Capítulo 16: Criar a los hijos en luz y verdad

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“El primer deber respecto a la enseñanza de los hijos [de los miembros] de la Iglesia corresponde al hogar”.

De la vida de Joseph Fielding Smith

El presidente Joseph Fielding Smith describió a su padre, el presidente Joseph F. Smith, como “la persona en quien he tenido más confianza que en cualquier otra que haya conocido en este mundo”1. Recordó que su padre con frecuencia reunía a la familia “y enseñaba a los hijos los principios del Evangelio. Todos y cada uno se regocijaban por su presencia y sentían agradecimiento por las palabras de consejo e instrucción que él impartía… Nunca han olvidado lo que se les enseñó, y las impresiones han permanecido con ellos, y probablemente permanecerán para siempre”2. También dijo: “Mi padre fue el hombre más bondadoso que jamás haya conocido… Algunos de mis recuerdos más tiernos son las horas que pasé a su lado conversando acerca de los principios del Evangelio y recibiendo instrucción como sólo él sabía impartirla. Fue de esa forma que se estableció el fundamento de mi propio conocimiento en la verdad, de manera que yo también puedo decir que sé que mi Redentor vive, y que José Smith es, fue y siempre será un profeta del Dios viviente”3.

Joseph Fielding Smith también hablaba con amor de su madre, Julina L. Smith, y de sus enseñanzas. Él dijo: “En el regazo de mi madre aprendí a amar al profeta José Smith y a mi Redentor… Estoy agradecido por la enseñanza que recibí, y [porque] traté de seguir los consejos que me dio mi padre. Mas no debo darle todo el crédito a él. Pienso que una buena parte, una parte muy grande, debe adjudicársele a mi madre, en cuyo regazo solía sentarme de niño para escuchar sus historias acerca de los pioneros… Acostumbraba enseñarme y poner en mis manos, cuando yo tenía suficiente edad para leer, cosas que pudiera entender. Me enseñó a orar [y] a ser leal y fiel a mis convenios y obligaciones, a atender mis deberes como diácono y como maestro… y más adelante como presbítero… Tuve una madre que se empeñó en que yo leyera, y a mí me encantaba leer”4.

Cuando Joseph Fielding Smith llegó a ser padre, siguió el ejemplo de sus propios padres. Su hija Amelia dijo:

“Papá fue el alumno y el maestro perfecto; no sólo nos enseñaba con base en su gran caudal de conocimiento, sino que también nos instaba a aprender por nuestra propia cuenta…

“Con sus hijos siguió el consejo que se encuentra en D. y C. 93:40: ‘Pero yo os he mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad’.

“Nos enseñaba en la mesa durante el desayuno al narrarnos relatos de las Escrituras, y tenía la habilidad de hacer que cada uno sonara nuevo y emocionante aunque lo hubiéramos escuchado muchas veces ya. El suspenso que sentía al preguntarme si los soldados de Faraón encontrarían la copa de plata en el costal de grano de Benjamín sigue siendo real para mí. Aprendimos acerca de cuando José Smith encontró las planchas de oro, y de la visita del Padre y del Hijo. Si papá tenía tiempo para caminar con nosotros hasta la escuela, seguía contándonos historias. Pasábamos por el Templo [de Salt Lake] de camino a la escuela y nos hablaba del ángel Moroni. Aprendimos que el templo es un lugar muy especial, que teníamos que portarnos bien para ir allí, y que cuando uno se casaba allí, era para siempre. Nos enseñaba por medio de lo que pedía en las oraciones familiares cuando nos arrodillábamos junto a la silla antes de desayunar y más tarde al cenar…

“Hoy sus enseñanzas no sólo elevan y sostienen a sus descendientes, sino también a un sinfín de miembros fieles de la Iglesia. Qué gran privilegio y bendición tuve de haber sido su hija”5.

El presidente Joseph Fielding Smith y su bisnieta Shanna McConkie.

Las enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

A fin de que resistan la influencia del adversario, los padres deben criar a los hijos en la luz y la verdad

No es posible recalcar lo suficiente la importancia de la unidad familiar, o sea, el amor y la consideración mutuos en la familia. La solidaridad espiritual en las relaciones familiares es el fundamento seguro sobre el cual florecerán la Iglesia y la sociedad. El adversario conoce y entiende bien ese hecho, y usa como nunca antes todo recurso astuto, toda influencia y todo poder bajo su control para socavar y destruir esa institución eterna. Sólo al aplicar el evangelio de Jesucristo en las relaciones familiares se podrá frustrar esa diabólica tendencia destructora6.

Hay muchos peligros grandes y reales que hay que afrontar, y los que nos preocupan más que todos los demás en conjunto tienen que ver con nuestros hijos. La única verdadera protección o defensa adecuada la ofrecen el hogar y sus influencias7.

Se tendrá que enseñar a nuestros hijos a discernir entre el bien y el mal; de otra forma, en muchos sentidos, no podrán entender por qué no se les permite participar en prácticas que son comunes entre sus vecinos. A menos que se les instruya en las doctrinas de la Iglesia, tal vez no entiendan por qué existe algún peligro en asistir a un concierto, un teatro, una película, un partido de pelota o algo de ese tipo en domingo cuando sus compañeros, sin ninguna restricción y siendo animados a hacerlo, participan en esas cosas prohibidas por el Señor en Su día santo. Los padres son responsables de enseñar debidamente a los hijos, [y] el Señor condenará a los padres si los hijos crecen fuera de la influencia de los principios del evangelio de nuestro Señor Jesucristo8.

El Señor nos ha mandado, individual y colectivamente, que criemos a nuestros hijos en la luz y la verdad. En donde ese espíritu exista, la falta de armonía, la desobediencia y el descuido de los deberes sagrados no tendrán éxito, no podrán tener éxito9.

2

Los padres son los principales responsables de la enseñanza de los hijos

El Padre nunca ha renunciado a Su derecho sobre los hijos nacidos en este mundo. Ellos siguen siendo Sus hijos. Los ha puesto al cuidado de padres mortales con la advertencia de que sean criados en la luz y la verdad. La responsabilidad primera y fundamental de los padres es que deben enseñar a sus hijos en la luz y en la verdad10.

El primer deber respecto a la enseñanza de los hijos [de los miembros] de la Iglesia corresponde al hogar. Los padres son responsables de criar a los hijos en la luz y la verdad, y el Señor ha declarado que cuando no lo hagan, tendrán que comparecer ante el tribunal para rendir cuentas11.

En una revelación que dio a la Iglesia en 1831, el Señor dijo:

“Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres.

“Porque ésta será una ley para los habitantes de Sión, o en cualquiera de sus estacas que se hayan organizado” [D. y C. 68:25–26].

…El Señor requiere eso de nuestra parte12.

Los padres serán responsables de las acciones de sus hijos si han omitido enseñarles mediante el ejemplo y el precepto.

Si los padres han hecho todo lo que está a su alcance para enseñar a sus hijos correctamente mediante el ejemplo y el precepto, y los hijos luego se desvían, no se tendrá por responsables a los padres y el pecado recaerá sobre los hijos13.

3

La Iglesia ayuda a los padres en su labor de enseñar a los hijos

La responsabilidad primordial de hacer [las] cosas que llevan a la salvación le corresponde a cada persona. Todos hemos sido colocados en la tierra para vivir las experiencias de prueba de la vida terrenal. Estamos aquí para ver si guardaremos los mandamientos y venceremos al mundo, y debemos hacer todo lo posible por nuestra cuenta.

La siguiente responsabilidad en cuanto a nuestra salvación corresponde a nuestra familia. Se ha puesto a los padres como luz y guía para los hijos y se les manda criarlos en la luz y la verdad enseñándoles el Evangelio y dando el ejemplo apropiado. Se espera que los hijos obedezcan a los padres y los honren y respeten.

La Iglesia y sus entidades constituyen esencialmente una organización de servicio para ayudar a la familia y a las personas14.

“La Iglesia y sus entidades constituyen esencialmente una organización de servicio para ayudar a la familia y a las personas”.

Les ruego, mis queridos hermanos y hermanas, esposos y esposas, padres y madres, que aprovechen toda oportunidad que les brinda la Iglesia para que los hijos se capaciten en las diversas organizaciones que se les han proveído según las revelaciones del Señor: la Primaria, la Escuela Dominical, las organizaciones de Mejoramiento Mutuo [Hombres Jóvenes y Mujeres Jóvenes] y los quórumes del sacerdocio menor bajo la dirección de nuestros obispados…

…A lo largo de toda la Iglesia tenemos seminarios e institutos, doquiera tenemos la posibilidad de proveer esta oportunidad… Hermanos y hermanas, envíen a sus hijos a seminario. Los que asistan a la universidad tienen la edad suficiente, si reciben la debida enseñanza en su juventud, para asistir a los institutos de la Iglesia15.

4

Los padres deben hacer todo lo posible por ayudar a los hijos a entender y vivir el evangelio de Jesucristo

El testimonio individual y personal es y siempre será la fortaleza de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El mejor lugar para nutrir el testimonio es el entorno familiar… Obtener y conservar el testimonio debe ser un proyecto familiar. No desatiendan nada de lo que pueda ayudar a fortalecer el testimonio de cualquiera de los miembros de la familia16.

Debemos proteger [a los hijos] de los pecados y las iniquidades del mundo lo más que podamos para que no se desvíen de los senderos de la verdad y la rectitud17.

Ayuden a sus hijos en toda forma posible a crecer con el conocimiento del evangelio de Jesucristo. Enséñenles a orar. Enséñenles a guardar la Palabra de Sabiduría, a andar con fidelidad y humildad ante el Señor para que cuando lleguen a ser hombres y mujeres, les agradezcan lo que han hecho por ellos y contemplen con corazón agradecido y con amor por sus padres la forma en que dichos padres los cuidaron y los instruyeron en el evangelio de Jesucristo18.

Sean un ejemplo de rectitud

Les pedimos que sean un ejemplo de rectitud en sus propias vidas y que reúnan a sus hijos a su alrededor para enseñarles el Evangelio durante la noche de hogar y en otras ocasiones19.

Los padres deben tratar de ser, o por lo menos esforzarse lo mejor que puedan por ser, lo que deseen que sean los hijos. Es imposible que ustedes sean un ejemplo de algo que no son20.

Deben enseñar tanto mediante el ejemplo como el precepto; deben arrodillarse en oración con sus hijos; deben enseñarles con toda humildad acerca de la misión de nuestro Salvador, Jesucristo. Ustedes mismos tienen que enseñarles el camino, y el padre que enseña el camino a su hijo no le dirá: “Hijo, ve a la Escuela Dominical, o ve a la Mutual o a la reunión del sacerdocio”, sino que le dirá: “Ven y acompáñame”. Enseñará mediante el ejemplo21.

Comiencen a enseñar a los hijos cuando éstos sean pequeños

Nadie puede comenzar demasiado temprano a servir al Señor… Los jovencitos siguen las enseñanzas de sus padres. Lo más probable es que el hijo al que se le enseñe con rectitud desde el nacimiento siga siempre el camino de la rectitud. Es fácil adquirir y seguir buenos hábitos22.

Debe haber oración, fe, amor y obediencia a Dios en el hogar. Es el deber de los padres enseñar a sus hijos esos principios salvadores del evangelio de Jesucristo a fin de que éstos sepan por qué son bautizados, y que se fije en su corazón el deseo de seguir guardando los mandamientos de Dios después de su bautismo para que puedan volver a Su presencia. ¿Desean ustedes, mis buenos hermanos y hermanas, [tener a] sus familias, sus hijos?; ¿quieren estar sellados a sus padres y madres que les antecedieron?; ¿quieren tener esta unidad familiar perfecta cuando entren en el reino celestial de Dios, si se les permite hacerlo? Si es así, entonces deben comenzar a enseñar desde la cuna23.

Enseñen a los hijos a orar

¿Qué es el hogar sin el espíritu de la oración? No es un hogar Santo de los Últimos Días. Debemos orar; no debemos permitir que pase una sola mañana sin agradecer al Señor Sus bendiciones y pedir Su guía arrodillados en el círculo familiar. No debemos dejar pasar la noche; no debemos irnos a dormir sin reunir de nuevo a los miembros de la familia y agradecer al Señor Su protección y pedir Su guía todos los días de nuestra vida24.

Espero que en su hogar enseñen a orar a sus hijos. Espero que tengan la oración familiar, por la mañana y por la noche, que enseñen a los hijos mediante el ejemplo y el precepto a guardar los mandamientos, que son tan valiosos y tan sagrados y que significan tanto para nuestra salvación en el reino de Dios25.

Inicien a los hijos en el estudio de las Escrituras

No hay un solo hogar, en parte alguna del mundo, donde no deba haber una Biblia. No hay un solo hogar en el cual no deba haber un Libro de Mormón. Me refiero a los hogares Santo de los Últimos Días. No hay un solo hogar en el que no deba haber Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio. No los conserven en la repisa ni en el armario, sino asequibles, donde puedan alcanzarse fácilmente, para que los miembros de la familia tengan acceso a ellos y, sentados, lean y estudien por sí mismos los principios del Evangelio26.

Lleven a cabo la noche de hogar

Los hijos que crecen en hogares en los que participan en la noche de hogar, en los que abundan el amor y la unidad, edifican fundamentos sólidos para ser buenos ciudadanos y participar activamente en la Iglesia. No hay mayor legado que los padres puedan dejar a sus hijos que el recuerdo y las bendiciones de un hogar feliz, unido y amoroso.

Las noches de hogar bien planificadas pueden ser una fuente de gozo e influencia duraderos. Esas veladas son momentos para las actividades en grupo, para organizarse, para expresar amor, para dar testimonio, para aprender los principios del Evangelio, para la diversión y el entretenimiento familiar y, sobre todo, para la unión y la solidaridad familiar.

Los padres y las madres que lleven a cabo la noche de hogar con fidelidad, y que establezcan la unidad familiar en toda forma posible, cumplen con honor la mayor de todas las responsabilidades: la de ser padres27.

No hay mayor liderazgo en el reino de Dios que puedan brindar los padres que dirigir a su familia para tener la noche de hogar. Cuando tales experiencias forman parte de la vida hogareña, se edifican la unidad y el respeto familiar, los cuales influyen en dirigir a cada persona hacia mayor rectitud y felicidad28.

Los padres que ignoran la gran ayuda de este programa [la noche de hogar para la familia] están arriesgando el futuro de sus hijos29.

Enseñen la virtud, la castidad y la moralidad

Deben enseñar a los hijos la virtud y la castidad, y esto se les debe enseñar desde su temprana infancia. Y se les debe alertar en cuanto a los riesgos y peligros que son tan comunes en todo el mundo30.

Sentimos una gran preocupación por el bienestar espiritual y moral de todos los jóvenes. La moralidad, la castidad, la virtud y el alejarnos del pecado —son y deben ser elementos básicos en nuestra manera de vivir, si es que vamos a llevar a cabo plenamente su propósito.

Suplicamos a los padres y madres que enseñen la pureza personal mediante el precepto y el ejemplo, y que aconsejen a sus hijos en lo que a eso respecta…

Tenemos confianza en los de la joven y nueva generación de la Iglesia, y les rogamos que no sigan las modas y las costumbres del mundo, que no participen del espíritu de rebeldía, que no abandonen los senderos de la verdad y la virtud. Creemos en su inherente bondad y esperamos que lleguen a ser pilares de rectitud y que lleven adelante la obra de la Iglesia con fe y eficacia crecientes31.

Preparen a los hijos para que sean testigos de la verdad y presten servicio en misiones

Nuestros jóvenes se encuentran entre los hijos más bendecidos y favorecidos de nuestro Padre; son la nobleza del cielo, una generación selecta y escogida que tiene un destino divino. Sus espíritus se han reservado para venir en esta época en que el Evangelio está sobre la tierra y en que el Señor necesita siervos valientes para llevar a cabo Su gran obra de los últimos días32.

Debemos preparar a los [hijos] para ser testigos vivientes de la verdad y divinidad de esta gran obra de los últimos días, y particularmente en el caso de nuestros hijos varones, procurar que sean dignos y que reúnan los requisitos para ir en misiones a predicar el Evangelio a los demás hijos de nuestro Padre33.

Ayuden a los hijos a prepararse para tener su propia familia eterna

¿Instruyen a [sus hijos] para que cuando se casen quieran ir a la casa del Señor? ¿Les enseñan de tal forma que quieran recibir la gran investidura que el Señor tiene reservada para ellos? ¿Les han inculcado el hecho de que pueden sellarse como esposo y esposa, y que puede conferirse sobre ellos todo don y toda bendición pertinentes al reino celestial?34

Debemos… guiar y dirigir de tal manera a los [hijos] que escojan los compañeros adecuados y se casen en la casa del Señor, llegando así a ser herederos de todas las grandes bendiciones de las que hemos hablado35.

Tratemos humildemente de mantener intacta a nuestra familia, de mantenerla bajo la influencia del Espíritu del Señor, instruida en los principios del Evangelio para que puedan crecer en rectitud y verdad … Se nos dan [los hijos] para que los instruyemos en los caminos de la vida, de la vida eterna, para que logren regresar de nuevo a la presencia de Dios, su Padre36.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • En la sección “De la vida de Joseph Fielding Smith”, nótense los ejemplos de padres que demuestran amor por sus hijos. Piense en las formas en que usted puede seguir esos ejemplos, sin importar cuáles sean sus responsabilidades en la familia. ¿Cómo pueden los padres organizarse para pasar más tiempo con los hijos?

  • El presidente Smith mencionó los peligros espirituales que existían durante el transcurso de su vida (véase la sección 1). ¿Cuáles son algunos de los peligros adicionales que existen hoy? ¿Cómo pueden los padres y los abuelos ayudar a los hijos a resistir esas influencias?

  • Considere la confianza que el Padre Celestial deposita en los padres cuando les permite velar por Sus hijos (véase la sección 2). ¿Qué guía y ayuda ofrece Él?

  • ¿De qué maneras es la Iglesia “una organización de servicio para ayudar a la familia y a las personas”? (Véase la sección 3). ¿Cómo les han ayudado a usted y a su familia las organizaciones de la Iglesia? ¿Qué podemos hacer para ayudar a los niños y a la juventud a participar plenamente?

  • En la sección 4 se enumeran varias formas de ayudar a los niños y a los jóvenes a vivir el Evangelio. Al repasar esos consejos, considere las siguientes preguntas: ¿Cuáles son algunas cosas que usted y su familia estén haciendo bien? ¿En qué aspectos podrían mejorar? ¿Qué puede hacer para ayudar a la juventud de la Iglesia a fortalecer su testimonio?

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

Deuteronomio 6:1–7; Salmos 132:12; Mosíah 1:4; 4:14–15; D. y C. 68:25–28; 93:36–40; véase también “La Familia: Una proclamación para el mundo”.

Ayuda didáctica

“Tenga cuidado de no terminar demasiado temprano los análisis interesantes simplemente para presentar todo el material que haya preparado. Aunque es importante abarcar todo el material de la lección, es más importante aún procurar que los alumnos sientan la influencia del Espíritu, que se resuelvan sus preguntas, que incrementen su entendimiento del Evangelio y que afirmen su cometido de guardar los mandamientos”. Sin embargo, también “Es importante dar término a los análisis en el momento oportuno. Una gran parte del espíritu de un análisis edificante se pierde cuando dura demasiado … Administre bien el tiempo. Sepa cuándo deberá terminar la lección. Tómese el tiempo necesario para hacer un resumen de lo que se ha dicho y para dar su testimonio” (La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, págs. 69, 70).

Show References

    Notas

  1.   1.

    En Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, 1972, pág. 40.

  2.   2.

    En The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 40.

  3.   3.

    En Bryant S. Hinckley, “Joseph Fielding Smith”, Improvement Era, junio de 1932, pág. 459.

  4.   4.

    En The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 56.

  5.   5.

    Amelia Smith McConkie, “Joseph Fielding Smith”, Church News, 30 de octubre de 1993, págs. 8, 10.

  6.   6.

    Mensaje de la Primera Presidencia, en Family Home Evenings 1970–1971 (manual de lecciones para la noche de hogar, 1970), pág. V.

  7.   7.

    “Our Children—‘The Loveliest Flowers From God’s Own Garden’”, Relief Society Magazine, enero de 1969, pág. 5.

  8.   8.

    En Conference Report, octubre de 1916, págs. 71–72.

  9.   9.

    En Conference Report, abril de 1965, pág. 11.

  10.   10.

    “The Sunday School’s Responsibility”, Instructor, mayo de 1949, pág. 206; véase también Doctrina de Salvación, editado por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1978–1979, tomo I, pág. 300.

  11.   11.

    Take Heed to Yourselves!, 1966, pág. 221.

  12.   12.

    En Conference Report, abril de 1958, págs. 29–30.

  13.   13.

    Véase correspondencia personal, citada en Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 299; se eliminó la cursiva del original.

  14.   14.

    “Use the Programs of the Church”, Improvement Era, octubre de 1970, pág. 3.

  15.   15.

    En Conference Report, abril de 1958, págs. 29–30.

  16.   16.

    “The Old and the New Magazines”, Improvement Era, noviembre de 1970, pág. 11.

  17.   17.

    “Mothers in Israel”, Relief Society Magazine, diciembre de 1970, pág. 886.

  18.   18.

    En Conference Report, abril de 1958, pág. 30.

  19.   19.

    En Conference Report, abril de 1970, pág. 6; véase también “Nuestra preocupación por todos los hijos de nuestro Padre”, Liahona, noviembre de 1970, pág. 2.

  20.   20.

    “Our Children—‘The Loveliest Flowers From God’s Own Garden’”, pág. 6.

  21.   21.

    En Conference Report, octubre de 1948, pág. 153; véase también Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 301.

  22.   22.

    Take Heed to Yourselves!, pág. 414.

  23.   23.

    En Conference Report, octubre de 1948, pág. 153; véase también en “Instruye al niño”, Liahona, julio de 1983, pág. 120.

  24.   24.

    “How to Teach the Gospel at Home”, Relief Society Magazine, diciembre de 1931, pág. 685.

  25.   25.

    En Conference Report, abril de 1958, pág. 29.

  26.   26.

    “Keeping the Commandments of Our Eternal Father”, Relief Society Magazine, diciembre de 1966, pág. 884.

  27.   27.

    Message from the First Presidency, en Family Home Evenings 1970–1971, pág. V.

  28.   28.

    Message from the First Presidency, en Family Home Evenings (manual de lecciones para la noche de hogar para la familia, 1971), pág. 4.

  29.   29.

    Véase “Mensaje de la Primera Presidencia”, Liahona, abril de 1971, pág. 2.

  30.   30.

    “Teach Virtue and Modesty”, Relief Society Magazine, enero de 1963, pág. 5.

  31.   31.

    En Conference Report, abril de 1970, págs. 5–6; véase también “Nuestra preocupación por todos los hijos de nuestro Padre”, Liahona, noviembre de 1970, pág. 2.

  32.   32.

    En Conference Report, abril de 1970, pág. 6; véase también “Nuestra preocupación por todos los hijos de nuestro Padre”, Liahona, noviembre de 1970, pág. 2.

  33.   33.

    “Mothers in Israel”, pág. 886.

  34.   34.

    En Conference Report, octubre de 1948, pág. 154.

  35.   35.

    “Mothers in Israel”, pág. 886.

  36.   36.

    En Conference Report, abril de 1958, pág. 30.