El lenguaje

"El lenguaje," Para la Fortaleza de la Juventud: Cumplir nuestro deber a Dios, (2001)


Tu manera de hablar dice mucho en cuanto a tu persona. El lenguaje limpio e inteligente es evidencia de una mente brillante y sana. Haz uso de un lenguaje que edifique, que aliente y alabe a los demás; no insultes ni degrades a otras personas, ni siquiera en broma. Habla de manera bondadosa y positiva acerca de los demás a fin de cumplir el mandamiento del Señor de amarnos unos a otros. Si haces uso de un buen lenguaje, invitas la compañía del Espíritu.

Utiliza siempre el nombre de Dios y el de Jesucristo con reverencia y respeto; el hacer uso incorrecto de Sus nombres es pecado. El lenguaje o los gestos profanos, vulgares u ordinarios, así como los chistes sobre actos inmorales, son ofensivos para el Señor y para los demás. El lenguaje grosero daña tu espíritu y te degrada; no permitas que otros influyan en ti para que lo utilices.

Elige amistades que utilicen un buen lenguaje; median- te tu ejemplo y al alentarlos con bondad a seleccionar otras palabras, ayuda a los demás a utilizar un lenguaje limpio. Cuando las personas que te rodeen utilicen malas palabras, con cortesía aléjate o cambia el tema.

Si has adquirido el hábito de usar malas palabras, puedes abandonarlo; lo primero que tienes que hacer es tomar la decisión de cambiar; y después ora para recibir ayuda. Si empiezas a usar palabras que sabes que son malas, quédate callado o callada o di de otra forma lo que tengas que decir.

Santiago 3:2–13