Acerquémonos a los demás

Mujeres Jóvenes, Manual 1, 1994


Objetivo

Que cada una de las jóvenes sea capaz de ofrecer amistad a las otras chicas de su edad y estimularlas a tomar parte en las actividades y reuniones de la Iglesia.

Preparación

Asigne a las jóvenes los pasajes de las Escrituras, los relatos o las citas que desee que se lean en la clase en voz alta.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Introducción: Busquen la similitud

Casos para analizar Lea a la clase las situaciones que se describen a continuación. Pida a las alumnas que piensen en algo particular que falta en cada una de ellas. (Un amigo, una persona que demuestre interés.)

  1. 1.

    Un hombre al que han asaltado, robado y golpeado yace junto a un camino y ninguno de los que pasan por allí se ocupa de él.

  2. 2.

    Una jovencita, vestida con prendas pasadas de moda y que le quedan demasiado grandes, va todos los días caminando sola a la escuela, mientras otras chicas de su edad caminan en grupos, charlando y riendo alegremente.

  3. 3.

    Un muchacho se queda en su casa todos los domingos en lugar de ir a la Iglesia, porque piensa que ninguno de sus compañeros del quórum del sacerdocio tiene interés en él.

Debemos ser capaces de tener amistad con diferentes clases de personas

Fábula Dos perros se hallaban jugando junto a un camino un día, cuando un gato pasó por allí.

—¿Puedo jugar con ustedes? —les preguntó.

—¡No! —contestó ásperamente uno de los perros.

El gato siguió su camino.

—¿Por qué le hablaste así? —preguntó el otro perro.

—Porque los perros no jugamos con esos animales. Los gatos son diferentes de nosotros; hacen ruidos extraños y siempre andan trepándose a los árboles. Yo quiero jugar con alguien que sea como yo.

Pasaron unos minutos, y una tortuga con aspecto desamparado se acercó caminando lentamente; también ella se detuvo y les preguntó si podía quedarse a jugar con ellos. El perro dijo otra vez que no, y la tortuga siguió afanosamente su camino.

—¿Y por qué no podía ella jugar con nosotros? —le preguntó el otro.

—¿No te fijaste en su aspecto? Es completamente diferente de nosotros, y, además, se ve que es muy lenta; no correría con la misma rapidez que nosotros corremos ni le interesarían las mismas cosas. Yo quiero alguien que sea como yo.

—¡Ah! ya veo —comentó su amigo.

Pasó un rato y de pronto apareció un conejo saltando por el camino. Al ver a los dos perros jugando, se detuvo para preguntarles si estaban dispuestos a dejarlo jugar con ellos, y a él también lo rechazó el perro. Pero el conejo insistió en saber la razón por la que no lo dejaban jugar. El que lo había rechazado dejó de jugar, lo miró y le dijo: —Tú no eres como yo. No eres del mismo color; no tienes el mismo aspecto, no haces las mismas cosas; no sabes ladrar como nosotros. Yo quiero a alguien que sea como yo.

—Y ¿qué es lo que te gusta hacer? —le preguntó el conejo.

—Me gusta correr y saltar —fue la respuesta.

—Bueno… —dijo el conejo.

Análisis

Deténgase aquí y pregunte a las alumnas cómo creen que terminaría el cuento.

Fábula

Después, termine el relato:

El conejo, entonces, desafió a los perros a correr una carrera hasta el bosque. Los dos aceptaron, y los tres empezaron la carrera; el conejo llegó a la meta mucho antes que ellos, y allí los esperó.

—También a mí me gusta correr y saltar —les dijo.

—Sí, ya vemos —comentó el segundo perro—. Es que aunque pareces diferente y no ladras como nosotros, en algunos aspectos somos iguales. Pero nosotros no lo sabíamos.

Análisis

¿Qué aplicación personal tiene para ustedes este relato?

• ¿Por qué no quería aquel perro jugar con ninguno de los otros animales?

• Al final, ¿por qué estuvieron los perros dispuestos a jugar con el conejo?

• ¿De qué forma puedes aplicar a ti misma estas ideas?

• ¿Hay alguna jovencita a quien conozcas que pueda tener necesidad de una amiga?

• ¿Cómo pueden llegar a saber las personas si tienen o no intereses similares?

Presentación por la maestra

Explíqueles que a veces dejamos de lado a otras personas, y nos negamos a incluirlas en nuestros planes por el color de su piel, por su ropa o por sus costumbres diferentes. En esos casos, es preciso que dediquemos tiempo a conocer mejor a esas personas, y que tratemos de descubrir sus buenas cualidades y los intereses similares que podamos tener.

Debemos interesarnos en los demás

Análisis de un pasaje de las Escrituras

Dígales que Jesús se preocupaba mucho por los que se extraviaban, y en una parábola habló de la moneda perdida. Diga a las jovencitas que busquen en la Biblia el pasaje de Lucas 15:8–10 y pida a una de ellas que lo lea en voz alta.

Hágales notar que podríamos comparar la moneda perdida de esa parábola con una persona que estuviera “extraviada” o se sintiera sola, y que a la mujer la compararíamos con alguien que echara de menos y se esforzara por buscar a esa persona y demostrarle interés. Vuelvan a leer la parábola, versículo por versículo, comentando después de cada uno la forma en que se aplica a las jóvenes que no tengan muchos amigos o que no asistan regularmente a la Iglesia. Pregúnteles cómo se dará cuenta el Señor de si nos interesamos sinceramente en otra persona.

Intercambio de ideas Dirija a las alumnas para que hablen de lo que pueden hacer para lograr que alguna compañera que no asista empiece a participar activamente; recalque la importancia que tiene sentir un interés sincero en las otras chicas y demostrarlo.

Casos para analizar

Presente a la clase las situaciones siguientes y dígales que busquen la solución en cada caso:

  1. 1.

    Se encuentran en la tienda con una jovencita de la clase que no va mucho a la Iglesia y desean demostrarle su interés. ¿Qué hacen?

  2. 2.

    Hay una chica que casi nunca asiste a las clases, y cuando la invitan a asistir, ella contesta, después de vacilar unos momentos, que tal vez un día de estos vaya. ¿Qué harán para que la invitación sea más eficaz? 3. Invitan a una conocida que no es muy activa a que asista a la clase, pero les dice que prefiere no ir para que sus amigos no se burlen de ella porque va a la Iglesia. ¿Qué deben hacer y decir en ese caso?

  3. 4.

    Se encuentran con una compañera que hace tiempo que no asiste a la clase y la animan a que vaya. Ella les contesta que no va porque no le gustan las reuniones. ¿Qué harían?

  4. 5.

    Invitan a asistir a la clase a una jovencita que no va y ella les dice que no. ¿Qué pueden hacer?

Presentación por la maestra

Dígales que cuando traten de reactivar a otra joven que no vaya a la Iglesia, piensen que cada caso es especial y que no hay una sola forma correcta de solucionar las situaciones, pero que en todos los casos es fundamental que demuestren un interés sincero en la persona. Con una actitud solícita, es posible superar más dificultades y tener una influencia mayor que por cualquier otro medio.

Análisis en la pizarra

Dibuje en la pizarra tres velas, como las que se ven en la ilustración.

three candles

Señale la primera vela, que tiene una llama viva, y dígales que se imaginen que ésa las representa a ellas; escriba ustedes debajo de la primera vela. Indíqueles que la segunda vela representa a una jovencita que no es muy activa, una cuya llama estuvo encendida antes, pero que por el momento se ha extinguido. Esta se puede volver a encender medi- ante la llama de la primera vela. El encenderla otra vez representaría el conseguir que una persona que no sea activa en la Iglesia participe nuevamente en los programas. Dibuje una llamita en la segunda vela.

• ¿A quién representará la tercera vela? (A una persona que no es miembro de la Iglesia.)

Análisis de un pasaje de las Escrituras

La tercera vela nunca se ha encendido, pero si se toca con la llama de una de las que está encendida, llegará a dar su luz como las otras. Explíqueles que, básicamente, todas las velas son iguales y tienen los elementos esenciales para encenderse, pero a fin de tener su propia llama, es preciso que las toque otra que ya esté encendida. Las personas también son esencialmente iguales, pero si las toca el Espíritu Santo, se convierten en una luz para el mundo, como lo es la vela. Pida a una alumna que busque Doctrina y Convenios 103:9 y lea lo que el Señor ha dicho sobre los santos.

• ¿Qué podemos hacer a fin de ser una luz para otra persona? (Anote las respuestas en la pizarra, al costado de las velas. Entre las respuestas podrían citarse algunas como cumplir una misión, dar un buen ejemplo, ser buena amiga, hermanar y servir a los demás.)

Dibuje una llama en la tercera vela.

Relato

Cuente a las jóvenes el siguiente relato de alguien que encendió la llama del evangelio en otra persona.

“Era mi mejor amiga; habíamos crecido juntas desde aquel primer día aterrador en que entramos a primer grado en la escuela y nos conocimos. Desde entonces, lo habíamos compartido todo, desde nuestras muñecas y las galletitas de la merienda por la tarde hasta las clases de secundaria y las primeras charlas sobre los muchachos. Entre nosotras sólo había una diferencia importante: ella todavía no conocía la verdad y yo sí.

“Me llevó doce largos años comprender que el evangelio no era solamente una posesión personal mía sino que le pertenecía a ella también, y que sería tal vez por intermedio de mí que ella podría llegar a conocerlo.

“Quise poner el problema sobre los hombros de los misioneros, pensando que podía encomendarles a ellos la tarea; pero me equivocaba.

“—Primero, usted le habla —me dijeron—, y después, nosotros le enseñaremos.

“Pero a mí me parecía que enseñarle sería lo más fácil; yo era quien tenía la parte más difícil. Un día, la llamé por teléfono.

“—¡Hola! —le dije—. ¿Qué te parece si te vienes esta noche a casa, a ver una película? La van a pasar los misioneros nuevos que tenemos en nuestro barrio.

“Ella aceptó y fue; vio la película y se fue a su casa sin hacer comentarios al respecto.

“Una semana después, los misioneros fueron a casa y me preguntaron:

“—¿Ha arreglado ya una hora con su amiga para que le expliquemos el evangelio?

“—Lo que pasa —les contesté— es que no me ha hecho comentarios sobre la película y no sé si querrá venir o no.

“—Llámela y pregúntele —me dijo uno de ellos, que era el tipo de misionero a quien no le gusta perder el tiempo.

“Como no podía ponerme a discutir con los élderes, con gran vacilación y nerviosidad, tomé el teléfono y marqué su número. Me he preguntado siempre, ¿por qué es tan difícil hacer cosas de esta naturaleza?

“Hola, Sonia. Estaba pensando… este… sabes que los misioneros están ahora aquí y… este… pensé si te gustaría… si quieres venir a casa y escucharlos… digo, para saber algo más sobre la Iglesia…

“Hubo una pausa que me pareció muy larga. Después:

“Y… sí, creo que sí —me contestó.

“Dejé escapar un suspiro de alivio y continué:

“—¿Cuándo podrías venir?

“Y… cuando tú quieras.

“—¿Mañana de noche?

“—Sí, está bien —dijo.

“Les pregunté a los élderes si les parecía bien al otro día por la noche, y asintieron con entusiasmo…

“—¡Gracias, Sonia! —empecé a decir, mientras me preparaba para colgar el teléfono.

“—Espera, Patti —me dijo mi amiga—. Mira que yo puedo no estar de acuerdo con todo lo que me digan.

“—¡Ah, sí! Ya sé. No te preocupes. Te esperamos.

“—Pero, es que tal vez surja una discusión, y no querría que eso pasara.

“—No, si no importa —le aseguré—. Si no estás de acuerdo con lo que te expliquen, les puedes decir; ellos no se ofenderán.

“Bueno, había dado el segundo paso.

“Para el momento en que la cuarta charla llegaba a su fin, ella no les había presentado ni un solo argumento contrario; más aún, había estado de acuerdo con todo lo que le habían dicho. Esa noche, el compañero menor era quien había presentado la lección, y al terminar la miró a los ojos y le dijo: “—Nos gustaría poner la fecha de su bautismo para este sábado. ¿Qué le parece?

“Esto tomó de sorpresa al otro élder, que no había pensado proponérselo tan pronto. Sentí que el corazón me latía apresuradamente y contuve el aliento. Hubo un momento de silencio, y luego Sonia asintió con la cabeza y dijo:

“—Me parece bien.

“No hice ningún movimiento, pero me puse muy nerviosa cuando le pidieron que orara. Ella oró, con una oración sencilla y sincera.

“Cuando los misioneros salieron, sin agregar nada más, yo estaba todavía con la cabeza gacha y no la podía levantar. Entonces sentí que los brazos de ella me rodeaban y las dos lloramos juntas.

“—Patti —me dijo cuando pudo hablar, sonriendo a través de las lágrimas—, ¡muchas gracias!

“¡Me agradecía a mí por algo que sólo ella podría haber hecho! Me agradecía a mí, cuando ella era quien me había dado el mejor regalo que yo habría podido recibir: el haber aceptado la ofrenda de mi posesión más preciada, el Evangelio de Jesucristo” (Patti Wiltbank, “The First Step Was the Hardest”, New Era, enero de 1976, págs. 18–19).

Conclusión

Presentación por la maestra

Señale las velas que están dibujadas en la pizarra y diga a la clase que Jesucristo enseñó que no debemos esconder nuestra luz debajo de una cesta, sino que debemos compartirla con los demás (véase Mateo 5:15–16). Y la luz que proviene de una joven puede lograr un cambio en la vida de otra.

Testimonio

Testifique a las alumnas que si son sinceras al tratar de extender los lazos de amistad hacia otras jóvenes, el Señor las bendecirá por sus esfuerzos. Exhórtelas a ser conscientes de la obligación que tienen de compartir su luz con las demás.

Aplicación de la lección

Anímelas a elegir a una joven a quien la clase entera quiera tratar de reactivar o convertir al evangelio. Ayúdeles a idear la mejor manera de hacerlo. Pida a una de ellas que tome notas de las ideas que se mencionen, y haga que elijan una de éstas para empezar a apli- carla inmediatamente.