Capítulo 18: La fe en Jesucristo

Principios del Evangelio, (2011), 101–6


¿Qué es la fe?

A los maestros: Este capítulo está organizado en cuatro encabezamientos, cada uno de los cuales es una pregunta en cuanto a la fe. Usted puede utilizar estas preguntas como guía para su lección. Si el entorno del salón de clases es tal que se puedan tener análisis en grupos pequeños, considere dividir a los miembros de la clase en grupos de cuatro integrantes y pedir a cada grupo que se dividan las secciones del capítulo. Luego pida a cada persona a hacer lo siguiente con su sección asignada: (1) Leerla. (2) Encontrar pasajes de las Escrituras que ayuden a responder la pregunta del encabezamiento de la sección. (3) Pensar en experiencias personales que se relacionen con la sección. (4) Compartir lo que hayan pensado en cuanto a la sección con otros integrantes del grupo.

La fe en el Señor Jesucristo es el primer principio del Evangelio; es un don espiritual y es necesaria para nuestra salvación. El rey Benjamín declaró: “…a ninguno de éstos viene la salvación, sino por medio del arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo” (Mosíah 3:12).

La fe es una “…esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas” (Alma 32:21; véase también Hebreos 11:1); es un principio de acción y poder que motiva nuestras actividades diarias.

¿Trataríamos de estudiar y aprender si no creyéramos que vamos a obtener sabiduría y conocimiento? ¿Trabajaríamos todos los días si no esperáramos lograr algo con ello? ¿Plantaría un campesino si no esperara cosechar? Todos los días actuamos con la esperanza de algo, a pesar de no ver el resultado final. Eso es la fe. (Véase Hebreos 11:3).

Muchos relatos de las Escrituras hablan acerca de cosas grandiosas que se lograron por medio de la fe.

Por medio de la fe, Noé construyó un arca y salvó a su familia del diluvio (véase Hebreos 11:7); Moisés separó las aguas del Mar Rojo (véase Hebreos 11:29); Elías el Profeta hizo que cayera fuego de los cielos (véase 1 Reyes 18:17–40); Nefi pidió que hubiera hambre (véase Helamán 11:3–5); también le pidió al Señor que diera fin al hambre (véase Helamán 11:9–17). Los mares se han calmado, ha habido visiones y se han contestado oraciones, todo por medio del poder de la fe.

A medida que estudiamos cuidadosamente las Escrituras aprendemos que la fe es una creencia profunda de la verdad que anida en nuestra alma y nos motiva a hacer lo bueno. Eso nos hace preguntar: ¿En quién debemos tener fe?

  • Piense acerca de sus actividades cotidianas. ¿Qué cosas hace diariamente de las que no puede ver el resultado final? ¿De qué forma la fe le motiva a actuar?

¿Por qué debemos tener fe en Jesucristo?

Debemos centrar nuestra fe en el Señor Jesucristo.

Tener fe en Jesucristo significa confiar en Él de tal manera que obedezcamos cualquier cosa que nos mande. Al depositar nuestra fe en Jesucristo, nos convertimos en Sus discípulos obedientes y nuestro Padre Celestial perdonará nuestros pecados y nos preparará para que regresemos junto a Él.

El apóstol Pablo predicó que “…no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12; véase también Mosíah 3:17). Jacob enseñó que los hombres deben tener “…perfecta fe en el Santo de Israel [Jesucristo], o no pueden ser salvos en el reino de Dios” (2 Nefi 9:23). Por medio de la fe en el Salvador y el arrepentimiento logramos que Su expiación tenga un resultado plenamente eficaz en nuestra vida. Mediante la fe, recibiremos también fortaleza para vencer las tentaciones (véase Alma 37:33).

No podemos tener fe en Jesucristo sin tenerla también en nuestro Padre Celestial y, si tenemos fe en Ellos, tendremos también fe en que el Espíritu Santo, a quien Ellos han enviado, nos enseñará toda verdad y nos dará consuelo.

  • ¿Cómo puede la fe en Jesucristo ejercer una influencia en nuestros llamamientos de la Iglesia?, ¿o en nuestras relaciones familiares?, ¿o en nuestro trabajo? ¿De qué manera la fe en Jesucristo ejerce una influencia en nuestra esperanza de obtener la vida eterna?

¿Cómo podemos aumentar nuestra fe en Jesucristo?

Al tener conocimiento de las muchas bendiciones que recibiremos por medio de la fe en Jesucristo, debemos procurar aumentar nuestra fe en Él. El Salvador dijo: “…si tuviereis fe como un grano de mostaza… nada os será imposible” (Mateo 17:20). Un grano de mostaza es muy pequeñito, pero al plantarlo se convierte en un árbol enorme.

¿Cómo podemos aumentar nuestra fe? De la misma forma que aumentamos o desarrollamos otras aptitudes. ¿En qué forma cultivamos la habilidad de labrar la madera, de tejer, de pintar, de cocinar, de trabajar en alfarería o de tocar un instrumento musical? Estudiamos, practicamos y nos esforzamos y, al hacerlo, vamos mejorando. Lo mismo sucede con la fe: si deseamos aumentar nuestra fe en Jesucristo, debemos esforzarnos por lograrlo. El profeta Alma comparó la palabra de Dios a una semilla que debe nutrirse por medio de la fe:

“Mas he aquí, si despertáis y aviváis vuestras facultades hasta experimentar con mis palabras, y ejercitáis un poco de fe, sí, aunque no sea más que un deseo de creer, dejad que este deseo obre en vosotros, sí, hasta creer de tal modo que deis cabida a una porción de mis palabras.

“Compararemos, pues, la palabra a una semilla. Ahora bien, si dais lugar para que sea sembrada una semilla en vuestro corazón, he aquí, si es una semilla verdadera, o semilla buena, y no la echáis fuera por vuestra incredulidad, resistiendo al Espíritu del Señor, he aquí, empezará a hincharse en vuestro pecho; y al sentir esta sensación de crecimiento, empezaréis a decir dentro de vosotros: Debe ser que ésta es una semilla buena, o que la palabra es buena, porque empieza a ensanchar mi alma; sí, empieza a iluminar mi entendimiento…

“He aquí, ¿no aumentaría esto vuestra fe?…” (Alma 32:27–29).

Por lo tanto, aumentamos nuestra fe en Dios ejercitando nuestro deseo de tener fe en Él.

También aumentamos nuestra fe al orar a nuestro Padre Celestial acerca de nuestras esperanzas, deseos y necesidades (véase Alma 34:17–26); sin embargo, no debemos suponer que lo único que tenemos que hacer es pedir. En las Escrituras se nos ha dicho que “…la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (Santiago 2:17). El siguiente relato es acerca de un hombre cuyas obras demostraron la fe que tenía.

Este hombre deseaba estudiar las Escrituras pero no sabía leer; de modo que oró a nuestro Padre Celestial pidiéndole que le ayudara a aprender a leer. Durante esos días, un maestro llegó a la aldea en donde el hombre vivía y éste le pidió ayuda. De esa forma, aprendió el alfabeto, estudió los sonidos y aprendió a juntar letras para formar palabras. Muy pronto comenzó a leer palabras sencillas. Cuando más practicaba, más aprendía; y le dio gracias al Señor por haberle enviado un maestro para ayudarle a aprender a leer. El hombre aumentó su fe, su humildad y su conocimiento a tal grado que fue llamado a servir como presidente de rama en la Iglesia.

El presidente Spencer W. Kimball explicó: “La fe no puede ir desligada de las obras. Mientras que resultaría absurdo pedirle al Señor que nos diera conocimiento, sería muy sensato pedirle su ayuda para adquirirlo, para estudiar en una forma constructiva, para pensar claramente y retener las cosas que hemos aprendido” (véase La fe precede al milagro, 1983, pág. 207; cursiva del original).

La fe es hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que se cumplan las cosas que esperamos y por las cuales hemos orado. El presidente Kimball dijo: “Plantamos la semilla con fe y pronto vemos el milagro del retoño. A menudo, el hombre lo ha interpretado mal y ha seguido el proceso al revés”. Luego continúa explicando que a muchos de nosotros nos gustaría tener salud y fuerza sin observar las leyes de la salud; prosperidad sin pagar los diezmos; estar cerca del Señor, pero no ayunamos ni oramos; tener lluvia en la estación debida y paz sobre la tierra sin preocuparnos de observar el día de reposo ni de obedecer los otros mandamientos del Señor. (Véase Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 158).

Una forma importante de aumentar nuestra fe es escuchar y estudiar la palabra del Señor. Escuchamos la palabra del Señor en las reuniones de la Iglesia; y estudiamos Su palabra en las Escrituras. “Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118).

  • ¿Qué relación percibe entre la fe y nuestras acciones?

¿Cuáles son algunas de las bendiciones que se reciben al ejercitar la fe?

Por medio del don de la fe se llevan a cabo milagros, aparecen ángeles, se dan otros dones del Espíritu, las oraciones son contestadas y los hombres se convierten en hijos de Dios (véase Moroni 7:25–26, 36–37).

“Cuando la fe llega trae consigo… apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, maestros, dones, sabiduría, conocimiento, milagros, sanidades, lenguas e interpretación de lenguas, etc. Todo ello aparece cuando hay fe en la tierra, y desaparece cuando ésta desaparece de la tierra; pues estos son los resultados de la fe… Y el que la posee, por medio de ella, obtiene todo el conocimiento y la sabiduría necesarios hasta que llega a conocer a Dios y al Señor Jesucristo, a quien Él ha enviado; porque conocerlo es la vida eterna” (Lectures on Faith, 1985, pág. 83).

  • ¿Cuáles son algunos de los relatos de las Escrituras en los que las personas se hayan fortalecido debido a que tuvieron fe en Jesucristo? ¿En qué forma se ha manifestado esto en usted?

Pasajes adicionales de las Escrituras