Capítulo 24: El día de reposo

Principios del Evangelio, (2011), 138–43


El significado del día de reposo

  • ¿Qué es el día de reposo?

“Acuérdate del día del reposo para santificarlo” (Éxodo 20:8; véase también D. y C. 68:29).

La palabra shabbat proviene de la palabra hebrea que significa reposo. Antes de la resurrección de Jesucristo, el día de reposo conmemoraba el día en que Dios descansó después de haber terminado la Creación. Era una señal del convenio entre Dios y Su pueblo. En el libro de Génesis leemos que Dios creó los cielos y la tierra en seis períodos a los cuales llamó días: “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que había hecho, y reposó el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó” (Génesis 2:2–3). Ahora el día de reposo también conmemora la resurrección de Jesucristo.

El día de reposo es cada séptimo día y es un día santo en el cual Dios nos ha mandado que descansemos de nuestras labores cotidianas y lo adoremos.

El propósito del día de reposo

  • ¿Cómo explicaría el propósito del día de reposo a alguien que no sabe en cuanto al día de reposo?

Jesús enseñó que el día de reposo se instituyó para nuestro beneficio (véase Marcos 2:27). El propósito del día de reposo es el de darnos cierto día de la semana en el cual centrar nuestros pensamientos y acciones en Dios. No es simplemente un día para descansar del trabajo cotidiano, sino que es un día sagrado que debemos dedicar a la adoración y a la reverencia. Al descansar de nuestras tareas y actividades diarias, nuestra mente queda libre para meditar sobre cosas espirituales. En ese día debemos renovar nuestros convenios con el Señor y alimentar nuestra alma con las cosas del Espíritu.

  • Piense en lo que puede hacer para tener en mente el propósito del día de reposo a medida que se prepara para ese día cada semana.

La historia del día de reposo

En los primeros días de la tierra, Dios consagró el día séptimo como el día de reposo (véase Génesis 2:2–3). Desde los primeros tiempos, la tradición de consagrar el día séptimo se ha preservado entre los diferentes pueblos de la tierra. Dios renovó entre los israelitas el mandamiento con respecto a ese día cuando les dijo: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo” (Éxodo 20:8). El que santificaran el día de reposo era también una señal de que los israelitas eran Su pueblo del convenio (véase Éxodo 31:12–13, 16; Isaías 56:1–8; Jeremías 17:19–27).

Sin embargo, algunos de los líderes judíos impusieron muchas reglas innecesarias en cuanto al día de reposo. Ellos decidían cuán lejos podía caminar una persona, qué clase de nudos podía atar, etc. Cuando ciertos líderes judíos criticaron a Jesucristo por sanar a los enfermos en el día de reposo, Jesús les recordó que ese día se había establecido para beneficio del hombre.

Los nefitas también observaron el día de reposo de acuerdo con los mandamientos de Dios (véase Jarom 1:5).

En los tiempos modernos, el Señor ha repetido el mandamiento de observar el día de reposo para santificarlo (véase D. y C. 68:29).

El día del Señor

  • ¿Por qué se cambió el día de reposo del séptimo día al primero?

Hasta Su Resurrección, Jesucristo y Sus discípulos honraron el séptimo día como el día de reposo. Después de que el Señor resucitara, se consagró el domingo como el día del Señor en memoria de Su resurrección en ese día (véase Hechos 20:7; 1 Corintios 16:2). Desde esa época, Sus discípulos observaron el primer día de la semana como el día de reposo; en ambos casos, eran seis días de labor y uno de descanso y devoción.

El Señor nos ha dado un mandamiento directo y claro en estos días de que también nosotros debemos honrar el domingo, el día del Señor, como nuestro día de reposo (véase D. y C. 59:12).

  • ¿Cómo puede el recuerdo de la Resurrección influir en nuestra adoración durante el día de reposo?

A los maestros: Usted puede fomentar que los miembros de la clase o de la familia piensen más a fondo la respuesta de una pregunta si les da tiempo de meditar. Después de darles suficiente tiempo, pídales que respondan.

Cómo santificar el día de reposo

  • ¿Qué significa santificar el día de reposo?

El Señor nos pide, primero, que santifiquemos el día de reposo. En una revelación dada a José Smith en el año 1831, el Señor mandó a los miembros de la Iglesia ir a la casa de oración y ofrecer allí sus sacramentos, descansar de sus obras y rendir devociones al Altísimo (véase D. y C. 59:9–12).

Segundo, nos pide que descansemos de nuestras labores cotidianas, lo cual significa que no debemos efectuar labor alguna que nos distraiga de dar toda nuestra atención a los asuntos espirituales. El Señor dijo a los israelitas: “…no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia” (Éxodo 20:10). Nuestros profetas nos han dicho que no debemos comprar, cazar, pescar, asistir a espectáculos deportivos ni participar en actividades similares en ese día.

El presidente Spencer W. Kimball nos advirtió que si lo único que hacemos es descansar sin hacer absolutamente nada, no estamos santificando el día de reposo, ya que para santificar ese día es necesario tener pensamientos y hechos constructivos. (Véase Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 188).

¿Qué podemos hacer en el día de reposo? El profeta Isaías sugirió que debemos refrenarnos y alejarnos de lo que significa nuestro propio placer y que debemos llamar a ese día “delicia, santo, glorioso de Jehová” (Isaías 58:13).

Debemos considerar los actos de rectitud que podemos hacer durante el día de reposo. Por ejemplo, santificamos el día de reposo al asistir a las reuniones de la Iglesia; al leer las Escrituras y las palabras de los líderes de la Iglesia; al visitar a los enfermos, a los ancianos y a nuestros seres queridos; al escuchar música inspiradora y cantar himnos; al orar a nuestro Padre Celestial con alabanza y acción de gracias; al prestar servicio en la Iglesia; al preparar registros de historia familiar y escribir nuestra historia personal; al relatar a los miembros de nuestra familia relatos que promuevan la fe, al expresarles nuestro testimonio y contarles experiencias espirituales; al escribir cartas a los misioneros y a nuestros seres queridos; al ayunar con un propósito definido; y al pasar tiempo con nuestros hijos y con otras personas en el hogar.

Al decidir en qué otras actividades sería apropiado participar durante el día de reposo, podríamos preguntarnos: ¿Me edificará e inspirará? ¿Demuestra respeto por el Señor? ¿Centra mis pensamientos en Él?

Puede que haya ocasiones en las cuales se nos pida que trabajemos el día de reposo. En lo posible, debemos evitar trabajar en ese día, pero cuando sea absolutamente necesario que lo hagamos, debemos mantener el espíritu de adoración en nuestro corazón tanto como nos sea posible.

  • Piense en algo que pueda hacer para mejorar en su empeño por santificar el día de reposo. Si usted es padre, madre, abuelo o abuela, piense en algo que pueda hacer para ayudar a sus hijos o nietos a comprender el significado del día de reposo.

Las bendiciones que se reciben al santificar el día de reposo

  • ¿Cuáles son algunas de las bendiciones que recibimos cuando santificamos el día de reposo?

Al honrar el día de reposo, podemos recibir grandes bendiciones tanto espirituales como temporales. El Señor dijo que si guardábamos el día de reposo con gratitud y alegría, nos sentiríamos colmados de gozo. Él nos prometió:

“…la abundancia de la tierra será vuestra… ya sea para alimento, o vestidura, o casas, alfolíes, huertos, jardines o viñas;

“sí, todas las cosas que de la tierra salen, en su sazón, son hechas para el beneficio y el uso del hombre, tanto para agradar la vista como para alegrar el corazón;

“sí, para ser alimento y vestidura, para gustar y oler, para vigorizar el cuerpo y animar el alma” (D. y C. 59:16–19).

Pasajes adicionales de las Escrituras