Capítulo 27: El trabajo y la responsabilidad personal

Principios del Evangelio, (2011), 155–60


El trabajo es un principio eterno

  • ¿Qué experiencias ha tenido que le demuestren la importancia del trabajo?

Nuestro Padre Celestial y Jesucristo nos han mostrado por medio de Su ejemplo y Sus enseñanzas que el trabajo es tan importante en el cielo como en la tierra. Dios trabajó para crear los cielos y la tierra; hizo que los mares se agruparan en un solo lugar y que apareciera la tierra seca; hizo que el pasto, las hierbas y los árboles crecieran sobre la tierra; formó el sol, la luna y las estrellas; creó a todos los seres vivientes marinos y terrestres y, por último, colocó a Adán y a Eva en la tierra para que cuidaran de ella y para que tuvieran dominio sobre todos los seres vivientes. (Véase Génesis 1:1–28).

Jesús dijo: “…Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). Más tarde agregó: “…tengo que hacer las obras del que me envió” (Juan 9:4).

A los maestros: Trate de ayudar a cada integrante de la clase o de la familia a participar durante la lección. Las personas pueden ayudar poniendo sillas, haciendo la primera o la última oración, escribiendo sobre la pizarra, leyendo pasajes de las Escrituras en voz alta, respondiendo preguntas, dando su testimonio o resumiendo la lección.

Se nos manda trabajar

El trabajo ha sido la forma de vida en la tierra desde que Adán y Eva dejaron el Jardín de Edén. El Señor le dijo a Adán: “con el sudor de tu rostro comerás el pan” (Génesis 3:19). Adán y Eva trabajaron en el campo para obtener el sustento y todo lo necesario para ellos y su familia (véase Moisés 5:1).

El Señor le dijo al pueblo de Israel: “Seis días trabajarás” (Éxodo 20:9).

En los primeros días de la Iglesia restaurada, el Señor dijo a los Santos de los Últimos Días: “Ahora, yo, el Señor, no estoy bien complacido con los habitantes de Sión, porque hay ociosos entre ellos…” (D. y C. 68:31).

Un profeta de Dios ha dicho: “El trabajo ha de ocupar nuevamente su trono como principio gobernante en la vida de los miembros de la Iglesia” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Heber J. Grant, 2003, pág. 122).

La responsabilidad familiar

  • ¿Cuáles son algunas de las responsabilidades que los padres, las madres y los hijos deben tener en la casa? ¿Qué pueden hacer los miembros de la familia para contribuir al trabajo?

Los padres deben trabajar juntos para proporcionar lo necesario para el bienestar físico, espiritual y emocional de su familia; no deben esperar nunca que otras personas se hagan cargo de esas responsabilidades por ellos. El apóstol Pablo escribió: “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe” (1 Timoteo 5:8).

Los cónyuges, al establecer las responsabilidades individuales, deben buscar la inspiración del Señor y seguir el consejo de los profetas. Formar un hogar donde se enseñen los principios del Evangelio diariamente y donde abunde el amor y el orden es tan importante como el proporcionar las necesidades básicas de ropa y alimentación.

Los hijos deben ayudar en el trabajo familiar. Es necesario que los niños tengan asignaciones de trabajo que se ajusten a sus habilidades, y es necesario elogiarlos cuando hagan bien sus tareas. Las buenas actitudes, hábitos y habilidades de trabajo se aprenden mediante las buenas experiencias adquiridas en el hogar.

Algunas veces la gente atraviesa dificultades al intentar proveer para sus familias. Las enfermedades crónicas, la pérdida de uno de los cónyuges o el tener que cuidar a uno de los padres ancianos aumentan las responsabilidades dentro del hogar. Nuestro Padre Celestial está pendiente de las familias que se encuentran en situaciones semejantes y les proporciona la fortaleza necesaria para seguir adelante. Él siempre las bendecirá si le piden con fe.

Es posible disfrutar del trabajo

  • ¿En qué forma afecta a nuestro trabajo la actitud que tenemos?

Para algunas personas el trabajo es una carga; en cambio, para otras es una parte emocionante de la vida. Una de las formas de disfrutar completamente los beneficios de la vida es aprender a amar el trabajo.

No todos podemos elegir la clase de trabajo que hacemos. Algunos trabajan muchas horas para satisfacer las necesidades más elementales, con lo cual se hace difícil gozar de ese tipo de trabajo. Sin embargo, la gente más feliz ha aprendido a disfrutar de su trabajo, cualquiera que éste sea.

Podemos ayudarnos mutuamente en nuestro trabajo, puesto que la carga más abrumadora y pesada se vuelve mucho más liviana cuando alguien la comparte con nosotros.

Nuestra actitud hacia el trabajo es muy importante. El siguiente relato demuestra cómo un hombre vio más allá de su labor diaria. Un viajero pasaba por una cantera cuando vio a tres hombres trabajando. Preguntó a cada uno de ellos por separado qué estaba haciendo: La respuesta de cada uno de ellos reveló una actitud completamente diferente hacia el mismo trabajo. “Estoy cortando piedra”, respondió el primero; el segundo agregó: “Estoy ganando tres monedas de oro por día”; mientras que el tercero sonrió y dijo: “Estoy ayudando a construir una casa de Dios”.

En cualquier trabajo honrado podemos servir a Dios. El rey Benjamín, un profeta nefita, dijo: “…cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios” (Mosíah 2:17). Si con nuestro trabajo sólo logramos proporcionar lo necesario para cubrir nuestras necesidades y las de nuestra familia, aún así estamos ayudando a algunos de los hijos de Dios.

  • ¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra actitud en cuanto al trabajo?

Dios condena la ociosidad

El Señor no se siente complacido con la gente ociosa y perezosa. Al respecto dijo: “No habrá lugar en la iglesia para el ocioso, a no ser que se arrepienta y enmiende sus costumbres” (D. y C. 75:29). También mandó: “No serás ocioso; porque el ocioso no comerá el pan ni vestirá la ropa del trabajador” (D. y C. 42:42).

Desde los primeros días de la Iglesia, los profetas han enseñado a los miembros a ser independientes y autosuficientes, y a evitar la ociosidad. Los verdaderos Santos de los Últimos Días no evadirán voluntariamente la responsabilidad de mantenerse a sí mismos; mientras puedan hacerlo, proveerán lo necesario para su manutención y la de su familia.

Hasta donde sus posibilidades se lo permitan, todo miembro de la Iglesia debe aceptar la responsabilidad de hacerse cargo de los familiares que no puedan mantenerse a sí mismos.

  • ¿De qué manera afecta la ociosidad a una persona?, ¿a una familia?, ¿a una comunidad?

El trabajo, las actividades recreativas y el descanso

  • ¿Por qué es importante mantener un equilibrio en la vida entre el trabajo, las actividades recreativas y el descanso?

Debemos procurar que haya un equilibrio entre el trabajo, las actividades recreativas y el descanso. Hay un dicho que dice: “El no hacer nada es el trabajo más pesado, ya que nunca nos detenemos para descansar”. Sin el trabajo, el descanso y las actividades recreativas no tienen ningún significado.

No solamente es placentero y necesario descansar, sino que se nos manda hacerlo en el día de reposo (véase Éxodo 20:10; D. y C. 59:9–12). Ese día de descanso, después de trabajar seis días seguidos, nos brinda la recuperación necesaria para comenzar una nueva semana. El Señor también promete “la abundancia de la tierra” a quienes santifiquen el día de reposo (véase D. y C. 59:16–20; véase también el capítulo 24 de este libro).

Durante los demás días de la semana, además de trabajar, podemos dedicar tiempo para mejorar nuestros talentos y disfrutar de nuestros pasatiempos favoritos, a tener actividades recreativas o de otro tipo que nos renueven.

  • ¿Qué podemos hacer para mantener un buen equilibrio entre el trabajo, las actividades recreativas y el descanso? ¿De qué manera pueden los padres ayudar a sus hijos a mantener este equilibrio?

Las bendiciones del trabajo

  • ¿Cuáles son algunas de las bendiciones que se reciben del trabajo honrado?

Dios le reveló a Adán: “con el sudor de tu rostro comerás el pan” (Génesis 3:19). Aparte de ser una ley temporal, ésta fue una ley dada para la salvación del alma de Adán. No hay una división real entre el trabajo espiritual, el mental y el físico. El trabajo es esencial para nuestro progreso, para el desarrollo de nuestro carácter y para muchas satisfacciones más que los ociosos nunca podrán disfrutar.

El presidente David O. McKay dijo: “Démonos cuenta de que el privilegio de trabajar es un don, que el poder de trabajar es una bendición y que el amor por el trabajo es un triunfo” (Pathways to Happiness, 1957, pág. 381).

“…existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25). El trabajo es una clave para la plenitud de gozo en el plan de Dios. Si vivimos con rectitud, regresaremos a vivir con nuestro Padre Celestial y tendremos una obra que realizar. Al llegar a ser como Él, nuestra obra será similar a la suya, la cual es: “…Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Pasajes adicionales de las Escrituras