Los primeros misioneros predican el Evangelio

Primaria 5: Doctrina y Convenios y la Historia de la Iglesia, 1996


Objetivo

Que los niños sientan el deseo de compartir el Evangelio y desarrollar las habilidades que necesitan para ser buenos misioneros.

Preparación

  1. 1.

    Estudie, con oración, Doctrina y Convenios 4, 14 y 133:37; el relato histórico que se encuentra en esta lección; Doctrina y Convenios 11:7, 9, 20–22, y Doctrina y Convenios 32. Después, estudie la lección y decida qué método empleará para enseñar a los niños los relatos de los acontecimientos históricos y de las Escrituras. (Véase “Cómo preparar las lecciones”, págs. 00–00, y “La enseñanza de los acontecimientos históricos y de las Escrituras”, págs. 00–00.)

  2. 2.

    Lectura complementaria: Doctrina y Convenios 12.

  3. 3.

    Elija las preguntas para analizar y las actividades complementarias que mejor promuevan la participación de los niños y los ayuden a alcanzar el objetivo de la lección.

  4. 4.

    Recorte de alguna revista o periódico unas veinte o treinta fotos pequeñas de personas, o prepare veinte o treinta trozos pequeños de papel y escriba un nombre en cada uno, utilizando los nombres de los niños de la clase y algunos otros nombres comunes.

  5. 5.

    Materiales necesarios:

    1. a.

      Un ejemplar de Doctrina y Convenios para cada niño.

    2. b.

      La lámina 5–1, El profeta José Smith (Las bellas artes del Evangelio 401; 62002) o 5–2, José Smith (Las bellas artes del Evangelio 400; 62449); la lámina 5–21, Misioneros en camino a Independence, Misuri.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Pida a un niño que ofrezca la primera oración.

Actividad para despertar el interés

Disperse las fotos o los papeles con los nombres en el salón de clase. Pida la ayuda de un voluntario para que cuando usted diga “ya”, recoja tanta “gente” (recortes de las fotos o los trozos de papel) como sea posible en un determinado período (unos cinco segundos, o el tiempo que les lleve a los demás niños contar lentamente hasta cinco). Cuente el número de personas que el niño pudo juntar.

Pregunte a los niños si piensan que podrían haber juntado más gente si el niño hubiera tenido ayuda. Disperse los recortes o papeles por el salón de clase una vez más y pida la ayuda de otro voluntario. Haga que entre los dos niños recojan tanta gente como les sea posible durante un espacio de tiempo igual al anterior. Cuente el número de personas que los niños pudieron juntar.

• ¿Cuántas personas juntó un niño solo? ¿Cuántas personas recogieron entre los dos?

• ¿Cuántas personas creen que se podrían haber juntado si toda la clase hubiera cooperado?

Muestre la lámina de José Smith.

Explique que, después que se imprimió el Libro de Mormón y que se organizó la Iglesia, nuestro Padre Celestial y Jesucristo deseaban que todas las personas escucharan el Evangelio y tuvieran la oportunidad de ser miembros de la Iglesia.

Ayude a los niños a buscar Doctrina y Convenios 133:37, y pida a un niño que lo lea en voz alta. Explique que este versículo forma parte de una revelación dada a José Smith en 1831, el año siguiente a la organización de la Iglesia.

• ¿A quién se le debe predicar el Evangelio?

• ¿Cuánto tiempo piensan que le tomaría a una sola persona enseñar el Evangelio a todos los habitantes de la tierra?

Explique que José Smith sabía que le sería imposible enseñar el Evangelio a todas las personas estando solo y que necesitaría ayuda. De la misma forma en que dos niños pudieron recoger más recortes (o trozos de papel) que uno solo, si más miembros de la Iglesia trabajaban para compartir el Evangelio, lograrían enseñar a más personas que si José Smith lo hacía solo.

Acontecimientos históricos y de las Escrituras

Explique que el Señor llama misioneros para ayudar a predicar el Evangelio. Enseñe a los niños algunas de las características y responsabilidades que tienen los misioneros, tal como se describe en Doctrina y Convenios 4 y 14. Explique que, a pesar de que estas revelaciones se dieron originalmente a ciertas personas en particular (José Smith, padre, y David Whitmer, respectivamente), la información que contienen se aplica a todas las personas que deseen dar a conocer el Evangelio y participar en la edificación del reino de nuestro Padre Celestial.

Luego, enseñe a los niños sobre algunas de las experiencias que tuvieron los primeros misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tal como se relatan en los siguientes acontecimientos históricos.

Samuel Smith, el primer misionero

Samuel Smith era uno de los hermanos menores de José Smith. Después de José Smith y Oliver Cowdery, él fue el primero en bautizarse, uno de los seis miembros originales de la Iglesia y uno de los ocho testigos. Poco después de la organización de la Iglesia, Samuel Smith se convirtió en el primer misionero. Samuel, que tenía veintidós años de edad, tomó varios ejemplares del Libro de Mormón y salió a predicar el Evangelio a pie.

El primer día caminó más de cuarenta kilómetros, deteniéndose en muchas casas para hablar de la Iglesia verdadera con la gente, pero lo trataron mal y le dijeron que no querían escucharlo. Al anochecer paró en una posada y trató de venderle un ejemplar del Libro de Mormón al dueño. Cuando éste escuchó que el libro había sido traducido de planchas de oro, le gritó: “¡Mentiroso!, vete de mi casa!” (citado en Lucy Mack Smith, History of Joseph Smith, pág. 169). Samuel se sintió muy triste y desanimado y tuvo que dormir debajo de un árbol esa noche.

Al día siguiente, llegó a la casa de un pastor metodista llamado John P. Greene. El señor Greene no quiso comprarle el libro pero le dijo que trataría de encontrar gente que quisiera hacerlo. Samuel le dejó algunos para que los vendiera, pero cuando volvió a las pocas semanas, encontró que no había vendido ninguno. Entonces se sintió inspirado a regalarle un libro a la señora Greene y pedirle que orara para saber si era verdadero. Ella y su esposo lo leyeron y se convirtieron. Anteriormente, Samuel Smith le había vendido un libro al hermano de la señora Rhoda Greene, Phineas Young. Él también lo leyó, creyó lo que decía y le dio su ejemplar a su hermano menor, Brigham Young, quién también creyó lo que decía. Brigham Young siguió prestando el libro, y con el tiempo llegó a las manos de Heber C. Kimball. Durante dos años, esas personas y sus familias se convirtieron a la Iglesia, y todo gracias al Libro de Mormón y a los esfuerzos misionales de Samuel Smith (véase la actividad complementaria Nº 4). Más adelante, esos hermanos se convirtieron en líderes en la Iglesia.

Hyrum Smith conoce a Parley P. Pratt

La sección 11 de Doctrina y Convenios contiene una revelación que se dio por medio de José Smith a su hermano Hyrum. En esa revelación se le dijo a Hyrum Smith que buscara sabiduría, que predicara el arrepentimiento y que estudiara el Evangelio (véase D. y C. 11:7, 9, 20–22).

Un anochecer, cuando el hermano Hyrum llevaba el ganado de vuelta al corral, un hombre se le acercó y le preguntó dónde podría encontrar al señor José Smith, el traductor del Libro de Mormón. Hyrum le dijo que José vivía a unos ciento sesenta kilómetros de allí, pero que él era su hermano y lo invitó a pasar a su casa. El hombre se llamaba Parley P. Pratt y era predicador de otra iglesia. Le dijo a Hyrum que había conseguido un ejemplar del Libro de Mormón y que se había quedado despierto toda la noche, leyéndolo. Parley P. Pratt había leído todo el Libro de Mormón en una semana y sabía que era verdadero, y quería saber más de la Iglesia. Hyrum pasó toda la noche enseñándole el Evangelio y testificándole. Unos días después, Parley P. Pratt y Hyrum Smith caminaron unos cuarenta kilómetros para que Oliver Cowdery bautizara al hermano Pratt. Luego, el hermano Pratt fue a visitar a sus familiares y poco después su hermano, Orson Pratt, se bautizó. Tanto Parley P. Pratt como Orson Pratt fueron líderes de la Iglesia.

La misión a los indios norteamericanos

Unos seis meses después de la organización de la Iglesia, cuatro hombres, Oliver Cowdery, Parley P. Pratt, Peter Whitmer, hijo y Ziba Peterson, fueron llamados a predicar el Evangelio a los indios norteamericanos que vivían cerca del límite con Misuri (véase D. y C. 32). Estos misioneros caminaron más de dos mil kilómetros durante sus misiones.

Primero visitaron a los indígenas de la reserva Cattaraugus, cerca de Buffalo, Nueva York, y luego atravesaron el estado de Ohio, donde Parley P. Pratt había sido predicador. Fueron a visitar a Sidney Rigdon, otro predicador a quien Parley había conocido en Kirtland, Ohio. Parley P. Pratt le habló del Evangelio a Sidney Rigdon, éste leyó el Libro de Mormón y se convirtió a la Iglesia. Parley P. Pratt y Sidney Rigdon enseñaron el Evangelio a los miembros de sus congregaciones y los bautizaron a casi todos. La rama de Kirtland muy pronto se convirtió en una de las más fuertes y más tarde en la sede de la cabecera de la Iglesia.

Los misioneros se fueron de Kirtland en pleno invierno y viajaron en medio del hielo y la nieve a otras tribus indígenas (muestre la lámina de los misioneros). Luego se unió a ellos Frederick G. Williams, un nuevo converso que venía de Kirtland.

Los misioneros llegaron a Independence, Misuri, en febrero. Tres de ellos siguieron el viaje hacia el oeste con el fin de visitar a los indígenas de Delaware. El líder de estos indígenas, el cacique Anderson, reunió a todos los caciques de su pueblo y Oliver Cowdery les habló del Libro de Mormón. El cacique Anderson estaba agradecido porque los misioneros habían viajado tanto para hablarles del Libro de Mormón y deseaba que su gente también escuchara porque era un registro de sus antepasados, los lamanitas. Los misioneros de otras iglesias se pusieron celosos y le pidieron al gobierno que no permitiera que los misioneros Santos de los Últimos Días fueran a los territorios indígenas. Los élderes se vieron obligados a abandonar la tribu del cacique Anderson y volvieron a Independence para enseñar a los colonizadores del lugar.

Estos cinco misioneros abrieron el camino hacia el oeste para la Iglesia, y en poco tiempo, la zona de Independence, Misuri, se convirtió en otro sitio de reunión para los miembros de la Iglesia.

Preguntas para analizar y aplicar

Al preparar la lección, estudie las preguntas y los pasajes de las Escrituras que se encuentran a continuación. Después, utilice las preguntas que usted considere que mejor ayudarán a los niños a comprender las Escrituras y a aplicar los principios a su vida. El leer los pasajes con los niños en la clase hará que entiendan mejor las Escrituras.

• ¿Cómo describió el Señor la restauración del Evangelio en las revelaciones registradas en Doctrina y Convenios 4:1 y 14:1? ¿Por qué es la restauración del Evangelio “una obra maravillosa y un prodigio”?

• ¿Qué instrucciones dio el Señor en Doctrina y Convenios 4:2 para quienes deseen servir a Dios? ¿Qué significa servir con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza? ¿De qué forma pueden ustedes servir a Dios? ¿Qué nos promete el Señor si le servimos con valor? (D. y C. 4:2; 14:3.)

• ¿Qué características debe tener un siervo de Dios? (D. y C. 4:5–6.) ¿En qué forma mostraron los primeros misioneros esas características al predicar el Evangelio? ¿En qué forma muestran esas características los misioneros en la actualidad? ¿Cómo podemos nosotros desarrollar esas características?

• ¿Por qué piensan que el amor es una cualidad tan importante en un misionero? ¿Qué sienten ustedes cuando saben que alguien los ama? ¿En qué forma demostramos amor por nuestro Padre Celestial y por Jesucristo al prestar servicio misional?

• ¿Qué les dijo el Señor a Hyrum Smith y a David Whitmer que debían hacer para ser buenos siervos? (D. y C. 11:20; 14:5–6.) ¿Son estas instrucciones válidas también para nosotros? ¿Por qué es importante que obedezcamos los mandamientos? ¿Qué quiere decir “si… perseveras hasta el fin”? (Permanecer fieles durante toda nuestra vida; véase D. y C. 14:7.) ¿Qué gran bendición recibiremos si somos fieles y guardamos los mandamientos? (D. y C. 14:7–8.)

• Haga destacar que Hyrum Smith no estaba sirviendo una misión oficial cuando le enseñó el Evangelio a Parley P. Pratt. ¿Cómo pueden ustedes dar a conocer ahora el Evangelio a los demás? (Las respuestas podrían ser hablar con las demás personas acerca de la Iglesia, invitar a la gente a las reuniones de la Iglesia y dar un buen ejemplo por medio de nuestro buen comportamiento.)

Actividades complementarias

En cualquier momento de la lección o como repaso, resumen o cometido, utilice una o más de las siguientes actividades:

  1. 1.

    Haga una lista en la pizarra de los atributos que se mencionan en Doctrina y Convenios 4:5–6, escribiendo la primera letra y dejando el número adecuado de espacios en blanco (por ejemplo, E _ _ _ _ _ _ _ _ para esperanza). Para hacer la actividad más interesante, enumere los atributos en un orden diferente al que se encuentra en el pasaje de las Escrituras.

    Pida a un niño que lea en voz alta Doctrina y Convenios 4:5–6 para el resto de la clase. Luego, pida a los niños que se turnen para completar los espacios en blanco. Cuando hayan completado la lista, analicen el significado de las palabras que no conozcan.

    Pida a los niños que den sugerencias de las cosas que podemos hacer para desarrollar esos atributos y resuma sus ideas en la pizarra. Analicen la forma en que estos atributos los conducirán a ser buenos misioneros.

  2. 2.

    Después de contar el relato de Samuel Smith, pida a los niños que lo dramaticen usando sus propias palabras. Entrégueles unas etiquetas con el nombre para que se sepa a quién representan en el relato. Utilice un ejemplar del Libro de Mormón para demostrar la forma en que un ejemplar del libro pasó de persona a persona y todos se convirtieron con sus familias.

  3. 3.

    Pregunte a los niños si han oído la expresión “andar la segunda milla”. Pida a un niño que lea en voz alta Mateo 5:41 después que usted dé la siguiente explicación:

    La gente que vivía en la Tierra Santa, en la época en que Jesucristo estaba en la tierra, era gobernada por los romanos. Una ley permitía que un soldado romano que iba pasando exigiera que un civil (alguien que no es soldado) le cargara su equipaje una milla (kilómetro y medio). En el Sermón del Monte, Cristo le dijo a sus discípulos que debían estar dispuestos a cargar el equipaje una segunda milla, aunque los soldados no se lo podían exigir. La primera milla era un requisito, pero la segunda era un servicio amable y generoso que ellos podían rendir. (Véase Bruce R. McConkie, Doctrinal New Testament Commentary, 3 tomos. [Salt Lake City: Bookcraft, 1965–73], 1:228–29.)

    Explique que cuando servimos a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, a menudo se nos hace necesario “andar la segunda milla”. Prepare algunos ejemplos que ayuden a los niños a comprender la diferencia que existe entre hacer las cosas que se espera de nosotros y hacer lo que se consideraría “andar la segunda milla”. Escriba estos ejemplos en hojas separadas de papel y entregue una a cada niño para que lo lea en voz alta y lo analice con el resto de los niños. Utilice los siguientes ejemplos o prepare otros que se apliquen mejor a las edades y situaciones particulares de los niños de su clase:

    • Después de limpiar el jardín, te das cuenta de que el jardín de tu vecino no está limpio.

    • Te piden que cuides a tu hermanita por un rato.

    • Tu hermano, con quien compartes el cuarto, se fue temprano a una actividad; cuando te despiertas y arreglas tu cama ves que la cama de tu hermano no está hecha.

    • Tu mamá te pide que guardes tus zapatos y ves que el abrigo de tu hermana está sobre la silla.

    Si lo desea, les puede dar lápices y papel para que escriban algo que les gustaría hacer en casa durante la semana para “andar la segunda milla”. Pídales que comenten con sus familias lo que escribieron y que coloquen la hoja de papel en un lugar visible para que les recuerde lo que planearon hacer.

  4. 4.

    Arregle una hilera de fichas de dominó (u otro artículo semejante, como bloquecitos de madera, cajitas o libros pequeños) a poca distancia una de la otra, de manera que si una se cae, haga caer a la siguiente. Cuando vaya a empujar la primera ficha, diga a los niños que observen la reacción en cadena que se producirá y pídales que presten atención al efecto que tiene una sola pieza de dominó sobre las demás. Explique que nosotros también tenemos la capacidad de afectar la vida de las demás personas en una reacción en cadena. Al dar a conocer el Evangelio, aun cuando sea a una sola persona, a veces logramos influir la vida de muchas más. (Si lo desea, recuerde a los niños que Samuel Smith le vendió un libro a Phineas Young, quien se lo dio a su hermano, Brigham Young, quien a la vez se lo dio a alguien más. El acto sencillo de Samuel Smith de vender un Libro de Mormón afectó en forma positiva la vida de muchas personas.)

    Explique que al desarrollar las cualidades y atributos que menciona D. y C. 4, podemos ser ejemplos para muchas personas y hacerlas sentirse interesadas en la Iglesia. Analice con los niños la forma en que pueden ser buenos ejemplos para que las demás personas deseen saber más de la Iglesia.

  5. 5.

    Pida a los niños que relaten ejemplos de personas que conozcan (tales como los líderes de la Iglesia, miembros de la familia o misioneros) que sirvan a Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerza. Es importante que los niños comprendan que debemos prestar servicio a los demás y obedecer los mandamientos con la misma dedicación, esmero y esfuerzo.

  6. 6.

    Ayude a los niños a aprender de memoria Doctrina y Convenios 14:7 o Doctrina y Convenios 4:2.

  7. 7.

    Canten o repitan la letra de las dos estrofas de “Espero ser llamado a una misión” (Canciones para los niños, pág. 91).

Conclusión

Testimonio

Exprese su gratitud por el esfuerzo y el ejemplo de los misioneros de la Iglesia. Aliente a los niños a esforzarse para desarrollar los atributos que necesitan para servir a los demás.

Sugerencia de lectura

Sugiera a los niños que estudien en casa Doctrina y Convenios 4, como repaso de esta lección.

Sugerencias para que los niños hablen con la familia

Inste a los niños a hablar con la familia sobre una parte específica de la lección, tal como un relato, una pregunta o actividad, o que lean con ella la “Sugerencia de lectura” que tienen para estudiar en casa.

Pida a uno de los niños que ofrezca la última oración.