Cómo compartir el Evangelio

Deberes y bendiciones del Sacerdocio, Parte B, 1997


Esta lección fue diseñada para motivarnos a compartir el Evangelio en forma más eficaz con nuestros semejantes.

Introducción

En la siguiente historia, una persona que se convirtió a la Iglesia nos relata la conversión de ella y de su familia.

“No había pasado mucho tiempo desde que nos habíamos mudado a este nuevo vecindario, cuando un día, encontrándome trabajando en el jardín, vino un vecino y me ofreció una gran cantidad de tomates que acababa de recoger de su huerto, lo que fue el comienzo de lo que llegaría a ser una amistad para siempre.

“En los meses que siguieron, nuestros vecinos demostraron ser los mejores amigos… que habíamos tenido. Ellos no temían ser demasiado amistosos y consideraban a mi familia como si fuera la propia. Gozamos del delicioso pan casero que enviaban casi cada semana; de la comida que nos llevaron cuando yo estaba enferma y no pude preparar la nuestra, así como del espectáculo de la Iglesia al que asistimos una tarde de verano en la ciudad de Independence, Misuri, y saboreamos un helado mientras regresábamos a casa…

“Siempre nos invitaron a las actividades de la Iglesia, pero nunca nos presionaron para que fuéramos. Cuando por fin decidimos ir, la hija de nuestros vecinos con mucho gusto fue a cuidar a nuestros niños; incluso, muchas veces no quiso aceptar ninguna remuneración de parte nuestra.

“Muchas veces, después de haber tenido un día muy pesado en casa, mi amiga me invitaba a ir con ella a la Sociedad de Socorro. Por lo normal, en esos casos yo ya estaba lista para salir de la casa de todas maneras y, cuando iba con ella encontraba mucho más que un descanso de los deberes de la casa. La cordial bienvenida que las hermanas me daban me convirtió en una asistente regular por casi un año antes de nuestro bautismo…

“Después de un tiempo, sin embargo, íntimamente sabíamos que deseábamos una vida tan completa como la de ellos. Nos invitaron a la Iglesia los domingos y comenzamos a asistir cada semana a la clase de investigadores.

“En marzo de 1976, entramos en las aguas del bautismo.

“Más adelante escuchamos un discurso en la reunión sacramental acerca de una persona que había vacilado en compartir el Evangelio por miedo a que los demás pensaran que los estaba empujando y la familia había tenido que esperar diez años antes de tener una nueva oportunidad. Yo pensé entonces ¡diez años! ¿Qué habría sucedido en diez años si yo no hubiese tenido la oportunidad de participar en la Iglesia ahora? Mi corazón se ensanchó y casi no me podía contener en ir a ver a mis vecinos una vez que terminara la reunión.

“ ‘Gracias por compartir el Evangelio con nosotros’ fue todo lo que pude decirles. Quería decir muchas otras cosas, pero no fue necesario. Las lágrimas también comenzaron a brotar de sus ojos mientras intercambiábamos expresiones de amor y nos abrazábamos, tal como pienso que seguirá ocurriendo por el resto de esta vida y por toda la eternidad” (Doris W. Heydon, citada por Jay A. Parry, “Converts Tell… What Brought Me In”, Ensign, febrero de 1978, pág. 43).

¿Con quién podría usted compartir el Evangelio hoy? ¿Qué fue lo que hizo esta familia con objeto de preparar a sus vecinos para recibir el Evangelio? ¿Por qué deberíamos comenzar hoy a trabajar con nuestros vecinos?

Compartir el Evangelio, nuestro llamamiento del Señor

El Señor ha instruido constantemente a los poseedores del sacerdocio para que prediquen el Evangelio e inviten a la gente a arrepentirse y a bautizarse. Mientras vivió en la tierra, Jesús nos dio el ejemplo a seguir. Él invitó a todos para que aceptaran el Evangelio y la última instrucción que les dio a sus discípulos antes de ascender a los cielos fue: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Algunos quizás pensamos que la obra misional le corresponde sólo a los misioneros regulares, pero todos los que hemos sido bautizados tenemos la responsabilidad de invitar a los demás a aceptar las bendiciones del Evangelio. El Señor ha dicho:

“Y además, os digo que os doy el mandamiento de que todo hombre, tanto el que sea élder, presbítero, o maestro, así como también el miembro, se dedique con su fuerza, con el trabajo de sus manos, a preparar y a realizar las cosas que he mandado.

“Y sea vuestra predicación la voz de amonestación, cada hombre a su vecino, con mansedumbre y humildad” (D. y C. 38:40–41).

¿Por qué quiere nuestro Padre Celestial que compartamos el Evangelio con los demás? (Él cuenta con nosotros para que compartamos el Evangelio con quienes no hayan tenido la oportunidad de escucharlo, de manera que todos sus hijos puedan gozar de esas bendiciones.)

¿De qué bendiciones del Evangelio gozamos nosotros que nos gustaría que otras personas también tuvieran? (El Evangelio nos dice que somos los hijos de un Padre Celestial que nos ama y a quién podemos orar para que nos ayude con nuestros problemas. El Evangelio nos ayuda a vivir felices en esta vida y a vivir dignamente para estar con nuestro Padre Celestial en la vida venidera, y hace posible que tengamos a nuestras familias para siempre.)

Algunos de nuestros amigos y parientes quizás nunca tendrán la oportunidad de participar de las bendiciones del Evangelio, a menos que nosotros les demostremos nuestro amor actuando como misioneros eficaces. Es muy posible que ellos nunca pidan que se les enseñe el Evangelio a menos que nosotros mismos les hablemos de esto. Ser un buen ejemplo de nuestras propias convicciones es una parte importante de ser un buen misionero, pero deberíamos también encontrar la forma de hablar a la gente de nuestras creencias. El Señor ha declarado: “Porque todavía hay muchos en la tierra, entre todas las sectas, partidos y denominaciones, que son cegados por la sutil astucia de los hombres que acechan para engañar, y no llegan a la verdad sólo porque no saben dónde hallarla” (D. y C. 123:12).

Compartir el Evangelio en forma eficaz

Muestre la ayuda visual 9-a, “Cada miembro debe ser un misionero”.

A través de los Profetas, el Señor ha mandado que cada miembro de la Iglesia tome parte en la obra misional. El presidente Spencer W. Kimball nos dio algunos consejos útiles para ayudarnos a cumplir con esta responsabilidad:

“Padre, usted debe tomar la iniciativa. Trabajando en forma unificada como familias, podremos lograr un trabajo superior. Seleccionen, con oración y junto con su familia, a una o dos familias con las que puedan desarrollar una relación amistosa. Decidan a quiénes de vuestros parientes o amigos desean hablarles sobre la Iglesia. Tal vez podrían pensar en llevar a cabo una noche de hogar con ellos, durante una noche que no sea la del lunes… o participar juntos en actividades de otro tipo. Entonces, cuando estas familias demuestren interés, hagan los arreglos necesarios mediante el líder misional de su barrio o rama para invitarlos a ellos, así como a los misioneros, a una reunión en su hogar donde compartan el mensaje de la Restauración. Si tan sólo siguen este simple procedimiento, podrían traer a una cantidad de buenas familias a la Iglesia” (Compartiendo el Evangelio [filmina, 1975]).

La mayoría de nosotros quiere compartir el Evangelio con los demás debido al amor y al interés que tenemos por ellos, pero algunos no sabemos cómo hacerlo. Muchas veces por timidez dudamos de hablar en cuanto a la Iglesia con ellos. El siguiente plan es uno de los métodos por el que podemos llevar a otras personas a la Iglesia.

Después de orar seleccione una familia

Muestre la ayuda visual 9-b, “Ser un buen misionero quiere decir ser un buen amigo”.

Tal como lo declaró el presidente Kimball, es el padre quien debe dirigir. (Si el padre ya no vive en la casa, la madre u otro jefe de familia debe dirigir y conducir los asuntos familiares.) Podemos comenzar pensando en nuestros amigos y parientes que no son miembros de la Iglesia.

¿A quién conoce usted que cree que le gustaría conocer la Iglesia?

Al seleccionar a una familia considere las siguientes ideas:

  • Busque familias que estén pasando por situaciones especiales. (Nuevos vecinos, nuevos nacimientos, recién casados o un fallecimiento reciente en la familia.)

  • Busque familias que hayan tenido experiencias positivas con la Iglesia. (Quienes recientemente hayan visitado un templo u otras propiedades de la Iglesia, que hayan asistido a una reunión o actividad de la Iglesia o que hayan mirado un programa de la Iglesia en la televisión, quienes sean amigos de miembros de la Iglesia o que hayan escuchado el Coro del Tabernáculo.)

  • Busque familias que tengan parientes que sean miembros de la Iglesia. (Familias que tengan miembros que ya son parte de la Iglesia o familiares de personas que se hayan convertido recientemente a la Iglesia.)

  • Busque familias o personas que estén interesadas en la Iglesia. (Quienes hacen preguntas acerca de la Iglesia, aquellos que hablan positivamente de los miembros de la Iglesia, los que expresan interés en las creencias o principios de la Iglesia, quienes buscan una nueva religión, etc.)

El presidente George Albert Smith sugirió lo siguiente: “Comience con su vecino más próximo, primero inspirándole confianza, luego inspirándole amor hacia usted como consecuencias de su propia dignidad y verá que su obra misional habrá comenzado” (Conference Report, octubre de 1916, pág. 51).

Haga amistad con la familia

El jefe del hogar deberá guiar a su familia al entablar amistad con las personas que no sean miembros de la Iglesia. Cada padre debe enseñar a su familia a ser una familia amistosa.

¿Cómo podemos aumentar nuestra amistad con una familia que no sea miembro de la Iglesia?

Hay muchas maneras de demostrar amistad hacia los demás. Podemos tener buen ánimo, ser buenos oidores, recordar sus nombres, hacer pequeñas cosas por ellos, hablar con ellos de sus intereses, visitar su hogar, invitarles a que vengan a nuestro hogar, participar con ellos en diversiones y demostrarles que los amamos por medio de otras maneras.

Familiarice a la familia con la Iglesia

El presidente Kimball ha sugerido que elijamos un día en el que no tengamos la noche de hogar con nuestra familia para tener una noche de hogar con nuestros vecinos. En esa ocasión tendremos la oportunidad de presentarles algunas de las doctrinas de la Iglesia.

Otras maneras de presentarles la Iglesia podrían ser regalándoles un folleto o una revista de la Iglesia, dándoles el Libro de Mormón, invitándolos a que asistan a una reunión de la Iglesia, dándoles nuestro testimonio o invitándolos a las diferentes actividades de la Iglesia.

¿Cuáles son algunas de las otras formas en que podemos ayudar a la gente a interesarse en la Iglesia?

Invite a la familia a hablar con los misioneros

Muestre la ayuda visual 9-c, “El compartir el Evangelio es una experiencia gratificante”.

Tan pronto como nuestros amigos estén listos, debemos pedir al Señor que nos ayude a preguntarles si desean reunirse con los misioneros. Cuando sea apropiado, pueden reunirse en nuestra casa para recibir las lecciones de los misioneros.

¿Cómo podemos invitar a nuestros amigos para que se reúnan con los misioneros?

Una de las maneras de preguntar a nuestros amigos si quieren saber acerca de la Iglesia es decir: “Nos sentimos muy felices de ser sus vecinos. ¿Le gustaría a usted y a su familia participar en una actividad familiar a la que llamamos noche de hogar, mañana por la noche, a eso de las siete? Dos jóvenes de nuestra Iglesia harán una presentación sobre la forma en que comenzó nuestra Iglesia”.

He aquí un diálogo que podríamos entablar con gente que está interesada en la Iglesia y con quienes tengamos la oportunidad de hablar solamente una vez:

Pregunta:

“¿Qué iglesia conoce usted mejor?”.

o:

“¿Qué religión profesan usted y su esposo?”.

Haga la siguiente

declaración:

“Yo soy mormón”.

o:

“Mi esposa y yo somos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”.

o:

“Asistimos a la Iglesia Mormona”.

Dígales que su fe

es importante para usted:

“Pienso que la religión es una de las cosas más importantes de mi vida”.

o:

“Es importante que mi familia conozca la Iglesia”.

Explique una creencia

específica:

“En nuestra Iglesia creemos…”

o:

“En nuestra familia creemos…”

o:

“En la Iglesia de Jesucristo…”

Pregunte:

“¿Qué sabe usted de la Iglesia Mormona? ¿Le gustaría saber más?”.

o:

“¿Le gustaría saber acerca de…?”.

o:

“¿Le gustaría participar en…?”.

Hay muchas maneras de invitar a otras personas a escuchar el mensaje del Evangelio. Podemos mencionar algo acerca de la Iglesia en lo que ellos tengan interés, tal como la historia familiar, los programas para los jóvenes o el programa de bienestar; podemos preguntarles si les gustaría saber algo más acerca de la Iglesia y, al hacerlo, no deberíamos preocuparnos si se ofendieran o si nos dieran una respuesta negativa. Muchos dirán que sí; pero si no aceptan nuestra invitación, debemos responder de la misma manera como si ellos no aceptaran una invitación a comer. Podríamos decir algo como: “Están bien; quizás en otra oportunidad”. El preguntar no dañará nuestra amistad y el Espíritu nos ayudará a reconocer cuándo es el momento oportuno para hacer la pregunta nuevamente.

Lea Romanos 1:16. ¿Por qué no debemos “avergonzarnos del Evangelio”?

En la siguiente historia, un nuevo converso explica cómo la amistad lo condujo a tener más interés en la Iglesia:

“Debido al trabajo que teníamos llegamos a conocernos muy bien. Llegué a respetarlo sinceramente y, a medida que se desarrolló nuestra amistad, comenzamos a hablar de nuestra familia y de las actividades que hacíamos, lo que nos condujo al tema de la Iglesia. Pude darme cuenta de que era la Iglesia lo que lo hacía tanto a él como a su familia muy diferentes —en una manera muy positiva— del resto de las personas. Muy pronto estábamos hablando de algunas de las doctrinas de la Iglesia, pero él nunca me presionó o me predicó… Un día por la tarde me preguntó si me gustaría saber más… Nuestra familia recibió las lecciones de los misioneros en el hogar de él.

“Si no hubiera sido por la preocupación y el interés que la familia Brooks demostró por nuestra familia, pienso que hoy no seríamos miembros de la Iglesia verdadera y no tendríamos el conocimiento y la luz de nuestro Padre Celestial y de sus planes para nosotros” (Keith Knoblich, citado por Jay A. Perry, “Converts Tell… What Brought Me In”, Ensign, febrero de 1978, pág. 39).

Conclusión

El Señor dijo: “…conviene que todo hombre que ha sido amonestado, amoneste a su prójimo” (D. y C. 88:81). Si hacemos lo que el Señor nos ha mandado, ayudaremos a muchas personas a encontrar la verdad.

Una manera de ser misionero es dar un buen ejemplo. Si así lo hacemos, las personas muchas veces demostrarán interés por causa de la clase de vida que llevemos.

Sin embargo, el ejemplo no es siempre suficiente para interesar a algunas personas en la Iglesia; debemos dar los primeros pasos para presentarles el Evangelio. Se puede interesar a los demás de varias maneras: haciéndolos participar en una conversación del Evangelio, invitándoles a llevar a cabo algún servicio en la Iglesia, dándoles nuestro testimonio, entregándoles un Libro de Mormón o revista de la Iglesia o invitándolos a una noche de hogar. Hay otras maneras; los métodos varían de persona en persona; de manera que al esforzarnos por hacer la obra misional debemos orar.

Sobre todo, mientras nos esforzamos por crear oportunidades para enseñar el Evangelio a las personas que no son miembros de la Iglesia, debemos demostrarles amor e interés. Los sentimientos de amistad verdadera que tengamos con ellos son más importantes que el método que utilicemos para hablarles de la Iglesia. Las personas responden positivamente cuando se les demuestra amor. Un converso dijo: “Debemos hacer amigos antes de hacer conversos”. A menudo, aquellos que se unen a la Iglesia son buenos amigos de los miembros antes de bautizarse en la Iglesia.

Cometidos

  1. 1.

    Sea un ejemplo para sus vecinos y aconséjelos con mansedumbre.

  2. 2.

    Seleccione, con oración, a una familia a la que se le vaya a enseñar el Evangelio; luego, entable una amistad con los miembros de la familia y hágales conocer la Iglesia.

  3. 3.

    Aproveche las oportunidades de hacer obra misional con la gente que llega a su hogar.

  4. 4.

    Entregue un Libro de Mormón a uno de sus amigos.

Preparación del maestro

Antes de presentar esta lección:

  1. 1.

    Asigne a un miembro de la clase para que comparta su experiencia en la obra misional.

  2. 2.

    Asigne a un miembro de la clase para que comparta la historia de su propia conversión.

  3. 3.

    Pida a miembros de la clase que lean o presenten las historias y los pasajes de las Escrituras de esta lección.