Capítulo 21: El don del Espíritu Santo

Principios del Evangelio, (2011), 120–24


El Espíritu Santo

En el capítulo 7 aprendimos que el Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad. Él es un “personaje de Espíritu” (D. y C. 130:22); no tiene un cuerpo de carne y huesos. Su influencia puede estar presente en todo lugar al mismo tiempo. Su misión es la de dar testimonio del Padre y del Hijo y de toda verdad. Además, el Espíritu Santo nos purifica o santifica con el fin de prepararnos para morar en la presencia de Dios. El Espíritu Santo purifica nuestro corazón de tal manera que ya no tenemos el deseo de hacer lo malo.

Hay una diferencia entre el Espíritu Santo y el don del Espíritu Santo. En este capítulo aprenderemos qué es el don del Espíritu Santo y cómo podemos recibir este gran don de Dios.

A los maestros: Quizá desee invitar a los integrantes de la clase o de la familia a participar en una o más de las siguientes actividades: (1) Leer los pasajes adicionales de las Escrituras que se incluyen al final del capítulo y analizar cómo el Espíritu Santo nos ayuda durante el transcurso de nuestra jornada terrenal. (2) Decir algunas de las bendiciones que han recibido gracias a que poseen el don del Espíritu Santo. (3) Analizar qué pueden hacer los padres para ayudar a sus hijos a comprender el don del Espíritu Santo y la forma en que el Espíritu Santo se comunica con nosotros.

El don del Espíritu Santo

  • ¿Cuál es la diferencia entre el Espíritu Santo y el don del Espíritu Santo?

El don del Espíritu Santo es un privilegio —el cual se concede a la gente que ha puesto su fe en Jesucristo, y que se le ha bautizado y confirmado miembro de la Iglesia— con el fin de que reciba guía e inspiración del Espíritu Santo.

José Smith dijo que nosotros creemos que en la actualidad se disfruta del don del Espíritu Santo tan ampliamente como en los días de los primeros apóstoles. Nosotros creemos en ese don en toda su plenitud, poder, majestad y gloria. (Véase Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 102–103).

El Espíritu Santo puede guiar a una persona en forma temporal, sin que ésta haya recibido el don del Espíritu Santo (véase D. y C. 130:23); sin embargo, esa guía no continuará a menos que la persona reciba el bautismo y el don del Espíritu Santo por medio de la imposición de manos. En Hechos 10 leemos que el soldado romano Cornelio recibió la inspiración del Espíritu Santo que le hizo saber que el evangelio de Jesucristo era verdadero; pero Cornelio no recibió el don del Espíritu Santo sino hasta después de ser bautizado. El profeta José Smith explicó que si Cornelio no se hubiese bautizado y recibido el don del Espíritu Santo, el Espíritu Santo se hubiera apartado de él (véase Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: José Smith, pág. 102).

En la actualidad, personas que no son miembros de la Iglesia aprenden por medio del poder del Espíritu Santo que el Libro de Mormón es verdadero (véase Moroni 10:4–5); sin embargo, ese testimonio inicial se aparta de ellas si no reciben el don del Espíritu Santo. Esas personas no reciben esa seguridad continua que disfrutan quienes tienen el don del Espíritu Santo.

La recepción del Espíritu Santo

  • ¿Qué debemos hacer para recibir la compañía constante del Espíritu Santo?

Después de que las personas se han bautizado, se les confirma miembros de la Iglesia y se les otorga el don del Espíritu Santo por medio de la imposición de manos. El Señor dijo: “Y por la imposición de manos confirmaréis en mi iglesia a quienes tengan fe, y yo les conferiré el don del Espíritu Santo” (D. y C. 33:15).

Todo élder digno de la Iglesia, cuando se le ha autorizado, puede otorgar el don del Espíritu Santo a otra persona. Sin embargo, eso no garantiza que esa persona reciba inspiración y guía del Espíritu Santo solamente porque los élderes le pusieron las manos sobre la cabeza. Cada persona debe “recibir el Espíritu Santo”. Eso significa que el Espíritu Santo vendrá a nosotros sólo cuando seamos fieles y deseemos la ayuda de ese mensajero celestial.

Para ser dignos de recibir la ayuda del Espíritu Santo, debemos tratar anhelosamente de obedecer los mandamientos de Dios, y mantener nuestras acciones y nuestros pensamientos puros.

Cómo reconocer la influencia del Espíritu Santo

El Espíritu Santo generalmente se comunica con nosotros calladamente. A Su influencia con frecuencia se le llama la “voz suave y apacible” (véase 1 Reyes 19:9–12; Helamán 5:30; D. y C. 85:6). El presidente Boyd K. Packer explicó: “El Espíritu Santo se comunica con una voz que [se] siente más de lo que se oye… Aunque decimos que ‘escuchamos’ los susurros del Espíritu, por lo general describimos una inspiración espiritual diciendo: ‘Tuve una impresión…’”. Y continuó diciendo: “La voz del Espíritu habla quedamente, indicándonos lo que debemos hacer o decir, o quizás para amonestarnos o prevenirnos” (Liahona, enero de 1995, págs. 69, 70).

Uno de los dones más grandes de Dios

  • ¿Qué bendiciones podemos recibir por medio del don del Espíritu Santo?

El don del Espíritu Santo es uno de los dones más grandes que Dios nos ha dado. Por medio del Espíritu Santo podemos saber que Dios vive, que Jesús es el Cristo y que Su Iglesia ha sido restaurada sobre la tierra; podemos recibir los susurros del Espíritu Santo para mostrarnos todo lo que debemos hacer (véase 2 Nefi 32:5). El Espíritu Santo nos santifica con el fin de prepararnos para morar en la presencia de Dios. Podemos gozar de los dones del Espíritu (véase el capítulo 22 de este libro). Este gran don que recibimos de nuestro Padre Celestial también trae paz a nuestro corazón y comprensión para entender las cosas de Dios (véase 1 Corintios 2:9–12).

  • ¿Por qué es el don del Espíritu Santo uno de los dones más grandes que Dios nos ha dado?

Pasajes adicionales de las Escrituras