Introducción

Principios del Evangelio, (2011), 1–3


Guía de estudio y manual para el maestro

El manual Principios del Evangelio se escribió tanto como una guía de estudio personal como un manual para el maestro. Al estudiarlo procurando la guía del Espíritu del Señor, usted puede aumentar su comprensión y testimonio de Dios el Padre, de Jesucristo y Su expiación, y de la restauración del Evangelio; asimismo, encontrará respuestas a las preguntas de la vida, obtendrá seguridad en cuanto al propósito de su vida y su propio valor como persona, y enfrentará las dificultades personales y familiares con fe.

Instrucciones para la enseñanza en la Iglesia y en el hogar

El ser maestro es una gran responsabilidad que incluye muchas oportunidades de fortalecer a los demás y de ver que sean “nutridos por la buena palabra de Dios” (Moroni 6:4). Usted enseñará con eficacia a medida que siga los siguientes principios:

  • Ame a quienes enseña.

  • Enseñe mediante el Espíritu.

  • Enseñe la doctrina.

  • Fomente el aprendizaje diligente.

Ame a quienes enseña

A medida que demuestre amor a quienes enseñe, ellos serán cada vez más receptivos al Espíritu del Señor, serán más entusiastas con respecto al aprendizaje y estarán más dispuestos a compartir ideas con usted y con otras personas. Esfuércese por llegar a conocer a aquellos a quienes enseña, y asegúrese de que sepan que usted se interesa sinceramente por ellos. Sea sensible a los desafíos de los que tengan necesidades especiales. Prepare un ambiente cómodo en la clase de manera que los participantes sientan la confianza de solicitarle ayuda cuando deseen hacer cualquier pregunta sobre los principios del Evangelio y sobre cómo ponerlos en práctica.

El Espíritu del Señor estará presente cuando haya amor y unidad. El Señor dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros” (Juan 13:34).

Si desea más información sobre este tema, véase La enseñanza: el llamamiento más importante, págs. 33–43.

Enseñe mediante el Espíritu

Las enseñanzas más importantes que impartirá son las doctrinas de Cristo como se han revelado por medio de las Escrituras y los profetas modernos, y según las confirme el Espíritu Santo. Para lograrlo en forma satisfactoria, debe procurar tener el Espíritu del Señor. “Y se os dará el Espíritu por la oración de fe; y si no recibís el Espíritu, no enseñaréis” (D. y C. 42:14; véase también D. y C. 50:13–22). El Espíritu Santo es el verdadero maestro; por lo tanto, es importante crear un ambiente propicio en el cual el Espíritu del Señor esté presente.

Si desea más información sobre este tema, véase La enseñanza: el llamamiento más importante, págs. 45–52.

Enseñe la doctrina

Antes de enseñar un capítulo, estúdielo a conciencia para asegurarse de que usted entienda la doctrina; también estudie los pasajes adicionales de las Escrituras que se incluyen al final del capítulo. Le será posible enseñar con mayor sinceridad y poder cuando las enseñanzas del capítulo hayan influido en su propia vida. Nunca especule acerca de la doctrina de la Iglesia. Enseñe solamente lo que se pueda corroborar por medio de las Escrituras, las palabras de los profetas y apóstoles de los últimos días, y del Espíritu Santo (véase D. y C. 42:12–14; 52:9).

Si se le ha llamado a enseñar a un quórum o a una clase haciendo uso de este libro, no lo reemplace con materiales que no hayan sido publicados por la Iglesia por muy interesantes que sean. Apéguese a las Escrituras y a las palabras del libro. Según sea apropiado, utilice experiencias personales y artículos de las revistas de la Iglesia a fin de complementar las lecciones.

Si desea más información sobre este tema, véase La enseñanza: el llamamiento más importante, págs. 54–64.

Fomente el aprendizaje diligente

Cuando enseñe, ayude a que los demás comprendan la forma de aplicar los principios del Evangelio en el diario vivir. Fomente los análisis en cuanto al modo en que dichos principios pueden influir en nuestros sentimientos hacia Dios, hacia nosotros mismos, hacia nuestra familia y hacia nuestros semejantes. Anime a los participantes a vivir de acuerdo con los principios.

En las lecciones, trate de que participe el mayor número de personas posible, lo cual puede lograr pidiéndoles que lean en voz alta, que contesten preguntas o que relaten experiencias personales; pero hágalo sólo cuando esté seguro de que no se sentirán incómodas. Si lo desea y mientras prepara las clases, dé con anticipación asignaciones especiales a los participantes. Sea sensible a las necesidades y los sentimientos de los demás. Quizá sea necesario hablar en privado con las personas antes de la lección y preguntarles si desean participar.

Si desea más información sobre este tema, véase La enseñanza: el llamamiento más importante, págs. 66–81.

Ayuda adicional para los maestros

Cada capítulo de este libro contiene una o dos notas para los maestros, las cuales incluyen ideas que le ayudarán en su empeño de amar a los alumnos, enseñar mediante el Espíritu, enseñar la doctrina y fomentar el aprendizaje diligente entre las personas a quienes enseña.