El martirio de José y Hyrum Smith

Primaria 5: Doctrina y Convenios y la Historia de la Iglesia, 1996


Objetivo

Fortalecer en los niños el testimonio del profeta José Smith.

Preparación

  1. 1.

    Estudie, con oración, los relatos de los acontecimientos históricos que se dan en esta lección y Doctrina y Convenios 135. Después, estudie la lección y decida qué método empleará para enseñar a los niños los relatos y los acontecimientos históricos y de las Escrituras. (Véase “Cómo preparar las lecciones”, págs. VI–VIII y “La enseñanza de los acontecimientos históricos y de las Escrituras”, págs. VIII–X.)

  2. 2.

    Lectura complementaria: Doctrina y Convenios 124:91, 94–96.

  3. 3.

    Elija las preguntas para analizar y las actividades complementarias que promuevan la participación de los niños y que mejor los ayuden a alcanzar el objetivo de la lección.

  4. 4.

    Haga pequeñas tiras de papel o de cartulina con las siguientes inscripciones:

    • Oración

    • Espíritu Santo

    • Maestros

    • Escrituras

    • Estudio

    • Profetas

    • Verdad

    • Obediencia

    • Dar el Testimonio

  5. 5.

    Materiales necesarios:

    1. a.

      Un ejemplar de Doctrina y Convenios para cada niño.

    2. b.

      Tres recipientes de boca ancha y de igual tamaño.

    3. c.

      Un botón o un guijarro pequeño.

    4. d.

      El mapa de Misuri y de las zonas adyacentes que se encuentra al final de la lección 30.

    5. e.

      La lámina 5–1, El profeta José Smith (Las bellas artes del Evangelio 401; 62002) o 5–2, José Smith (Las bellas artes del Evangelio 400; 62449); la lámina 5–38, Hyrum Smith; la lámina 5–39, La cárcel de Carthage; la lámina 5–40, El martirio de José y Hyrum Smith.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Pida a uno de los niños que ofrezca la primera oración.

Actividad para despertar el interés

Coloque los tres recipientes de boca ancha sobre el piso en fila o juntos formando un grupo. Coloque tres pequeñas tiras de papel con las inscripciones anteriormente mencionadas en cada uno de los recipientes y pida a los niños que, de a uno, tiren un botón o un guijarro en uno de ellos, saquen una de las tiras de papel o cartulina y digan cómo la palabra o la frase que se encuentra escrita en ella puede ayudar a los niños a fortalecer sus testimonios. Las tiras se pueden utilizar más de una vez si fuera necesario.

Recuerde a los niños que parte de un testimonio del Evangelio es saber que José Smith fue en realidad un verdadero profeta de Dios. En esta lección, ellos aprenderán acerca de la muerte de José Smith y de su hermano Hyrum.

Acontecimientos históricos y de las Escrituras

Enseñe a los niños acerca de la persecución y el martirio de José y Hyrum Smith tal como se describe en los siguientes relatos de los acontecimientos históricos y en Doctrina y Convenios 135. Muestre las láminas en el momento que considere apropiado.

La persecución de los santos en Nauvoo

En 1844, los miembros de la Iglesia ya habían edificado Nauvoo y la habían convertido en una de las ciudades más grandes y prósperas del estado de Illinois. Cada día, más miembros se mudaban a Nauvoo, cosa que alarmó a muchas personas fuera de la Iglesia, las cuales comenzaron a temer el potencial poder económico y político que podrían llegar a alcanzar tantos miembros de la Iglesia juntos, y ese fue el motivo para que comenzaran nuevamente las persecuciones.

Muchas de esas personas pensaban que si se deshacían de José Smith la Iglesia se vendría abajo, y con ello en mente comenzaron a imprimir un periódico diciendo en él mentiras y difamaciones acerca de José Smith, lo que enojó mucho a los miembros de la Iglesia. José Smith, que era el alcalde de la ciudad en ese entonces, convocó a una reunión al consejo de la ciudad, el cual se componía tanto de miembros como de no miembros de la Iglesia, que declaró que ese periódico era pernicioso para el bienestar público y ordenó al alguacil de la ciudad que destruyera la prensa que se utilizaba para imprimirlo.

Las personas que estaban en contra de la Iglesia utilizaron eso para justificar el aumento de persecución en contra de los miembros y del Profeta. El gobernador del estado de Illinois, el señor Thomas Ford, ordenó a José Smith y a otros concejales de la ciudad a ir a Carthage, Illinois, a comparecer ante un tribunal por la destrucción de la prensa. Aun cuando el gobernador les prometió seguridad, José Smith le escribió diciéndole que pensaba que sus vidas podrían estar en peligro si iban a Carthage. El Profeta no creía que les hicieran un juicio justo ni que el gobernador los pudiera proteger como había prometido.

José y Hyrum Smith pensaban que eran los únicos a los cuales los enemigos de la Iglesia querían hacer daño y por tanto se escondieron e hicieron planes para mudarse al oeste con sus respectivas familias. Sin embargo, cuando una cuadrilla armada llegó a Nauvoo desde Carthage amenazando apoderarse de la ciudad si José y Hyrum Smith no aparecían, algunos de los miembros, sintiendo temor de la patrulla armada, llamaron cobardes al Profeta y a su hermano por haber dejado Nauvoo para ir a esconderse. Cuando José Smith se enteró se sintió muy triste y dijo: “Si mi vida no tienen ningún valor para mis amigos, ningún valor tiene para mí”. Luego preguntó a su hermano Hyrum qué pensaba que debían hacer, a lo que éste le respondió: “Volvamos y entreguémonos, y veamos en qué para la cosa” (Elementos de la Historia de la Iglesia, pág. 395).

El Profeta sabía que si volvía serían asesinados, pero le dijo a los demás líderes de la Iglesia: “Voy como cordero al matadero, pero me siento tan sereno como una mañana veraniega. Mi conciencia está libre de ofensas contra Dios y contra todos los hombres. Si me quitan la vida, moriré inocente, y mi sangre pedirá venganza desde el suelo, y se dirá de mí: Fue asesinado a sangre fría” (Elementos de la Historia de la Iglesia, págs. 396–397; véase también D. y C. 135:4).

José y Hyrum Smith son asesinados

José y Hyrum Smith fueron a Carthage y el 25 de junio de 1844 fueron falsamente acusados de causar disturbios y de traición (delito que significa hacer algo en contra del gobierno). Ellos y varios de sus amigos fueron llevados prisioneros a la cárcel de Carthage, donde el populacho los amenazó y los maldijo. Una vez en la cárcel, los hermanos oraron y leyeron el Libro de Mormón y el Profeta dio su testimonio de la veracidad del Evangelio a los hombres que los vigilaban.

El 27 de junio de 1944, uno de los guardias de la cárcel le dijo al hermano Dan Jones, que se encontraba en prisión con el Profeta:

“Bastante trabajo nos ha costado traer a Smith aquí para dejarlo escapar vivo, y si usted no quiere morir con él más vale que se vaya antes de ponerse el sol… y ya verá que yo puedo profetizar mejor que Smith, porque ni él, ni su hermano, ni ninguno de los que se queden con ellos verán la puesta del sol este día” (Elementos de la Historia de la Iglesia, pág. 402).

El hermano Dan Jones comunicó esa amenaza al gobernador Ford, pero éste le contestó: “Usted se alarma innecesariamente por la seguridad de sus amigos, señor mío. La gente no es tan cruel” (Elementos de la Historia de la Iglesia, pág. 402). Luego el gobernador se alejó de Carthage dejando la cárcel a cargo de algunos de los enemigos más encarnizados del Profeta. Ese día, se ordenó a la mayoría de los amigos de José Smith que se fueran de la cárcel.

Sólo cuatro hombres permanecieron en la cárcel de Carthage: el profeta José Smith, su hermano Hyrum, John Taylor y Willard Richards, dos de los Apóstoles. Esos cuatro hombres tenían cuatro armas de fuego que sus amigos les habían dado cuando fueron a visitarlos. El élder Taylor y el élder Richards tenían también sus bastones.

Al enterarse de que el gobernador se había ido de Carthage y había puesto a algunos de los integrantes del populacho a cargo de la cárcel, los cuatro supieron que sus vidas estaban en peligro. Esa mañana José Smith escribió una carta a su familia expresándole cuánto la amaba y asegurándole que era inocente. En la misma pronunció también una bendición sobre su familia y amigos. Esa tarde, John Taylor entonó “Un pobre forastero” (Himnos, N° 16). Esa hermosa canción acerca del Salvador consoló en gran forma a los hermanos, y al terminar, el Profeta le pidió que la volviera a cantar.

Alrededor de las cinco de la tarde, una turba compuesta de unos cien hombres atacaron la cárcel. Muchos de ellos se cubrieron de negro la cara con lodo y pólvora para no ser reconocidos. Como los guardias de la cárcel eran sus amigos, ofrecieron muy poca resistencia ante el ataque. Parte del populacho comenzó a disparar hacia las ventanas mientras que otros corrieron escaleras arriba para disparar dentro del cuarto en el cual se encontraban los líderes de la Iglesia.

Los hermanos trataron de mantener la puerta cerrada con sus cuerpos y utilizaron sus pocas armas de fuego para tratar de contener a la turba. José Smith disparó su pistola mientras el hermano John Taylor utilizaba su pesado bastón para desarmar a los que penetraban a la fuerza en la habitación, pero los atacantes eran muchos y los hermanos muy pocos para poder defenderse.

Hyrum Smith fue herido en la cara por una bala disparada a través de la puerta y cayó al piso gritando: “Soy hombre muerto”. Al caer al suelo, otras tres balas hicieron blanco en su cuerpo. José Smith exclamó al verlo caer: “¡Oh, querido hermano Hyrum!” (Elementos de la Historia de la Iglesia, págs. 404–405).

John Taylor se dirigió hacia la ventana abierta con la esperanza de saltar y salvarse, pero una bala que tiraron de adentro lo hirió en una pierna y hubiera caído hacia afuera si no fuera porque otra bala disparada de afuera dio contra su reloj de bolsillo con tanta fuerza que lo tiró dentro de la habitación, salvándole la vida. Mientras se arrastraba para protegerse debajo de la cama, fue alcanzado por otras tres balas.

Después que el hermano Hyrum y el hermano Taylor cayeron heridos, el Profeta se acercó a la ventana y fue herido por dos balas que tiraron desde el umbral de la puerta y por una tercera que dispararon desde afuera. Sólo llegó a exclamar “Oh Señor, Dios mío” y cayó por la ventana hacia afuera (Elementos de la Historia de la Iglesia, pág. 405).

Los malhechores que se encontraban en el edificio de la cárcel corrieron hacia el exterior para ver el cuerpo del Profeta mientras el hermano Willard Richards se apresuró a acercarse a la ventana para mirar hacia afuera. Después de ver el cuerpo sin vida de José Smith, el élder Richards corrió hacia la puerta, pero se detuvo al oír que el hermano John Taylor lo llamaba de debajo de la cama. Al ver que no le sería posible cargarlo hacia afuera inmediatamente, lo escondió debajo de un viejo colchón y le dijo: “Si sus heridas no son de gravedad, deseo que viva para poder relatar lo que ha sucedido” (Elementos de la Historia de la Iglesia, pág. 405). El élder Richards esperaba ser herido si dejaba la cárcel, pero antes de que el populacho pudiera asegurarse de que había matado a los cuatro hombres que se encontraban presos, alguien por equivocación gritó: “¡Vienen los mormones!”, haciendo que huyeran atemorizados hacia el bosque. (Véase William Edwin Berrett, La Iglesia restaurada, págs. 182–183).

El élder Richards no fue herido en el ataque y ese milagro dio cumplimiento a la profecía que un año antes había hecho José Smith cuando le dijo que habría una vez en que las “balas caerían a su alrededor como granizo y que vería a sus amigos caer a su derecha y a su izquierda, pero que él no sería lastimado” (History of the Church, tomo VI, pág. 619).

Samuel, uno de los hermanos del Profeta, se dirigió a Carthage con el fin de ayudar a sus hermanos, pero el populacho lo persiguió durante todo el camino y llegó exhausto para enterarse de que sus hermanos habían sido asesinados. Ayudó a llevar los cuerpos sin vida de sus dos hermanos hasta una posada de Carthage, pero agotado y débil por el viaje fue presa de una fiebre maligna que le costó la vida, falleciendo un mes después.

Los cuerpos de José y Hyrum Smith fueron llevados de regreso a Nauvoo en carromatos y velados en la Mansión. Al día siguiente, diez mil miembros de la Iglesia hicieron fila para pasar por los féretros y ofrecer sus respetos. Los santos se sintieron muy afligidos por la pérdida del Profeta y de su hermano.

Lucy Mack Smith escribió acerca del martirio de sus hijos: “Durante mucho tiempo he tratado de vigorizar mis nervios, de que mi alma cobrara fuerzas y le he rogado a Dios que me fortaleciera, pero cuando entré en la habitación y vi a mis dos hijos asesinados yaciendo sin vida ante mis ojos y escuché los sollozos y los lamentos de mi familia… no pude soportarlo y clamé al Señor desde el fondo de mi alma: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué has abandonado a esta familia?” Entonces una voz habló a mi alma diciendo: “Los he llevado para que encuentren descanso” (véase Russell Ballard, “La familia del Profeta José Smith”, Liahona, enero de 1992, pág. 7).

La sección 135 de Doctrina y Convenios contiene un relato del martirio que escribió el élder John Taylor, quien fue herido en el ataque que le costó la muerte a José y Hyrum Smith. El élder Taylor dijo: “José Smith… vivió grande y murió grande a los ojos de Dios y de su pueblo; y como la mayoría de los ungidos del Señor en tiempos antiguos, ha sellado su misión y obras con su propia sangre; y lo mismo ha hecho su hermano Hyrum. ¡En vida no fueron divididos, y en su muerte no fueron separados!” (D. y C. 135:3).

Antes de morir, el padre del Profeta le dio una bendición y le dijo: “Vivirás hasta terminar tu obra… Vivirás para poner en orden el plan de toda la obra que Dios te ha dado para hacer” (citado en Smith, págs. 309–310). Y José Smith con gran valentía terminó su misión e hizo todo lo que Dios le pidió que hiciera.

Preguntas para analizar y aplicar

Al preparar la lección, estudie las preguntas y los pasajes de las Escrituras que se encuentran a continuación. Después, utilice las preguntas que usted considere que mejor ayudarán a los niños a comprender las Escrituras y a aplicar los principios a su vida. El leer los pasajes con los niños en la clase hará que entiendan mejor las Escrituras.

• Recuerde a los niños lo que José Smith dijo cuando fue a Carthage (véase D. y C. 135:4). ¿Qué significa tener la “conciencia… libre de ofensas contra Dios y contra todos los hombres”? Indique que muchas veces a eso lo llamamos tener la conciencia limpia. José y Hyrum Smith tenían la conciencia limpia cuando murieron. ¿Qué debemos hacer nosotros para tener una conciencia limpia?

• ¿Qué es un mártir? (Alguien que prefiere morir antes que negar o rechazar lo que cree.) ¿Por qué se consideran mártires a José y a Hyrum Smith? (Porque ellos prefirieron morir antes que negar el testimonio que tenían de Jesucristo y de Su Evangelio.)

• Basándonos en la forma en que ellos vivieron, ¿cómo creen que se sintieron José y Hyrum Smith después de su muerte al encontrarse con Jesús? ¿Cómo creen que se sintieron las personas que integraban el populacho cuando se vieron enfrentadas a Jesús? ¿Cómo se sentirían ustedes si se encontraran con Jesús hoy día?

• ¿Por qué creen que los hermanos se sintieron reconfortados cuando John Taylor cantó “Un pobre forastero” en la cárcel de Carthage? ¿Qué otras cosas hicieron los hermanos para sentirse reconfortados? ¿Qué los reconforta a ustedes cuando tienen miedo?

• ¿Qué aprendemos acerca de la clase de persona que era José Smith al saber que a pesar de las circunstancias él dio su testimonio del Evangelio a los guardias de la cárcel? ¿Se han sentido alguna vez intimidados de dar su testimonio a alguien? ¿Qué podemos hacer para vencer ese temor?

• ¿Por qué creen que algunas personas del populacho se cubrieron el rostro de negro? Explique que en muchas ocasiones cuando las personas hacen cosas malas no desean ser reconocidas. ¿Qué decisiones debemos tomar para no tener jamás vergüenza de que los demás vean lo que hacemos?

• Recuerde a los niños que algunas de las personas que integraban el populacho pensaban que matando a José Smith destruirían la Iglesia completamente. ¿Por qué la Iglesia no se desintegró después que murió el Profeta?

• ¿Por qué es necesario tener un testimonio de que José Smith fue un profeta de Dios? Explique que si no creemos que José Smith era un profeta, no podemos creer que el Libro de Mormón es verdadero o que el Evangelio de Jesucristo ha sido nuevamente traído a la tierra. ¿Cómo podemos obtener un testimonio de José Smith? (Véase la actividad complementaria Nº 3.)

Actividades complementarias

En cualquier momento de la lección o como repaso, resumen o cometido utilice una o más de las siguientes actividades:

  1. 1.

    Escriba por separado las siguientes palabras en diferentes hojas de papel: profeta, cárcel, inocente, testimonio, himno, populacho, bastón, reloj de bolsillo, mártir, conciencia. Pida a los niños que, de a uno, tomen un papel y den pistas para que los demás adivinen la palabra. Por ejemplo, si el niño o niña utiliza la palabra inocente, podría decir: “Una persona que no es culpable es __________” o “si los acusan de algo que no hicieron son __________”. Después que se hayan adivinado todas las palabras, pida a los niños que digan qué aprendieron sobre la forma en que esa palabra se relaciona con la vida y el martirio del profeta José Smith y de su hermano Hyrum.

  2. 2.

    Después de obtener la aprobación de la presidenta de la Primaria, pida a un hermano que represente al élder John Taylor y relate el martirio, utilizando como guión Doctrina y Convenios 135 y los relatos de los acontecimientos históricos que se encuentran en esta lección. Comuníquese con él por lo menos con una semana de anticipación.

  3. 3.

    Haga copias de las siguientes declaraciones para entregar a todos los niños o escríbalas en la pizarra. Pida a los niños que llenen los espacios en blanco con las palabras que se encuentran más abajo.

    1. 1.

      El primer paso para obtener un testimonio es __________ tener uno.

    2. 2.

      Debemos __________ a nuestro Padre Celestial en oración que nos ayude a obtener un testimonio.

    3. 3.

      Debemos desear realmente tener un testimonio para __________ por obtenerlo.

    4. 4.

      Debemos __________ las Escrituras para aumentar nuestro conocimiento de la verdad.

    5. 5.

      Para conservar nuestro testimonio debemos __________ los mandamientos.

      1. a.

        pedir

      2. b.

        desear

      3. c.

        obedecer

      4. d.

        esforzarnos

      5. e.

        estudiar

      (Respuestas: 1–b; 2–a; 3–d; 4–e; 5–c.)

  4. 4.

    Pida a uno de los niños que lea la primera frase de Doctrina y Convenios 135:3.

    • ¿Qué quiso decir John Taylor con esa declaración? ¿Cuales fueron algunos de los grandes logros de José Smith?

    A medida que usted lea el resto de Doctrina y Convenios 135:3, solicite a los niños que sigan la lectura en sus ejemplares de las Escrituras. Mientras lee, escriba en la pizarra los logros de José Smith que se encuentran enumerados en ese versículo. Analice con los niños la forma en que la vida de ellos hubiera sido diferente si José Smith no hubiera realizado todas esas cosas.

  5. 5.

    Relate a los niños lo que le pasó a John Taylor luego de dejar la cárcel de Carthage:

    John Taylor había sido herido tan gravemente que no pudo volver de inmediato a Nauvoo. Después de algunos días, lo trasladaron de la cama a una camilla, pero el movimiento de los pasos desiguales de las personas que lo llevaban le causaba dolores tan terribles que tuvieron que prepararle una cama sobre una especie de trineo amarrado a la parte de atrás de un carromato que lo arrastró a través de las praderas. La esposa del élder Taylor iba con él poniéndole agua fría en las heridas. El trineo se deslizaba suavemente sobre las altas hierbas sin causarle más dolores al herido. Al acercarse a Nauvoo, muchos amigos salieron a recibirlo y al llegar a las partes bajas donde había agua, levantaron el trineo y lo pasaron por alto. En la ciudad, cuando se encontraban con una calle enlodada, tiraban abajo las cercas y llevaban al élder Taylor por los campos para evitarle cualquier dolor innecesario. A pesar de haber viajado durante unos veintisiete kilómetros en trineo sufriendo un gran dolor, el élder Taylor se sintió muy contento de haber llegado a su casa en Nauvoo. (Véase B. H. Roberts, A Comprehensive History of the Church, tomo VII, págs. 117–119; véase también “Applying Ice Water to My Wounds”, en Leon Hartshorn, comp., Classic Stories from the Lives of Our Prophets, [Salt Lake City: Deseret Book Company, 1975], págs. 96–97.)

  6. 6.

    Explique a los niños que William W. Phelps, quien habló en el funeral de José y Hyrum Smith, escribió un hermoso poema acerca del Profeta, el cual más tarde se convirtió en uno de los himnos preferidos de la Iglesia: “Loor al Profeta” (Himnos, No. 27).

Conclusión

Testimonio

Testifique que José Smith fue en verdad un profeta de Dios, que vio al Padre Celestial y a Jesucristo y que por medio de él se restauró el verdadero Evangelio de Jesucristo sobre la tierra. Inste a los niños a escudriñar las Escrituras, a orar y a guardar los mandamientos para que de esa forma puedan fortalecer el testimonio que tienen de Jesucristo y de José Smith.

Sugerencias de lectura

Sugiera que los niños estudien en casa Doctrina y Convenios 135:1–4 como repaso de la lección de hoy.

Sugerencias para que los niños hablen con la familia

Inste a los niños a hablar con la familia sobre una parte específica de la lección, tal como un relato, una pregunta o actividad, o que lean con ella la “Sugerencia de lectura” que tienen para estudiar en casa.

Pida a uno de los niños que ofrezca la última oración.