Escuela Dominical: Doctrina del Evangelio
El convenio abrahámico


Lección 7

El convenio abrahámico

Abraham 1:1–4; 2:1–11; Génesis 12:1–8; 17:1–9

Objetivo

Que los miembros de la clase comprendan las bendiciones y las responsabilidades del convenio abrahámico.

Preparación

  1. Estudie los siguientes pasajes de las Escrituras y ore al respecto: Abraham 1:1–4; 2:1–11; Génesis 12:1–8; 17:1–9. Abraham procura ser una persona íntegra y digna de las bendiciones de Dios. Dios hace convenio con Abraham prometiéndole que tendrá una posteridad numerosa, la cual recibirá una tierra prometida y las bendiciones del sacerdocio y del Evangelio.

  2. Lectura complementaria: Génesis 15; Doctrina y Convenios 132:19–24, 29–32; “Abraham, Convenio de”, Guía para el Estudio de las Escrituras, págs. 6–7.

  3. Si lo cree conveniente y tiene a su disposición los siguientes materiales visuales, utilícelos como parte de la lección:

    1. Láminas de misioneros (62611) y del templo más próximo.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Actividad para despertar la atención

Si lo desea, utilice la actividad siguiente (o una de su preferencia) para comenzar la lección.

• ¿Qué es una bendición patriarcal?

La Primera Presidencia dijo: “Las bendiciones patriarcales… [son] una declaración inspirada del linaje de quien la recibe y, cuando así lo indica el Espíritu, proporciona una guía inspirada y profética de la misión de la persona, además de las bendiciones, consejos y admoniciones que el patriarca se sienta inspirado a dar… el cumplimiento de todas las bendiciones prometidas está sujeto a la fidelidad que la persona demuestra hacia el evangelio del Señor…” (carta a los presidentes de estaca, 28 de junio de 1957; citada por Thomas S. Monson, “Vuestra bendición patriarcal: Una liahona de luz”, Liahona, enero de 1987, pág. 64).

• ¿Quiénes de ustedes han recibido su bendición patriarcal? ¿Qué significado tiene que el patriarca declare nuestro linaje en una bendición? (Cuando un patriarca declara nuestro linaje, nos revela que somos descendientes del profeta Abraham por conducto de Efraín, de Manasés o de otro de sus descendientes.)

Explique que esta lección trata de las bendiciones que recibimos y de las responsabilidades que tenemos como descendientes de Abraham.

Análisis de las Escrituras y conceptos para poner en práctica

Al enseñar los siguientes pasajes de las Escrituras, analice la forma en que se podrían poner en práctica en el diario vivir. Aliente a los miembros de la clase a relatar experiencias que se relacionen con los principios de las Escrituras.

1. Dios hace convenios con Abraham.

Enseñe Abraham 1:1–4; 2:1–11; y Génesis 12:1–8; 17:1–9, y analícelo con la clase.

• De joven, Abraham quiso ser una persona íntegra y deseó vivir en forma digna de recibir las bendiciones de Dios. De acuerdo con Abraham 1:2–4, ¿qué bendiciones deseaba Abraham?

• Dios indicó a Abraham y a su familia que salieran de su casa en Ur y viajaran hasta una tierra a la que llamaron Harán (Abraham 2:1–4). En ese lugar, Abraham oró y recibió una visión en la cual Dios hizo convenio de bendecirlo a él y a su posteridad; éste se llama el convenio abrahámico. ¿Qué bendiciones le prometió Dios a Abraham como parte de ese convenio? (Véase Abraham 2:6–11; Génesis 12:1–8; 17:1–9. Si lo desea, indique que Abraham tuvo que esperar muchos años antes de que se cumplieran algunas de las bendiciones que se le habían prometido, y que todavía se están cumpliendo.)

La siguiente gráfica puede servirle para hacer un resumen de las bendiciones del convenio abrahámico. Si lo desea, sintetice esa gráfica en la pizarra, dejando lugar para agregar las “Responsabilidades”, tal como se muestra en la página 33 de esta lección:

Bendiciones y responsabilidades del convenio abrahámico

Bendiciones terrenales:

Una tierra prometida en donde vivir (Abraham 2:6, 19; Génesis 12:7; 17:8).

Una gran posteridad (Abraham 2:9–10; Génesis 12:2–3; 17:2, 4–6).

El Evangelio de Jesucristo y el sacerdocio para Abraham y su posteridad (Abraham 2:9–11; Génesis 17:7).

Paralelos eternos:

El reino celestial (D. y C. 88:17–20).

El matrimonio eterno y el aumento eterno (D. y C. 132:19–22).

La exaltación y la vida eterna (D. y C. 132:23–24).

2. Somos herederos de las bendiciones y de las responsabilidades del convenio abrahámico.

Explique que todos los miembros de la Iglesia somos la “descendencia de Abraham”, lo que significa que somos su posteridad. El élder Joseph Fielding Smith dijo: “La gran mayoría de aquellos que se convierten en miembros de la Iglesia son descendientes literales de Abraham, por conducto de Efraín, hijo de José. Aquellos que no son descendientes literales de Abraham e Israel deben llegar a serlo, y cuando son bautizados y confirmados, son injertados en el árbol y tienen derecho a todas las facultades y privilegios de herederos” (“Manera de obtener la adopción en la Casa de Israel”, Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 232).

• Por ser la posteridad de Abraham, los miembros de la Iglesia son herederos de las bendiciones y responsabilidades del convenio abrahámico. ¿En qué forma nos convertimos en herederos de este convenio? (Cuando nos bautizamos y nos unimos a la Iglesia, la promesa de salvación del convenio abrahámico se renueva con nosotros. Cuando nos sellamos en el templo, la promesa de exaltación del convenio abrahámico se renueva con nosotros. Para recibir las bendiciones de ese convenio, debemos cumplir con las responsabilidades que éste implica y vivir en forma digna.)

El élder Bruce R. McConkie explicó:

“Abraham recibió el Evangelio mediante el bautismo (el cual es el convenio de salvación); luego recibió el sacerdocio mayor y entró en el pacto del matrimonio celestial (que es el convenio de exaltación), obteniendo así la seguridad de que tendría descendencia eterna; finalmente recibió una promesa de que todas estas bendiciones se ofrecerían a su posteridad terrenal. (Abraham 2:6–11; D. y C. 132:29–50.) Incluida entre las promesas divinas a Abraham estaba la seguridad de que Cristo vendría a la tierra mediante su linaje, y de que su posteridad (de Abraham) recibiría ciertos territorios escogidos como herencia eterna. (Abraham 2; Génesis 17; 22:15–18; Gálatas 3.)

“Todas estas promesas en conjunto reciben el nombre de convenio abrahámico. Este convenio fue renovado con Isaac (Génesis 24:60; 26:1–4, 24) y nuevamente con Jacob (Génesis 28; 35:9–13; 48:3–4). Las partes del mismo que tienen relación con la exaltación personal y la descendencia eterna son renovadas con cada miembro de la casa de Israel que entra en el convenio del matrimonio [celestial]. Por medio de ese pacto, las partes contrayentes llegan a ser herederas de todas las bendiciones de Abraham, Isaac y Jacob. (D. y C. 132; Rom. 9:4; Gá. 3; 4.)” (véase la cita en El Antiguo Testamento, Manual para el alumno, Génesis–2 Samuel, pág. 50.)

• ¿Qué bendiciones recibimos por medio del convenio abrahámico? (Nos es posible recibir todas las bendiciones que recibió Abraham, enumeradas en la gráfica anterior. Entre esas bendiciones, se encuentran el Evangelio, el sacerdocio, la exaltación y la relación de familia eterna.)

• ¿Cuáles son nuestras responsabilidades como herederos del convenio abrahámico? (Véase Abraham 2:9, 11; Génesis 18:19. Tenemos el deber de ayudar a todos los hijos de Dios, tanto vivos como muertos, a recibir la plenitud de las bendiciones del Evangelio. Debemos también obedecer los mandamientos de Dios.)

Si ha escrito en la pizarra la gráfica de la página 32, agregue al final nuestras responsabilidades, anotándolas de la siguiente manera:

Responsabilidades:

Ayudar a todos los hijos de Dios a recibir la plenitud de las bendiciones del Evangelio (Abraham 2:9, 11).

Obedecer los mandamientos de Dios (Génesis 18:19).

• ¿Cómo podemos ayudar a los demás a recibir el Evangelio? (Llevando a cabo la obra misional, efectuando ordenanzas en el templo por los muertos y siendo ejemplos de integridad. Si lo desea, ponga a la vista las láminas de un templo y de misioneros.)

El presidente Ezra Taft Benson dijo: “La responsabilidad de la simiente de Abraham, que somos nosotros, es ser misioneros para llevar ‘este ministerio y sacerdocio a todas las naciones’ (Abraham 2:9)” (“El Libro de Mormón y Doctrina y Convenios”, Liahona, julio de 1987, pág. 88).

Con el fin de recalcar la responsabilidad que tenemos de dar a conocer el Evangelio a los demás, el élder Boyd K. Packer hizo la analogía siguiente:

Supongamos que el obispo nos ha asignado para programar un día de campo para los miembros del barrio. Se trata de planear la mejor actividad que el barrio haya tenido, y no debemos reparar en gastos. Reservamos un hermoso lugar en las afueras y lo vamos a tener todo para nosotros solos.

Llega el día y todo es perfecto. Las mesas están puestas y nunca se ha visto un banquete igual. Entonces, cuando se está a punto de pedir la bendición de los alimentos, un ruidoso automóvil entra en el lugar que tenemos reservado y se detiene bruscamente muy cerca de nosotros. El conductor, preocupado, levanta el capó y sale un espeso humo del motor. Varios niños bajan del automóvil. La madre, preocupada, lleva una caja con algunos alimentos hasta una mesa vacía que está muy cerca de las nuestras. Después, coloca unos pocos restos de comida sobre la mesa, tratando de que parezca un verdadero almuerzo para los hambrientos niños, pero lo que tienen no es suficiente.

Entonces una de las niñitas ve nuestra mesa y, tomando de la mano a su hermanito, se acerca a nosotros y pone la cabeza entre usted y yo. Nos hacemos a un lado. La niñita dice: “¡Qué rico huele! Se ve muy sabroso”.

¿Qué debemos hacer? ¿Hacer la cuenta de que no están allí o pedirles que se queden quietos y se mantengan en silencio? ¿Los llevamos de vuelta a su mesa y les damos algo de la comida que nos sobra? O, ¿los invitamos a sentarse con nosotros, les hacemos lugar a todos para que disfrutemos juntos del banquete y les ayudamos a arreglar el automóvil, y hasta les damos algo de comida para el viaje?

El élder Packer pregunta: “¿Os imagináis cuán reconfortante nos resultaría ver cuánta comida podríamos juntar para los niños? ¿Tendríamos mayor satisfacción que la de postergar nuestros juegos para ayudar[les] a arreglar el vehículo?…

“…hay personas en todas partes del mundo, entre nuestros amigos y entre nuestras familias, quienes, espiritualmente hablando, están desnutridas, algunas de ellas hasta están muriéndose de hambre. Si nos guardamos todas estas cosas para nosotros, es como saborear manjares frente a quienes tienen hambre” (véase “Apacienta mis corderos”, Liahona, julio de 1984, págs. 72–74).

• ¿Qué nos enseña esta analogía o parábola sobre la responsabilidad que tenemos de ayudar a los demás a recibir las bendiciones del Evangelio? (Se nos ha bendecido con la plenitud del Evangelio, el banquete más grande que el mundo haya visto [D. y C. 58:8–12]. Dios espera que nosotros demos a conocer a los demás esta bendición, tanto a los vivos como a los muertos.)

• ¿De qué manera es la declaración del linaje que recibimos en nuestra bendición patriarcal como un llamamiento para cumplir con las responsabilidades que tenemos como herederos del convenio abrahámico? (Al declararnos que somos descendientes de Abraham, nuestra bendición patriarcal hace hincapié en el privilegio que tenemos de recibir las bendiciones del convenio abrahámico y en nuestra obligación de cumplir con sus responsabilidades.)

Conclusión

Testifique de las bendiciones del convenio abrahámico e inste a los miembros de la clase a cumplir con sus responsabilidades como herederos de ese convenio.

Otros conceptos didácticos

El siguiente material complementa las sugerencias para el desarrollo de la lección. Si lo desea, utilice uno o más de estos conceptos como parte de la lección.

El cometido de vivir en el mundo

Explique que los antiguos israelitas estaban rodeados de muchas naciones cuyos pueblos no creían en el Dios verdadero. Entre ellos se encontraban los asirios, los babilonios, los egipcios y otros. (Si lo desea, pida a los miembros de la clase que busquen en la Biblia los mapas correspondientes a la época del Antiguo Testamento.)

• ¿Por qué habrá puesto el Señor a Su pueblo del convenio en medio del mundo antiguo en lugar de hacerlo donde hubieran podido estar tranquilos? (Véase Deuteronomio 4:6–8. Él deseaba que fueran un ejemplo para los demás y que cumplieran con el convenio abrahámico para bendecir a todos los pueblos.)

Explique que en muchos relatos del Antiguo Testamento se indican el triunfo y el fracaso del pueblo del Señor en guardar sus convenios y en ser en los demás una influencia para el bien. Abraham, José, Daniel, Ester y muchos otros fueron buenas influencias. Sansón, Acab, los hijos de Israel en el desierto y otros permitieron que el mundo influyera en ellos.

Como lo hizo con el antiguo Israel, el Señor nos ha colocado a nosotros, Su pueblo del convenio en los últimos días, en medio del mundo. Nuestro cometido es ser en el mundo una influencia para el bien en lugar de permitir que éste influya en nosotros para conducirnos por el mal camino.