Emma Smith escoge himnos sagrados

Primaria 5: Doctrina y Convenios y la Historia de la Iglesia, 1996


Objetivo

Que los niños sientan el deseo de cantar himnos sagrados cuando adoran a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo.

Preparación

  1. 1.

    Estudie, con oración, Doctrina y Convenios 25 y los relatos de los acontecimientos históricos que se encuentran en esta lección. Después, estudie la lección y decida qué método empleará para enseñar a los niños los relatos de los acontecimientos históricos y de las Escrituras. (Véase “Cómo preparar las lecciones”, págs. VI–VIII, y “La enseñanza de los acontecimientos históricos y de las Escrituras”, págs. VIII–X.)

  2. 2.

    Lectura complementaria: “Prólogo de la Primera Presidencia”, Himnos, págs. ix–x, y el “Prólogo” de Canciones para los niños, pág. III.

  3. 3.

    Elija las preguntas para analizar y las actividades complementarias que mejor promuevan la participación de los niños y los ayuden a alcanzar el objetivo de la lección.

  4. 4.

    Prepare una hoja grande de papel con la siguiente inscripción (o escriba las palabras en la pizarra antes de comenzar la clase):

    REUNIÓN SACRAMENTAL

    • Anuncios

    • Primera oración

    • Asuntos del barrio [o rama]

    • Santa Cena

    • Discursantes

    • Oración final

    ¿QUÉ FALTA?

  5. 5.

    Materiales necesarios:

    1. a.

      Un ejemplar de Doctrina y Convenios para cada niño.

    2. b.

      La lámina 5–22, Emma Smith (Las bellas artes del Evangelio 405; 62509).

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Pida a uno de los niños que ofrezca la primera oración.

Actividad para despertar el interés

Muestre la hoja grande de papel (o refiérase a la lista que escribió en la pizarra) y explique que esas cosas forman parte de la reunión sacramental.

• ¿Qué hacemos en la reunión sacramental que no está en esta lista? (El himno de apertura y el último himno; el himno sacramental y la música de preludio y postludio.)

• ¿Por qué creen que utilizamos música en las reuniones de la Iglesia? ¿Por qué cantamos himnos? ¿Cuál sería la diferencia si no cantáramos himnos en las reuniones de la Iglesia?

Haga comprender a los niños que la música, especialmente el canto de los himnos, siempre ha sido una parte importante de la adoración a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo, porque incorpora un sentimiento de reverencia y amor a las reuniones de la Iglesia (véase la actividad complementaria Nº 6).

Acontecimientos históricos y de las Escrituras

Analice con los niños el consejo y la instrucción que el Señor le dio a Emma Smith, como se explica en los siguientes relatos históricos y en Doctrina y Convenios 25.

Después de la organización de la Iglesia, José Smith y otros miembros de la Iglesia fueron muy perseguidos. Las turbas interrumpían las reuniones y amenazaban con hacer daño a los nuevos miembros y, a menudo, la vida del Profeta corría peligro. Durante esa época de persecuciones, José Smith recibió muchas revelaciones para fortalecer, alentar e instruir a los santos. La sección 25 es una revelación que José Smith recibió para su esposa Emma, con el fin de darle consuelo y ayudarla a comprender la forma en que ella podía apoyar a su esposo en su glorioso llamamiento. El Señor también le dio instrucciones a Emma de hacer una recopilación de himnos para los miembros de la Iglesia.

Emma Smith fue una dama elegida

Emma Hale Smith era maestra y venía de una familia inteligente y muy respetada. Era una mujer alta y atractiva, de cabello negro y ojos obscuros (muestre la lámina de Emma Smith). Los miembros de su familia no creían que José Smith era un profeta y, a pesar de que con el tiempo fueron más amigables con él, se enojaron mucho cuando Emma se casó con José Smith.

La esposa del Profeta tuvo que sobrellevar muchas de las persecuciones, dificultades y angustias de su esposo. José y Emma eran pobres y muchas veces tuvieron que depender de los demás para tener un lugar donde vivir y alimentos que comer mientras el Profeta cumplía con sus responsabilidades de la Iglesia. También tuvieron que mudarse muchas veces para evitar la persecución. Emma tenía muchos deseos de poder tener una casa propia.

Emma Smith ayudó y apoyó a su esposo en la obra que él estaba llevando a cabo. Lo acompañó la noche que recibió las planchas en el cerro Cumorah y en otra ocasión cabalgó hasta donde estaba su esposo para avisarle que un grupo de hombres estaba en el bosque buscando las planchas que había escondido allí (véase la lección 5). José Smith supo por medio de una revelación que las planchas estaban a salvo, pero decidió volver a la casa con su esposa por si surgían problemas.

Cuando José Smith comenzó la traducción del Libro de Mormón, Emma fue su escriba, a pesar de las muchas responsabilidades que tenía en el hogar. Después de la llegada de Oliver Cowdery, ella lo sustituía cuando él se cansaba después de escribir durante muchas horas, para que el Profeta pudiera continuar traduciendo. Las planchas estuvieron en la casa de Emma por casi dos años, a menudo guardadas en un baúl pequeño encima de su tocador o en una mesa, cubiertas con un mantel, pero nunca se le permitió verlas.

La madre de José Smith dijo con relación a Emma: “Nunca en mi vida había visto a una mujer que tolerara toda clase de fatiga y pesar, mes tras mes y año tras año con tan impávido valor, celo y paciencia como lo ha hecho ella; y yo sé que lo que ella ha tenido que sobrellevar… hubiera derrotado a casi cualquier otra mujer” (Lucy Mack Smith, History of Joseph Smith, pág. 190–191).

Emma recopiló un himnario

El Señor mandó a Emma Smith que hiciera una recopilación de himnos que pudieran cantar los miembros de la Iglesia en las reuniones (véase D. y C. 25:11). El himnario se terminó en 1835 y contenía la letra de noventa himnos de los cuales, treinta y cuatro fueron escritos por miembros de la Iglesia y hablaban de la restauración del Evangelio. Los demás, fueron seleccionados de entre los himnos que ya utilizaban otras iglesias. El himnario no tenía la música impresa. Los miembros de la Iglesia cantaban la letra con melodías conocidas de la época y algunas veces utilizaban diferentes melodías con los mismos himnos. Muchos de los himnos que Emma Smith escogió se encuentran en el himnario que utilizamos en la actualidad, como por ejemplo “Oh Dios de Israel”, “Qué firmes cimientos” y “Jehová, sé nuestro guía”.

Preguntas para analizar y aplicar

Al preparar la lección, estudie las preguntas y los pasajes de las Escrituras que se encuentran a continuación. Después, utilice las preguntas que usted considere que mejor ayudarán a los niños a comprender las Escrituras y a aplicar los principios a su vida. El leer los pasajes con los niños en la clase hará que entiendan mejor las Escrituras.

• ¿En qué forma se refirió el Señor de Emma Smith? (D. y C. 25:3.) ¿Cómo la describió la madre del Profeta? ¿Qué atributos de ella admiran ustedes?

• ¿Creen que fue difícil para Emma Smith tener las planchas en su casa y no poder verlas? ¿Por qué? ¿Qué le dijo el Señor con respecto a ver las planchas? (D. y C. 25:4.) ¿Han tenido alguna vez el deseo de hacer algo que no se les haya permitido hacer? ¿Qué aprendieron de ello?

• ¿Qué le dijo el Señor a Emma Smith que debía hacer para ayudar a su esposo? (D. y C. 25:5–8; si lo desea, podría explicar que la palabra ordenada en el versículo 7 significa que ella iba a ser apartada para hacer la obra para la cual se le había llamado.) Por las cosas que se le pidió hacer, ¿qué clase de persona creen que era la hermana Smith? ¿Cómo pueden prepararse para servir en la Iglesia como lo hizo ella?

• Pida a un niño que lea en voz alta Doctrina y Convenios 25:9. ¿Por qué piensan que Emma Smith tuvo miedo? ¿Qué consejo le dio el Señor? (D. y C. 25:9–10, 13–15.) ¿Qué aprendemos de estos versículos acerca de sobreponernos a nuestros problemas y temores?

• ¿Por qué hizo Emma una colección de himnos? (D. y C. 25:11.) Según Doctrina y Convenios 25:12, ¿qué dijo nuestro Padre Celestial acerca de los himnos? Haga comprender a los niños que así como hablamos con nuestro Padre Celestial cuando oramos, también lo hacemos cuando le cantamos himnos de alabanza.

• ¿Qué nos ha prometido nuestro Padre Celestial si le cantamos himnos de alabanza? (D. y C. 25:12.) ¿Qué clase de bendiciones podríamos recibir por cantar los himnos? Explique que los himnos nos enseñan el Evangelio y fortalecen nuestra fe y nuestro testimonio. Nos ayudan a tener el deseo de arrepentirnos y de guardar los mandamientos; nos alegran cuando estamos tristes y colman nuestra mente de pensamientos buenos y puros (véase la actividad complementaria Nº 5). Los himnos nos recuerdan que nuestro Padre Celestial y Jesucristo nos aman.

Actividades complementarias

En cualquier momento de la lección o como repaso, resumen o cometido, utilice una o más de las siguientes actividades:

  1. 1.

    Hable a la clase de su forma de pensar y sentir acerca de algún himno en particular y la manera en que le ha fortalecido. Distribuya varios ejemplares de Himnos o de Canciones para los niños y déles la oportunidad de buscar una canción o himno que les guste. Canten una o más estrofas de los himnos preferidos o permita que cada niño lea la letra del himno o de la canción y que explique por qué le gusta. Si lo desea, podría traer algunas grabaciones de himnos a la clase para que los niños escuchen.

  2. 2.

    Cuente el siguiente relato acerca de John Taylor, quien fue el tercer presidente de la Iglesia, que narra la forma en que él utilizaba los himnos para resolver problemas:

    Dos miembros de la Iglesia en Salt Lake City estaban teniendo una seria disputa sobre algunos asuntos de negocios. Finalmente, decidieron pedirle al presidente John Taylor, que era el presidente del Quórum de los Doce Apóstoles en ese entonces, que les ayudara a resolver el problema y se prometieron el uno al otro que aceptarían cualquier decisión que él tomara.

    Fueron al presidente Taylor y le pidieron si podría escucharlos y tomar una decisión por ellos. El presidente Taylor accedió, pero les dijo: “Hermanos, antes de escuchar su caso, me gustaría mucho cantar una de las canciones de Sión para ustedes”.

    El presidente Taylor tenía muy linda voz y les cantó uno de los himnos con gran entusiasmo. Al terminar, “les dijo que siempre que escuchaba una de las canciones de la Iglesia sentía deseos de seguir cantando y les pidió que lo escucharan mientras que cantaba otra”. El Presidente Taylor cantó un segundo himno y luego un tercero. Después les dijo: “Hermanos, no quisiera cansarlos, pero si me disculpan y escuchan otro himno, les prometo que no cantaré más y escucharé su caso”.

    Cuando el presidente Taylor terminó de cantar la cuarta canción, los dos hombres comenzaron a llorar. Se dieron un apretón de manos y le pidieron al presidente que les disculpara la molestia, y se retiraron sin siquiera haberle dicho cuál era el problema (véase Heber J. Grant, “John Taylor’s Hymns”, en Stories for Mormons, ed. Rick Walton y Fern Oviatt [Salt Lake City: Bookcraft, 1983], pág. 92; véase también Heber J. Grant, “Songs of the Heart”, The Improvement Era, sept. de 1940, pág. 522; véase la cita al respecto que se encuentra en Valientes B, pág. 150).

  3. 3.

    Cuente con sus propias palabras el siguiente relato:

    Un grupo de pioneros Santos de los Últimos Días, dirigido por Brigham Young, se encontraba cerca de las montañas Rocosas cuando acamparon en un pequeño valle para pasar la noche. Después de cenar, hicieron una fogata y se pusieron a cantar y a bailar para olvidarse del cansancio y de las preocupaciones del día.

    Antes de irse a dormir a sus carretas y se dejara a alguien haciendo guardia, el grupo entero cantó la canción que les daba más ánimo y renovaba su dedicación al Señor: “¡Oh, está todo bien!”.

    Esa noche había unos mil indios hostiles escondidos alrededor del campamento, listos para atacar a los pioneros, pero cuando escucharon a los pioneros cantar “¡Oh, está todo bien!” no pudieron atacarlos. Ellos sabían que el Gran Espíritu (como llaman a nuestro Padre Celestial) estaba protegiendo a los pioneros, por lo tanto, montaron en sus caballos y se alejaron, dejándolos tranquilos.

    Un tiempo después, el hombre que había sido jefe del grupo de indios contó este relato a unos misioneros mormones y cuando terminó, sacó un violín y comenzó a tocar “¡Oh, está todo bien!”. Les explicó a los misioneros: “Esta canción es de ustedes, pero también es mía. La toco todas las noches antes de ir a dormir. Acerca al Gran Espíritu y me calma y me hace feliz, al igual que a mi gente”. (Véase Lucille C. Reading, “Song of the Pioneers”, Children’s Friend, julio de 1965, pág. 37; véase también Valientes B, pág. 125.)

    Pida a los niños que hablen de ocasiones en las que un himno de la Iglesia o una canción les haya hecho sentir calma y felicidad.

  4. 4.

    Para que los niños comprendan la forma en la que se utilizó el primer himnario, explique que la letra de distintos himnos se puede cantar con una misma melodía. Pida a los niños que canten “Qué firmes cimientos” (Himnos, Nº 40). Luego canten la letra de “Jesús en pesebre” (Himnos, Nº 125) con la melodía de “Qué firmes cimientos” (la primera frase deberá repetirse en la última línea). También puede hacerlo al revés y cantar “Qué firmes cimientos” con la música de “Jesús en pesebre”.

    “Bandera de Sión” (Himnos, Nº 4) y “A Cristo Rey Jesús” (Himnos, Nº 30) se pueden también intercambiar.

  5. 5.

    Es importante que los niños comprendan que cantar los himnos y otras canciones edificantes pueden disipar los malos pensamientos que invadan su mente. Lea o pida a uno de los niños que lea la siguiente cita del élder Boyd K. Packer, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles:

    “Quisiera exhortarles a que escogieran de entre la música sagrada de la Iglesia un himno predilecto, uno que tenga una letra tan edificante y música tan reverente que les sirva de verdadera inspiración. Una vez que lo escojan, procuren memorizarlo … utilícenlo como el refugio de sus pensamientos… Al comenzar la música y al surgir las palabras de la letra en la mente, los malos pensamientos se irán disipando” (“Inspiring Music—Worthy Thoughts, Ensign, enero de 1974, pág. 28; citado en Enseñad diligentemente, [Salt Lake City: Deseret Book Company, 1985], pág. 49).

    Pida a dos niños que lean una de las siguientes citas de los líderes de la Iglesia: “La música juega un papel muy importante en nuestros servicios de adoración. Considero que quienes la seleccionan, la dirigen, la presentan y la acompañan son más responsables del logro de un espíritu de reverencia en nuestras reuniones que los oradores mismos” (Boyd K. Packer, “La reverencia inspira la revelación”, Liahona, enero de 1992, pág. 25).

    “Hermanos y hermanas, valgámonos de nuestros himnos para invitar al Espíritu del Señor para que esté presente en nuestras congregaciones, en nuestro hogar y en nuestra propia vida. Aprendámoslos de memoria, reflexionemos en lo que dicen, recitemos o cantemos la letra y permitamos que nos nutran espiritualmente. Recordemos que la canción de los justos es una oración para nuestro Padre Celestial, y “será contestada con una bendición sobre [nuestra] cabeza” (“Prólogo de la Primera Presidencia”, Himnos, pág. x).

    Analice con los niños la razón por la cual la música es importante en nuestra vida y la forma en que podemos utilizarla para acercarnos más a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo.

  6. 7.

    Ayude a los niños a aprender de memoria Doctrina y Convenios 25:12.

Conclusión

Testimonio

Exprese su testimonio a los niños de la importancia de cantar himnos y hable de sus ideas sobre las bendiciones que se pueden recibir por medio del canto correcto de los himnos. Dígales a los niños que a nuestro Padre Celestial le gusta mucho escucharnos cantar y aliéntelos a participar con gozo del canto de los himnos en las reuniones de la Iglesia y en forma individual.

Sugerencia de lectura

Sugiera a los niños que estudien en casa Doctrina y Convenios 25 como repaso de esta lección.

Sugerencias para que los niños hablen con la familia

Inste a los niños a que hablen con la familia sobre una parte específica de la lección, tal como un relato, una pregunta o actividad, o que lean con ella la “Sugerencia de lectura” que tienen para estudiar en casa.

Pida a uno de los niños que ofrezca la última oración.