La función sagrada del padre y de la madre:

Matrimonio y Relaciones Familiares: Manual para el instructor, 2001


Parte 2: La función de la madre

Objetivo

Ayudar a los participantes a comprender cómo la madre cumple su función sagrada y cómo el padre y la madre pueden ayudarse mutuamente como compañeros iguales.

Preparación

  1. 1.

    Repase los principios que se dan bajo “Sus responsabilidades como maestro” (páginas X-XIII de este manual). Busque la forma de aplicar esos principios al prepararse para enseñar.

  2. 2.

    Lea los encabezamientos en negrilla de la lección, los que dan una reseña de las doctrinas y los principios de ésta. Como parte de su preparación, medite sobre estas doctrinas y principios durante la semana, buscando la guía del Espíritu, para decidir en qué debe hacer hincapié a fin de satisfacer las necesidades de los participantes.

  3. 3.

    Recuerde a los participantes que lleven a la clase sus ejemplares de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

La madre participa en la obra de Dios.

Como introducción para esta lección, lea con los participantes el siguiente pasaje de un discurso pronunciado por el élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los doce Apóstoles (página 44 en Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante):

“Hace poco una joven madre me escribió diciéndome que su angustia parecía tener tres orígenes. Uno era que cada vez que escuchaba un discurso sobre la maternidad en la Iglesia, se preocupaba porque sentía que no estaba a la altura de lo que se esperaba de ella o que iba a ser incapaz de llevar a cabo la labor. Segundo, sentía que el mundo esperaba que ella enseñara a los hijos lectura, escritura, decoración de interiores, latín, cálculo integral y la red Internet, todo antes de que el bebé siquiera balbuceara. Tercero, muchas veces sentía que la gente la trataba con aire condescendiente, casi siempre sin proponérselo, ya que el consejo e incluso los elogios que ella recibía parecían no reflejar la inversión mental, el esfuerzo espiritual y emocional, las exigencias intensas de toda la noche y todo el día que agotan la energía pero que a veces son necesarias si uno desea y trata de ser la madre que Dios espera que sea.

“Pero dijo que había una cosa que la hacía seguir adelante. Según dijo: ‘A través de los altibajos y de las lágrimas que en ocasiones he derramado, sé muy dentro de mí que estoy llevando a cabo la obra de Dios. Sé que por medio de la maternidad participo con Él en una asociación eterna. Me conmueve profundamente que Dios considere la paternidad como Su máxima finalidad y satisfacción, aun cuando algunos de Sus hijos le hagan llorar’. “ ‘Es esa comprensión’, dice, ‘la que trato de recordar durante esos inevitables días difíciles cuando todo esto me abruma tanto. Quizás sea precisamente nuestra incapacidad e inquietud las que nos instan a acercarnos a Él, y a Él, a intensificar Su facultad para acercarse a la vez a nosotros. Es posible que Él tenga la secreta esperanza de que sintamos inquietud y que supliquemos humildemente Su ayuda. Creo que entonces Él podrá enseñar a esos niños directamente, por nuestro intermedio, sin que opongamos resistencia. Esa idea me gusta, y me brinda esperanza’, concluye. ‘Si vivo con rectitud delante de mi Padre Celestial, tal vez la guía que Él les dé a nuestros hijos no sea obstruida. Acaso entonces pueda llevarse a cabo Su obra y Su gloria en el verdadero sentido de la palabra’ ” (“Porque ella es madre”, Liahona, julio de 1997, pág. 39).

Invite a las personas que enseña a que compartan sus opiniones con respecto a la forma en que la madre participa en la obra de Dios.

La responsabilidad primordial de la madre es la de criar a sus hijos.

Pida a los participantes que abran en la página IV de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante. Refiéralos a la siguiente declaración en el séptimo párrafo de la proclamación para la familia: “La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos”.

• ¿Cuáles son algunas de las formas en que las madres cumplen con esa responsabilidad? (Invite a los participantes a relatar experiencias que muestren la influencia positiva de la madre. Luego comparta las declaraciones que figuran a continuación.)

El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Guiada por el Señor, tú, como madre, tejes la trama del carácter de tus hijos con los hilos de la verdad por medio de la enseñanza cuidadosa y del ejemplo digno. Tú les inculcas en su mente y en su corazón, los rasgos de la honradez, de la fe en Dios, del cumplimiento del deber, del respeto hacia los demás, de la bondad, de la confianza en sí mismos, así como los deseos de contribuir, de aprender, de dar. Ninguna guardería puede hacerlo; ese sagrado derecho y privilegio es tuyo” (“El gozo de vivir el gran plan de felicidad”, Liahona, enero de 1997, pág. 84).

El presidente Boyd K. Packer, Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, observó: “Ninguna enseñanza es semejante ni es más espiritualmente gratificante ni más sublime que la de la madre que enseña a sus hijos” (“Enseñen a los niños”, Liahona, mayo de 2000, pág. 22).

Para más ideas con respecto a la forma en que las madres pueden educar y criar a sus hijos, pida a los participantes que abran su manual Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante en las páginas 46–47. Pídales que busquen las 10 sugerencias que da el presidente Ezra Taft Benson sobre lo que pueden hacer las madres para que resulte eficaz el tiempo que dediquen a sus hijos. A medida que los participantes encuentran las sugerencias, anótelas en la pizarra como se muestra a continuación. Analicen los beneficios de ceñirse a cada una de las sugerencias.

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Haga notar que los profetas de los últimos días han hecho hincapié en la importancia de que las madres permanezcan en el hogar con sus hijos en vez de salir a trabajar. Comparta la siguiente declaración del presidente Gordon B. Hinckley, decimoquinto Presidente de la Iglesia:

“Hay mujeres (de hecho, las hay muchas) que tienen que trabajar para atender las necesidades de su familia. A ustedes les digo: Hagan lo mejor que puedan. Confío en que si están trabajando durante jornadas enteras, lo estén haciendo para cumplir con las responsabilidades básicas del hogar y no para darse gustos y hasta lujos materiales. El deber mayor de toda mujer es el de amar a sus hijos, enseñarles, animarlos y guiarlos hacia la rectitud y la verdad. No hay ninguna otra persona que pueda sustituirla adecuadamente” (“Las madres de la Iglesia”, Liahona, enero de 1997, págs. 77–78).

• ¿Qué sacrificios tendrían que hacer las familias para seguir ese consejo?

Al término de esta sección de la lección, considere la idea de compartir una o ambas de las siguientes declaraciones:

Mientras servía como Primer Consejero de la Primera Presidencia, el presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Recuerdo a las madres de todas partes la santidad de su llamamiento. Nadie más puede ocupar adecuadamente el lugar de ustedes. Ninguna responsabilidad es mayor, ninguna obligación es más apremiante que la de criar con amor, con paz y con integridad a los hijos que han traído al mundo” (“Instruye el niño en su camino…”, Liahona, enero de 1994, pág. 70).

Dirigiéndose a las madres, el élder Jeffrey R. Holland dijo: “De ustedes es la grandiosa tradición de Eva, la madre de toda la familia humana, que comprendió que ella y Adán tenían que caer ‘para que los hombres [y las mujeres] existiesen’ [2 Nefi 2:25] y para que hubiera gozo. Suya es la grandiosa tradición de Sara, de Rebeca y de Raquel. Sin ellas no hubieran existido esas extraordinarias promesas patriarcales dadas a Abraham, Isaac y Jacob que nos bendicen a todos. También [es de ustedes] la grandiosa tradición de Loida y Eunice [véase 2 Timoteo 1:5] y de las madres de los dos mil jóvenes guerreros, y la extraordinaria tradición de María, quien fuera elegida y preordenada, desde antes que el mundo fuese, para concebir, llevar en su vientre y dar a luz al Hijo del mismo Dios. A todas ustedes les damos las gracias, incluso a nuestras propias madres, y les decimos que no hay nada más importante en este mundo que el participar tan directamente en la obra y la gloria de Dios, al brindar la mortalidad y la vida terrenal a Sus hijos, para que la inmortalidad y la vida eterna puedan lograrse en los reinos celestiales” (“Porque ella es madre”, Liahona, julio de 1997, pág. 40; véanse también la página 45 de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante).

El padre y la madre, como iguales, deben ayudarse el uno al otro.

Nota: Si usted está enseñando esta lección en forma separada y no ha enseñado la lección 10, considere el empezar esta sección de la lección con la declaración hecha por el presidente Boyd K. Packer en las páginas 56–57 de este manual.

Refiera a los participantes a la siguiente declaración de la proclamación para la familia: “En [sus] responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente”.

• ¿Qué significa que el marido y la mujer sean iguales en sus responsabilidades?

Señale que el esposo y la esposa que trabajan unidos como compañeros iguales están unidos en sus esfuerzos. Se apoyarán mutuamente y recibirán fortaleza de los talentos y puntos fuertes el uno del otro. Todo matrimonio puede recibir la guía del Señor para decidir la forma de apoyarse el uno al otro en sus responsabilidades. Pueden basar sus decisiones en los principios divinamente revelados y en las fortalezas y destrezas particulares de cada uno.

• ¿Qué puede hacer el esposo para apoyar a su esposa en sus responsabilidades de criar a los hijos?

• ¿Qué puede hacer la esposa para apoyar a su esposo en sus responsabilidades de presidir y proveer para la familia?

• ¿Qué ejemplos han visto de casos en que los esposos y las esposas dan un apoyo eficaz, el uno al otro, en el cuidado y en la enseñanza de los hijos?

Conclusión

Lea Doctrina y Convenios 64:33–34 con los participantes.

• ¿En qué se relacionan estos pasajes con las responsabilidades de la paternidad y maternidad?

Haga hincapié en que las madres y los padres realmente están “poniendo los cimientos de una gran obra”. A veces las tareas cotidianas de criar a los niños pueden parecen pequeñas e insignificantes, pero “de las cosas pequeñas proceden las grandes”. Si los padres y las madres trabajan en conjunto para cumplir con sus responsabilidades sagradas, sus respectivas familias recibirán grandes bendiciones del Señor.

De acuerdo con lo que le dicte el Espíritu, comparta su convicción de las verdades analizadas durante la lección.

Refiérase a las páginas 43–47 de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante. Aliente a los participantes a repasar las doctrinas y los principios de esta lección al: 1) seguir por lo menos una de las sugerencias de “Ideas para poner en práctica” y: 2) leer los artículos “Porque ella es madre”, por el élder Jeffrey R. Holland, y “A las madres en Sión”, por el presidente Ezra Taft Benson. Haga notar que los matrimonios pueden recibir grandes beneficios al leer y analizar juntos los artículos de la guía de estudio.