El Señor revela la ley de consagración

Primaria 5: Doctrina y Convenios y la Historia de la Iglesia, 1996


Objetivo

Alentar a los niños a que con buena disposición compartan su tiempo, talentos y bienes para la edificación del reino de Dios sobre la tierra.

Preparación

  1. 1.

    Estudie, con oración, Salmos 24:1; Doctrina y Convenios 42:30–39, 42, 53–55, 71–73 (el Señor revela la ley de consagración); y el relato del acontecimiento histórico que se encuentra en esta lección. Después, estudie la lección y decida qué método empleará para enseñar a los niños los relatos y los acontecimientos históricos y de las Escrituras. (Véase “Cómo preparar las lecciones”, págs. VI–VIII y “La enseñanza de los acontecimientos históricos y de las Escrituras”, págs. VIII–X.)

  2. 2.

    Lectura complementaria: Mosíah 2:17; Hechos 2:44–45, 4:32; y Principios del Evangelio (31110 002), capítulos 32–34.

  3. 3.

    Elija las preguntas para analizar y las actividades complementarias que mejor promuevan la participación de los niños y los ayude a alcanzar el objetivo de la lección.

  4. 4.

    Escriba en hojas de papel por separado las siguientes palabras: comida, ropa, vivienda, dinero y libros y juegos y coloque las hojas en un recipiente de boca ancha.

  5. 5.

    Materiales necesarios:

    1. a.

      Un ejemplar de Doctrina y Convenios para cada niño.

    2. b.

      Un ejemplar de la Biblia y uno del Libro de Mormón.

    3. c.

      Una hoja de papel y un lápiz para cada niño.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Pida a uno de los niños que ofrezca la primera oración.

Actividad para despertar el interés

Pida a los niños que jueguen a “No lo necesito, ¿tú lo quieres?” con el fin de que comprendan el concepto de dar de lo que tienen de más a otras personas. Dé a cada uno de ellos una hoja de papel y un lápiz y pídales que anoten comida, ropa, vivienda, dinero y libros y juegos. El objeto del juego es enseñarles a obtener todas las cosas anotadas en la lista ya sea sacándolas del recipiente o recibiéndolas por intermedio de otro niño.

Pase el recipiente a uno de los niños y pídale que escoja un papel, lea lo que dice, y colóquelo nuevamente dentro del recipiente; luego, pídale que haga un círculo alrededor del nombre de ese artículo en su hoja de papel. Continúe haciendo lo mismo con el siguiente niño hasta que todos hayan participado y luego comience otra vez por el primer niño repitiendo la misma actividad.

Si uno de los niños escoge un artículo que ya ha circulado en su lista, debe preguntarle al niño que tenga a su izquierda: “No lo necesito, ¿tú lo quieres?” Entonces el niño sentado a la izquierda hace un círculo alrededor del artículo en su lista o, si ya lo tiene circulado, le hace esa misma pregunta al niño que se encuentra a su izquierda. Se continúa de esa forma hasta que alguien no lo tenga y pueda encerrarlo en un círculo.

Haga el juego hasta que todos los niños hayan hecho un círculo alrededor de todos los artículos anotados en su hoja.

Pida a uno de los niños que lea en voz alta Salmos 24:1.

• ¿Qué quiere decir ese pasaje de las Escrituras?

Explique que debido a que la tierra fue creada por Jesucristo, bajo la dirección de nuestro Padre Celestial, todo lo que está sobre ella les pertenece. Ellos nos bendicen permitiendo que utilicemos lo que crearon. Nuestro Padre Celestial y Jesús desean que compartamos con los demás lo que tenemos, especialmente si tenemos más de lo que necesitamos. Esa es una forma de demostrar amor por nuestro Padre Celestial y Jesús y agradecerles todo lo que nos han dado.

Acontecimientos históricos y de las Escrituras

Explique que en los primeros días de la Iglesia se mandó a los miembros que compartieran entre sí todas las cosas con las cuales habían sido bendecidos. A ese mandamiento se le llamó la ley de consagración. Escriba la palabra consagración en la pizarra. Explique que consagrar significa dedicar o dar con un propósito sagrado. Enseñe a los niños acerca de la ley de consagración, tal como se describe en Doctrina y Convenios 42:30–39, 42, 53–55, 71–73 y en el siguiente relato del acontecimiento histórico.

A principios de 1831, cuando los miembros comenzaron a congregarse en Ohio, el profeta José Smith empezó a preocuparse porque muchos de ellos eran muy pobres y carecían de lo más necesario, como alimentos, ropa y vivienda. El Profeta comenzó a pensar en la forma de ayudar a esos miembros de la Iglesia.

Cuando el Profeta llegó por primera vez a Kirtland, encontró que un grupo de miembros de la Iglesia vivían juntos en la granja de Isaac Morley. Habían leído en la Biblia que los miembros de la época de Jesús tenían todo en común (véase Hechos 2:44–45; 4:32) y deseaban vivir de esa misma forma. Sin embargo, ese sistema no siempre daba buenos resultados. Por ejemplo, un hermano pensó que si todo lo tenían en común, tenía el derecho de vender el reloj de otro de los hermanos, lo que enojó mucho a su dueño. El Profeta se dio cuenta de que, a pesar de estar bien que esas personas trataran de compartir todo lo que tenían, el Señor no había aprobado ese plan de vida. José Smith oró entonces pidiendo al Señor que le dijera lo que deseaba que hicieran los miembros de la Iglesia.

Pocos días después de haber llamado a Edward Partridge como obispo de la Iglesia, el Señor le reveló a José Smith la ley de consagración (véase D. y C. 42:30–39, 42). En esa ley se mandaba a los miembros a que compartieran lo que poseían de una forma organizada. El Señor dio las siguientes instrucciones:

  1. 1.

    Los miembros tenían que consagrar, o sea dar, todas las propiedades, ya fueran muebles o inmuebles, a la Iglesia, y el obispo sería responsable por esas consagraciones.

  2. 2.

    Junto con el jefe de cada familia, el obispo decidía qué propiedades y posesiones la familia necesitaba para trabajar y vivir y se las entregaba a la familia.

  3. 3.

    Las familias tenían que trabajar diligentemente para mantenerse utilizando lo que se les había dado. Una vez que tenían todo lo que necesitaban y deseaban, todo el sobrante de lo que habían ganado o logrado se lo tenían que dar al obispo para la ayuda de los pobres y el fortalecimiento de la Iglesia.

Esa ley ayudó a la Iglesia a progresar y a los miembros a preocuparse los unos por los otros mientras vivieron en Ohio y Misuri. La gente donaba su tiempo y sus habilidades, así como también dinero y posesiones para que la obra misional pudiera llevarse a cabo, para que se pudiera construir un templo y para que los miembros que llegaban tuvieran un lugar donde vivir y alimentos para comer. Aun cuando la mayoría de las personas eran pobres, cuando compartían lo que poseían, todos tenían suficiente.

La gente hacía donaciones diversas; por ejemplo, todos ayudaron a edificar el Templo de Kirtland. Los varones trabajaron en la construcción y las hermanas hicieron la ropa para los obreros y las cortinas y alfombras. Alguien donó un caballo y una yunta de bueyes y la Iglesia los vendió y utilizó ese dinero para comprar materiales de construcción para el templo y alimentos para los trabajadores que lo estaban construyendo. Una hermana pasó todo el verano hilando casi cincuenta kilos de lana, y cuando le dijeron que podía quedarse con la mitad por haber trabajado tan diligentemente, contestó que los trabajadores del templo necesitaban la lana más que ella y sólo se quedó con un poquito que no alcanzaba ni siquiera para hacer un par de calcetines.

Muchas personas trabajaban en la obra misional. Los hombres salían a la misión y los demás miembros colaboraban para cuidar de sus familias y darles alimentos y ropa mientras ellos se encontraban lejos. Una vez el Profeta llamó al hermano John E. Page como misionero para que fuera a Canadá, pero él le contestó que no podía porque no tenía abrigo para ponerse. Entonces el Profeta se sacó el que llevaba puesto y se lo dio.

Debido a que estaban dispuestos a trabajar diligentemente y a compartir lo que tenían, los miembros de la Iglesia tenían lo necesario y la Iglesia tenía el dinero suficiente para llevar a cabo otros objetivos importantes, tales como el comprar tierras en Misuri para edificar casas y un templo. Al ayudarse mutuamente, el testimonio de los miembros sobre la veracidad del Evangelio aumentaba y el reino de Dios sobre la tierra se fortalecía.

Los primeros miembros de la Iglesia vivieron la ley de consagración sólo por un corto tiempo. Algún día la Iglesia pondrá en práctica nuevamente la ley de consagración, pero en la actualidad, se nos pide que vivamos sólo una parte de ella. No se nos solicita que demos todo lo que tenemos a la Iglesia, pero se nos pide que paguemos los diezmos y las ofrendas de ayuno. (Si lo considera necesario, explique que cuando ayunamos, se nos insta a contribuir por lo menos con el dinero que hubiéramos gastado en dos comidas ese día y se lo demos a la Iglesia. Esas son las ofrendas de ayuno.) Los diezmos y las ofrendas de ayuno se utilizan para socorrer a los pobres, edificar templos y centros de reuniones y satisfacer otras necesidades de la Iglesia, tales como los manuales para las clases. Se nos ha pedido que demos de nuestro tiempo y habilidades, como por ejemplo, que demos discursos o enseñemos lecciones en la Primaria. Cuando damos, ya sea de una forma u otra, ayudamos a edificar el reino de Dios sobre la tierra.

Preguntas para analizar y aplicar

Al preparar la lección, estudie las preguntas y los pasajes de las Escrituras que se encuentran a continuación. Después, utilice las preguntas que usted considere que mejor ayudarán a los niños a comprender las Escrituras y a aplicar los principios a su vida. El leer los pasajes en clase con los niños hará que éstos entiendan mejor las Escrituras.

• ¿Por qué dio el Señor la ley de consagración a los primeros miembros de la Iglesia? (D. y C. 42:30, 34–35.) ¿Qué hicieron los miembros para cumplir con esa ley? (D. y C. 42:31–33.) ¿En qué forma se utilizaron el dinero y los bienes sobrantes? En la actualidad, ¿de qué manera se le pide a los miembros de la Iglesia que ayuden a construir edificios y templos? (Por medio del pago de los diezmos.) ¿De qué manera se nos pide que ayudemos a los pobres y a los necesitados? (Por medio de las ofrendas de ayuno y otras donaciones; véanse las actividades complementarias Nº 1 y Nº 2.)

• ¿Dónde guarda la Iglesia esas provisiones restantes que donan los miembros? (D. y C. 42:34.) ¿Quién es responsable de juntar y administrar esas cosas? (El obispo.) Explique que la Iglesia todavía utiliza almacenes del obispo en la actualidad. Esos almacenes están llenos de comida y otras mercaderías donadas a la Iglesia o compradas por ella. El obispo puede enviar a los miembros de la Iglesia que no tienen lo que necesitan a esos almacenes para que obtengan allí alimentos y otros artículos necesarios.

• ¿Qué dijo el Señor a los miembros de la Iglesia acerca de la importancia del trabajo? (D. y C. 42:42.) ¿Por qué es importante que la gente trabaje diligentemente para adquirir lo que necesita? ¿Qué trabajo realizan ustedes para ayudar a la familia? ¿Qué trabajo hacen para ayudar a la Iglesia? ¿Qué más pueden hacer?

• ¿Quién les ha dado el talento que poseen? ¿Cómo pueden dar de su tiempo y talento a los demás? (Véase la actividad complementaria Nº 1.)

• ¿Por qué creen que los miembros de la Iglesia estaban dispuestos a compartir todo lo que poseían, aun cuando la mayoría de ellos no tenía mucho? ¿A quién realmente prestamos servicio cuando ayudamos a los demás? (D. y C. 42:31, 38; Mosíah 2:17.) ¿En qué forma el dar parte de lo que tenemos le demuestra a nuestro Padre Celestial y a Jesús que les amamos? ¿Cómo se sienten cuando dan o ayudan a alguien? (Véase la actividad complementaria Nº 3.)

Actividades complementarias

En cualquier momento de la lección o como repaso, resumen o cometido, utilice una o más de las siguientes actividades:

  1. 1.

    Para que los niños comprendan mejor la forma en que pueden dar y compartir con los demás, haga tres columnas en la pizarra y rotule una Tiempo, la siguiente Talento y Bienes la tercera. Explique a los niños que “bienes” significa el dinero y las cosas materiales que poseen.

    Ayude a que los niños hagan una lista en cada columna de las formas en las que sus familias dan de lo que tienen para ayudar a otras personas y para edificar la Iglesia. Por ejemplo, debajo de “bienes” podrían poner diezmos, ofrendas de ayuno, donaciones para el fondo misional, y alimentos y ropa para los pobres. Debajo de “tiempo” podrían anotar apoyar a los padres en sus llamamientos en la Iglesia, cuidar a los hermanos más pequeños mientras sus padres van al templo, trabajar en un proyecto de bienestar de la Iglesia y visitar a alguien que se sienta solo. En la lista de “talento” podrían poner hablar en la Primaria o en la reunión sacramental, tocar un instrumento musical o cantar para que otras personas disfruten de nuestra actuación, y hacer decoraciones para una actividad de la Iglesia.

    Haga comprender a los niños que hay muchas maneras en las cuales podemos dar o compartir con los demás, aun cuando no poseamos mucho dinero ni bienes materiales. Si lo desea, dé papel y lápiz a los niños y pida que escriban una forma en la cual pueden dar de su tiempo o de su talento durante la semana entrante.

  2. 2.

    Es importante que los niños comprendan cómo y en qué se utilizan las ofrendas de ayuno. Explique que si es necesario, un obispo utiliza las ofrendas de ayuno para proporcionar comida, vivienda, ropa y cuidado médico para los pobres y los necesitados. Si lo desea, pregunte al obispo con anticipación cómo se utilizan las ofrendas de ayuno en su barrio y hable de ello con los niños o dé la siguiente descripción de la forma en que se utilizaron algunas ofrendas de ayuno:

    Además del ayuno regular que se lleva a cabo los domingos de ayuno, en ocasiones los miembros de la Iglesia ayunan en forma especial con el fin de ayudar a la gente de otras partes del mundo. Las ofrendas que se donan durante esos ayunos se utilizan para muchos proyectos, parte de ese dinero se ha estado utilizando para vacunar a los niños de África con el objeto de protegerlos de enfermedades contagiosas. Se ha dado también parte de ese dinero para ayudar a que la gente de otra parte del continente africano reciba agua potable fresca en las aldeas. Se ha utilizado dinero para ayudar a familias de Guatemala que se dedican a trabajar en el campo a aprender la forma de obtener una mejor y más abundante producción agrícola con el fin de proveer una mejor nutrición a la familia y el ganado. Se ha dado dinero de las ofrendas de ayuno para proporcionar cuidado médico y dental para la gente que de otra forma no podría obtenerlo por no poder pagar un médico ni un dentista. Se ha utilizado también para ayudar a las víctimas de catástrofes naturales, tales como terremotos o inundaciones. Muchas personas han sido bendecidas al dar y recibir las ofrendas de ayuno. (Véase Thomas S. Monson, “Un real sacerdocio”, Liahona, julio de 1991, pág. 53.)

  3. 3.

    Narre los siguientes relatos que hizo el presidente Thomas S. Monson, miembro de la Primera Presidencia, acerca de niños que sabían dar. Pida a los miembros de su clase que prestan atención a lo que usted diga y estén listos para decirle, una vez que usted haya terminado el relato, la forma en que los niños de la narración dieron de su tiempo, de sus talentos y de sus bienes.

    1. a.

      En la época en que el presidente Thomas S. Monson era un muchacho, su clase de la Escuela Dominical estaba ahorrando dinero para hacer una gran fiesta. Los jovencitos estaban muy entusiasmados pensando en los pasteles, las galletas y el helado que podrían comprar con ese dinero. Sin embargo, encontraron una forma más importante en la cual utilizarlo:

      “Ninguno de nuestro grupo olvidará aquella gris mañana de enero en que nuestra querida maestra nos anunció la muerte de la madre de uno de nuestros compañeros. Cada uno de nosotros pensó en lo que significaba su propia madre y todos sentimos pesar por Billy Devenport y la gran pérdida que había sufrido. “Ese domingo, la lección se basó en el capítulo 20, versículo 35, del libro de Hechos: ‘…se debe… recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir’. Al terminar de presentar su bien preparada lección, [nuestra maestra] nos habló de la situación económica de la familia de Billy. Era la época de la Depresión y el dinero escaseaba. Con un brillo especial en los ojos, nos preguntó: ‘¿Qué les parece si siguiéramos esta enseñanza del Señor? ¿Qué piensan de tomar los fondos que tienen para la fiesta y darlos a los Devenport como una expresión de nuestro afecto por ellos?’ La decisión fue unánime; contamos cuidadosamente el dinero y lo colocamos en un sobre.

      “Siempre recordaré a nuestro pequeño grupo caminando las tres cuadras que nos separaban de la casa de Billy, entrando en la casa y saludándolos a él, sus hermanos y su padre. La ausencia de la madre dejaba un gran vacío. Siempre recordaré con emoción los ojos llenos de lágrimas de todos cuando el sobre que contenía nuestro atesorado fondo para la fiesta pasó de las delicadas manos de la maestra a la necesitada mano del padre de familia. Contentos hicimos el camino de regreso a la capilla; nuestro corazón iba más liviano que nunca, nuestro gozo era más completo y nuestra comprensión más profunda. Aquel sencillo acto de bondad nos ligó como si fuéramos uno. Por experiencia propia, supimos ese día que ciertamente es más bienaventurado dar que recibir” (“Una actitud agradecida”, Liahona, julio de 1992, págs. 65–66).

    2. b.

      “De diácono, me gustaba mucho el béisbol… Mis amigos y yo jugábamos en un callejón que había detrás de donde vivíamos; el campo de juego era limitado, aunque nos servía siempre que bateáramos derecho al centro; pero si bateábamos a la derecha, podía ocurrir un desastre: allí vivía una señora que nos observaba; tan pronto como la pelota entraba en el porche de su casa, el perro la recogía y se la entregaba; ella volvía a entrar y la agregaba a la colección de las que ya nos había confiscado… Ninguno de nosotros tenía un adjetivo amable para describirla, pero nos sobraban los adjetivos desagradables…

      “Una noche, mientras me hallaba en la tarea de regar con la manguera el césped del frente de nuestra casa, noté que el de esta vecina estaba seco y amarillento. Sinceramente, no sé qué me pasó, pero después de regar nuestro césped me puse a regar el suyo; seguí haciéndolo todas las noches y, al llegar el otoño, limpié las hojas secas y las apilé junto a la calle para quemarlas. Durante todo el verano no había visto a la vecina. Habíamos dejado de jugar al béisbol en el callejón, porque ya no nos quedaban pelotas y no teníamos dinero para comprar más.

      “Una noche, la puerta del frente se abrió y mi vecina me hizo señas de que me acercara; así lo hice, y al llegar junto a ella, me invitó a entrar en la sala y me ofreció una cómoda silla para que me sentara. Después, fue a la cocina de la que volvió con una gran caja llena de pelotas que representaban los esfuerzos de largo tiempo de confiscación, y me la entregó. El tesoro no consistía, sin embargo, en el contenido de la caja sino en su voz y en la sonrisa que vi por primera vez en su rostro, mientras me decía: ‘Tommy, quiero darte estas pelotas y agradecerte por haber sido bueno conmigo’. Le di las gracias y salí de allí siendo un muchacho mejor que cuando había entrado. Ya no éramos enemigos, sino amigos” (“Un real sacerdocio”, Liahona, julio de 1991, pág. 54).

    3. c.

      “Un domingo por la mañana, en un asilo de ancianos [donde van las personas enfermas o ancianas para que les brinden un cuidado mejor que el que podrían darle en la casa]… vi la presentación de una jovencita que compartió su talento musical con los solitarios ancianos…

      “Los oyentes, la mayoría de ellos en silla de ruedas, escuchaban en silencio mientras la joven arrancaba de su violín una bellísima melodía. Al terminar, una dama dijo: ‘¡Hermosísimo, querida!’, y comenzó a aplaudir con entusiasmo. Entonces le siguió otro paciente y, en seguida, otro y otro hasta que todos se unieron al aplauso.

      “Al salir la joven y yo juntos de aquel recinto, ella me dijo: ‘Nunca había tocado mejor. Nunca me había sentido tan contenta’” (“Nunca solos”, Liahona, julio de 1991, pág. 67).

  4. 4.

    Ayude a los niños a aprender de memoria Doctrina y Convenios 42:38 y analice con ellos el significado de ese pasaje.

  5. 5.

    Canten o repitan la letra de las canciones “Amad a otros” (Canciones para los niños, pág. 74) o “Yo trato de ser como Cristo” (Canciones para los niños, pág. 40).

Conclusión

Testimonio

Hable con los niños acerca de la forma en que se siente al pensar en todas las bendiciones que nuestro Padre Celestial y Jesucristo le han dado. Exprese su deseo de compartir esas bendiciones con los demás. Si lo desea, relate una oportunidad en la que usted haya dado algo de lo que tenía o cuando otra persona le dio a usted.

Sugerencias de lectura

Sugiera que los niños estudien en casa Doctrina y Convenios 42:34–39 como repaso de esta lección.

Sugerencias para que los niños hablen con la familia

Inste a los niños a hablar con la familia sobre una parte específica de la lección, tal como un relato, una pregunta o actividad, o que lean con ella la “Sugerencia de lectura” que tienen para estudiar en casa.

Pida a uno de los niños que ofrezca la última oración.