La pureza sexual

"La pureza sexual," Para la Fortaleza de la Juventud: Cumplir nuestro deber a Dios, (2001)


La intimidad física entre marido y mujer es hermosa y sagrada; es ordenada por Dios para la creación de los hijos y la expresión de amor entre marido y mujer. Dios ha mandado que la intimidad sexual se reserve para el matrimonio.

Cuando obedeces el mandamiento de Dios de ser sexualmente puro o pura, te estás preparando para hacer y guardar convenios sagrados en el templo, para establecer un matrimonio fuerte y para traer hijos al mundo como parte de una familia amorosa. Te estás protegiendo del daño emocional que siempre resulta cuando se comparten las intimidades físicas con otra persona fuera del matrimonio.

No tengas ninguna clase de relación sexual antes del matrimonio, y sé completamente fiel a tu cónyuge después del matrimonio. Es posible que Satanás te haga pensar que la intimidad sexual antes del matrimonio es aceptable cuando dos personas están enamoradas. Eso no es cierto. A la vista de Dios, los pecados sexuales son sumamente serios ya que profanan el poder que Dios nos ha dado para crear vida. El profeta Alma enseñó que los pecados sexuales son más graves que cualquier otra clase de pecado, con excepción del asesinato o el negar el Espíritu Santo (véase Alma 39:5).

Antes del matrimonio, no hagas nada para despertar las poderosas emociones que únicamente se deben expresar en el matrimonio. No participes de los besos apasionados, no te acuestes encima de otra persona ni toques las partes privadas y sagradas del cuerpo de otra persona, con ropa o sin ella. No permitas que nadie haga eso contigo. No despiertes esas emociones en tu propio cuerpo.

En las culturas en las que el salir con jóvenes del sexo opuesto o el noviazgo sean aceptables, siempre trata a tu pareja con respeto, nunca como un objeto para satisfacer tus deseos lujuriosos. Permanece en áreas seguras en donde fácilmente puedas controlar tus sentimientos físicos. No participes en conversaciones ni actividades que despierten las emociones sexuales.

La actividad homosexual es un pecado grave; si enfrentas el problema de sentir atracción hacia personas del mismo sexo, busca el consejo de tus padres y el de tu obispo; ellos te ayudarán.

Las víctimas de violación sexual, incesto u otra clase de abuso sexual no son culpables de pecado. Si has sido víctima de cualquiera de esos crímenes, ten la seguridad de que eres inocente y que Dios te ama. Busca inmediatamente el consejo de tu obispo a fin de que él pueda guiarte a través del proceso de rehabilitación emocional.

Si eres tentado o tentada a cometer transgresiones sexuales, busca la ayuda de tus padres, tu obispo y amigos en quienes puedas confiar. Ora al Señor, quien te ayudará a resistir la tentación y a vencer los pensamientos y sentimientos indecorosos.

Si has cometido transgresiones sexuales, inicia hoy el proceso del arrepentimiento a fin de que puedas tener la conciencia tranquila y contar con la plena compañía del Espíritu. Busca el perdón del Señor. Habla con tu obispo; él te ayudará a obtener el perdón que está al alcance de los que verdaderamente se arrepienten.

Génesis 39:1–12; Doctrina y Convenios 38:42