Capítulo 13: El sacerdocio

Principios del Evangelio, (2011), 67–71


¿Qué es el sacerdocio?

A los maestros: Este capítulo está organizado bajo cinco encabezamientos, cada uno de los cuales es una pregunta sobre el sacerdocio. Si desea, emplee estas preguntas como guía para su lección. Si el entorno del salón de clases es tal que se puedan tener análisis en grupos pequeños, considere dividir a los miembros de la clase en grupos de dos a cuatro integrantes y asignar a cada grupo una de las secciones del capítulo (en clases más grandes, algunas secciones se podrían asignar a más de un grupo). Pida a cada grupo que haga lo siguiente: (1) Leer y analizar la sección asignada. (2) Encontrar pasajes de las Escrituras que ayuden a responder la pregunta del encabezamiento de la sección. (3) Compartir experiencias personales que se relacionen con la sección. Luego pida a los alumnos que compartan algunas de estas experiencias con toda la clase.

El sacerdocio es el poder y la autoridad eternos de Dios. Por medio del sacerdocio, Él creó y gobierna los cielos y la tierra; a través de este poder, el universo se mantiene en orden perfecto. Mediante ese poder, Él realiza Su obra y Su gloria, que es “…Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Nuestro Padre Celestial delega Su poder del sacerdocio a los varones dignos que son miembros de la Iglesia. El sacerdocio les permite actuar en el nombre de Dios para la salvación de la familia humana; por medio de él, se les puede autorizar para predicar el Evangelio, administrar las ordenanzas de salvación y gobernar el reino de Dios en la tierra.

  • Piense en la importancia que tiene el que Dios permita que hombres y jóvenes dignos posean Su sacerdocio.

¿Por qué necesitamos el sacerdocio en la tierra?

Para llevar a cabo las ordenanzas sagradas del Evangelio, como el bautismo, la confirmación, la administración de la Santa Cena y el matrimonio en el templo, debemos tener la autoridad del sacerdocio para actuar en el nombre de Dios. Si un hombre no posee el sacerdocio, aun cuando fuese sincero, el Señor no reconocerá las ordenanzas que efectúe (véase Mateo 7:21–23; Artículos de Fe 1:5). Esas importantes ordenanzas se deben realizar sobre la tierra por hombres que posean el sacerdocio.

Los hombres necesitan el sacerdocio para presidir La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y para dirigir la obra de la Iglesia en todas partes del mundo. Cuando Cristo vivió en la tierra, eligió a Sus apóstoles y los ordenó para que dirigieran Su Iglesia; y les dio el poder y la autoridad del sacerdocio para actuar en Su nombre. (Véase Marcos 3:13–15; Juan 15:16).

Otra de las razones por las cuales es necesario el sacerdocio en la tierra es para que entendamos la voluntad del Señor y llevemos a cabo Sus propósitos. Dios revela Su voluntad a Su representante autorizado del sacerdocio en la tierra: el profeta. El profeta, quien es a la vez el Presidente de la Iglesia, presta servicio como portavoz de Dios para todos los miembros de la Iglesia y para toda la gente de la tierra.

  • ¿Por qué es esencial que un hombre tenga la debida autoridad cuando lleva a cabo ordenanzas?

¿De qué manera reciben los varones el sacerdocio?

El Señor ha preparado una manera ordenada para que Su sacerdocio se proporcione a Sus hijos varones en la tierra. Un varón digno, miembro de la Iglesia, recibe el sacerdocio por medio de “…la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad, a fin de que pueda predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas” (Artículos de Fe 1:5).

Esa es la misma forma en que el hombre recibió el sacerdocio hace mucho tiempo, aun en los días de Moisés: “Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón” (Hebreos 5:4). Aarón recibió el sacerdocio de Moisés, su líder del sacerdocio (véase Éxodo 28:1). Solamente quienes poseen el sacerdocio pueden ordenar a otros, y sólo cuando aquellos que poseen las llaves para dicha ordenación lo hayan autorizado (véase el capítulo 14 de este libro).

Los hombres no pueden comprar ni vender el poder y la autoridad del sacerdocio, ni adquirir por ellos mismos esa autoridad. En el Nuevo Testamento leemos acerca de un hombre llamado Simón que vivió durante la época en que los apóstoles de Cristo presidían la Iglesia. Simón se convirtió y fue bautizado en la Iglesia. Debido a que era un mago muy hábil, la gente creyó que poseía el poder de Dios; sin embargo, Simón no poseía el sacerdocio y él lo sabía.

Simón sabía que los apóstoles y los demás líderes del sacerdocio de la Iglesia poseían el verdadero poder de Dios. Él los vio utilizar el sacerdocio para hacer la obra del Señor, y él quería ese poder para sí mismo; de modo que ofreció comprarlo. (Véase Hechos 8:9–19). Sin embargo, Pedro, el apóstol principal, le dijo: “…Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero” (Hechos 8:20).

  • ¿Qué importancia tiene el hecho de que “nadie toma para sí esta honra [del sacerdocio]”?

¿De qué manera utilizan debidamente el sacerdocio los hombres?

El sacerdocio se debe utilizar para bendecir la vida de los hijos de nuestro Padre Celestial en la tierra. Los poseedores del sacerdocio deben presidir con amor y bondad. No deben forzar a su familia ni a otras personas a obedecerlos. El Señor nos ha dicho que el poder del sacerdocio no debe ser controlado sino conforme a la rectitud (véase D. y C. 121:36). Cuando tratamos de utilizar el sacerdocio para obtener bienes materiales, fama o con otro propósito egoísta, “…he aquí, los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando se aparta, se acabó el sacerdocio o autoridad de tal hombre” (D. y C. 121:37).

Cuando un hombre utiliza el sacerdocio “…por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero” (D. y C. 121:41), puede hacer muchas cosas maravillosas por su familia y por otras personas. Puede bautizar, confirmar y administrar la Santa Cena cuando se lo autorizan aquellos que poseen las llaves para esas ordenanzas. Puede bendecir a los enfermos y dar bendiciones del sacerdocio a los miembros de su familia a fin de alentarlos y protegerlos cuando tengan necesidades especiales. También puede ayudar a otras familias con esas ordenanzas y bendiciones cuando se le pida que lo haga.

Los hombres utilizan la autoridad del sacerdocio para presidir la Iglesia en llamamientos como el de presidente de rama, obispo, presidente de quórum, presidente de estaca y presidente de misión. Los hombres y las mujeres que tienen cargos de oficiales y maestros dentro de la Iglesia trabajan bajo la dirección de los líderes del sacerdocio y bajo la guía del Espíritu Santo.

¿Qué bendiciones se reciben cuando utilizamos el sacerdocio en forma apropiada?

El Señor ha prometido grandes bendiciones a los rectos poseedores del sacerdocio que lo utilizan con el fin de bendecir a sus semejantes:

“…entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo.

“El Espíritu Santo será tu compañero constante, y tu cetro, un cetro inmutable de justicia y de verdad; y tu dominio será un dominio eterno, y sin ser compelido fluirá hacia ti para siempre jamás” (D. y C. 121:45–46).

El presidente David O. McKay prometió a todo hombre que utilizara el sacerdocio rectamente que vería que “…su vida se serena, su discernimiento entre lo correcto y lo incorrecto se agudiza, sus sentimientos son tiernos y compasivos pero su espíritu es fuerte y valiente en defensa de la rectitud. Encontrará que el sacerdocio es una fuente constante de felicidad, un pozo de agua viva que brota para vida eterna” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: David O. McKay, 2004, pág. 127).

  • ¿Cuáles son algunas de las bendiciones que usted ha recibido por medio del sacerdocio?

Pasajes adicionales de las Escrituras

  • D. y C. 84; 107 (revelaciones sobre el sacerdocio, incluso el juramento y el convenio del sacerdocio en D. y C. 84:33–40).

  • D. y C. 20:38–67 (se explican los deberes del sacerdocio).