra… gente que comience a escribir y a guardar un registro de todas las cosas importantes que acontezcan en su vida…

“¿Qué mejor regalo podrían dejar a sus hijos y a los hijos de sus hijos que un registro de la historia de su vida, sus triunfos sobre la adversidad, su recuperación después de la caída… y su alegría al ver que finalmente se logró el éxito…?

“Consigan un cuaderno… un diario que perdure para siempre y tal vez llegue el día en que los ángeles citen de él en la eternidad. Comiencen hoy a anotar todas sus experiencias, las actividades en las que participen, sus pensamientos más profundos, sus éxitos y fracasos, sus amistades, sus triunfos, sus opiniones e impresiones al igual que su testimonio”.

En el mismo artículo, el presidente Kimball también dijo: “Cuán agradecidos estamos por el hecho de que Abraham haya escrito la historia de su propia vida, ese segmento tan importante en la historia de la humanidad, así como sus propias revelaciones, pensamientos, sentimientos y sus abundantes experiencias” (véase Jimmy B. Parker, “Un registro de nuestros reinos”, Liahona, julio de 1977, pág. 6).

Los registros de nuestros antepasados

Cada uno de nosotros tiene un patrimonio grandioso. Nuestros antepasados sacrificaron mucho para proveernos las bendiciones que disfrutamos en la actualidad y debemos demostrarles nuestro amor de tal modo que les otorguemos las bendiciones del Evangelio. Con motivo de permitirnos llevarles estas bendiciones, el Señor restauró las llaves de la salvación para los muertos al profeta José Smith. Él envió un mensajero celestial llamado Elías el Profeta, quien, en su carácter de Profeta de los tiempos antiguos, tenía estas llaves especiales del sacerdocio y él se las entregó al profeta José Smith.

Pida a un miembro de la clase que lea D. y C. 2 o Malaquías 4:5–6.

¿Qué significa volver el corazón de los hijos a los padres?

A medida que vamos conociendo la vida de nuestros antepasados, aumenta nuestro amor por ellos. En verdad, nuestro corazón se vuelve hacia ellos. Sentimos el deseo de conocerlos mejor y pensamos en ellos. Queremos que gocen de las bendiciones del Evangelio y que, junto con nosotros, sean parte de una familia eterna.

Al restaurar las llaves del sacerdocio, de la salvación para los muertos, Elías el Profeta le dio a José Smith el poder de sellar a las familias para la eternidad. Cuando deseamos sellar a nuestras familias en una cadena irrompible hasta llegar a Adán, somos inspirados por el “Espíritu de Elías”. El “Espíritu de Elías” es el deseo que sentimos de buscar los registros de nuestros antepasados y de hacer por ellos lo que ellos no pueden hacer por sí mismos.

Muestre la ayuda visual 8-b, “La obra genealógica es una responsabilidad familiar”.

Para comenzar este trabajo, se nos ha pedido a todos los miembros de la Iglesia, a través de nuestros profetas, que completemos el “Programa de las cuatro generaciones”. Este consiste en recopilar información acerca de nuestra propia familia y de las tres primeras generaciones de antepasados, y registrar esta información en unos formularios especiales llamados cuadros genealógicos y registros de grupo familiar. Para completar este programa, cada uno de nosotros debe llevar la siguiente información:

Primera generación: Un formulario de grupo de registro familiar que tenga información acerca de nosotros mismos, nuestra esposa y nuestros hijos.

Segunda generación: Dos formularios de registro de grupo familiar; uno que muestre a nuestros padres como esposo y esposa y otro que muestre a los padres de nuestra esposa como marido y mujer.

Tercera generación: Cuatro formularios de registro de grupo familiar, uno por cada abuelo nuestro y por lo abuelos de nuestra esposa.

Cuarta Generación: Ocho formularios de registro familiar; uno por cada bisabuelo nuestro y uno por cada bisabuelo de nuestra esposa.

Muestre a la clase una hoja de grupo familiar de su propia familia. Enséñeles cómo la preparó y déles su testimonio acerca del trabajo genealógico y de los registros familiares.

Los registros de grupo familiar también pueden usarse para registrar información de generaciones que sean anteriores a las cuatro que se nos requiere que busquemos. Estos registros, junto con los del programa de las cuatro generaciones, deben ponerse en nuestro libro de recuerdos.

Las ordenanzas del templo para la familia

A medida que juntamos nuestros registros de grupo familiar, debemos determinar cuáles de nuestros antepasados necesitan recibir las ordenanzas del templo. Debemos entregar los nombres de estos antepasados al Departamento de Historia Familiar, donde se tomarán las medidas necesarias para que se lleven a cabo las ordenanzas correspondientes.

Muestre la ayuda visual 8-c, “La obra del templo por los muertos se efectúa por medio de un representante”.

Cada ordenanza que se exige por los vivos debe también hacerse por los muertos para que ellos también tengan el mismo acceso a las bendiciones de la exaltación. Estas ordenanzas se llevan a cabo en el templo mediante los poderes del sacerdocio y, en ese lugar, los miembros dignos de la Iglesia pueden ser bautizados, confirmados, ordenados al sacerdocio y recibir la investidura en favor de los muertos. También pueden ser sellados como familia eterna en favor de los muertos.

El presidente Wilford Woodruff dijo: “A esta porción de nuestro ministerio la considero una misión tan importante como la de predicarle a los vivos; los muertos… no podrán levantarse en la mañana de la primera resurrección a menos que efectuemos ciertas ordenanzas por y para ellos en los templos construidos en el nombre de Dios. El salvar a un hombre muerto cuesta tanto como el salvar a un hombre vivo” (Discourses of Wilford Woodruff, pág. 160).

Ayuda de nuestro Padre Celestial

Si hacemos lo mejor que podamos para cumplir con nuestra responsabilidad del sacerdocio de hacer la obra genealógica, recibiremos la ayuda de nuestro Padre Celestial cuando la necesitemos. Generalmente esta ayuda se manifiesta en forma de inspiración silenciosa y natural. Pero en algunas ocasiones los miembros de la Iglesia que están realizando este trabajo son testigos de milagros especiales. El élder Melvin J. Ballard, por ejemplo, nos relata la siguiente historia:

“Recuerdo un incidente que forma parte de la experiencia de mi propio padre. ¡Con cuánta ansiedad esperábamos la finalización de la construcción del templo de Logan! Había llegado el momento de la dedicación. Mi padre había trabajado en aquella casa desde los comienzos de la construcción y en mis vagas memorias recuerdo haberle llevado la comida en varias oportunidades mientras ellos transportaban las piedras desde las canteras. ¡Con cuánta ansiedad esperábamos el momento de la dedicación! Recuerdo que en medio de todo aquello, mi padre hacía todos los esfuerzos posibles para conseguir toda la información necesaria acerca de nuestros familiares. Este era el tema de sus oraciones, por la noche y por la mañana, que el Señor proporcionara la manera por la cual pudiéramos conseguir los datos concernientes a sus antepasados.

“El día anterior a la dedicación… dos ancianos que caminaban por las calles de la ciudad de Logan se acercaron a mis dos hermanas más pequeñas y, dirigiéndose a la mayor y entregándole un periódico en sus manos, le dijeron:

“‘Lleva esto a tu padre. No se lo des a nadie más que a él. Ve rápidamente y no lo pierdas’.

“La niña reaccionó rápidamente y cuando encontró a su madre, ésta quiso tomar el periódico, pero la niña le dijo: ‘¡No, tengo que entregárselo a mi padre y a nadie más!’.

“Entró en la sala y contó la historia de lo acontecido. En vano buscamos a aquellos viajeros. Ninguna otra persona los había visto. Entonces miramos el periódico. El título del periódico era “The Newbury Weekly News” y había sido impreso en el antiguo hogar de mi padre, en Inglaterra, el día jueves 15 de mayo de 1884, y había llegado a nuestras manos el día 18 de mayo de 1884, es decir, tres días después de su publicación. Estábamos asombrados porque por ningún medio del mundo este periódico podía haber llegado a nosotros, de manera que aumentó nuestra curiosidad por examinarlo. Muy pronto descubrimos una página dedicada a los escritos de un reportero de aquél periódico, que había… visitado un antiguo cementerio. Las curiosas inscripciones sobre las lápidas lo llevaron a escribir lo que había encontrado en ellas inclusive los versos. También agregó los nombres, las fechas de nacimiento, de muerte, etc., llenando así casi una página entera.

“Este era el antiguo cementerio donde los miembros de la familia Ballard habían sido sepultados por generaciones, así como gran cantidad de los familiares inmediatos de mi padre y otros amigos íntimos se encontraban mencionados en este periódico.

“Cuando se presentó este caso al presidente Merril, del Templo de Logan, él dijo: ‘Ustedes están autorizados para hacer la obra por todos ellos porque han recibido eso a través de mensajeros del Señor’.

“Sin duda que los muertos que habían recibido el Evangelio en el mundo de los espíritus habían inspirado a este reportero para que escribiera tales cosas y, de esta forma, se preparó la vía para que mi padre obtuviera la información que tanto anhelaba” (Three Degrees of Glory, págs. 23 y 24).

Muchos miembros de la Iglesia narran historias de la forma en que fueron inspirados y guiados mientras buscaban la información acerca de sus antepasados. Mientras busquemos los registros de nuestros antepasados, con fe, oración y ayuno, podemos recibir la ayuda de nuestro Padre Celestial.

Conclusión

Como poseedores del sacerdocio tenemos la gran responsabilidad de ayudar a la unión de nuestras familias por la eternidad. Esta responsabilidad incluye el mantener un libro de recuerdos que debe contener nuestra propia historia, información que obtengamos acerca de nuestros antepasados y otros sagrados registros familiares. Al reunir estos registros genealógicos, abrimos el camino para que nuestros antepasados reciban las ordenanzas esenciales del Evangelio. A medida que lo hacemos, llegamos a ser “salvadores en el Monte de Sión”. El profeta José Smith dijo:

“Las llaves se deben entregar, el espíritu de Elías ha de venir… y los santos deben venir como salvadores sobre el monte de Sión. Pero, ¿cómo van a ser salvadores sobre el Monte de Sión? Edificando sus templos… y yendo a recibir las ordenanzas… en bien de todos sus progenitores que han muerto, a fin de redimirlos para que puedan salir en la primera resurrección y ser exaltados con ellos a tronos de gloria; y en esto consiste la cadena que unirá el corazón de los padres a los hijos, y los hijos a los padres, y esto cumple la misión de Elías” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 407).

Cometidos

Al referirse a la historia familiar, el presidente Kimball ha dicho: “Esta es la obra del Señor y Él nos la ha encomendado; llevar a cabo esta obra es nuestra responsabilidad, nuestro placer y privilegio; debemos organizarnos de tal modo que la hagamos progresar rápidamente” (véase “¿Y por qué peligramos?”, Spencer W. Kimball, Liahona, julio de 1977, pág. 4).

Comenzando hoy mismo, cumpla con uno o más de los siguientes puntos:

  1. 1.

    Escoja una caja o recipiente y comience a recolectar diferentes documentos y otros artículos que le ayuden a escribir su propia historia.

  2. 2.

    Hoy mismo consiga un diario personal y escriba en él por primera vez. Mantenga el libro en un lugar donde lo pueda ver a menudo. Hágase la meta de escribir diaria o semanalmente.

  3. 3.

    Comience el programa de las cuatro generaciones preparando un registro de grupo familiar de su propia familia. Continúe juntando los registros hasta que haya completado todo el programa.

  4. 4.

    Si usted ya comenzó con su libro de recuerdos, seleccione otra meta y haga que participe su familia. Quizás usted mismo quiera tener una noche de hogar especial para ayudar a sus hijos a comenzar con su propio libro de recuerdos.

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • 1 Nefi 5:10–16 (los antepasados de Lehi guardaron su genealogía).

  • D. y C. 21:1 (se llevará un registro en la Iglesia).

  • D. y C. 127:9 (se deben guardar los registros en el templo).

  • D. y C. 128:8 (se guardarán registros en los cielos).

  • D. y C. 110:13–16 (la visita de Elías el Profeta a José Smith).

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Lea D. y C. 128:15–19, 22–24 y “La visión de la redención de los muertos”, por Joseph F. Smith (D. y C. 138).

  2. 2.

    Repase el capítulo 40 de Principios del Evangelio, “El trabajo del templo y la genealogía”.

  3. 3.

    Si algún miembro de la clase o de su grupo tiene la costumbre de escribir en un diario personal, pídale que explique cómo comenzó a hacerlo y qué beneficios encuentra en esa tarea.

  4. 4.

    Prepare una hoja de grupo familiar para su propia familia y llévela a la clase. Si no sabe cómo hacerlo, pida a uno de los líderes del sacerdocio que le ayude a prepararla.

  5. 5.

    Esté preparado para pedir a los miembros de la clase que indiquen a cuántos de sus antepasados pueden recordar, hasta cuatro generaciones atrás. Si lo desea, haga un repaso de su propia genealogía antes de la clase.

  6. 6.

    Pida a los miembros de la clase que lean o presenten las historias o los pasajes de las Escrituras que se encuentran en esta lección.