Vengan “a la casa de Jehová”

El Antiguo Testamento: Manual para el maestro, 2001


Objetivo

Inspirar a los miembros de la clase a recibir las bendiciones prometidas relacionadas con la obra del templo y con el estudio de las Escrituras.

Preparación

  1. 1.

    Estudie los siguientes pasajes de las Escrituras y ore al respecto:

    1. a.

      2 Crónicas 29–30. Ezequías, rey de Judá, abre las puertas del templo y manda a los sacerdotes y levitas limpiarlo y santificarlo para la adoración (29:1–19). Cuando el templo queda limpio, Ezequías y su pueblo adoran y alaban al Señor (29:20–36). Ezequías invita a todo Israel a ir a la Casa del Señor en Jerusalén (30:1–9). Algunos se ríen y se mofan de la invitación, pero los fieles de Israel adoran al Señor en Jerusalén (30:10–27).

    2. b.

      2 Crónicas 32:1–23. Senaquerib, rey de Asiria, invade Judá y habla en forma insultante en contra del Señor (32:1–19). Isaías y Ezequías oran pidiendo ayuda y un ángel del Señor destruye gran parte del ejército asirio (32:20–23).

    3. c.

      2 Crónicas 34. Después que el hijo y el nieto de Ezequías gobiernan con iniquidad, Josías, bisnieto de Ezequías, sube al trono de Judá. Josías destruye los ídolos que hay en el reino y repara el templo (34:1–13). Se encuentra allí el libro de la ley y lo leen a Josías, que se lamenta al darse cuenta de cuánto se ha desviado de la ley el pueblo (34:14–21). Hulda, la profetisa, habla sobre la desolación que vendrá sobre Judá pero predice que Josías no tendrá que presenciarla (34:22–28). Josías y su pueblo hacen pacto de servir al Señor (34:29–33).

  2. 2.

    Lectura complementaria: 2 Crónicas 31; 33; 2 Reyes 18–19; 22–23; Isaías 37:10–20, 33–38.

  3. 3.

    Si tiene a su disposición las láminas que se indican a continuación y, si lo cree conveniente, utilícelas durante el transcurso de la lección: Un templo que se utilizaba en la antigüedad (62300; Las bellas artes del Evangelio 118) y un templo de los últimos días.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Actividad para despertar la atención

Si lo desea, utilice la siguiente actividad (o una de su preferencia) para comenzar la lección.

Explique a los miembros de la clase que, para defender Jerusalén de los ataques de los asirios, el rey Ezequías desvió las aguas de los manantiales de Gihón hacia el estanque de Siloé, que se encontraba dentro de las murallas de la ciudad (2 Crónicas 32:2–4, 30). Eso lo hicieron cavando un conducto (acueducto) para el agua a través de quinientos cuarenta metros de piedra caliza. Después, Ezequías ordenó que se taparan las fuentes de agua que estaban fuera de la ciudad para impedir que los asirios tuviesen fácil acceso a ella. Sin el agua dentro de los muros de la ciudad, el pueblo de Jerusalén no habría sobrevivido al sitio de los asirios.

Indique que, de la misma forma que el agua de los manantiales de Gihón fueron imprescindibles para la supervivencia física del pueblo de Ezequías durante las batallas con los asirios, el agua viva es esencial para nuestra supervivencia espiritual durante las batallas que sostenemos con Satanás.

• ¿Qué es el agua viva? (Véase Juan 4:10–14.)

El élder Bruce R. McConkie explicó que el agua viva es “las palabras de vida eterna, el mensaje de salvación, las verdades acerca de Dios y de Su reino; es las doctrinas del Evangelio” (Doctrinal New Testament Commentary, tres tomos, 1966–1973, Tomo I, pág. 151).

• ¿Cómo podemos abrir un conducto que llegue hasta el Señor para que el agua viva fluya en nuestra vida?

Explique a la clase que una forma de recibir el agua viva es asistir al templo, la casa del Señor, donde podemos ser investidos con poder y con comprensión, recibir instrucciones del Señor y sentir paz y gozo.

Destaque que la adoración en el templo fue una protección importante para los israelitas de la época de Ezequías y que puede también ser una protección importante para nosotros en la actualidad.

Análisis de las Escrituras y conceptos para poner en práctica

Al enseñar los siguientes pasajes de las Escrituras, analice la forma en que se podrían poner en práctica en el diario vivir. Aliente a los miembros de la clase a relatar experiencias que se relacionen con los principios de las Escrituras.

1. Ezequías ordena que se purifique la casa del Señor.

Enseñe 2 Crónicas 29–30 y analícelo con la clase.

• Acaz, el padre de Ezequías, fue un rey inicuo que profanó el templo del Señor y “cerró [sus] puertas” (2 Crónicas 28:24). Cuando en el año 715 a. C., Ezequías subió al trono de Judá (el reino del sur), una de las primeras determinaciones que tomó fue la de abrir las puertas del templo y ordenar a los sacerdotes y levitas que lo limpiaran y santificaran (2 Crónicas 29:3–5). De acuerdo con lo que dijo Ezequías, ¿por qué era necesario santificar el templo? (Véase 2 Crónicas 29:6–7.) ¿De qué manera quizás también nosotros seamos culpables de apartar nuestros “rostros del tabernáculo de Jehová”? ¿Qué les sucedió a los habitantes de Judá por haber desatendido el templo? (Véase 2 Crónicas 29:8–9.)

• ¿Qué esperaba lograr Ezequías al limpiar el templo y prepararlo nuevamente para la adoración? (Véase 2 Crónicas 29:10.) ¿Por qué es importante mantener toda cosa inmunda fuera del templo? (Véase D. y C. 97:15–17.) ¿Qué responsabilidad tenemos de asegurarnos de que ninguna cosa inmunda entre en el templo? (Véase D. y C. 109:20–21. Debemos asegurarnos de que cuando vayamos al templo seamos puros.)

• ¿Qué hicieron Ezequías y el pueblo de Jerusalén cuando se hubo limpiado el templo? (Véase 2 Crónicas 29:20–21, 29–31, 36.) ¿A quiénes invitó Ezequías a la casa del Señor para la celebración de la Pascua? (Véase 2 Crónicas 30:1, 6.) ¿Cómo recibieron ellos esa invitación? (Véase 2 Crónicas 30:10–11.)

• ¿Qué bendiciones rechazó el pueblo de Israel al negarse a ir al templo? (Véase 2 Crónicas 30:6–9. Explique a la clase que para la época del reinado de Ezequías, los asirios ya habían llevado cautivos a gran parte de los del reino de Israel [el reino del norte]. Ezequías prometió a los israelitas que quedaban que, “si [se] volv[ían] a Jehová”, los cautivos serían liberados. Pero en cambio, la mayoría del pueblo de Israel rechazó la invitación de Ezequías y, varios años más tarde, como consecuencia de su iniquidad, el remanente del reino de Israel fue llevado cautivo [2 Reyes 18:10–12]. Los israelitas cautivos se convirtieron en las diez tribus perdidas.)

2. Los asirios invaden el reino de Judá. Isaías y Ezequías oran pidiendo ayuda y un ángel del Señor destruye gran parte del ejército asirio.

Enseñe 2 Crónicas 32:1–23 y analícelo con la clase.

• Después que el reino de Israel fue llevado cautivo, los asirios comenzaron a atacar al reino de Judá (2 Crónicas 32:1). ¿Qué hizo Ezequías cuando vio que el ejército de Senaquerib intentaba atacar a Jerusalén? (Véase 2 Crónicas 32:2–5.) Una vez que Ezequías se preparó para la guerra, ¿qué dijo a su pueblo en relación con el ataque inminente? (Véase 2 Crónicas 32:6–8.) ¿Qué aprendemos de Ezequías acerca de la relación apropiada que existe entre el confiar en nuestros propios esfuerzos y el confiar en el Señor?

• Senaquerib envió a sus siervos a hablar con la gente de Jerusalén. ¿Qué les dijeron los siervos? (Véase 2 Crónicas 32:9–17.) ¿Por qué dijeron esas cosas? (Véase 2 Crónicas 32:18.) ¿Cómo procura Satanás convencernos de que Dios no puede o no está dispuesto a ayudarnos?

• ¿En qué forma reaccionaron Ezequías y el profeta Isaías ante las palabras de los siervos de Senaquerib? (Véase 2 Crónicas 32:20; Isaías 37:14–20.) ¿Cómo respondió el Señor a las oraciones de Ezequías y de Isaías? (Véase 2 Crónicas 32:21–22; Isaías 37:33–38.)

• Ezequías y su pueblo recibieron la protección del Señor por motivo de su rectitud, la cual se manifestó por medio de su adoración en el templo. ¿Cómo puede ser la asistencia al templo una protección para nosotros? (Véase D. y C. 109:24–28.) ¿Qué podemos hacer para que el ser dignos de entrar en el templo y el asistir a él se destaquen en nuestro orden de prioridades en nuestra vida?

El presidente Howard W. Hunter exhortó:

“Caractericémonos, los miembros de la Iglesia, por ir constantemente al templo; vayamos al templo con la frecuencia que las circunstancias personales lo permitan. Tengan a la vista en su casa una lámina de uno de los templos para que los hijos la vean. Enséñenles en cuanto a los propósitos de la Casa del Señor. Háganlos hacer planes, desde niños, para ir allí y para mantenerse dignos de esa bendición.

“Si viven lejos de un templo y no pueden asistir a menudo, compilen la historia de sus familiares y preparen los nombres para que se realicen por ellos las sagradas ordenanzas que sólo se realizan en el templo. La investigación familiar es esencial para que se lleve a cabo la obra de los templos y los que la realizan sin duda recibirán bendiciones” (“Preciosas y grandísimas promesas”, Liahona, enero de 1995, pág. 9).

3. Josías y su pueblo hacen pacto de servir al Señor.

Enseñe 2 Crónicas 34 y analícelo con la clase.

Manasés, el hijo de Ezequías, y Amón, su nieto, lo suceden en el trono (2 Cró-nicas 33). Manasés gobernó a Judá con iniquidad, porque colocó ídolos en el templo y llevó al pueblo al pecado. No obstante, antes de morir, Manasés se humilló y se arrepintió de sus pecados. Amón, el hijo de Manasés, también gobernó con iniquidad y adoró los ídolos que su padre había hecho. Amón no se arrepintió y sus propios siervos lo mataron. Josías, el hijo de Amón, fue coronado rey cuando tenía ocho años de edad y se convirtió en un rey justo que rechazó las vías inicuas de su padre y de su abuelo.

• ¿Qué clase de persona fue el rey Josías? (Véase 2 Crónicas 34:1–2; 2 Reyes 23:25. Adviértase que el David que se menciona en 2 Crónicas 34:2, es el rey David, que fue uno de los antepasados de Josías, y no su padre, en el sentido literal de la palabra.)

• ¿Qué hizo de bueno Josías al comienzo de su reinado? (Véase 2 Crónicas 34:3–8. Buscó al Dios verdadero, destruyó la idolatría en el reino y envió gente para que reparara el templo. Haga notar que Josías tenía solamente quince o dieciséis años cuando comenzó a realizar esos cambios tan importantes.)

• ¿Qué hallazgo importante hizo Hilcías, el sumo sacerdote, durante la restauración del templo? (Véase 2 Crónicas 34:14. Él encontró el libro de la ley del Señor, o sea, las Escrituras. Destaque que para ese tiempo de la historia de Judá, el libro de la ley aparentemente se había extraviado y era casi desconocido.) ¿Cómo reaccionó Josías cuando se le leyó el libro de la ley? (Véase 2 Crónicas 34:19. Explique a la clase que era costumbre del antiguo Israel rasgarse o romperse la ropa como señal de gran tristeza o de pesadumbre.) ¿Por qué se sintió Josías tan angustiado cuando escuchó el contenido del libro de la ley? (Véase 2 Crónicas 34:21.)

• ¿Qué dijo la profetisa Hulda que le ocurriría a Judá porque el pueblo no había guardado la palabra del Señor ni había hecho lo que las Escrituras enseñaban? (Véase 2 Crónicas 34:22–25.) ¿Qué podría sucedernos a nosotros si descuidamos la lectura de las Escrituras y si no ponemos en práctica sus enseñanzas?

El presidente Ezra Taft Benson describió el peligro del descuidar uno de los libros de las Escrituras, el Libro de Mormón:

“En 1829, el Señor advirtió a los santos que no deberían jugar con las cosas sagradas (véase D. y C. 6:12). Ciertamente, el Libro de Mormón es sagrado, y sin embargo muchos juegan con él, o sea, lo toman a la ligera, sin darle mucha importancia.

“En 1832, cuando algunos de los primeros misioneros regresaban de su campo de labor, el Señor les reprendió por tratar el Libro de Mormón a la ligera. Les dijo que, como resultado de esa actitud, sus mentes se habían ofuscado. El tratar este libro sagrado a la ligera no solamente les había dejado en tinieblas a ellos mismos, sino que también habían traído condenación a toda la Iglesia, aun a los hijos de Sión. Y luego el Señor dijo: ‘Y permanecerán bajo esta condenación hasta que se arrepientan y recuerden el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón’ (D. y C. 84:54–57)…

“Si a los primeros santos se les reprendió por tratar el Libro de Mormón a la ligera, ¿acaso estamos nosotros bajo una condenación menor si hacemos lo mismo hoy día?” (“El Libro de Mormón: La clave de nuestra religión”, Liahona, enero de 1987, págs. 3–4).

• ¿Qué dijo Hulda que le pasaría a Josías? (Véase 2 Crónicas 34:26, 28. El cumplimiento de esa promesa se describe en 2 Crónicas 35:20–24.) ¿Por qué le hizo el Señor esa promesa a Josías? (Véase 2 Crónicas 34:27.)

• Cuando Josías se enteró de que su pueblo sería condenado por no haber hecho lo que se mandaba en las Escrituras, convocó a todos al templo y les leyó las Escrituras (2 Crónicas 34:29–30). ¿Por qué lo hizo? (El pueblo no podía obedecer las leyes de Dios si no las conocía.) ¿En qué forma pueden los padres seguir el ejemplo de Josías y enseñar a sus hijos las leyes del Evangelio? (Véase D. y C. 68:25, 28.)

• ¿Cómo podemos demostrar cuán preciadas son las Escrituras para nosotros? Recalque que en la actualidad disponemos de más Escrituras que las que tenían los israelitas y que, además, las podemos obtener con más facilidad. Por motivo de esas bendiciones, ¿qué responsabilidades tenemos?

El presidente Spencer W. Kimball dijo: “El Señor no bromea cuando nos da estas cosas, porque ‘a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará’ (Lucas 12:48). Disfrutar de sus bendiciones pone sobre nuestros hombros una gran responsabilidad. Debemos estudiar las Escrituras de acuerdo con el mandamiento del Señor (véase 3 Nefi 23:1–5), y permitir que sus enseñanzas gobiernen nuestra vida” (“Las Escrituras: ¡Cuán singular tesoro!”, Liahona, diciembre de 1985, pág. 5).

• Mientras Josías y su pueblo se encontraban en el templo, hicieron pacto o convenio con el Señor; ¿de hacer qué cosa hicieron pacto o convenio? (Véase 2 Crónicas 34:31–33.) Explique a los miembros de la clase que en el templo hacemos convenios sagrados con el Señor, el cumplimiento de los cuales nos dará bendiciones terrenales y la exaltación eterna. ¿Cómo podemos prepararnos para hacer los sagrados convenios del templo? Una vez que hacemos esos convenios, ¿por qué es importante que regresemos al templo tan a menudo como sea posible?

Conclusión

Aclare que el pueblo del reino de Judá al final se volvió tan inicuo que el Señor permitió que fuese llevado cautivo (2 Crónicas 36:14–21). No obstante, Ezequías y Josías trataron durante sus reinados de fortalecer a los del pueblo, haciendo que concentraran su atención en el templo y en las Escrituras. Testifique que si nosotros también concentramos nuestra atención en la obediencia a los mandamientos del Señor y en el ser dignos de entrar en el templo, seremos bendecidos con fortaleza espiritual y felicidad. Anime a los miembros de la clase a vivir dignamente y a asistir al templo lo más a menudo que les sea posible con el fin de disfrutar de sus bendiciones.

Otros conceptos didácticos

El siguiente material complementa las sugerencias para el desarrollo de la lección. Si lo desea, utilice uno o más de estos conceptos como parte de la lección.

1. “Una tarjeta de crédito con el Señor”

Una semana antes de impartir esta lección, pida a un miembro de la clase que estudie el siguiente extracto de un discurso del presidente Gordon B. Hinckley y que se prepare para comentarlo con la clase:

“Tengo en mis manos dos tarjetas de crédito. La mayoría de vosotros estáis familiarizados con ellas.

“La primera es una tarjeta de crédito bancario, la que me permite obtener mercaderías a crédito y luego pagar todas mis compras en un solo lugar. Es algo de valor y que se debe proteger. Si la pierdo y se usa en forma deshonesta, puede causarme una gran pérdida y quizás mucha vergüenza. Al aceptarla de mi banco, entro en un convenio y estoy sujeto a obligaciones y acuerdos. Al aceptar la tarjeta me comprometo a cumplir con las condiciones bajo las que me la dan.

“Se extiende sólo por un año y se debe renovar anualmente si se desea seguir disfrutando del privilegio de usarla. No es mía, sigue siendo propiedad del banco. Si no cumplo con mi parte, el banco puede cerrar mi crédito y quitarme la tarjeta.

“La otra tarjeta que tengo aquí es la que llamamos recomendación para entrar en el templo. Representa una tarjeta de crédito con el Señor, la que me permite disponer de muchos de sus grandes dones. La tarjeta bancaria tiene que ver con las cosas del mundo; la recomendación del templo, con las cosas de Dios.

“Para obtener una recomendación para entrar en el templo, el que la recibe también debe demostrar su elegibilidad, y ésta se basa en la dignidad personal. Una vez que se otorga, no dura para siempre, sino que se extiende cada año. Más aún, si el poseedor hiciera cualquier cosa que lo descalifique de este privilegio, se le puede retirar la recomendación.

“La elegibilidad para tener una recomendación para el templo no se basa en el valor financiero, no tiene nada que ver con eso. Se basa en el comportamiento personal constante, en la bondad de la vida de uno. No se relaciona con el aspecto monetario, sino con cosas de la eternidad.

“La tarjeta bancaria abre las puertas al crédito financiero. La recomendación para el templo abre las puertas a la Casa del Señor. Tiene que ver con la entrada a un lugar santo para hacer una obra sagrada y divina…

“…la recomendación que yo tengo y que muchos de vosotros tenéis es algo preciado y maravilloso. Lo hace a uno merecedor de un privilegio exclusivo e importantísimo, el privilegio de entrar en la casa en cuya fachada dice: ‘Santidad al Señor—La Casa del Señor’. Vivid dignos de servir en esa casa; haced vuestra parte por alejar de la Casa del Señor toda influencia o persona indigna o impura. Disfrutad de su belleza. Disfrutad las maravillas que se hablan allí, la belleza y la bendición de las ordenanzas que se administran en el templo.

“A [quienes]… todavía no han entrado al templo deseo sugerirles que aprovechen la oportunidad de ser bautizados a favor de los muertos y luego dejen que esa experiencia sagrada sea un sólido cimiento en sus vidas, para que se comporten siempre y en toda circunstancia de tal manera que cuando llegue el momento oportuno puedan solicitar y obtener una tarjeta de crédito del Señor, una recomendación para entrar en Su Santa Casa, y allí disfrutar todas sus bendiciones y privilegios” (“Mantengamos sagrados los templos”, Liahona, julio de 1990, págs. 65, 68).

2. El propósito de los templos

Lleve a la clase varias láminas o fotografías de templos de los últimos días (en lo posible, de diferentes estilos arquitectónicos). Recalque a los miembros de la clase que aun cuando esos templos se vean diferentes por fuera, las ordenanzas que se efectúan y los convenios que se hacen dentro de esos templos son los mismos en todos ellos.

Explique que a pesar de que algunas de las prácticas que se llevaban a cabo en el templo del antiguo Israel eran diferentes de las que se efectúan en los templos de los últimos días (por ejemplo, nosotros no sacrificamos animales ni encendemos velas ni incienso en los templos actuales), los propósitos de los templos de la antigüedad y los de los últimos días es el mismo: el de prepararnos para entrar en la presencia del Señor y el de llegar a ser como Él.

Si lo desea, muestre “Los templos en la antigüedad”, un segmento de nueve minutos de las Presentaciones en video sobre el Antiguo Testamento (53224 002), el cual describe el tabernáculo de Moisés y algunas de las actividades que se llevaron a cabo allí.

3. El estudio de las Escrituras

• ¿Por qué en ocasiones tenemos dificultad para estudiar las Escrituras?

Anote las respuestas de los miembros de la clase sobre un costado de la pizarra y luego analice con ellos las formas en las cuales podemos vencer esas dificultades. Por ejemplo, si no comprendemos lo que leemos, podemos orar para suplicar comprensión y estudiar lo que dijeron los Profetas y los Apóstoles sobre los pasajes que estemos leyendo; si tenemos demasiado sueño para leer las Escrituras por la noche, podemos buscar otro momento del día para hacerlo. Anote las soluciones en el otro extremo de la pizarra.

Inste a los miembros de la clase a ser más diligentes en el estudio de las Escrituras.