Cómo guiar a los hijos a medida que ellos toman decisiones

Matrimonio y Relaciones Familiares: Manual para el instructor, 2001


Objetivo

Enseñar principios que ayudarán a los padres a guiar a sus hijos a tomar decisiones.

Preparación

  1. 1.

    A medida que usted se prepara para enseñar, busque la forma de seguir los principios que se dan bajo “Sus responsabilidades como maestro” (páginas X–XIII de este manual).

  2. 2.

    Lea los encabezamientos de la lección que se encuentran en negrilla, los dan una reseña de las doctrinas y los principios de ésta. Como parte de su preparación, medite con respecto a las formas de ayudar a los participantes a aplicar estas doctrinas y principios. Busque la guía del Espíritu para decidir en qué debe hacer hincapié a fin de satisfacer las necesidades de los participantes.

  3. 3.

    Si tiene a disposición el Manual de sugerencias para la noche de hogar (31106002), estudie “Libre albedrío: La llave del desarrollo”, en las páginas 261–262 y “Reconocer a un hijo descarriado”, en la página 278. Considere el referirse a estos artículos durante la lección.

  4. 4.

    Lleve una piedrecita a la clase, la que utilizará durante la última sección de la lección.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Los hijos necesitan guía a medida que toman decisiones.

Lea el siguiente poema que compartió el presidente Thomas S. Monson, de la Primera Presidencia, en una conferencia general:

En un cruce del camino, con el rostro iluminado por el sol, solo y ante lo desconocido, permanecía listo y sin temor para alcanzar la gloria de su destino.Pero las sendas iban en opuesta dirección; escogió la senda equivocada y perdió su galardón.Atrapado de amargura, en las garras del error, porque nunca hubo alguien en ese cruce que lo guiara hacia el camino mejor.

Otro día, en el mismo sitio, otro joven anheloso a iniciarse se hallaba presto al camino hacia su gozo.

Pero había alguien a su lado que el camino conocía y que compartió gustoso su dirección y su guía. El joven no escogió el error y obtuvo el galardón. Él camina hoy el sendero justo porque alguien estuvo allí, en el cruce del camino, para mostrarle el sendero de su glorioso destino. [Citado de Central Christian Monitor, en Liahona, enero de 1994, pág. 56].

Explique que los niños y la juventud a menudo están ante un cruce del camino: momentos en que se enfrentan con decisiones que puedan tener un efecto duradero en sus vidas. Los padres, que conocen el camino, deben estar allí para ayudar a sus hijos a tomar decisiones justas. Aun cuando los padres no puedan estar con sus hijos durante los momentos de tomar decisiones, los hijos podrán recibir guía y confiar en los susurros del Espíritu Santo al recordar las enseñanzas de ellos.

Los padres pueden ayudar a sus hijos a ejercer su albedrío en forma justa.

Explique que el albedrío es uno de los dones más grandes que nos ha dado nuestro Padre Celestial. El albedrío es el poder de elegir y actuar por nosotros mismos. Es por medio del albedrío que decidimos seguir al Salvador y recibir la bendición de la vida eterna (véase 2 Nefi 2:25–28).

Lea Doctrina y Convenios 58:27–28 con los participantes.

• ¿En qué forma se aplica este pasaje a los padres a medida que ayudan a sus hijos a tomar decisiones?

• ¿Cuáles son algunos de los beneficios de permitir a los hijos que tomen decisiones?

El siguiente material bosqueja algunos principios que pueden seguir los padres para ayudar a sus hijos a ejercer su albedrío en rectitud. Analice estos principios con los participantes.

Enseñar a los hijos el gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial.

Lea con los participantes el siguiente pasaje de Alma 12:32:

“Por tanto, después de haberles dado a conocer el plan de redención, Dios les dio mandamientos…”

• ¿Por qué es significativo el que Dios haya dado mandamientos después de haber dado a conocer el plan de redención? ¿Por qué se aplica este principio a los esfuerzos que hacen los padres por alentar a sus hijos a obedecer los mandamientos?

El élder Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“La gente joven se pregunta ‘por qué’. ¿Por qué se nos manda hacer cosas y por qué se nos manda no hacer otras? El conocimiento del plan de felicidad… puede dar a las mentes jóvenes la respuesta…

“Ustedes no estarán con sus hijos al momento de las tentaciones. En esos momentos peligrosos ellos dependen de sus propios recursos. Si se pueden ubicar ellos mismos dentro del esquema del plan del Evangelio, estarán inmensamente fortalecidos.

“El plan es digno de repetirse una y otra vez; luego el propósito de la vida, la realidad del Redentor y la razón por la cual los mandamientos permanecen con ellos.

“Su estudio del Evangelio y sus experiencias en la vida se sumarán a un testamento en aumento sobre Jesucristo, la Expiación y la restauración del Evangelio” (The Great Plan of Happiness [El gran plan de felicidad], discurso a los educadores de religión, 10 de agosto de 1993, pág. 3).

Dar pautas claras a los niños basadas en principios del Evangelio.

Explique que los padres deben dar a sus hijos pautas claras en qué basarse cuando tengan que tomar decisiones. Esto incluye enseñar el Evangelio y establecer normas de comportamiento en el hogar. El élder Joe J. Christensen, de los Setenta, enseñó:

No tengan temor de fijar normas claras de comportamiento. Digan ‘no’ cuando se requiera… Díganles que hay ciertas cosas que como miembros de la familia simplemente no pueden hacer. Algunos padres tienen una preocupación hasta morbosa de que sus hijos no sean aceptados en la sociedad y les permiten hacer muchas cosas que saben que no están bien, como comprar ropa costosa o indecente, regresar tarde a la casa, tener novio o novia antes de los dieciséis años, ver películas indecorosas, etc. Tanto los hijos como los padres que hacen lo correcto muchas veces se sentirán solos. A veces tendrán que quedarse en casa mientras otros van a las fiestas, dejar de ver algunas películas y hasta divertirse n poco menos. Pero la paternidad no es un concurso de popularidad” (véase “La crianza de los hijos en un ambiente contaminado”, Liahona, enero de 1994, pág. 12).

• ¿Qué pueden hacer los padres para establecer pautas de moral claras para la familia? A medida que los participantes analizan esta pregunta, aliéntelos a compartir ejemplos y sucesos de sus vidas.

Lea con los participantes Moroni 7:15–19.

• ¿Qué se nos aconseja en este pasaje sobre la forma de discernir el bien del mal? ¿En qué forma pueden aplicar este consejo los padres al establecer pautas para sus hijos?

• ¿En qué aspectos de su diario vivir necesitan a veces ayuda los hijos para discernir el bien del mal? ¿En qué forma pueden emplear los padres el consejo de Moroni 7:15–19 para ayudar a sus hijos a tomar decisiones rectas?

Ayudar a los niños a reconocer la influencia del Espíritu Santo en sus vidas.

Explique que en Moroni 7:15–19, se habla sobre la Luz de Cristo, que nos ayuda a discernir el bien del mal. Además de seguir la Luz de Cristo, podemos recibir la guía del Espíritu Santo, que nos “mostrará todas las cosas que [debemos] hacer” (2 Nefi 32:5) y nos ayudará a “conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5). A medida que los niños aprendan a reconocer y a seguir los susurros del Espíritu Santo, recibirán más ayuda al tomar decisiones. Después de que los niños hayan recibido el don del Espíritu Santo, los padres podrán ayudarles a desarrollar el deseo de ser dignos de la compañía constante del Espíritu.

El élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles, cuenta sobre la forma en que su madre le ayudó a reconocer la influencia del Espíritu Santo:

“Después de que fui bautizado y confirmado, mi madre me llevó a un lado y preguntó: ‘¿Qué sientes?’. Yo le describí lo mejor que pude mis cálidos sentimientos de paz, consuelo y felicidad. Mi madre me explicó que lo que sentía era el don que acababa de recibir: el don del Espíritu Santo. Me dijo que si vivía de tal forma que fuese digno de él, tendría siempre ese don conmigo. Ese momento de enseñanza ha permanecido conmigo durante toda mi vida” (“El fortalecimiento de las familias: nuestro deber sagrado”, Liahona, julio de 1999, pág. 39).

• ¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a sus hijos a sentir y a reconocer la influencia del Espíritu Santo? (Entre las respuestas está el que los padres pueden alentar a los hijos a leer las Escrituras, a escuchar música sagrada, a guardar los mandamientos y a orar con verdadera intención. También pueden relatarles sus experiencias espirituales y expresar amor por ellos.)

Haga hincapié en que es esencial que los padres alienten el comportamiento religioso privado de sus hijos, como el estudio personal de las Escrituras, la oración y el ayuno. La participación en las actividades religiosas de la familia es importante, pero no es suficiente.

Dar a los niños la oportunidad de tomar decisiones simples.

Señale que los padres pueden dar oportunidades a sus hijos pequeños para que tomen decisiones. Para hacerlo, deben asegurarse de que las decisiones sean sencillas, generalmente del tipo que ofrecen sólo dos opciones, y que ambas sean aceptables. Por ejemplo, uno de los padres podría decir: “¿Te gustaría usar la camisa azul o la roja hoy día?”, o “¿Prefieres que te cuente un cuento o quieres seguir jugando hasta la hora de ir a la cama?” Una vez que los padres hayan ofrecido tal elección, deben aceptar la decisión del niño.

• ¿Por qué el haber tomado esas decisiones sencillas servirá de utilidad a los niños cuando más adelante tengan que tomar decisiones más difíciles y de mayores consecuencias?

Ayudar a los niños a entender que algunas decisiones tienen consecuencias eternas.

Explique que cuando los niños se enfrentan con decisiones serias, tales como la selección de actividades para el día de reposo, el elegir amigos, el hacer planes relacionados con su educación o el fijar metas en cuanto a la carrera que piensan seguir, es importante que sepan juzgar basados en las verdades del Evangelio. Es esencial que entiendan que sus decisiones pueden tener consecuencias eternas. Los padres deben dedicar tiempo a sus hijos, desde pequeños, para hablarles sobre esos principios.

• ¿Cuáles son algunas formas en que los padres pueden guiar a sus hijos mientras los aconsejan? (Entre las respuestas podrían estar que los padres pueden compartir sus propias experiencias, recordar a sus hijos los mandamientos del Señor y ayudarles a entender las consecuencias eternas de las diferentes decisiones.)

• “¿Qué situaciones podrían necesitar la intervención de un padre cuando un hijo está tomando decisiones erradas?

Pida a los participantes que lean el siguiente consejo del élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles (página 66 de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante):

“Los padres tienen el deber de intervenir cada vez que perciban que se están tomando decisiones equivocadas. Esto no quiere decir que los padres deben privar a los hijos del precioso don del albedrío. Debido a que el albedrío es un don de Dios, al fin y al cabo, lo que ellos decidan hacer, la manera como habrán de comportarse y lo que decidan creer es cosa de ellos. Pero, como padres, debemos asegurarnos de que ellos entiendan lo que es una conducta apropiada y cuáles serán las consecuencias si deciden seguir el camino equivocado. Recuerden que no hay tal cosa como una censura ilícita en el hogar. Las películas, las revistas, la televisión, los videos, el Internet y otros medios de comunicación entran ahí como huéspedes y sólo debe dárseles la bienvenida cuando son apropiados para el disfrute de la familia. Hagan de sus hogares un refugio de paz y rectitud; no permitan que las malas influencias contaminen su propio ambiente espiritual. Sean bondadosos, atentos, amables y considerados en lo que digan y en el modo en que se traten mutuamente. Entonces, los objetivos de la familia, basados en las normas del Evangelio, facilitarán el tomar buenas decisiones” (“Como una llama inextinguible”, Liahona, julio de 1999, pág. 103).

Los padres deben dejar que los hijos aprendan de las consecuencias que resulten de las decisiones poco prudentes.

Haga notar que, aun cuando a veces los padres deben intervenir para ayudar a sus hijos a tomar decisiones rectas, no deben intervenir para impedir las consecuencias de las decisiones equivocadas de ellos.

• ¿Cuál podría ser el resultado si los padres protegieran a sus hijos de las consecuencias de sus decisiones? ¿Qué beneficios se derivan de dejar que los niños experimenten las consecuencias naturales de sus decisiones? (Anime a los participantes a compartir ejemplos de sus propias vidas al respecto. Luego lea las siguientes declaraciones.)

El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Padres, no cometan el error de intervenir para evitar o atenuar las consecuencias que deben sufrir sus hijos cuando desobedecen deliberadamente los mandamientos. El hacerlo da validez a principios falsos; puede dar lugar a pecados más serios y disminuir la posibilidad de arrepentirse” (“El poder de los principios correctos”, Liahona, julio de 1993, pág. 40).

El élder Robert D. Hales enseñó: “Nos llena de temor el dejar que nuestros hijos aprendan de los errores que cometen, pero su disposición a elegir la manera del Señor y los valores de la familia es mayor cuando la elección nace de ellos mismos que cuando tratamos de imponerles esos valores. El método de amor y de aceptación del Señor es mejor que el de fuerza y coerción de Satanás, especialmente en la crianza de los adolescentes” (“El fortalecimiento de las familias: nuestro deber sagrado”, Liahona, julio de 1999, pág. 39).

Los padres deben demostrar amor inquebrantable por los hijos que se descarríen.

Haga notar que incluso después de los mejores esfuerzos de los padres, algunos hijos toman decisiones que causan gran dolor tanto para ellos como para otras personas. Los padres nunca deben dejar de amar a los hijos que se desvíen. El élder Richard G. Scott dijo:

“Algunos de ustedes tienen hijos que no siguen sus enseñanzas y eligen caminos completamente diferentes. Nuestro Padre Celestial ha tenido repetidamente esa misma experiencia. Aunque algunos de Sus hijos han empleado su albedrío para tomar decisiones contrarias a los consejos de Él, el Padre continúa amándolos. Y sin embargo, estoy seguro de que nunca se ha echado la culpa de las decisiones insensatas de Sus hijos” (véase “El poder de los principios correctos”, Liahona, julio de 1993, pág. 40).

Mientras servía en el Quórum de los Doce Apóstoles, el presidente Howard W. Hunter, decimocuarto Presidente de la Iglesia, dio el siguiente consejo a los padres que han hecho todo a su alcance, pero que se lamentan por los errores de un hijo:

“Los padres que han tenido éxito son los que han amado, los que se han sacrificado, los que se han preocupado, han enseñado y han atendido las necesidades de sus hijos. Si han hecho todo eso y aún así su hijo es desobediente, contencioso o mundano, puede muy bien ser que, a pesar de ello, ustedes hayan sido buenos padres. Es posible que entre los jóvenes que han venido al mundo haya hijos que serían un problema para cualquier pareja de padres, bajo cualquier circunstancia. En la misma manera, quizás haya otros que serían una bendición y un gozo para cualquier padre o madre” (“¿Se ha extraviado vuestro hijo?”, Liahona, enero de 1984, pág. 115).

Entregue a uno de los participantes la piedrecita que llevó a la clase (véase “Preparación”, punto 4). Pida al participante que ponga la piedrecita directamente en frente del ojo. Luego pregunte a la persona qué es lo que ve. Lea la siguiente analogía, dada por el élder Richard G. Scott mientras servía en los Setenta:

“Cuando coloco una piedrecita enfrente de mi ojo, parece ser enorme de tamaño, y no me deja ver nada más ni pensar en cosa alguna. A menudo los problemas de un ser querido pueden afectar nuestra vida de esa misma forma y ocupar todo nuestro tiempo. Cuando hayan hecho todo lo posible por ayudar a la persona causante de su aflicción, dejen el asunto en manos del Señor y no se preocupen más. No se sientan culpables porque no pueden hacer más. No desperdicien energía en preocupaciones innecesarias.El Señor sacará la piedrecita que impide su visión y la arrojará de entre los desafíos que enfrentarán durante su progreso eterno. Y entonces se verá en perspectiva. Con el tiempo, se sentirán inspirados y sabrán cómo dar más ayuda. Encontrarán más paz y felicidad, no descuidarán a otros que tengan necesidad de la ayuda de ustedes y podrán ayudar mejor a esa persona gracias a esa perspectiva eterna” (véase “Ayudad al ser querido que os necesita”, Liahona, julio de 1988, pág. 60).

• ¿En qué formas pueden demostrar un amor constante los padres a un hijo o a una hija que se haya desviado? ¿Cómo pueden demostrar ese amor sin aprobar las acciones del hijo o de la hija?

Lea con los participantes Lucas 15:11–32. Explique que a menudo se refieren a estos pasajes como la parábola del hijo pródigo. Sin embargo, también se podría referir a ella como la parábola del padre amoroso.

• ¿Qué podemos aprender de esta parábola sobre la forma en que el amor de un padre puede influir en los hijos desobedientes?

Mientras servía como Primer Consejero de la Primera Presidencia, el presidente Gordon B. Hinckley enseñó:

“A través de la historia de las generaciones humanas, las acciones de hijos rebeldes han causado tristeza y angustia, pero a pesar de ellas, los fuertes lazos de la vida familiar han entrelazado al hijo descarriado.

“No conozco una historia más hermosa en toda la literatura que la que contó el Maestro y que se encuentra en el capítulo 15 de Lucas. Es la historia del hijo engreído y ambicioso que exigió que se le diera su herencia y la despilfarró completamente. Arrepentido, regresó a su casa, y su padre, al verlo venir desde lejos, corrió a encontrarlo, lo abrazó, se le echó sobre el cuello y lo besó” (véase “Lo que Dios ha unido”, Liahona, julio de 1991, pág. 78).

Conclusión

Ponga de relieve la importancia de guiar a los hijos a medida que toman decisiones y luego de dejar que aprendan de las consecuencias de sus decisiones. Recuerde a los participantes que el Señor bendecirá a los padres a medida que siguen amando a sus hijos y trabajando con ellos. Luego lea la siguiente declaración hecha por el obispo Robert D. Hales mientras servía en calidad de Obispo Presidente:

“Seguramente los padres cometerán errores en el proceso de la paternidad, pero por medio de la humildad, la fe, la oración y el estudio, toda persona puede aprender a superarse y, al hacerlo, traer bendiciones a los miembros de la familia y enseñarles tradiciones correctas para las generaciones futuras” (“¿Cómo nos recordarán nuestros hijos?”, Liahona, enero de 1994, pág. 10).

De acuerdo con lo que le dicte el Espíritu, testifique sobre los principios analizados durante la lección.

Refiérase a las páginas 64–67 de Matrimonio y relaciones familiares, Guía de estudio para el participante. Aliente a los participantes a repasar las doctrinas y los principios de esta lección al: 1) seguir por lo menos una de las sugerencias de “Ideas para poner en práctica” y: 2) leer el artículo “Como una llama inextinguible”, por el élder M. Russell Ballard. Haga notar que los matrimonios pueden recibir grandes beneficios al leer y analizar juntos los artículos de la guía de estudio.