Lección 12

Milagros en los caminos de Palestina

Jesucristo y el Evangelio sempiterno: Manual para el maestro


Introducción

“[Jesucristo recorrió] los caminos de Palestina, sanando a los enfermos, haciendo que los ciegos vieran y levantando a los muertos” (“El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”, Liahona, abril de 2000, pág. 2). Los milagros fueron parte importante del compasivo ministerio terrenal del Salvador, pero además fueron evidencia de Su poder y autoridad, lo cual dio crédito a Su afirmación de que Él era el Mesías. Al ejercer la fe en Jesucristo, nosotros también podemos experimentar y ser testigos del amor, la compasión y el poder del Salvador en forma de milagros.

Lectura preparatoria

Sugerencias para la enseñanza

Marcos 1:39–42; 2:1–12; 5:1–8, 19, 22–43; 8:1–9; Lucas 7:11–15; 3 Nefi 17:5–9

El Salvador hizo milagros durante Su ministerio terrenal

Escriba la siguiente frase en la pizarra: calmó el mar, levantó a los muertos y expulsó espíritus malignos. Pregunte a los alumnos cuál de esos tres milagros del Salvador piensan que es el más grandioso. Después de que respondan, añada creó la Tierra a la lista de la pizarra y pregunte cuál es más grandioso. Haga lo mismo con la frase convirtió almas y, finalmente, con sufrió y murió por nuestros pecados.

Pregunte a los alumnos cómo definirían la palabra milagro. Después de que respondan, muestre la siguiente definición e invite a un alumno a que la lea en voz alta:

Los milagros son “[a]contecimientos extraordinarios causados por el poder de Dios. Representan un elemento importante de la obra de Jesucristo, e incluyen las sanidades, la restauración de la vida a los muertos y la resurrección. Los milagros forman parte del evangelio de Jesucristo. Es necesario tener fe para que éstos se manifiesten” (Guía para el Estudio de las Escrituras, “Milagros”; escrituras.lds.org).

  • ¿Cuáles son otros ejemplos de milagros que Jesús efectuó durante Su ministerio terrenal? (Escriba las respuestas de los alumnos en la pizarra).

  • ¿Por qué es importante reconocer cuán amplio es el alcance del poder del Salvador?

Escriba las siguientes referencias de las Escrituras en la pizarra, e invite a los alumnos a escoger y estudiar una de ellas: Marcos 1:40–42; Marcos 5:1–8, 19; Marcos 8:1–9; Lucas 7:11–15 y 3 Nefi 17:5–9. Pida a los alumnos que, en el pasaje que lean, encuentren un milagro del Salvador y determinen qué enseña sobre Su poder. Después de darles suficiente tiempo, analicen las siguientes preguntas:

  • ¿Sobre qué milagro leyeron, y qué nos enseña acerca del poder del Salvador?

  • ¿De qué manera el comprender el poder del Salvador para hacer milagros los ayuda a tener fe en Él? (A medida que los alumnos respondan, puede señalar que siglos antes de que naciera el Salvador, los profetas predijeron que Él efectuaría milagros durante Su ministerio terrenal [véase 1 Nefi 11:31; Mosíah 3:5–6]. Este conocimiento ayudó a quienes vivieron antes de Su nacimiento a tener mayor fe en Él).

Invite a los alumnos a leer nuevamente el pasaje que estudiaron y a determinar la razón por la que Jesús efectuó el milagro. Analicen las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál fue la razón manifiesta por la que el Salvador hizo el milagro que ustedes leyeron? (Permita que varios alumnos respondan. En cada ejemplo se menciona la compasión del Salvador. Diga a los alumnos que conforme aprendan a reconocer modelos como éste en las Escrituras, su conocimiento de las mismas se profundizará).

  • ¿De qué manera esos milagros demuestran la compasión del Salvador?

  • ¿Por qué es importante saber que el Salvador a veces efectuó milagros por causa de Su gran compasión? (Conforme los alumnos respondan, haga hincapié en que cuando ejercemos fe en Jesucristo, podemos recibir parte de Su gran poder y sentir Su compasión por nosotros).

Para finalizar esta parte de la lección, invite a un alumno a leer Hechos 10:38 mientras que el resto de la clase sigue la lectura en silencio. Luego pregunte a los alumnos:

  • ¿Qué significa que Jesús sanó “a todos los oprimidos por el diablo”? (Esta frase puede referirse tanto a los milagros de echar fuera demonios como al mayor milagro de todos: la sanación espiritual que Jesús ofreció a quienes estaban oprimidos por el pecado. Señale que aunque la sanación física fue parte importante del ministerio del Salvador, sus efectos fueron temporales. La bendición de la sanación espiritual fue —y es— eterna).

Marcos 2:1–12; 5:22–43

La fe en Jesucristo produce milagros en nuestra vida

Diga a los alumnos que aunque es importante saber que Jesús hizo milagros al “[recorrer] los caminos de Palestina” (“El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”, pág. 2), es tal vez más importante saber que Él continúa efectuando milagros hoy en día. Pida a los alumnos que lean Éter 12:12, 18 en silencio y que escriban un principio del Evangelio que aprendan en esos versículos. Invite a algunos alumnos a compartir con la clase lo que hayan escrito. (Entre las respuestas se debe mencionar la siguiente verdad: Al ejercer fe en Jesucristo, podemos ver Su milagroso poder en nuestra vida).

A fin de ayudar a los alumnos a analizar esa verdad, escriba las siguientes referencias de las Escrituras en la pizarra: Marcos 2:1–12; Marcos 5:22–24, 35–43 y Marcos 5:25–34. (Nota: Tal vez desee señalar que esos pasajes contienen otro ejemplo de un modelo o tema en las Escrituras). Divida la clase en tres grupos. Asigne a cada grupo la lectura de uno de esos pasajes y pídales que determinen la forma en que se demostró la fe en Jesucristo. Luego de concederles tiempo suficiente, pregunte:

  • ¿Qué evidencia de fe en Jesucristo han encontrado?

handout iconEntregue a cada alumno una copia del volante “Sanar a los enfermos”.

handout, Healing the Sick

Sanar a los enfermos

El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó que la fe es esencial para que ocurran milagros:

Élder Dallin H. Oaks

“La fe es esencial para sanar mediante los poderes del cielo. En el Libro de Mormón incluso se enseña que ‘si no hay fe entre los hijos de los hombres, Dios no puede hacer ningún milagro entre ellos’ (Éter 12:12) [véase también 1 Nefi 7:12; D. y C. 35:9]. En un memorable discurso sobre la bendición a los enfermos, el presidente Spencer W. Kimball dijo: ‘A menudo se le resta importancia a la necesidad de la fe. Parecería que con frecuencia el afligido y la familia dependen enteramente del poder del sacerdocio y del don de sanidad que esperan que tengan los hermanos que lo bendicen, mientras que la responsabilidad mayor la tiene el que recibe la bendición… El elemento más importante es la fe de la persona cuando ésta es consciente y responsable. “Tu fe te ha sanado” [Mateo 9:22] lo dijo el Maestro con tanta frecuencia que casi se convierte en un refrán’ [véase “El don de sanidades”, Liahona, septiembre de 1982, pág. 43]” (“Sanar a los enfermos”, Liahona, mayo de 2010, págs. 48–49).

El élder Dallin H. Oaks también nos recordó que parte importante de tener fe es estar dispuestos a aceptar la voluntad de Dios:

Élder Dallin H. Oaks

“Al ejercer el poder indudable del sacerdocio de Dios y conforme atesoremos Su promesa de que Él escuchará y contestará la oración de fe, siempre debemos recordar que la fe y el poder sanador del sacerdocio no pueden producir un resultado contrario a la voluntad de Aquel de quien es este sacerdocio. Este principio se enseña en la revelación que ordena que los élderes de la Iglesia pongan las manos sobre los enfermos. La promesa del Señor es que ‘el que tuviere fe en mí para ser sanado, y no estuviere señalado para morir, sanará’ (D. y C. 42:48; cursiva agregada). Del mismo modo, en otra revelación moderna el Señor declara que cuando uno ‘pide en el Espíritu… es hecho conforme a lo que pide’ (D. y C. 46:30) [véase también 1 Juan 5:14; Helamán 10:5].

“De todo esto aprendemos que incluso los siervos del Señor, al ejercer Su divino poder en una situación en la que haya suficiente fe para ser sanado, no pueden dar una bendición del sacerdocio que cause que una persona sea sanada si esa sanidad no es la voluntad del Señor.

“Como hijos de Dios, al saber de Su gran amor y Su conocimiento supremo de lo que es mejor para nuestro bienestar eterno, confiamos en Él. El primer principio del Evangelio es fe en el Señor Jesucristo, y la fe significa confianza. Sentí esa confianza en un discurso que dio mi primo en el funeral de una adolescente que había muerto a causa de una enfermedad grave. Pronunció estas palabras, que primero me sorprendieron y que después me edificaron: ‘Sé que fue la voluntad del Señor que ella muriera; tuvo buena atención médica, recibió bendiciones del sacerdocio, su nombre estaba en la lista de oración del templo y fue objeto de cientos de oraciones para que se restableciera su salud. Sé que hay suficiente fe en esa familia para que ella hubiera sido sanada a menos que fuera la voluntad del Señor llevársela a Su hogar en este momento’. Sentí esa misma confianza en las palabras del padre de otra joven excepcional cuya vida fue arrebatada por el cáncer en su adolescencia. Él declaró: ‘La fe de nuestra familia radica en Jesucristo, y no depende de los resultados’. Esas enseñanzas me suenan verdaderas. Hacemos todo lo que podemos para que un ser querido sane, y después le confiamos al Señor el resultado” (“Sanar a los enfermos”, Liahona, mayo de 2010, pág. 50).

A fin de ayudar a los alumnos a comprender la necesidad de la fe para que se efectúen milagros, invite a un alumno a leer en voz alta la primera declaración del volante, del élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles: Después pregunte:

  • ¿Qué importantes verdades enseñó el élder Oaks acerca de la fe?

A fin de transmitir a los alumnos perspectivas adicionales del élder Oaks, considere leer o compartir en sus propias palabras la segunda declaración del volante. También puede mencionar que el élder Oaks dirigió estas palabras a los poseedores del sacerdocio. Analicen las siguientes preguntas:

  • ¿Qué dijo el élder Oaks que se requiere de nosotros cuando oramos con fe para que ocurra un milagro?

  • ¿Por qué es importante recordar que lo que pedimos debe estar de acuerdo con la voluntad del Padre Celestial?

Testifique que todavía ocurren milagros hoy en día. Comparta las siguientes palabras del élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles:

Élder Dallin H. Oaks

“Todos los días ocurren milagros en la obra de nuestra Iglesia y en la vida de los miembros. Muchos de ustedes han presenciado milagros, tal vez más de los que piensan” (“Miracles”, Ensign, junio de 2001, pág. 6).

  • ¿Por qué creen que no siempre reconocemos los milagros que ocurren en nuestra vida? (A medida que los alumnos respondan, tal vez desee señalar que son pocos los milagros que ocurren como manifestaciones espectaculares del poder del Señor. Muchos milagros son relativamente pequeños y ocurren en privado. [Véase Sydney S. Reynolds, “Un Dios de milagros”, Liahona, julio de 2001, págs. 12–14]).

  • ¿Qué revelan esos milagros pequeños y privados acerca del interés que el Padre Celestial y Jesucristo tienen en nosotros?

  • ¿Qué ejemplos de milagros “pequeños” y “cotidianos” les vienen a la mente? (Si nadie responde, considere compartir algunos de los ejemplos que menciona la hermana Sydney S. Reynolds, de la Presidencia General de la Primaria, en “Un Dios de milagros” [Liahona, julio de 2001, págs. 12–14]).

Invite a los alumnos a responder por escrito las siguientes preguntas:

  • ¿Qué pueden hacer para reconocer mejor los milagros del Señor, tanto pequeños como grandes, que ocurren en su vida, y para tener más gratitud por ellos?

(Anime a los alumnos a considerar con espíritu de oración cómo pueden poner en práctica lo que hayan escrito. Para concluir la lección, pregunte si hay alguien que quisiera compartir su testimonio del Salvador y del amor que han sentido de Él y por Él.

Material de lectura para el alumno