El poder sanador del perdón

Matrimonio y Relaciones Familiares: Manual para el instructor, 2001


Objetivo

Ayudar a los participantes a experimentar la paz que llega a aquellos que se perdonan mutuamente y alentarlos a alimentar el espíritu del perdón en sus hogares.

Preparación

  1. 1.

    Repase los principios que se dan bajo “Sus responsabilidades como maestro” (páginas X-XIII de este manual). Busque la forma de aplicar esos principios al prepararse para enseñar.

  2. 2.

    Lea los encabezamientos de la lección que están en negrilla, los que dan una reseña de las doctrinas y los principios de ésta. Como parte de su preparación, medite sobre estas doctrinas y principios durante la semana, buscando la guía del Espíritu, para decidir en qué debe hacer hincapié a fin de satisfacer las necesidades de los participantes.

  3. 3.

    Recuerde a los participantes que lleven a la clase sus ejemplares de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante. Se beneficiarán al utilizarlos durante la lección.

Nota: A medida que enseña esta lección, sea sensible a las circunstancias individuales de los participantes. Si los participantes hacen preguntas con respecto al recibir o el dar perdón en cuanto a problemas familiares serios, como el abuso o la infidelidad, aconséjeles con cortesía que hablen en forma individual con el obispo.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Un espíritu de perdón entre marido y mujer ayuda a crear sentimientos de paz, confianza y seguridad entre ellos.

Lea la siguiente historia que relató el élder Hugh W. Pinnock, de los Setenta:

“Una pareja… se casó siendo los dos ya mayores; ella había estado casada, pero él no. Después de unos meses de gran felicidad, tuvieron un serio desacuerdo que hirió al marido en tal forma que le fue imposible seguir cumpliendo bien con su trabajo.

“Medio atontado todavía por el impacto, se detuvo a analizar el problema y se dio cuenta de que él había tenido parte de la culpa; así es que fue a hablar con su mujer y, tartamudeando torpemente le dijo, varias veces: ‘Perdóname, querida’. Ella estalló en lágrimas diciendo que gran parte de la culpa era de ella y también le pidió perdón. Mientras permanecían abrazados, ella confesó que no había tenido nunca la experiencia de escuchar de su cónyuge palabras de disculpa o de pronunciarlas ella misma, y que sabía que no habría problemas que no pudieran ser resueltos por ambos a partir de ese momento. Se sentía segura al saber que los dos habían aprendido a decir ‘Perdóname’ y a ‘perdonar’ (“El matrimonio: ¿Un éxito o un fracaso?”, Liahona, abril de 1982, págs. 19–20).

Compare esa historia con el relato que hace el presidente Gordon B. Hinckley de una entrevista con una pareja que experimentaba dificultades en su matrimonio (página 26 en Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante):

“Recuerdo haber escuchado detenidamente a una pareja que me fue a visitar. Había enojo entre ambos. Sé que en una época su amor había sido profundo y verdadero; pero se habían acostumbrado a hablar de las faltas mutuas. No estando dispuestos a perdonar ni siquiera la clase de errores que todos cometemos, y sin el más mínimo interés en olvidarlos y vivir por encima de ellos y con paciencia, se criticaron mutuamente hasta que el amor que un día se tuvieron se apagó. Se había convertido en cenizas por medio del decreto de un divorcio del cual supuestamente nadie tenía la culpa. Ahora sólo existe la soledad y la recriminación. No me cabe duda de que si hubiera habido una pequeña cuota de arrepentimiento y perdón, aún estarían juntos, disfrutando del compañerismo que otrora les había bendecido tan abundantemente” (véase “A vosotros os es requerido perdonar”, Liahona, noviembre de 1991, pág. 5).

• ¿Qué podemos aprender de esos dos ejemplos?

Explique que esta lección trata la necesidad de pedir perdón y la importancia de perdonarse el uno al otro. Haga hincapié en que una pareja puede sobreponerse a muchos desafíos en su relación matrimonial si ambos se esfuerzan por tener el espíritu del perdón en su matrimonio. Si lo hacen, sabrán de la veracidad de la promesa que hace el presidente Gordon B. Hinckley a aquellos que se perdonan el uno al otro: “Su corazón se verá colmado de una paz que no se puede obtener de ninguna otra forma” (Ibíd, pág. 5).

El marido y la mujer deben pedirse perdón el uno al otro por sus imperfecciones y hacer esfuerzos sinceros por mejorarse.

• ¿Por qué es importante que los esposos y las esposas digan “lo siento” y pidan el uno al otro perdón por sus imperfecciones?

• ¿Por qué a veces es difícil pedir perdón? (Entre las respuestas se podría mencionar que el egoísmo y el orgullo se interponen, o que a veces culpamos a otras personas por nuestros problemas.)

• ¿Cómo podemos encontrar la fortaleza para pedir perdón a otras personas?

Recalque que a medida que buscamos el perdón, es importante hacer esfuerzos sinceros por cambiar y, cuando sea necesario, arrepentirnos de nuestros pecados. No basta con simplemente expresar nuestro pesar por nuestras acciones, sino que debemos esforzarnos por ser dignos del perdón de los demás y también del perdón del Señor.

• ¿Cuál es el peligro de buscar el perdón sin hacer esfuerzos por mejorar?

Al término de esta sección de la lección, considere la posibilidad de compartir una o ambas de las siguientes historias de la vida real:

Después de haber salido una tarde con su esposa y unos amigos, un hombre notó que su esposa estaba inusitadamente en silencio. Le preguntó si sucedía algo y ella le explicó que se había sentido avergonzada y herida varias veces durante la tarde porque él había contado experiencias relacionadas con ella. Al principio, él se defendió argumentando que sólo estaba bromeando y que sólo deseaba que todos pasaran un buen rato, y que ella estaba reaccionando en forma exagerada. Sin embargo, al conversar sobre el asunto, se dio cuenta de que en realidad la había ofendido. Cuando entendió que su actitud indiferente había avergonzado varias veces a su esposa, se sintió muy mal. Le pidió perdón y le prometió que nunca más la avergonzaría. Y guardó su promesa; desde entonces buscó la forma de halagarla sinceramente en la presencia de otras personas.

Un esposo y padre que se había involucrado en la pornografía cuando era adolescente, todavía no dejaba esa práctica. Se sentía desanimado porque no sabía cómo podría cambiar. Finalmente, oró diligentemente pidiendo ayuda, se humilló y empezó a estudiar la vida y las enseñanzas del Salvador. Al entender mejor las bendiciones que se ofrecen por medio de la expiación del Salvador, se dio cuenta de que le era posible cambiar su comportamiento. Vio que su adicción lo estaba destruyendo y destruía su matrimonio y su familia. La comprensión que tenía ahora sobre la misión de Jesucristo le permitió hacer los cambios necesarios y salvar su matrimonio.

Comparta la siguiente declaración hecha por el élder Spencer W. Kimball mientras servía en el Quórum de los Doce Apóstoles:

“Para todo perdón hay una condición. La venda debe ser tan extensa como la herida. El ayuno, las oraciones, la humildad deben ser iguales o mayores que el pecado. Debe haber un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Debe haber ‘cilicio y cenizas’. Debe haber lágrimas y un cambio sincero de corazón. Debe haber convicción del pecado, abandono de la maldad, confesión del error a las autoridades del Señor debidamente constituidas. Debe haber restitución y un cambio confirmado y resuelto en cuanto a nuestros pasos, dirección y destino. Se deben controlar las condiciones y corregir o reemplazar nuestras amistades. Debe haber un lavamiento de las ropas para emblanquecerlas, y debe haber una nueva consagración y devoción al cumplimiento de todas las leyes de Dios. En una palabra, debe haber dominio de uno sobre sí mismo, sobre el pecado y sobre el mundo” (El milagro del perdón, pág. 361).

El marido y la mujer deben perdonarse el uno al otro.

Explique que además de buscar el perdón por nuestros pecados y por los errores que hayamos cometido, debemos saber perdonar. A veces podemos sentirnos ofendidos por las pequeñas cosas que hace la gente, pero el Señor ha mandado que nos perdonemos los unos a los otros. Lea con los participantes Doctrina y Convenios 64:8–10 y Mateo 6:14–15.

• ¿En qué forma se fortalecen los matrimonios cuando los esposos y las esposas, de buena voluntad, se perdonan el uno al otro?

El presidente Gordon B. Hinckley aconsejó: “Si hubiera alguien que anidara en su corazón la ponzoña de la enemistad hacia otra persona, le ruego que pida al Señor la fuerza necesaria para perdonar. Ese deseo será la substancia misma del arrepentimiento. Tal vez no sea fácil, y no llegue en seguida, mas si buscan esto con sinceridad y lo cultivan, de seguro llegará. Su corazón se verá colmado de una paz que no se puede obtener de ninguna otra forma” (“A vosotros os es requerido perdonar”, Liahona, noviembre de 1991, pág. 5).

• ¿Por qué a veces es difícil perdonar? (Algunas de las respuestas podrían ser que las personas tratan de protegerse para no verse heridas en el futuro, que piensan que el perdonar es lo mismo que aprobar las acciones ofensivas, o que encuentran difícil perdonar a la persona que espera recibir perdón sin hacer un esfuerzo por sobreponerse a su comportamiento ofensivo.)

• ¿Cuáles son los peligros si el marido y la mujer rehusan perdonar?

• ¿Por que el perdón es una bendición para los que lo reciben? ¿Por qué el perdón de otras personas ayuda a cambiar el comportamiento indeseable de alguien?

• ¿En qué formas puede el espíritu del perdón ser una bendición para la persona que perdona?

Sugiera que cuando consideremos que alguien nos ha hecho un mal, deberíamos preguntarnos cómo desearía el Salvador que respondiéramos. El presidente Howard W. Hunter, decimocuarto Presidente de la Iglesia, aconsejó: “Debemos pensar más en las cosas sagradas y comportarnos más como el Salvador espera que Sus discípulos lo hagan. En todo momento debemos preguntarnos: ‘¿Qué haría Jesús?’ y luego actuar con más valor de acuerdo con la respuesta” (“Sigamos al Hijo de Dios”, Liahona, enero de 1995, pág. 100).

Lea el siguiente consejo del presidente Joseph F. Smith, sexto Presidente de la Iglesia:

“Todos tenemos debilidades y faltas. A veces, el marido nota una falta en su mujer y se la reprocha; a veces, la mujer piensa que el esposo no ha hecho lo correcto y se lo recrimina. ¿Qué bien se saca de ello? ¿No es mejor el perdón? ¿No es mejor la caridad? ¿No es mejor el amor? ¿No es mejor no hablar de faltas, no destacar las debilidades reiterándolas una y otra vez? ¿No es mejor eso? Y la unión que se ha cimentado entre ustedes, con el nacimiento de los hijos y con las ligaduras del nuevo y sempiterno convenio, ¿no será más segura si se olvidan de mencionarse mutuamente las debilidades y las faltas? ¿No es mejor olvidarlas y no decir nada al respecto, enterrarlas y hablar sólo de lo bueno que conocen y que perciben el uno del otro, relegando al olvido las mutuas faltas sin destacarlas? ¿No es mejor eso?” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia, JosephF. Smith, pág. 194).

Conclusión

Comparta la siguiente declaración del élder Spencer W. Kimball:

“¡Qué alivio! ¡Qué consuelo! ¡Qué gozo! Los que se encuentran bajo la carga de la transgresión y las aflicciones y pecados pueden ser perdonados, limpiados y purificados si se vuelven a su Señor, aprenden de Él y guardan Sus mandamientos. Y todos nosotros que tenemos necesidad de arrepentirnos de las imprudencias y debilidades diarias, igualmente podemos compartir este milagro” (véase El milagro del perdón, pág. 376).

De acuerdo con lo que le susurre el Espíritu, testifique que cuando los matrimonios están dispuestos a perdonar el uno al otro sus defectos, disfrutan paz. Se tornan más unidos y son más capaces de enfrentar los problemas que presente el matrimonio y la paternidad. Invite a los participantes a alimentar el espíritu del perdón en sus hogares.

Refiérase a las páginas 25–27 de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante. Aliente a los participantes a repasar las doctrinas y los principios de esta lección al: 1) seguir por lo menos una de las sugerencias de “Ideas para poner en práctica” y: 2) leer el artículo “A vosotros os es requerido perdonar”, por el presidente Gordon B. Hinckley. Haga notar que los matrimonios pueden recibir grandes beneficios al leer y analizar juntos los artículos de la guía de estudio.

Recuerde a los participantes que lleven a la clase su guía de estudio para la próxima lección.