Gordon B. Hinckley, decimoquinto Presidente de la Iglesia

Presidentes de la Iglesia Manual del maestro Religión 345, (2005), 206–227


PRIMERA PARTE: LOS PRIMEROS AÑOS

RESEÑA HISTÓRICA

Cuando Gordon Bitner Hinckley nació, el 23 de junio de 1910, Joseph F. Smith era el Presidente de la Iglesia y había casi 400.000 miembros de la Iglesia, se contaba con cuatro templos en funcionamiento: el Templo de Salt Lake; el Templo de St. George, Utah; el Templo de Logan, Utah y el Templo de Manti, Utah.

Ira Hinckley, abuelo de Gordon B, Hinckley, se unió a la Iglesia en Nauvoo, Illinois, siendo un adolescente, y viajó con los pioneros a Utah en 1850. Aceptó la asignación de construir el Fuerte Cove en Utah y sirvió como presidente de la Estaca Millard en la parte central de Utah. Bryant Hinckley, padre de Gordon, fue consejero de la presidencia de la Estaca Liberty, en Salt Lake City, durante unos 18 años, y luego sirvió como presidente de estaca otros 11 años.

Gordon B. Hinckley

ACONTECIMIENTOS DESTACADOS Y ENSEÑANZAS

Los padres y los abuelos de Gordon B. Hinckley fueron un ejemplo de fe.

Prepare una hoja de tareas para cada dos alumnos utilizando el material que figura a continuación. Cada pareja de alumnos usará el Manual del alumno para encontrar las respuestas a las preguntas. Repasen las respuestas con toda la clase. (Las respuestas están entre paréntesis.)

Utilicen la información de las secciones “Resumende la vida de Gordon B. Hinckley”, “Desciende de antepasados pioneros”, “Su padre fue fuerte y fiel” y “Nació Gordon B. Hinckley”, en el Manual del alumno (págs. 268–270), para buscar la siguiente información:

  1. 1.

    Completen el siguiente breve cuadro genealógico de Gordon B. Hinckley:

    Gordon B. Hinckley's ancestry chart
  2. 2.

    ¿Qué posición de líder tuvo el antepasado de Gordon B. Hinckley, Thomas Hinckley, en los primeros años del estado de Massachussets? (Fue el gobernador de Plymouth Colony.)

  3. 3.

    ¿Por qué fue importante Ira Hinckley, abuelo de Gordon B. Hinckley, para los santos que viajaban por la ruta principal entre el norte y el sur de Utah? (Construyó y se hizo cargo de un fuerte donde los viajeros podían encontrar refugio, comida y seguridad.)

  4. 4.

    Describa la experiencia educativa y laboral de Bryant Hinckley. (Asistió a la Academia Brigham Young en Provo, Utah; luego asistió a Eastman Business College, en Poughkeepsie, Nueva York; enseñó en la Academia Brigham Young; después fue rector del LDS Business College en Salt Lake City, Utah.)

  5. 5.

    ¿Qué le sucedió a la primera esposa de Bryant en julio de 1908, y cuántos hijos tenían en ese momento? (Ella murió; tenían ocho hijos.)

  6. 6.

    ¿Dónde conoció Bryant a su segunda esposa, y cómo se llamaba? (En el LDS Business College; se llamaba Ada Bitner.)

  7. 7.

    ¿Qué circunstancia excepcional aconteció en el futuro de su primer hijo? (Llegó a ser Presidente de la Iglesia.)

  8. 8.

    ¿Cuántos años tenía Gordon cuando murió su madre? (Tenía 20 años.)

  9. 9.

    ¿Cuántos años tenía cuando recibió su licenciatura en la Universidad de Utah? (Tenía 21 años.)

  10. 10.

    ¿Qué hizo después de graduarse? (Sirvió en una misión en las Islas Británicas.)

Diga a los alumnos que al poco tiempo de ser llamado como Presidente de la Iglesia, Gordon B. Hinckley reflexionó sobre el legado que heredó de sus padres y de sus antepasados:

“Mi abuelo se bautizó de niño en el verano de 1836, en Ontario, Canadá. Su madre, que era viuda, con el tiempo llevó a sus dos hijos varones a Springfield, Illinois; de ahí, mi abuelo caminó hasta Nauvoo en donde escuchó al profeta José Smith. En 1846, cuando se inició el éxodo de nuestro pueblo, era un joven de dieciocho años, fuerte, capaz y fiel; era diestro constructor de carretas y era herrero. Él fue una de las personas a quienes el presidente Brigham Young les pidió que se quedaran por un tiempo en el estado de Iowa para ayudar a los que todavía se encontraban en camino hacia el oeste. En 1848 contrajo matrimonio, y en la primavera de 1850 emprendió la marcha hacia el valle.

“Durante aquella fatigante trayectoria, su joven esposa enfermó y murió. Con sus propias manos, él cavó la fosa, cortó los troncos para hacer un ataúd, tiernamente le dio sepultura, y, con lágrimas en los ojos, tomó en sus brazos a su hijo de once meses y continuó la marcha hacia el valle.

“Él se encontraba entre un grupo de personas a las que el presidente Young llamaba con frecuencia para llevar a cabo una variedad de asignaciones difíciles relacionadas con el establecimiento de nuestra gente en los valles de estas montañas. Fue presidente de la Estaca Millard de Sión en la época en que sólo había un puñado de estacas y la suya abarcaba una extensa región del centro de Utah, lo cual le obligaba a viajar miles de kilómetros a caballo y en carruaje en el desempeño de su ministerio. Contribuyó tan generosamente con parte de sus bienes para el establecimiento de escuelas, que lo que en una ocasión había sido una cuantiosa herencia, quedó muy reducida al tiempo de su muerte.

“Mi padre fue igualmente un hombre de gran fe, que sirvió sin reserva a la Iglesia en diversos llamamientos de confianza. Durante muchos años presidió la que entonces era la estaca más grande de la Iglesia, con más de quince mil miembros. Asimismo, mi madre y mis abuelas fueron mujeres de fe muy fuerte, cuya vida no siempre fue fácil debido a las exigencias que les imponía la Iglesia. Pero no se quejaron, sino que asumieron sus responsabilidades con agrado y devoción” (véase “Ésta es la obra del Maestro”, Liahona, julio de 1995, págs. 79–80)

Sus padres le enseñaron a tener fe en Jesucristo.

Explique a los alumnos que además de dar ejemplos de rectitud, los padres de Gordon B. Hinckley le enseñaron a tener fe en Jesucristo. El presidente Hinckley posteriormente recordó los comienzos del crecimiento espiritual en su vida:

“La ocasión más temprana en la que recuerdo haber experimentado sentimientos espirituales se remonta a cuando yo era muy pequeño, pues tenía unos cinco años de edad. Lloraba de dolor de los oídos. No había medicamentos milagrosos en aquella época, hace ya 85 años. Mi madre preparó una bolsa de sal de mesa y la puso en la estufa para calentarla. Mi padre puso suavemente las manos sobre mi cabeza y me dio una bendición en la que reprendió al dolor y la enfermedad por la autoridad del Santo Sacerdocio y en el nombre de Jesucristo. Enseguida me tomó con ternura en sus brazos y me aplicó al oído la bolsa de sal calentita. El dolor disminuyó y desapareció. Me quedé dormido entre los seguros brazos de mi padre. Al ir quedándome dormido, recuerdo que las palabras de la bendición seguían resonando en mi mente. Ése es el recuerdo más remoto que tengo del ejercicio de la autoridad del sacerdocio en el nombre del Señor.

“Posteriormente en mi niñez, mi hermano y yo dormíamos en una habitación sin calefacción en el invierno. Se pensaba que eso era saludable. Antes de acostarnos, nos arrodillábamos a decir nuestras oraciones, en las que expresábamos una sencilla gratitud y las terminábamos en el nombre de Jesús. El distintivo título de Cristo no se empleaba mucho en las oraciones en aquel tiempo.

“Recuerdo que me acostaba de un salto después de haber dicho amén, me abrigaba con la ropa de cama alrededor del cuello y pensaba en lo que acababa de hacer al hablar a mi Padre Celestial en el nombre de Su Hijo. No tenía un gran conocimiento del Evangelio, pero experimentaba paz y seguridad tras haberme comunicado con los cielos por medio del Señor Jesús” (véase “Mi testimonio”, Liahona, julio de 2000, págs. 83–84).

Pregunte: ¿Qué oportunidades tienen los padres de enseñar a sus hijos? Después lea con los alumnos la sección “Los Hinckley realizaban noches de hogar para la familia”, en el Manual del alumno (págs. 271–272). Anímeles a tomar por lo menos una oportunidad de expresar su testimonio con los miembros de su familia o de expresar su aprecio por algún aspecto del Evangelio.

Lea la siguiente declaración del presidente Gordon B. Hinckley, en ese entonces consejero de la Primera Presidencia:

“La prédica más persuasiva del Evangelio es la vida ejemplar de un fiel Santo de los Últimos Días. Vivimos en una época en que las presiones de la vida hacen que sea muy fácil y muy tentador, en cumplimiento de las palabras de Nefi, el cometer ‘unos cuantos pecados; sí, [mentir] un poco, [aprovecharse] de alguno por causa de sus palabras, [tender] trampa a [nuestro] prójimo... [repudiar] al justo por una pequeñez y [vilipendiar] lo que es bueno’ (2 Nefi 28:8, 16).

“Mientras hablaba en el monte, el Salvador dijo: ‘Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’ (Mateo 5:16).

“Si nosotros como pueblo avanzamos con integridad, somos honestos y también morales en nuestras acciones, y si incorporamos en nuestra vida los principios sencillos, básicos y maravillosos de la regla de oro, habrá quienes se sientan inclinados a preguntar y a aprender. Llegaremos a ser como una ciudad establecida sobre una colina, cuya luz no puede ser escondida (véase Mateo 5:14)” (véase “No hemos llegado a la cima”, Liahona, julio de 1982, pág. 93).

Pida a los alumnos que analicen cómo pueden los padres ser una “prédica más persuasiva del Evangelio” en la vida de sus hijos.

Aprendió el valor del trabajo arduo desde la juventud

Pida a los alumnos que busquen respuestas a las siguientes preguntas al leer la sección “Desde temprana edad aprendió muchas lecciones”, en el Manual del alumno (págs. 270–271):

  • ¿Cuál fue la lección que aprendió Gordon B. Hinckley “de ese monstruo de estufa”?

  • ¿Cómo creen que su habilidad para trabajar duramente ha contribuido a lo que él ha logrado como líder de la Iglesia?

Relate la siguiente experiencia del presidente Gordon B. Hinckley, en ese entonces consejero de la Primera Presidencia:

“La semana pasada viví una experiencia realmente interesante. A pesar de no tener ninguna asignación oficial, asistí a una conferencia de estaca en una zona rural del sureste del estado de Utah. El presidente de estaca y su esposa nos habían invitado a mi esposa y a mí a quedarnos en su casa. Mientras él dirigía la reunión del sábado por la tarde, nosotros recorrimos en auto el territorio de la estaca, en donde visitamos algunos pueblitos, en cada uno de los cuales había un centro de reuniones de la Iglesia. Durante nuestro recorrido pudimos apreciar que el césped estaba bien verde y los edificios muy bien cuidados, aun cuando eran pequeños y algunos de ellos muy antiguos. Recorrimos las calles y observamos las casas, modestas en apariencia, pero en casi todas se podía apreciar la pulcritud y la belleza de las flores. Al tener un sábado y un domingo libre, deseé hacer ese viaje con el simple propósito de agradecer a la gente su fe y fidelidad y expresarles el amor que siento por ellos. La mayoría son agricultures que trabajan arduamente pero que reciben muy poco. Sin embargo, ellos conocen una gran verdad, la ley de la cosecha: ‘...porque lo que sembréis, eso mismo cosecharéis…’. (D. y C. 6:33).

“Ellos saben que no pueden cosechar trigo si han plantado avena... Ellos saben que para edificar otra gran generación es necesario trabajar con visión y fe” (véase “Alcanzad vuestro potencial Divino”, Liahona, enero de 1990, pág. 94).

Los libros y la instrucción fueron importantes para la familia Hinckley.

Explique a los alumnos que no sólo debemos aprender a trabajar en nuestra juventud, sino que también debemos cultivar un amor por el aprendizaje, el cual nos bendecirá toda la vida. El deseo de aprender y la habilidad de trabajar, a menudo van de la mano. Repase con los alumnos la sección “La familia Hinckley valoraba el aprendizaje en el hogar”, en el Manual del alumno (pág. 272). Pida a los alumnos que en la lectura estén atentos a las oportunidades específicas que brindó la familia Hinckley para fomentar al aprendizaje, y, al repasar la sección, haga una lista de ellas en el pizarrón. Luego pregunte:

  • ¿Por qué el tener buenos libros en la casa anima a los hijos a leer?

  • ¿Cómo creen que los escritos de los profetas y de los grandes pensadores influyeron en Gordon B. Hinckley?

En su juventud, Gordon B. Hinckley recibió un firme testimonio de José Smith.

Pregunte a los alumnos si recuerdan cuándo recibieron la certeza de que José Smith es un profeta de Dios. Quizás se hayan preguntado cómo obtuvieron su testimonio del profeta José Smith los líderes de la Iglesia, como el presidente Gordon B. Hinckley. Repasen y analicen la sección “Recibió un firme testimonio acerca de José Smith”, en el Manual del alumno (págs. 273–274). Pregunte a los alumnos si alguno de ellos ha tenido una experiencia similar con algún himno.

Aprendió a contestar preguntas difíciles.

Al igual que muchos otros miembros de la Iglesia, el joven Gordon B. Hinckley tenía muchas preguntas acerca de la Iglesia y del Evangelio. Tenía un sincero deseo de hallar respuestas, y superó sus dudas. Repase con los alumnos la sección “Su fe superó sus dudas”, en el Manual del alumno (págs. 274–275).Pida a los alumnos que en la lectura adviertan cómo Bryant Hinckley contestó las preguntas de su hijo.

El método para encontrar respuestas a las preguntas del Evangelio que Gordon B. Hinckley aprendió de sus padres le ayudó más adelante en su vida. A menudo contestaba gentilmente las preguntas que le hacían sus hijos, los miembros de la Iglesia y los representantes de los medios de comunicación. En una ocasión fue invitado al prestigioso Club Harvard, en Manhattan, Nueva York, donde se había congregado una impresionante lista de invitados, algunos de los cuales eran directores de prensa y televisión. Comparta con los alumnos el siguiente relato de esa reunión:

“Los treinta y tantos líderes de la opinión estaban sentados de tal manera que todos tenían fácil acceso entre sí. Después del almuerzo, el élder Maxwell presentó al presidente Hinckley, y comentó sobre la experiencia del joven misionero cuando predicaba a personas que solían interrumpir a los oradores en el Hyde Park de Londres... Con eso, se marcó el tono de una charla agradable y divertida. El presidente Hinckley continuó con una reseña del ámbito internacional de la Iglesia; comentó sobre el aspecto misional, humanitario y educativo de la misma, y a continuación se ofreció a contestar preguntas.

“Algunas de las preguntas que se hicieron fueron predecibles. Una pregunta se centró en el tema de la mujer y el sacerdocio, otra sobre la excomunión y la disensión dentro de la Iglesia. Otro comentario trató sobre la importancia que daba la Iglesia a la investigación de historia familiar, y un ejecutivo de los medios de comunicación le pidió al presidente Hinckley que ahondara en el tema de los conceptos erróneos que rodeaban a la Iglesia y a sus miembros. Respondió a cada pregunta con franqueza, sin vacilar y sin ningún atisbo de torpeza. Hacia el final de la charla, un invitado dijo: ‘Evidentemente, presidente Hinckley, usted no tiene miedo de responder las preguntas difíciles. En el pasado, percibí que existía cierto secretismo en las labores de la Iglesia. Su presencia en sí me indica cierta transparencia. ¿Es ésta una nueva transparencia?, y ¿está la Iglesia concentrándose en abrirse más al público con respecto a algunas de sus facetas que anteriormente eran menos conocidas?’ El presidente Hinckley respondió: ‘Existe un solo tema del que no hablamos, y es la obra sagrada que se lleva a cabo en nuestros templos... Allí hacemos convenios y realizamos ordenanzas que son sagrados y de tal carácter que no hablamos de ello en público... Pero la puerta está abierta de par en par con respecto a todo lo demás’” (Sheri L. Dew, Go Forward with Faith: The Biography of Gordon B. Hinckley, 1996, págs. 537–538).

Analicen las respuestas a las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo podemos compartir el Evangelio con la gente que nos rodea de manera abierta y sin ser ofensivos?

  • ¿Cómo podemos contestar preguntas cuyas respuestas quizás no conozcamos?

Sirvió en una misión en Inglaterra.

Pregunte a los alumnos si saben dónde sirvió su misión Gordon B. Hinckley. (La Misión Europea, con sede en Londres, Inglaterra.) Pregúnteles si pueden explicar cómo financió su misión. Repase con los alumnos la sección “Falleció su madre” y los dos primeros párrafos de la sección “Fue llamado a servir en una misión en Inglaterra”, en el Manual del alumno (págs. 275–276). Luego pida a un alumno que lea el resto de la sección “Fue llamado a servir en una misión en Inglaterra” (págs. 276–277) para saber cómo el élder Hinckley venció el desánimo y se convirtió en un hábil misionero. Pregunte:

  • ¿Qué piensan que quiere decir la frase “se volcó a la obra”?

  • ¿Cómo ayudó la misión a Gordon B. Hinckley a hablar “con habilidad y sin temor”?

Gordon se casó con Marjorie Pay

Invite a los alumnos a compartir lo que sepan acerca del noviazgo y el casamiento de Marjorie Pay y Gordon B. Hinckley. Haga referencia al Manual del alumno tanto como necesite hacerlo. (Véanse las secciones “Encontró a su compañera eterna”, “Hubo un período de ajuste en el matrimonio” y “Construyó una casa” (págs. 277–279). Analicen las respuestas a las siguientes preguntas:

  • ¿Cuándo se conocieron Gordon y Marjorie Pay, qué fue lo que a Gordon más le impresionó de Marjorie?

  • ¿Cuáles son algunos de los primeros recuerdos del presidente Hinckley acerca de Marjorie?

  • ¿Con qué clase de adaptaciones tuvo dificultad Marjorie durante los primeros años de matrimonio?

  • Los miembros de la familia, ¿cómo describieron la vida en su primera casa?

Comparta con los alumnos el siguiente homenaje que el presidente Hinckley escribió a su esposa, Marjorie. Pida a los alumnos que presten atención a las maneras específicas en que la hermana Hinckley apoyaba a su esposo:

“Cuando nuestros hijos eran jóvenes, raramente viajabas conmigo. Mis ausencias podían ser hasta de dos meses. No era posible llamar por teléfono en aquellos tiempos. Escribíamos cartas. Nunca te quejaste. Qué maravilloso era llegar a casa y ser cálidamente recibido en tus brazos y en los de nuestros hijos.

“Ahora, en los últimos años, hemos viajado juntos a lo largo y ancho de todo el mundo; hemos visitado todos los continentes; hemos tenido reuniones en las grandes ciudades del mundo y en las más pequeñas; hemos conocido a personas ilustres de la tierra; hemos hablado con millones de personas que te han apreciado mucho. Con tus palabras de confianza te has ganado el amor de los que te han escuchado. Tu práctico sentido común, tu brillante y estimulante sentido del humor, tu callada e infalible sabiduría y tu tremenda y constante fe han ganado los corazones de todos los que te han escuchado.

“Tú has sido mi crítica y mi juez. Te has asegurado de que mis zapatos estuvieran lustrados, mi traje planchado, mi corbata derecha. Has hecho a un lado todos los halagos que vienen gracias a la vida pública, y has discernido las palabras amables y sinceras de los amigos íntegros y amorosos. Has mantenido a raya ese viejo fraude de la adulación y me has mantenido con los pies bien plantados en tierra firme. Cuánto te quiero” (en Virginia H. Pearce, Glimpses into the Life and Heart of Marjorie Pay Hinckley, 1999, pág. 194).

Si lo desea, utilice las siguientes declaraciones de los élderes David B. Haight y L. Tom Perry, miembros del Quórum de los Doce Apóstoles, respecto a la influencia de la hermana Hinckley en su marido:

“El matrimonio del presidente Hinckley con su querida esposa, Marjorie Pay, le dio a él mayor fortaleza espiritual y aumentó su deseo de hacer progresar la obra del Señor. Ella ha sido su inspiradora compañera” (David B. Haight, “El sostenimiento de un nuevo Profeta”, Liahona, julio de 1995, pág. 42).

“Mucho será lo que se dirá y escribirá acerca del presidente Hinckley durante el tiempo que presida la Iglesia. Mucho menos será, en cambio, lo que se diga de su amada compañera Marjorie... ¡Que magnífico ejemplo ha sido y continuará siendo para las mujeres de la Iglesia y del mundo! Ella es la compañera verdaderamente leal y alentadora de nuestro Presidente...

“A través de los años, mi esposa y yo hemos tenido el privilegio de viajar en diversas asignaciones con el presidente Hinckley y su esposa. En cada ocasión, la hermana Hinckley ha tenido siempre una disposición amable y positiva. Por cierto que su actitud entusiasta es algo que ayuda en gran manera a su esposo. Con frecuencia, los viajes han sido largos y agotadores, los horarios quizás no hayan sido los ideales y las comodidades disponibles no hayan sido de primera, pero en medio de los problemas, las molestias y las dificultades, la hermana Hinckley siempre ha conservado la calma y su natural disposición alegre y feliz. Cada vez que descendíamos del avión para saludar a los santos, su espíritu bondadoso y afable era realmente contagioso. Ella ha logrado establecer una norma en cuanto al apoyo de los esposos que son líderes en el sacerdocio, consiguiendo sacar a la superficie lo mejor de ellos” (véase L. Tom Perry, “Una dama selecta”, Liahona, julio de 1995, págs. 82, 83).

Gordon B. Hinckley fue instruido por el Señor en sus muchas asignaciones.

Pida a los alumnos que comenten por qué fue tan singular el empleo que tenía Gordon B. Hinckley antes de ser llamado a servir como Autoridad General. Explique que durante muchos años él trabajó en las oficinas administrativas de la Iglesia en diversas responsabilidades. Explique que sus asignaciones le ayudaron a tener un profundo cariño por los miembros de la Iglesia así como a comprenderlos mejor. Lean y analicen la siguiente observación del élder Boyd K. Packer, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, y pida a los alumnos que estén preparados para explicar lo que es el “Comité del dolor”:

“Quizás, para el que ha de servir con humildad y distinción en el reino de Dios, sea esencial que se le dé como bendición alguna característica o atributo que le haga pensar de sí mismo que no está a la altura de las circunstancias.

“Un ‘don’ así no se manifiesta a menudo en la superficie. Normalmente está escondido muy adentro, y en muchas pequeñas maneras muestra que una persona ha aprendido la lección que aprendió Moisés cuando, al salir de una visión, dijo: ‘Por esta causa, ahora sé que el hombre no es nada, cosa que yo nunca me había imaginado’ (Moisés 1:10).

“En alguna parte de la personalidad de Gordon B. Hinckley existe ese sentimiento atenuante. Quizás se centre en su reconocimiento de que era un niño tímido. Sin ese ‘don’, la alta jerarquía le habría hecho ser ajeno a los sentimientos y las necesidades de la gente del mundo, a la viuda y a su blanca, a los pobres entre los hombres. Pero él no es ajeno a los sentimientos de ninguno de ellos; ellos están siempre en sus pensamientos. ‘Tengo un sentimiento especial por los miembros de la Iglesia porque yo soy uno de ellos’, ha dicho.

“El hermano Hinckley sirvió durante varios años en lo que informalmente se llamaba el ‘Comité del dolor’. Allí se revisaban los casos de aquellos que habían cometido transgresiones serias. Él siente amor compasivo por aquellos que sufren por el sentimiento de culpa, y en particular por los inocentes afectados por ello.

“Esa alta estima de los miembros está presente cuando se queja sobre cosas como el abuso de autoridad, los ejecutivos dominantes, el elitismo académico, la conducta irrazonable en la vida familiar o pretensiones mundanas” (véase “Presidente Gordon B. Hinckley: Primer Consejero”, Liahona, octubre/noviembre de 1986, pág. 11).

Pregunte: ¿Por qué el sentimiento de no estar a la altura de las circunstancias puede permitirle a una persona servir mejor en el reino?

Él es como un ancla para su familia.

Lea la siguiente declaración de uno de los hijos del presidente Hinckley acerca de la influencia que su padre ha tenido en la familia. Pida a los alumnos que consideren cómo el testimonio y el ejemplo del presidente Hinckley influyeron en ese hijo.

“No recuerdo haber hablado con mi padre acerca de muchas cosas que me preocupaban, pero en mi corazón sabía que él sabía que el Evangelio era verdadero, y eso era sumamente importante para mí. Él fue como un ancla, no porque expresara abiertamente sus sentimientos, sino simplemente porque yo podía sentir su testimonio. Para él, Dios es real y personal; y cuando oraba, me daba cuenta de la profundidad de su fe. Oraba por nosotros, por los afligidos, por los que estaban solos y atemorizados. Recuerdo una frase que solía usar: ‘Rogamos para que podamos vivir sin remordimientos’ ” (Richard Gordon Hinckley, en M. Russell Ballard, “Presidente Gordon B. Hinckley: Un ancla de fe”, Liahona, octubre de 1994, pág. 15).

Pregunte a los alumnos:

  • ¿Cuál era una de las frases que el presidente Hinckley usaba a menudo? ¿Qué significa eso para ustedes?

  • ¿Cuáles son algunas cosas que los padres y las madres pueden hacer para que sus hijos sepan que tienen un testimonio del Evangelio, aun cuando no lo expresen muy a menudo?

SEGUNDA PARTE: LOS ÚLTIMOS AÑOS

RESEÑA HISTÓRICA

Antes de ser Presidente de la Iglesia, Gordon B. Hinckley sirvió casi catorce años como consejero de la Primera Presidencia. Él ha supervisado la dedicación de más templos que todas las anteriores Autoridades Generales en conjunto. Cuando el presidente Hinckley fue llamado a servir en la Primera Presidencia, en 1981, se habían dedicado 21 templos, contando el de Kirtland y el de Nauvoo. Desde junio de 1983 hasta junio de 2004, él dedicó o rededicó más de 84 de los 120 templos en funcionamiento. Esta época fue una de las más intensas en cuanto a la construcción de templos en toda la historia de esta dispensación. Además de los templos, el presidente Hinckley supervisó muchos otros proyectos importantes de la Iglesia; por ejemplo, el Centro de Conferencias, que con una capacidad para 21.000 personas, se construyó para dar cabida a más gente en las conferencias generales de las que cabían en el histórico Tabernáculo de Salt Lake; ese edificio se dedicó en octubre de 2000.

En 1995, cuando Gordon B. Hinckley fue llamado como Presidente de la Iglesia, el número de miembros de la Iglesia superaba la cifra de 9,3 millones y había 2.150 estacas, 307 misiones y 47 templos (véase 2004 Church Almanac, 2004, págs. 444, 582). Para fines de 2003, la Iglesia había crecido hasta los 11,98 millones de miembros, y había 2.624 estacas, 337 misiones y 116 templos (véase “Informe estadístico”, Liahona, mayo de 2004, pág. 26).

Además de emprender el período más intenso de construcción de templos en la historia de la Iglesia bajo el inspirado liderazgo del presidente Hinckley, la Iglesia lanzó otros programas importantes. En un esfuerzo por remediar el ciclo de pobreza creado por la limitación de posibilidades, el presidente Hinckley inició el Fondo Perpetuo para la Educación. Por medio de ese fondo, se hacen “préstamos a los jóvenes de ambos sexos que tengan aspiraciones, en su mayor parte, a ex misioneros, para que cursen estudios” y aprendan destrezas laborales (en “El Fondo Perpetuo para la Educación”, Liahona, julio de 2001, pág. 62).

El 11 de enero de 2003, la primera Reunión Mundial de Capacitación de Líderes se transmitió a centros de estaca por todo el mundo con el fin de capacitar más eficazmente al creciente número de líderes nuevos de la Iglesia. Y en abril de 2004, debido al crecimiento de la Iglesia, se organizó el sexto Quórum de los Setenta.

ACONTECIMIENTOS DESTACADOS Y ENSEÑANZAS

Gordon B. Hinckley fue llamado como apóstol.

Repase con los alumnos y analicen la sección “Fue llamado al Apostolado”, en el Manual del alumno (pág. 279), y lea la siguiente declaración del élder Gordon B. Hinckley en la primera conferencia general en la que hablaba como nuevo apóstol:

“La hermana Romney me dijo ayer por la tarde que ella sabía que yo era el que sería sostenido por el aspecto de mis ojos cuando me habló ayer por la mañana. Confieso que he llorado y he orado.

“Creo que siento algo de la carga de esta responsabilidad de ser testigo del Señor Jesucristo ante un mundo que es reacio a aceptarlo. ‘Asombro me da el amor que me da Jesús’. Me siento abrumado por la confianza que el Profeta del Señor tiene en mí, y por el amor que me han expresado estos hermanos míos, las Autoridades Generales... Ruego por fuerza, ruego por ayuda y ruego por la fe y la voluntad de ser obediente. Creo que necesito —y siento que todos necesitamos— disciplina, si esta gran obra ha de avanzar como se ha ordenado que avance” (en Conference Report, octubre de 1961, págs. 115–116).

Pregunte a los alumnos:

  • ¿Cuántos años tenía Gordon B. Hinckley y por cuánto tiempo había trabajado en la sede de la Iglesia cuando fue llamado en calidad de apóstol?

  • ¿Cómo influyeron las vidas de su padre y de su abuelo en la manera de pensar del élder Hinckley acerca de su llamamiento al apostolado?

  • ¿Cómo debemos disciplinarnos para ayudar a que esta gran obra avance?

Él ama a la gente del mundo.

Pida a los alumnos que describan lo que expresan muchos ex misioneros acerca de la gente y de los lugares donde han servido. Analicen la razón por la que a menudo sienten cariño por las personas a las que sirvieron, aún cuando haya sido difícil para ellos adaptarse a las condiciones de vida y a la cultura. Explique que el presidente Gordon B. Hinckley ha viajado mucho durante su servicio en la Iglesia y ha desarrollado amor por los santos y por la gente de todos los lugares a los que ha ido, y también ha desarrollado un profundo amor por la gente de Asia.

Muestre el mapa del sudeste de Asia, incluso la ciudad de Hong Kong y las tierras de Japón, Corea, Taiwán y las Filipinas, el cual se encuentra en la página 226 de este manual. Explique que antes de su llamamiento como apóstol, Gordon B. Hinckley recibió la asignación, como Ayudante del Quórum de los Doce Apóstoles, de supervisar la obra de la Iglesia en estos y otros lugares de Asia. Lea a los alumnos la siguiente descripción de lo que en aquel entonces era su conocimiento limitado de la tierra que se le pidió supervisar:

“Lo que el élder Hinckley conocía sobre Asia y sus pueblos no se extendía mucho más allá de lo que podía leer en una enciclopedia. Sabía que estaba al otro lado del mundo, que cubría un área inmensa (aproximadamente el 30 por ciento de la masa terrestre del mundo), que albergaba algunas de las ciudades más densamente pobladas del mundo y aproximadamente la mitad de su población, y que los varios idiomas que se hablaban allí ni siquiera se asemejaban al inglés. No tenía recuerdos de haber conocido bien a nadie de descendencia oriental, ni tampoco sentía ninguna afinidad especial por los pueblos asiáticos” (véase Sheri L. Dew, Go Forward with Faith: The Biography of Gordon B. Hinckley, 1996, pág. 210).

Pregunte: ¿Por qué creen que se le dio ese llamamiento al élder Hinckley cuando sabía tan poco sobre la tierra y la gente a la cual iba a prestar servicio?

Diga a los alumnos que a principios de los años sesenta, el élder Hinckley viajó a menudo y durante varias semanas seguidas a los países asiáticos. Haga una lista en la pizarra de las obras que realizó en esas tierras: enseñó y dirigió a presidentes de misión, motivó e instruyó a misioneros, enseñó y atendió las necesidades de los miembros, ayudó en la compra de terrenos para edificios de la Iglesia e instruyó a los líderes.

Lea lo siguiente y pida a los alumnos que presten atención a las descripciones de lo que sentía el élder Hinckley por la gente de Asia con la que trabajó:

“El élder Hinckley tenía afinidad con los asiáticos. Admiraba la integridad, el ingenio y el valor fundamental del trabajo de esta gente resuelta, y le atraían sus modales, que, aunque un tanto formales, eran elegantes y complacientes. Aunque la Iglesia era pequeña y crecía con dificultad, él vio potencial en el modesto núcleo de miembros” (Dew, Go Forward with Faith, pág. 220).

Pregunte: ¿Cómo ha crecido la Iglesia en esos países asiáticos desde que al élder Hinckley se le asignó por primera vez supervisar la Iglesia en Asia? (Tal vez quiera mostrar el mapa que indica los templos y el número de estacas, que se encuentra en la página 227 de este manual.)

Años después, en 1987, el presidente Hinckley describió el crecimiento de la Iglesia en los países asiáticos y la fe de los miembros de esos países:

“En 1960, hace apenas veintisiete años, la Primera Presidencia me asignó trabajar con los presidentes de misión, los misioneros y los santos de Asia. La Iglesia en ese entonces era pequeña y no muy fuerte en esa región de la tierra. Ya en Japón, Taiwán y Corea, fieles miembros de la Iglesia que se encontraban en el servicio militar habían plantado la semilla, pero eran pocos los conversos y la Iglesia se encontraba en una condición inestable. No había capillas, sino que nos reuníamos en grupos pequeños en casas alquiladas. En el invierno resultaban muy frías e incómodas y aún así se unieron más conversos a la Iglesia. Algunos, carentes de fe, pronto se alejaron, pero quedó un remanente de hombres y mujeres fuertes y magníficos que pasaron por alto la adversidad del momento. Habían encontrado su fuente de fortaleza en el mensaje mismo, y no en las casas donde nos reuníamos. Hasta el día de hoy, ellos siguen siendo fieles, y a ellos se han agregado otros cientos y miles.

“Hace unos domingos, tuvimos una conferencia regional en Tokio. El inmenso salón se llenó totalmente. Había tantas personas en esa ocasión como las hay en el Tabernáculo de Salt Lake City esta mañana. El Espíritu del Señor estaba presente. La vasta congregación demostraba una actitud de gran fe. Para mí, que había estado allí cuando éramos pocos y no muy fuertes en la fe, fue un milagro presenciar el cambio, y por ello le doy gracias al Señor.

“Tuvimos una experiencia similar en Hong Kong, en donde hoy hay cuatro estacas de Sión.

“En Seúl, Corea, me conmoví al entrar en el sitio de reunión más grande de esa ciudad y ver que no había una silla vacía, pues estaba lleno de miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y de sus invitados. Un excelente coro de 320 voces dio inicio a la reunión con el himno ‘Oración del Profeta’ (Himnos de Sión, Nº 149) como una emocionante expresión de la primera visión del profeta José Smith.

“Yo había visto a Corea del Sur en sus días de pobreza y de reconstrucción posterior a la terrible guerra. Cuando fui por primera vez allí, solamente había seis misioneros en Seúl y dos en Pusan. Algunos se enfermaron de hepatitis. Hoy día hay cuatro florecientes misiones en esa nación y aproximadamente seiscientos misioneros. Muchos misioneros son originarios de Corea, entre quienes hay jovencitas brillantes y hermosas en cuyo corazón arde la luz de la fe. Asimismo, hay jóvenes varones que abandonan sus estudios por un período de tiempo para servir como misioneros. Aunque sufren tremendas presiones debido a los requerimientos militares y exigencias educativas, poseen una gran fe.

“Cuando fui por primera vez a Corea del Sur, había únicamente dos o tres ramas pequeñas de la Iglesia. Hoy cuentan con 150 unidades locales, entre ellas barrios y ramas. En aquel tiempo se trataba de un distrito aislado y pequeño de la Misión Norte del Lejano Oriente, en donde no había ninguna capilla. Hoy hay 14 estacas y 47 capillas propias, y 52 arrendadas, al igual que otras en construcción.

“Hace tres semanas, el espíritu que se sentía en esa congregación conmovió profundamente mi corazón. Vi los dulces frutos de la fe. Yo sabía de las penas y luchas que habían pasado para establecer una iglesia desconocida. Conocía su pobreza de entonces. Pero hoy hay fuerza; hay un grado de prosperidad jamás imaginado. Existe un cálido espíritu de hermandad, y familias de devotos esposos y esposas, con dignos y hermosos hijos.

“Son gente que amo, y los amo a causa de su fe. Son inteligentes y muy educados. Son industriosos y prósperos trabajadores. Son humildes y fervorosos. Son un ejemplo para muchos del resto del mundo” (“Padre, aumenta nuestra fe”, Liahona, enero de 1988, págs. 53–54).

Pregunte a los alumnos:

  • Considerando las palabras del presidente Hinckley sobre el crecimiento de la Iglesia, ¿cómo han considerado el crecimiento de la Iglesia en su área?

  • ¿Quiénes son, para ustedes, ejemplos de fieles Santos de los Últimos Días?

Sirvió como consejero de tres Presidentes de la Iglesia.

Haga a los alumnos las siguientes preguntas:

  • ¿Quiénes fueron los tres Presidentes de la Iglesia que sirvieron antes del presidente Gordon B. Hinckley? (Spencer W. Kimball, Ezra Taft Benson y Howard W. Hunter.)

  • ¿Qué llamamiento tuvo el presidente Hinckley por medio del cual prestó servicio de manera directa a esos tres presidentes? (Fue consejero de cada uno de ellos.)

Explique que el presidente Gordon B. Hinckley sirvió como consejero de la Primera Presidencia durante casi catorce años. El servir con tres Presidentes de la Iglesia le proporcionó un mayor entendimiento del funcionamiento de la Iglesia. Cuando el Presidente de la Iglesia y los otros consejeros tuvieron problemas físicos, muchas de las responsabilidades de la Primera Presidencia recayeron sobre él. Dijo que era “una responsabilidad muy pesada y abrumadora... en ocasiones era una carga casi aterradora”. Lea con los alumnos la sección “Fue llamado a ser Consejero de la Primera Presidencia”, en el Manual del alumno (pág. 280). Entonces pregunte:

  • ¿Cómo le prepararon para su servicio como Presidente de la Iglesia los llamamientos que el presidente Hinckley tuvo como consejero de la Primera Presidencia?

  • ¿Qué significaron para el presidente Hinckley las palabras del Señor “quedaos tranquilos y sabed que yo soy Dios” (D. y C. 101:16) durante un momento particularmente difícil?

  • ¿Cómo podría ayudarles a ustedes esa respuesta dada a la oración del presidente Hinckley?

Se publicó el documento “La Familia: Una proclamación para el mundo”.

Explique que en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, de vez en cuando la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han emitido comunicados oficiales llamados “proclamaciones”. Otros comunicados oficiales que no portan la etiqueta de proclamación son “declaraciones oficiales” y “exposiciones doctrinales”. Todos estos pronunciamientos oficiales de los líderes de la Iglesia son solemnes y serios en su naturaleza para los miembros de la Iglesia y para otras personas en el mundo.

El 23 de septiembre de 1995, el presidente Gordon B. Hinckley leyó “La Familia: Una proclamación al mundo” en la reunión general de la Sociedad de Socorro, y explicó la razón por la cual se emitía. Repase con los alumnos la sección “Explicó la necesidad de la Proclamación sobre la familia”, en el Manual del alumno (pág. 286). Después pregunte:

  • ¿A quién se dio esta proclamación? (véase el título oficial).

  • ¿Cómo puede ayudar al mundo la proclamación sobre la familia?

Lea y analice con los alumnos las siguientes declaraciones del presidente Hinckley:

“¿Por qué tenemos hoy en día esta proclamación sobre la familia? Porque la familia está siendo atacada, por todo el mundo se están desintegrando las familias. El lugar para empezar a mejorar la sociedad es el seno del hogar. En su mayor parte, los niños hacen lo que se les enseña. Estamos tratando de hacer del mundo un lugar mejor al fortificar a la familia” (“Pensamientos de inspiración”, Liahona, agosto de 1997, pág. 5).

“Una nación no puede elevarse más de lo que se eleven los hogares que la integran. Si se desea reformar una nación, hay que empezar con la familia, con padres que enseñen a sus hijos principios y valores positivos y firmes, que los conduzcan a caminos que merezcan la pena... Los padres no tienen mayor responsabilidad en este mundo que la de criar a sus hijos del modo correcto y no tendrán mayor satisfacción al pasar los años que ver a esos hijos suyos crecer con integridad y honradez y hacer de su vida algo valioso” (“ ‘...pues no se ha hecho esto en algún rincón’ “, Liahona, enero de 1997, pág. 54).

Enseñó sobre la importancia de las familias.

Divida la clase en cinco grupos y asígneles que lean y analicen las siguientes secciones del Manual del alumno: “Enseñó la importancia de la maternidad” (págs. 282–283), “El egoísmo es una de las principales causas de divorcio” (pág. 283), “El matrimonio debe ser una asociación eterna” (págs. 283–284), “¡Que Dios las bendiga, madres!” (pág. 286), y “Eduquen a sus hijos por los senderos del Evangelio” (págs. 286–287). Pida a cada grupo que tome de tres a cinco minutos para analizar los principios que se enseñan en su respectiva sección. Luego, pida a un alumno de cada grupo que dé un breve resumen a la clase sobre cómo pueden actuar conforme a esos principios.

La dedicación del Templo de Nauvoo, Illinois, hizo realidad un sueño del padre del presidente Hinckley.

Si está disponible, muestre una ilustración del Templo de Nauvoo, Illinois. Explique que los acontecimientos que condujeron a la dedicación del Templo de Nauvoo en junio de 2002 fueron diferentes a los de cualquier otro templo. Pregunte a los alumnos: ¿Por qué es único el Templo de Nauvoo? (Los santos previamente habían construido un templo en Nauvoo, pero fueron expulsados de allí por causa de las persecuciones. El edificio posteriormente fue destruido por un incendio en 1848.)

Diga a los alumnos que otra circunstancia singular tuvo que ver con el padre del presidente Gordon B. Hinckley. En la década de los años treinta, cuando Bryant Hinckley, padre de Gordon B. Hinckley, era el presidente de la Misión de los Estados del Norte, viajó a Nauvoo para iniciar un proyecto de adquisición y restauración del área de Nauvoo. Bryant Hinckley describió las condiciones de Nauvoo en aquel entonces y la visión que él tenía de la restauración de la ciudad:

“La otrora próspera y bella ciudad que lo rodeaba se ha convertido en un pueblo olvidado de menos de mil habitantes. Algunas de las antiguas casas mormonas aún permanecen, maduradas con el pasar de los años y hermosas; muchas ya no están, pero las verdes colinas y el fluido río Misisipí todavía están, y sobre todo ello yace la sombría atmósfera de una gloria desvanecida. Ningún otro sitio de esta hermosa tierra tiene una historia más fascinante ni dramática...

“Desde ese pequeño centro comenzó un nuevo capítulo en la gran historia de los pioneros y las colonizaciones en América. Despojado y perseguido, este pueblo no malgastó su tiempo lamentando su desgracia, sino que olvidó sus problemas y se puso a trabajar...

“Nauvoo está destinada a ser uno de los más hermosos santuarios de América y uno de los fuertes centros misionales de la Iglesia” (“The Nauvoo Memorial”, Improvement Era, agosto de 1938, págs. 458, 511).

Explique que Bryant Hinckley murió en 1961. En 1999, el presidente Gordon B. Hinckley anunció en la conferencia general que se iba a reconstruir el Templo de Nauvoo. Lea las siguientes palabras del presidente Hinckley en una conferencia posterior:

“Bajo la inspiración del Espíritu y motivado por los deseos de mi padre, que fue presidente de misión en esa región y anheló reedificar el templo para el centenario de Nauvoo, aunque nunca pudo hacerlo, anunciamos en la conferencia de abril de 1999 que reconstruiríamos ese histórico edificio.

“La gente se llenó de entusiasmo. Hombres y mujeres manifestaron su disposición de ayudar. Se hicieron grandes aportaciones de dinero y de conocimientos técnicos... No se reparó en gastos. Habíamos de reconstruir la casa del Señor en memoria al profeta José Smith y como una ofrenda a nuestro Dios. El pasado 27 de junio por la tarde, casi a la misma hora en la que José y Hyrum fueron asesinados a tiros en Carthage, 158 años atrás, realizamos la dedicación del magnífico nuevo edificio. Es un lugar de gran belleza. Se encuentra exactamente en el mismo terreno donde estuvo el templo original. Sus dimensiones exteriores son las del original. Constituye una conmemoración adecuada y apropiada del gran Profeta de esta dispensación, José el Vidente” (“ ‘¡Oh, si fuera yo un ángel y se me concediera el deseo de mi corazón...!’ ”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 6).

El presidente Hinckley instó a los miembros de la Iglesia a asistir al templo.

Diga a los alumnos que el presidente Gordon B. Hinckley ha dedicado más templos que todos los anteriores profetas juntos. Cuando en abril de 1958 fue llamado como Autoridad General, la Iglesia tenía sólo diez templos en funcionamiento y el presidente David O. McKay estaba a punto de dedicar el templo número once en Hamilton, Nueva Zelanda. Cuando el presidente Hinckley fue llamado a servir en la Primera Presidencia en 1981, se habían dedicado 21 templos durante esta dispensación, contando los Templos de Kirtland y de Nauvoo. Desde junio de 1983 hasta junio de 2004, el presidente Hinckley dedicó o rededicó más de 84 de los 120 templos en funcionamiento.

Repase con los alumnos las secciones “Sin templos la Iglesia no está completa” y “Hizo planes de tener cien templos para el año 2000”, en el Manual del alumno (págs. 287–288). Luego pregunte: ¿Por qué ha hecho tanto hincapié el presidente Hinckley en la construcción de templos por todo el mundo?

Lea la petición del presidente Hinckley de que los miembros de la Iglesia asistan al templo:

“Estos espléndidos edificios de diversos tamaños y estilos arquitectónicos se encuentran ya en diversas naciones de la tierra. Se han construido para dar cabida a nuestra gente a fin de que efectúen la obra del Todopoderoso, cuyo designio es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre (véase Moisés 1:39). Esos templos se han edificado para que se utilicen. Honramos a nuestro Padre cuando hacemos uso de ellos.

“Al iniciarse esta conferencia, los insto, mis hermanos y hermanas, a utilizar los templos de la Iglesia.

“Vayan a ellos y realicen la grande y maravillosa obra que el Dios del cielo ha trazado para nosotros. Aprendamos en ellos de Sus vías y de Sus planes. Allí hagamos convenios que nos guiarán por los caminos de la rectitud, de la generosidad y de la verdad. Unámonos allí como familias bajo el convenio eterno administrado bajo la autoridad del sacerdocio de Dios.

“Y hagamos llegar allí esas mismas bendiciones a los de las generaciones anteriores, vale decir, a nuestros propios antepasados que están a la espera del servicio que ahora podemos prestar.

“Ruego que las bendiciones del cielo descansen sobre ustedes, mis amados hermanos y hermanas. Suplico que el espíritu de Elías les conmueva el corazón y los induzca a efectuar esa obra por las personas que no pueden avanzar a no ser que ustedes lo hagan. Ruego que nos regocijemos en el glorioso privilegio que es nuestro, y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amén” (“ ¡Oh, si fuera yo un ángel y se me concediera el deseo de mi corazón...!”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 6).

Exprese su testimonio acerca de la obra del templo.

El presidente Hinckley es siempre positivo y optimista.

Pregunte a los alumnos cómo describirían al presidente Gordon B. Hinckley. Lea la descripción que dio la hermana Hinckley de su esposo, y luego lea el consejo del presidente Hinckley:

“[La hermana Hinckley] comenta lo eternamente optimista que él es, siempre tranquilizando a las personas preocupadas diciéndoles que ‘las cosas saldrán bien al final’ “ (citado en Neal A. Maxwell, “President Gordon B. Hinckley: The Spiritual Sculpturing of a Righteous Soul”, Ensign, enero de 1982, pág. 11).

“Las cosas saldrán bien. Si siguen esforzándose, orando y trabajando, las cosas saldrán bien; siempre sucede así. Si uno quiere morir joven, que se concentre en lo negativo. Acentúen lo positivo, y vivirán más tiempo” (en Dew, Go Forward with Faith, pág. 423).

Pregunte a los alumnos: ¿Cómo creen que se refleja ese optimismo en la obra que se le ha llamado a realizar al presidente Hinckley?

Ayudó a “sacar de la oscuridad” a la Iglesia.

Lea y analice con los alumnos la sección “Se siente cómodo con los medios de comunicación”, en el Manual del alumno (pág. 285). Las entrevistas y las conversaciones del presidente Hinckley con los medios de difusión nacional e internacional han ayudado a disipar actitudes y percepciones negativas en cuanto a la Iglesia.

Afrontó un momento sombrío.

Lea los siguientes párrafos de los comentarios finales del presidente Gordon B. Hinckley en la conferencia general de abril de 2004:

“Algunos de ustedes habrán notado la ausencia de la hermana Hinckley. Por primera vez en los 46 años desde que se me llamó como Autoridad General, ella no ha asistido a la conferencia general. A comienzos del año estuvimos en África para dedicar el Templo de Accra, Ghana. Al salir de allí, volamos a Sal, una desértica isla del Atlántico, donde nos reunimos con miembros de una rama de la localidad. Después volamos a Saint Thomas, una isla del Caribe, y allí nos reunimos con unos cuantos miembros. Al regresar a casa, ella se desmayó del cansancio y desde ese entonces ha pasado días difíciles. Ya tiene 92 años, es un poco más joven que yo. Creo que al reloj se le está acabando la cuerda y no sabemos cómo darle cuerda.

“Es un momento profundamente triste para mí. Este mes, cumplimos 67 años de casados. Ella es la madre de nuestros cinco talentosos y capaces hijos, abuela de 25 nietos y con un número cada vez más grande de bisnietos. Hemos caminado juntos, lado a lado a lo largo de estos años, en igualdad y como compañeros a través de la tormenta y bajo el resplandor del sol. Ella ha hablado a lo largo y a lo ancho dando testimonio de esta obra; ha impartido amor, ánimo y fe por doquier que haya ido” (véase “Palabras finales”, Liahona, mayo de 2004, págs. 103–104).

Dos días después, el 6 de abril de 2004, Marjorie Pay Hinckley, esposa del presidente Hinckley, falleció. Lea las siguientes palabras que se publicaron en un artículo de la revista Ensign tras su fallecimiento:

“Durante 67 años, Marjorie Pay Hinckley se mantuvo a la par de su esposo, el presidente Gordon B. Hinckley, a medida que él viajaba por el mundo. El 6 de abril de 2004 ella acabó su trayecto terrenal. Rodeada de familiares y seres queridos, la hermana Hinckley pasó silenciosamente de este mundo al siguiente, debido a causas relacionadas con su edad. Nació el 23 de noviembre de 1911 y tenía 92 años.

“A menudo, al expresar su sorpresa por el rumbo que su vida había tomado, la hermana Hinckley decía, en son de broma: ‘¿Cómo una señorita tan buena como yo terminó en una situación así?’. En una entrevista con las revistas de la Iglesia algunos meses antes de su fallecimiento, la hermana Hinckley dijo: ‘Bueno, resultó mejor de lo que yo esperaba. Ha sido una buena vida’. Conocida por su corazón bondadoso y buen sentido del humor, declaró a las revistas de la Iglesia: ‘Si no nos reímos de la vida, estamos en serios problemas’ (véase “En casa con el matrimonio Hinckley”, Liahona, octubre de 2003, págs. 32–37). En los servicios funerales llevados a cabo en su honor fue elogiada como la ‘caridad personificada’ (“Fallece Marjorie Pay Hinckley a los 92 años de edad”, Liahona, mayo de 2004, pág. 124).

El presidente Hinckley testifica del Salvador.

Explique que los profetas testifican de la divinidad del Señor y Salvador Jesucristo. Son testigos especiales del Salvador. Lea el siguiente testimonio que el presidente Gordon B. Hinckley expresó mientras servía como consejero del presidente Ezra Taft Benson. Pida a los alumnos que estén atentos a “lo más importante de nuestra fe” y a lo que nuestro Redentor nos brinda:

“Lo más importante de nuestra fe es nuestra convicción de nuestro Dios viviente, el Padre de todos nosotros, y de su Hijo amado, el Redentor del mundo. A causa de la vida y del sacrificio de nuestro Salvador estamos aquí; gracias a Su sacrificio expiatorio, nosotros y todos los hijos e hijas de Dios participaremos de la salvación del Señor. ‘Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados’ (1 Corintios 15: 22). Es por el sacrificio y por la redención que efectuó el Salvador del mundo que el gran plan del Evangelio eterno está a nuestro alcance, por medio del cual los que mueran en el Señor no gustarán la muerte sino que tendrán la oportunidad de ir a una gloria celestial y eterna.

“En nuestro estado de desamparo, Él nos rescata, salvándonos de la condenación y llevándonos a la vida eterna.

“En los momentos de desesperación, de soledad y de temor, Él está a nuestro lado para socorrernos, consolarnos, tranquilizarnos y darnos fe. Él es nuestro Salvador, nuestro Libertador, nuestro Señor y nuestro Dios” (“Nuestra misión salvadora”, Liahona, enero de 1992, pág. 66).

Repase con los alumnos la sección “Sé…”, en el Manual del alumno (pág. 292), y pídales que hagan una lista de lo que sabe el presidente Hinckley. Después pregunte: ¿Cómo son fortalecidos ustedes al conocer el testimonio del presidente Hinckley sobre estas cosas?

“Yo sé que vive mi Señor”.

El presidente Gordon B. Hinckley escribió la letra del himno “Vive mi Señor” (Himnos, Nº 74). Invite a la clase a cantar el himno, y pida a los alumnos que busquen en la letra del himno un principio o doctrina sobre el cual estarían dispuestos a expresar sus sentimientos.

Exprese su testimonio sobre el llamamiento divino de los profetas de los últimos días que han dirigido la Iglesia, complementando cada uno la obra de los anteriores profetas para ayudar a llevar a las personas a Jesucristo.