“La familia es la parte central del plan del Creador”

Matrimonio y Relaciones Familiares: Manual para el instructor, 2001


Objetivo

Destacar la importancia eterna de la familia y ayudar a entender a los participantes lo que tienen que hacer para beneficiarse plenamente del curso Matrimonio y relaciones familiares.

Preparación

  1. 1.

    Repase los principios que se dan bajo “Sus responsabilidades como maestro” (páginas X-XIII de este manual) y busque la forma de aplicar esos principios al prepararse para enseñar.

  2. 2.

    Lea los encabezamientos que están en negrilla de la lección, los que dan una reseña de las doctrinas y los principios de ésta. Como parte de su preparación, medite sobre esas doctrinas y principios durante la semana, buscando la guía del Espíritu, para decidir en qué debe hacer hincapié a fin de satisfacer las necesidades de los participantes.

  3. 3.

    Estudie con espíritu de oración “La familia: Una proclamación para el mundo”, la que se encuentra en la página IX de este manual y en la página IV de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante.

  4. 4.

    Obtenga un ejemplar de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante (36357 002), para cada uno de los participantes. Usted recibirá estos ejemplares de la presidencia de la Escuela Dominical, del secretario del barrio o del secretario asistente del barrio encargado de los materiales.

  5. 5.

    Con anticipación a la clase, pida a uno o a dos participantes que se preparen para hablar brevemente sobre lo que sintieron cuando se casaron en el templo. Pídales también que hablen sobre el gozo y las bendiciones que reciben en esta vida por estar sellados a su cónyuge por la eternidad. Busque la guía del Espíritu al decidir a quiénes pedirá que cumplan esta asignación.

  6. 6.

    Antes de la clase, escriba en la pizarra la siguiente cita (de Stand Ye in Holy Places, 1974, pág. 255):

    En esta vida, la labor más importante que ustedes y yo haremos, en lo que se refiere a la obra del Señor, se realizará dentro de las paredes de nuestros propios hogares.

    Presidente Harold B. Lee
    Undécimo Presidente de la Iglesia

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Los profetas de los últimos días proclaman la importancia eterna del matrimonio y de la familia.

Relate la siguiente historia de la vida real:

Un hombre parecía haber perdido todo en una inundación desastrosa. Lloró, no por la pérdida de sus bienes materiales, sino porque no podía localizar a su amada esposa y a sus cuatro hijos; existía una posibilidad muy real de que se hubieran ahogado. Pronto le llegó la noticia de que estaban vivos y esperándolo en un edificio de emergencia cercano. ¡Qué momento más feliz fue cuando la familia se reunió nuevamente! Mientras se regocijaban por el encuentro, el hombre dijo: “Tengo nuevamente a mi familia, y a pesar de que he perdido absolutamente todo lo material, me siento millonario” (citado por Robert L. Simpson, en “La casa del Señor”, Liahona, febrero de 1981, pág. 16).

En forma breve, comparta sus convicciones y testimonio sobre el matrimonio y la familia. Según sea apropiado, comparta sus sentimientos con respecto a su propia familia. Luego lea la siguiente declaración hecha por el presidente Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce Apóstoles:

“El núcleo de la Iglesia no es el centro de estaca; tampoco la capilla… El lugar más sagrado de la tierra puede que no sea necesariamente el templo. La capilla, el centro de estaca y el templo son sagrados en la medida que contribuyen a la edificación de la institución más sagrada de la Iglesia —el hogar— y traen bendiciones a la más sagrada de las relaciones, la familia” (“That All May Be Edified”, 1982, págs. 233–235).

Dé a cada participante un ejemplar de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante. Pídales que lo abran en la página IV y explique que en 1995, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles emitieron una proclamación para el mundo con respecto al matrimonio y a la familia. Muchas de las doctrinas y de los principios que se enseñan en esa proclamación se analizarán durante este curso. Lea la proclamación junto con los participantes, invitando a algunos de ellos, a leer un párrafo cada uno, en voz alta.

• ¿Cuáles son algunas de las doctrinas y los principios que se enseñan en la proclamación para la familia? (Considere la idea de anotar las respuestas de los participantes en la pizarra.) ¿Por qué el mundo necesita este consejo y esta advertencia?

El presidente Gordon B. Hinckley, decimoquinto Presidente de la Iglesia, explicó: “¿Por qué tenemos hoy en día esta proclamación sobre la familia? Porque la familia está siendo atacada; en todo el mundo se están desintegrando las familias. El lugar para empezar a mejorar la sociedad es el seno del hogar. En su mayor parte, los niños hacen lo que se les enseña. Estamos tratando de hacer del mundo un lugar mejor al fortificar a la familia” (“Pensamientos de inspiración”, Liahona, agosto de 1997, pág. 5).

• ¿En qué forma se han fortalecido ustedes y sus familias al seguir el consejo de esta proclamación?

El matrimonio eterno puede traer gozo y grandes bendiciones en esta vida y por toda la eternidad.

Haga hincapié en que el matrimonio eterno es la parte central del gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial. Permite que las familias encuentren el verdadero gozo en esta vida y que continúen y progresen por toda la eternidad.

• ¿Qué bendiciones podemos recibir en esta vida si nos hemos casado por la eternidad?

Invite a los participantes asignados a hablar brevemente sobre lo que se sintieron al casarse en el templo y sobre el gozo y las bendiciones que reciben en esta vida por el hecho de estar sellados a su cónyuge por la eternidad (véase “Preparación”, punto 5).

Considere la idea de compartir una o más de las siguientes declaraciones:

El presidente James E. Faust, de la Primera Presidencia, enseñó: “Muchos convenios son indispensables para lograr la felicidad tanto aquí como en la vida venidera. Entre los más importantes se encuentran los convenios del matrimonio hechos entre marido y mujer; de esos convenios emana la dicha más grande de la vida” (“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón”, Liahona, julio de 1998, pág. 17).

El élder Boyd K. Packer dijo que “el romance, el amor, el matrimonio y la paternidad” son “las más puras, las más hermosas y las más agradables experiencias de esta vida” (“Por esta vida y por la eternidad”, Liahona, enero de 1994, pág. 23).

El élder Joseph B. Wirthlin, del Quórum de los Doce Apóstoles, expresó: “El dulce compañerismo del matrimonio eterno es una de las bendiciones más grandes que Dios ha concedido a Sus hijos. Ciertamente, los muchos años que he compartido con mi hermosa compañera me han proporcionado los gozos más profundos de mi vida. Desde el principio de los tiempos, la compañía conyugal ha sido fundamental en el gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial. Nuestras familias reciben una influencia benéfica y somos edificados y ennoblecidos al saborear sus dulces bendiciones, al relacionarnos con seres queridos en el núcleo familiar” (“Los compañeros que valen”, Liahona, enero de 1998, pág. 37).

En su primer discurso a los miembros de la Iglesia como Presidente de la Iglesia, el presidente Gordon B. Hinckley dijo: “A mi amada esposa, de cincuenta y ocho años de matrimonio, expreso mi agradecimiento… Cuán agradecido estoy por esta preciosa mujer, que ha caminado a mi lado, bajo el sol o bajo la lluvia. Aunque ya no andamos tan erguidos como un día lo hicimos, nuestro amor mutuo no ha disminuido” (“Ésta es la obra del Maestro”, Liahona, julio de 1995, pág. 80).

Explique que hay mucha gente que considera que el matrimonio y la familia son sólo experiencias de la vida terrenal. Pero como miembros de la Iglesia, sabemos que una pareja digna puede entrar en el templo y, por medio de una ordenanza sagrada del sacerdocio, ser sellada para la eternidad como marido y mujer. Cuando un hombre y una mujer se casan de esa forma, empieza una unidad familiar eterna.

• ¿Qué bendiciones eternas se prometen a los matrimonios que han sido sellados mediante el poder del sacerdocio y después permanecen fieles a sus convenios? (Lea Doctrina y Convenios 131:1–4; 132:19–24, 30–31 con los participantes. En la siguiente lista se dan algunas respuestas, las que se podrían escribir en la pizarra.)

  1. a.

    Serán exaltados en el grado más alto del reino celestial con nuestro Padre Celestial y Jesucristo (D. y C. 131:1–3; 132:20–24).

  2. b.

    Estarán unidos “por el tiempo y por toda la eternidad” (D. y C. 132:19). Sus hijos también pueden ser parte de su familia eterna. (Explique que el Santo Espíritu de la promesa, que se menciona en D. y C. 132:19, es el Espíritu Santo. De acuerdo con nuestra fidelidad, el Espíritu Santo confirma que Dios acepta las ordenanzas del sacerdocio que hemos recibido y los convenios que hemos hecho.)

  3. c.

    Heredarán “tronos, reinos, principados, potestades y dominios” (D. y C. 132:19).

  4. d.

    Continuarán teniendo simiente, o sea, hijos espirituales, durante la eternidad (D. y C. 132:19, 30–31; véase también D. y C. 131:4).

• ¿Por qué es beneficioso saber que las familias pueden ser eternas?

Explique que existen muchos fieles Santos de los Últimos Días que, por causas ajenas a la voluntad de ellos, no tienen la oportunidad de recibir las bendiciones del matrimonio eterno en esta vida. Recalque que el Señor ha prometido que todos los santos fieles recibirán finalmente esas bendiciones. Si considera que es necesario ayudar a los participantes a entender ese principio, lea la siguiente declaración hecha por el élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles:

“Sabemos que hay muchos excelentes y dignos Santos de los Últimos Días a quienes les faltan las oportunidades ideales y los requisitos esenciales para su progreso. El permanecer soltero, la falta de hijos, la muerte y el divorcio frustran los ideales y posponen el cumplimiento de las bendiciones prometidas. Además, algunas mujeres que desean dedicar todo su tiempo a la maternidad y al hogar se han visto forzadas a entrar en las filas de los que trabajan en empleos regulares; pero esas frustraciones son sólo temporales, pues el Señor ha prometido que en la eternidad no se negará ninguna bendición a Sus hijos e hijas que obedezcan los mandamientos, sean fieles a sus convenios con Él y deseen lo correcto.

“Muchas de las privaciones más serias de la vida terrenal se compensarán en el Milenio, que es el tiempo en que se cumplirá todo lo que haya quedado incompleto en el gran plan de felicidad para todos los hijos de nuestro Padre que sean dignos; sabemos que eso sucederá con las ordenanzas del templo; y también creo que sucederá con las relaciones y experiencias familiares” (véase “El gran plan de salvación”, Liahona, enero de 1994, pág. 88).

Para tratar las circunstancias particulares los participantes, puede ser de ayuda el leer una o ambas declaraciones bajo el subtítulo de los “Materiales de consulta adicionales”, en las págs. 8–9.

El curso Matrimonio y relaciones familiares está preparado para ayudarnos a encontrar gozo en nuestras relaciones familiares.

Invite a un participante a leer en voz alta la siguiente declaración:

El presidente Harold B. Lee, el undécimo Presidente de la Iglesia, dijo: “En esta vida, la labor más importante que ustedes y yo haremos, en lo que se refiere a la obra del Señor, se realizará dentro de las paredes de nuestros propios hogares” (Stand Ye in Holy Places, pág. 255).

• ¿Por qué sería diferente el mundo si toda la gente viviera de acuerdo con esa sencilla declaración?

Explique que este curso está preparado para ayudarnos a fortalecer nuestros matrimonios y familias y a encontrar gozo en nuestras relaciones familiares. Las lecciones están basadas en las doctrinas y los principios que se encuentran en las Escrituras y que enseñan los profetas de los últimos días.

Señale que al decidir participar en este curso, los miembros de la clase han demostrado su deseo de fortalecer a sus familias. Con objeto de recibir el beneficio pleno de este curso, hay tres cosas que deben hacer:

1. Participar en la clase.

Haga notar que todos los que participen en este curso pueden aprender los unos de los otros, sin importar cuánta experiencia tengan en lo que tiene que ver con el matrimonio o con la crianza de los hijos. Invite a los participantes a que den su testimonio con respecto a las verdades que se analicen y a compartir experiencias que se relacionen en forma apropiada con las lecciones.

2. Usar la guía Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante.

Pida a los participantes que abran sus ejemplares de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante. Haga notar que cada lección de la guía tiene “Ideas para poner en práctica”, que son sugerencias que ayudarán a los participantes a aplicar las doctrinas y los principios que hayan aprendido. Además, cada lección viene acompañada de uno o dos artículos de las Autoridades Generales de la Iglesia. Después de cada lección, los participantes deben llevar a cabo por lo menos una de las actividades que se sugieren y estudiar cada artículo. Los matrimonios se beneficiarán en gran medida si leen y analizan juntos los artículos.

Refiérase a las páginas 3–7 de la guía de estudio. Aliente a los participantes a repasar las doctrinas y los principios de este curso al: 1) seguir por lo menos una de las sugerencias que se dan en “Ideas para poner en práctica” y: 2) estudiar el artículo “Por esta vida y por la eternidad”, del élder Boyd K. Packer.

Exhorte a los participantes a llevar a la clase su guía de estudio para cada lección.

3. Esforzarse por vivir de acuerdo con las doctrinas y los principios que se enseñan en las lecciones.

Ponga de relieve que no es suficiente el simplemente aprender el Evangelio, sino que a fin de que el Evangelio tenga efecto en nuestra vida, debemos vivir lo que aprendamos. El presidente Harold B. Lee dijo: “…realmente nunca conocemos nada en cuanto a las enseñanzas del Evangelio sino hasta que hayamos experimentado las bendiciones que se reciben por vivir cada principio” (Stand Ye in Holy Places, pág. 215).

Nuestros hogares pueden ser “un pedacito de cielo” a medida que edifiquemos “sobre la roca de nuestro Redentor”.

Haga hincapié en que en el mundo de hoy día, el hogar es uno de los muy pocos lugares donde podemos encontrar paz; luego lea la siguiente declaración hecha por el presidente Thomas S. Monson, de la Primera Presidencia:

“Si realmente tratamos, nuestro hogar puede ser un pedacito de cielo aquí en la tierra. Lo que pensamos, lo que hacemos y las vidas que vivimos, tienen influencia no sólo en el éxito de nuestra jornada terrenal, sino que marcan el camino hacia nuestras metas eternas” (“Distintivos de un hogar feliz”, Liahona, enero de 1989, pág. 72).

• ¿En qué forma puede nuestro hogar ser “un pedacito de cielo”?

Después de que los participantes hayan contestado esta pregunta, comparta sus propias convicciones sobre la forma en que el hogar puede ser un pedacito de cielo. De acuerdo con lo que sea apropiado, comparta una o dos experiencias personales como parte de su testimonio.

Comparta la siguiente declaración que hizo el presidente Spencer W. Kimball, duodécimo Presidente de la Iglesia:

“Muchas de las restricciones sociales que en el pasado ayudaron a reforzar y apuntalar a la familia están diluyéndose y desapareciendo. Llegará un momento en que sólo aquellos que crean profunda y activamente en la familia podrán preservar a la suya en medio de las iniquidades que nos rodean” (“La familia puede ser eterna”, Liahona, febrero de 1981, pág. 5).

Lea con los participantes Helamán 5:12. Luego lea la siguiente declaración hecha por el élder Joseph B. Wirthlin, del Quórum de los Doce Apóstoles:

“Si edifican sus hogares en los cimientos de la roca de nuestro Redentor y del Evangelio, pueden ser santuarios en los que los miembros de la familia encontrarán amparo de las furiosas tormentas de la vida” (Liahona, julio de 1993, pág. 81).

• ¿Qué significa para nosotros edificar nuestro hogar sobre “los cimientos de la roca de nuestro Redentor”? ¿Cuáles son algunas de las cosas específicas que harán las familias si tienen hogares centrados en Cristo?

Recalque que, en este curso, se analizarán principios que ayudan a fortalecer a los matrimonios y a las familias. Debemos aplicar esos principios para poder acercarnos más a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo en nuestros hogares. Nunca debemos olvidar la expiación infinita del Salvador, que hace posible que vivamos con nuestras familias para siempre.

Conclusión

Exprese su entusiasmo con respecto a este curso y comunique a los participantes lo que pueden esperar de usted como el maestro. Por ejemplo, podría asegurarles que usted se preparará espiritualmente para enseñar y que, junto con ellos, aplicará los principios que se enseñan en cada lección y usará el manual Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante. Aliente a las personas que esté enseñando a que se comprometan a participar en la clase, a usar la guía de estudio y a aplicar las doctrinas y los principios que aprendan.

De acuerdo con lo que le dicte el Espíritu, testifique sobre la gran importancia de la familia. Exprese su agradecimiento por el conocimiento que tiene de que su familia puede ser eterna.

Materiales de consulta adicionales

Declaraciones que hablan sobre las necesidades de las personas que no vivan en una situación familiar tradicional

Para tratar las circunstancias de participantes que no estén en situaciones de una familia tradicional, lea una o ambas de las siguientes declaraciones:

El presidente Ezra Taft Benson, el decimotercer Presidente de la Iglesia, dijo a las hermanas solteras de la Iglesia: “Las consideramos una parte vital de la entidad de la Iglesia y rogamos que cuando destacamos naturalmente a la familia, no lleguen a pensar que se les aprecia menos o que valen menos para el Señor o para Su Iglesia. Los vínculos sagrados de los miembros de la Iglesia son mucho más importantes que el estado civil, edad o circunstancias actuales; su valor individual, como hijas de Dios, supera todo lo demás” (véase “Para las hermanas adultas solteras de la Iglesia”, Liahona, enero de 1989, pág. 104).

El presidente Joseph Fielding Smith, décimo Presidente de la Iglesia, enseñó: “Si un hombre o mujer sellados en el templo, por tiempo y eternidad, pecan y pierden el derecho a recibir la exaltación en el reino celestial, él o ella no podrán detener el progreso del compañero o compañera que ha permanecido fiel. Todos serán juzgados de acuerdo con sus [propias] obras y no habría justicia si se condena al inocente por los pecados del que sea culpable” (Doctrina de salvación, tomo II, pág. 168).