Capítulo 47: La exaltación

Principios del Evangelio, (2011), 275–80


El plan para nuestro progreso

Cuando vivíamos con nuestro Padre Celestial, Él explicó un plan para nuestro progreso: podríamos llegar a ser como Él, un ser exaltado. El plan requería que nos separáramos de Él y viniéramos a la tierra; esa separación era necesaria para probar si obedeceríamos los mandamientos del Padre a pesar de no encontrarnos más en Su presencia. El plan estipulaba que cuando la vida en la tierra llegara a su fin, seríamos juzgados y recompensados de acuerdo con el grado de fe y obediencia que hubiéramos demostrado.

Por medio de las Escrituras aprendemos que hay tres reinos de gloria en los cielos. El apóstol Pablo mencionó que conocía a un hombre que “…fue arrebatado hasta el tercer cielo” (2 Corintios 12:2). Pablo nombró dos de los reinos en los cielos: el celestial y el terrestre (véase 1 Corintios 15:40–42). El celestial es el reino de gloria más alto, y el terrestre es el que le sigue. Por medio de la revelación de los últimos días, sabemos que el tercer reino es el reino telestial (véase D. y C. 76:81) y que hay tres cielos o grados dentro del reino celestial (véase D. y C. 131:1).

La exaltación

  • ¿Qué es la exaltación?

La exaltación es la vida eterna, la clase de vida que Dios vive. Él vive en gran gloria y es perfecto. Él posee todo conocimiento y toda sabiduría; es el Padre de hijos espirituales; es un creador. Nosotros podemos llegar a ser como nuestro Padre Celestial: eso es la exaltación.

Si probamos que somos fieles al Señor, viviremos en el grado más alto del reino celestial; seremos exaltados para vivir con nuestro Padre Celestial en familias eternas. La exaltación es el don más grande que el Padre Celestial puede dar a Sus hijos (véase D. y C. 14:7).

Las bendiciones de la exaltación

  • ¿Cuáles son algunas de las bendiciones que recibirán los que sean exaltados?

Nuestro Padre Celestial es perfecto y se gloría en el hecho de que es posible que Sus hijos lleguen a ser como Él. Su obra y Su gloria es “…Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Los que reciban la exaltación en el reino celestial por medio de la fe en Jesucristo recibirán bendiciones especiales. El Señor ha prometido: “…todas las cosas son suyas…” (D. y C. 76:59). Éstas son algunas de las bendiciones que recibirán las personas que logren la exaltación:

  1. 1.

    Vivirán eternamente en la presencia del Padre Celestial y de Jesucristo (véase D. y C. 76:62).

  2. 2.

    Llegarán a ser dioses (véase D. y C. 132:20–23).

  3. 3.

    Estarán unidos eternamente con los miembros justos de su familia y podrán tener progenie eterna.

  4. 4.

    Recibirán una plenitud de gozo.

  5. 5.

    Tendrán todo lo que nuestro Padre Celestial y Jesucristo tienen: todo poder, gloria, dominio y conocimiento (véase D. y C. 132:19–20). El presidente Joseph Fielding Smith escribió: “Mediante Su Hijo, el Padre ha prometido que todo lo que Él tiene le será dado a los que obedecen Sus mandamientos. Ellos crecerán en conocimiento, sabiduría y poder, yendo de gracia en gracia, hasta que la plenitud del día perfecto se despliegue ante ellos” (Doctrina de Salvación, compilación de Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1954–1956, tomo II, pág. 36; cursiva del original).

Los requisitos para la exaltación

El momento para cumplir con los requisitos de la exaltación es ahora (véase Alma 34:32–34). El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “A fin de obtener la exaltación debemos aceptar el Evangelio y todos sus convenios; asumir las obligaciones que ofrece el Señor; andar en la luz y la comprensión de la verdad; y vivir con cada palabra que sale de la boca de Dios” (Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 41).

Para ser exaltados, debemos primeramente poner nuestra fe en Jesucristo y perseverar en esa fe hasta el fin de nuestra vida. Nuestra fe en Él debe ser tal que nos motive a arrepentirnos de nuestros pecados y a obedecer Sus mandamientos.

Él nos manda recibir ciertas ordenanzas:

  1. 1.

    Debemos ser bautizados.

  2. 2.

    Debemos recibir la imposición de manos para ser confirmados miembros de la Iglesia de Jesucristo y recibir el don del Espíritu Santo.

  3. 3.

    Los varones deben recibir el Sacerdocio de Melquisedec y magnificar sus llamamientos del sacerdocio.

  4. 4.

    Debemos recibir la investidura del templo.

  5. 5.

    Debemos contraer matrimonio por la eternidad, ya sea durante esta vida o en la venidera.

Además de recibir las ordenanzas mencionadas, el Señor nos manda que debemos:

  1. 1.

    Amar a Dios y a nuestro prójimo.

  2. 2.

    Guardar los mandamientos.

  3. 3.

    Arrepentirnos de nuestros errores.

  4. 4.

    Buscar los datos necesarios de nuestros familiares que han fallecido y recibir las ordenanzas salvadoras del Evangelio por ellos.

  5. 5.

    Asistir a las reuniones de la Iglesia tan regularmente como nos sea posible y renovar los convenios bautismales al participar de la Santa Cena.

  6. 6.

    Amar a los miembros de nuestra familia y fortalecerlos para que se mantengan en los caminos del Señor.

  7. 7.

    Tener oraciones familiares e individuales todos los días.

  8. 8.

    Enseñar el Evangelio a los demás por medio de la palabra y del ejemplo.

  9. 9.

    Estudiar las Escrituras.

  10. 10.

    Escuchar y obedecer las palabras inspiradas de los profetas del Señor.

Finalmente, todos debemos recibir al Espíritu Santo y aprender a seguir Su guía en nuestra vida.

  • ¿De qué manera nos preparan las ordenanzas y los convenios para la exaltación?

  • ¿Cómo nos ayuda la fe en Jesucristo a obedecer los mandamientos?

  • ¿Por qué debemos aprender a seguir la guía del Espíritu Santo para ser exaltados?

Después de que hayamos sido fieles y hayamos perseverado hasta el fin

  • ¿Qué pasará cuando hayamos perseverado hasta el fin siendo fieles discípulos de Cristo?

El Señor ha dicho: “Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios” (D. y C. 14:7). El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “Si perseveramos en Dios; es decir, si guardamos Sus mandamientos, si le adoramos y amamos Su verdad; entonces vendrá el tiempo en que seremos llenos de la plenitud de la verdad, que brillará más y más hasta el día perfecto” (Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 34).

El profeta José Smith enseñó: “Cuando suben una escalera, tienen que empezar desde abajo y ascender peldaño por peldaño hasta que llegan a la cima; y así es con los principios del Evangelio, deben empezar por el primero, y seguir adelante hasta aprender todos los principios de la exaltación. Pero no los aprenderán sino hasta mucho después que hayan pasado por el velo [morir]. No todo se va a entender en este mundo; la obra de aprender acerca de nuestra salvación y exaltación será grande aun más allá de la tumba” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 282–283).

José Smith enseñó: “El primer principio del Evangelio es saber con certeza la naturaleza de Dios… que en un tiempo fue hombre como nosotros… Dios mismo, el Padre de todos nosotros, habitó sobre una tierra, como Jesucristo mismo lo hizo” (Enseñanzas del Profeta José Smith, selecciones de Joseph Fielding Smith, 1982, págs. 427–428).

Nuestro Padre Celestial conoce las pruebas por las que pasamos, nuestras debilidades y nuestros pecados. Él tiene compasión por nosotros y es misericordioso, y desea que triunfemos como Él lo hizo.

Imagínense qué gozo tendríamos al regresar a nuestro Padre Celestial si podemos decirle: “Padre, viví de acuerdo a Tu voluntad; fui fiel y guardé Tus mandamientos. Me siento feliz de estar de nuevo en casa”. Entonces lo escucharíamos decir: “Bien… sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23).

  • Repase Mateo 25:23. Piense en lo que sentiría si escuchara al Señor decirle estas palabras a usted.

A los maestros: Cuando usted da a los miembros de la clase o de la familia tiempo para meditar en cuanto a las verdades del Evangelio, para reflexionar en cuanto a su vida o para pensar sobre el amor que le tienen a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo, les está dando la oportunidad de que el Espíritu Santo les enseñe.

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