Capítulo 32: El diezmo y las ofrendas

Principios del Evangelio, (2011), 184–88


El pago del diezmo y las ofrendas

  • ¿En qué forma nuestra disposición de pagar el diezmo y las ofrendas demuestra gratitud a nuestro Padre Celestial por todas las bendiciones que nos da?

Se nos han dado mandamientos para que nos preparemos en todos los aspectos con el fin de volver a vivir en la presencia de nuestro Padre Celestial. Él nos ha proporcionado la forma de agradecerle nuestras bendiciones. El pagar los diezmos y las ofrendas y hacerlo de buena voluntad es una forma de agradecerle. Al pagar las ofrendas, le demostramos que lo amamos y que obedeceremos Su consejo.

  • ¿De qué manera el pagar los diezmos y las ofrendas nos ayuda a demostrar nuestro agradecimiento a nuestro Padre Celestial?

La obediencia a la ley del diezmo

  • ¿Qué es un diezmo íntegro?

A los maestros: Utilice las preguntas que se encuentran al principio de la sección a fin de comenzar un análisis y pida a los miembros de la clase o de la familia que consulten el texto a fin de encontrar más información. Haga uso de las preguntas al final de la sección para ayudar a los miembros de la clase o de la familia a meditar y analizar el significado de lo que leyeron y a ponerlo en práctica.

En la antigüedad, Abraham y Jacob obedecieron el mandamiento de pagar el diezmo, que consistía en la décima parte de su interés (véase Hebreos 7:1–10; Génesis 14:19–20; 28:20–22).

En tiempos modernos, el profeta José Smith suplicó: “…¡Oh Señor! Indica a tus siervos cuánto requieres de las propiedades de tu pueblo como diezmo…” (D. y C. 119, encabezamiento); el Señor le contestó: “Y esto será el principio del diezmo de mi pueblo. Y después de esto, todos aquellos que hayan entregado este diezmo pagarán la décima parte de todo su interés anualmente; y ésta les será por ley fija perpetuamente…” (D. y C. 119:3–4). La Primera Presidencia explicó que “la décima parte de todo su interés anualmente” se refiere a nuestro ingreso (véase Carta de la Primera Presidencia, 19 de marzo de 1970).

Cuando pagamos el diezmo demostramos nuestra fidelidad al Señor y, a la vez, enseñamos a nuestros hijos la importancia de esa ley. Ellos entonces desearán seguir nuestro ejemplo y pagar el diezmo de cualquier dinero que reciban.

  • ¿De qué forma es el diezmo un principio de fe más que un principio económico?

  • ¿Qué pueden hacer los padres para enseñar a sus hijos a pagar el diezmo y para que comprendan su importancia?

Debemos dar de buena voluntad

  • ¿Por qué es importante nuestra actitud cuando pagamos el diezmo?

Es importante que paguemos el diezmo y que lo hagamos de buena voluntad. “Cuando alguien paga el diezmo sin gozo, se está robando una parte de la bendición. Debe aprender a dar alegremente, voluntariamente y con gozo, y lo que dé será bendecido” (Stephen L Richards, The Law of Tithing, folleto, 1983, pág. 8).

El apóstol Pablo enseñó que la forma en que lo damos es tan importante como lo que damos, cuando dijo: “Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).

  • ¿Qué significa para usted ser un “dador alegre”?

El diezmo y otras ofrendas

  • ¿De qué forma utiliza la Iglesia los fondos de los diezmos y de las otras ofrendas?

Como miembros de la Iglesia, damos al Señor el diezmo y otras ofrendas.

Diezmo

La Iglesia utiliza el dinero del diezmo para diversos fines, algunos de los cuales son:

  1. 1.

    La edificación, el mantenimiento y el funcionamiento de templos, centros de reuniones y otros edificios.

  2. 2.

    El proporcionar fondos de funcionamiento para las estacas, los barrios y otras unidades de la Iglesia. (Esas unidades utilizan los fondos para llevar a cabo los programas eclesiásticos de la Iglesia, entre los cuales se encuentra la enseñanza del Evangelio y el realizar actividades sociales).

  3. 3.

    La ayuda al programa misional.

  4. 4.

    La educación de la juventud de la Iglesia en escuelas, seminarios e institutos.

  5. 5.

    La publicación y distribución de materiales didácticos.

  6. 6.

    La ayuda para la historia familiar y la obra del templo.

Otras ofrendas

Las ofrendas de ayuno. Los miembros de la Iglesia ayunan una vez al mes, para lo cual se abstienen de alimentos y líquidos por dos comidas consecutivas; luego contribuyen, por lo menos, con la cantidad de dinero que hubieran gastado en ellas. Pueden dar en forma tan generosa como su situación se los permita. A ese donativo se le llama ofrenda de ayuno. Los obispos utilizan las ofrendas de ayuno para proporcionar comida, alojamiento, ropa y atención médica a los necesitados. (Véase el capítulo 25 de este libro).

Como parte del día de ayuno, los miembros asisten a una reunión llamada reunión de ayuno y testimonio, en donde expresan su testimonio de Cristo y Su evangelio.

Otros donativos. Los miembros de la Iglesia pueden dar donativos a otros programas de la Iglesia, tales como la obra misional, el Fondo Perpetuo para la Educación, la construcción de templos y la ayuda humanitaria.

Servicio. Los miembros también ofrecen parte de su tiempo, habilidades y bienes para ayudar a otras personas. Ese servicio permite a la Iglesia ayudar a los necesitados, ya sean miembros o no, por todo el mundo a nivel comunitario, nacional e internacional, especialmente cuando ocurre alguna catástrofe.

Somos bendecidos cuando damos diezmos y ofrendas

El Señor promete bendecirnos si pagamos fielmente los diezmos y las ofrendas. Él dijo: “Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto… si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).

Una revelación de los últimos días habla sobre otra bendición que recibirán quienes paguen el diezmo: “…y en verdad, es un día de sacrificio y de requerir el diezmo de mi pueblo, porque el que es diezmado no será quemado en su venida” (D. y C. 64:23).

Las bendiciones que se nos han prometido son tanto materiales como espirituales. Si damos de buena voluntad, nuestro Padre Celestial proporcionará lo necesario para satisfacer nuestras necesidades diarias de comida, ropa y alojamiento. Dirigiéndose a los Santos de los Últimos Días de Filipinas, el presidente Gordon B. Hinckley dijo que si las personas “aceptan el Evangelio y viven de acuerdo con sus principios, pagan sus diezmos y ofrendas, no importa cuán mínimos sean, el Señor cumplirá con ellos Su antigua promesa y tendrán arroz en sus platos, abrigo en sus espaldas y refugio sobre su cabeza. Yo no veo otra solución. Ellos necesitan un poder mayor que cualquier otro poder terrenal que los levante y ayude” (“Las palabras del profeta actual”, Liahona, junio de 1997, pág. 33). El Señor también nos ayudará a progresar “en el conocimiento de Dios, y en testimonio, y en poder para vivir de acuerdo con el Evangelio e inspirar a nuestras familias a hacer lo mismo” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Heber J. Grant, 2003, págs. 131–132).

Quienes pagan el diezmo y las ofrendas son grandemente bendecidos, además de tener un buen sentimiento de que están ayudando a edificar el reino de Dios sobre la tierra.

  • ¿Cuáles son algunas bendiciones que usted, los miembros de su familia o sus amigos han recibido por medio del pago del diezmo y de otras ofrendas?

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