Orientar a los maestros nuevos: Una responsabilidad de los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares

Enseñar a la manera del Salvador, 2015


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Si usted es un líder del sacerdocio o de una organización auxiliar, tiene la responsabilidad de “… [reunirse] individualmente con los maestros recién llamados de [su organización], preferiblemente antes de la primera lección de cada maestro” (Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 5.5.3). Estas reuniones son una oportunidad de presentar a los maestros nuevos sus llamamientos sagrados y de inspirarlos con una visión de lo que significa enseñar a la manera del Salvador. Como líder, usted puede hacer lo siguiente para ayudar a los maestros nuevos a prepararse para servir:

Analice lo que significa enseñar a la manera del Salvador

A fin de ayudar al maestro nuevo a entender cómo enseñaba el Salvador y lo que eso significa para los maestros, analice brevemente los principios siguientes con el maestro nuevo:

  • Ame a los que enseña. Ayude al maestro nuevo a centrarse en las necesidades de las personas a las que enseña e invítelo a buscar los puntos fuertes y las necesidades únicas de ellas. En caso necesario, facilítele una lista de los integrantes de la clase. Recuérdele que es responsable de ayudar a los miembros que no asisten a clase con regularidad y anímelo a procurar, con oración, maneras de tender una mano a esas personas.

  • Enseñe por el Espíritu. Analice la importancia de prepararse espiritualmente para enseñar. Dado que las impresiones del Espíritu Santo vienen línea sobre línea, anime al maestro nuevo a empezar a prepararse al menos con una semana de antelación y a procurar inspiración a lo largo de la semana.

  • Enseñe la doctrina. Comparta su testimonio del poder de la palabra de Dios para cambiar el corazón. Invite al maestro nuevo a estudiar las Escrituras y las palabras de los profetas vivientes sobre los temas asignados para enseñar antes de consultar ningún material suplementario. Anímelo a registrar las impresiones espirituales que reciba durante el estudio y a centrarse en los principios y los recursos que edifican la fe y alientan a vivir como Cristo.

  • Fomente el aprendizaje diligente. Ayude al maestro nuevo a entender que enseñar es algo más que hacer una presentación: significa alentar a las personas a ser responsables de su propio aprendizaje del Evangelio y a edificarse mutuamente en el estudio del Evangelio (véase D. y C. 88:122).

dos hombres dentro

Analice su organización en particular

Además de analizar los principios generales de una enseñanza como la de Cristo, podría dedicar tiempo a compartir con el maestro nuevo cualquier cosa que resulte útil acerca de la organización. ¿Han analizado como presidencia necesidades que les gustaría que los maestros tuvieran presentes? Por ejemplo, si la presidencia de un cuórum de élderes se hubiera sentido inspirada a hacer hincapié en la unidad del cuórum, ¿cómo podrían apoyar esa meta los instructores del cuórum? Si el obispo hubiera pedido al consejo de barrio que se mejore la reverencia en el barrio, ¿cómo podrían ayudar los maestros de la Primaria?

Según sea necesario, indíquele al maestro nuevo en qué salón va a enseñar y con qué lección va a empezar, y bríndele cualquier información que precise acerca de la clase y de sus integrantes.

dos hombres fuera

Ofrezca apoyo continuo

Explique que usted puede ayudar de muchas maneras al maestro nuevo con su llamamiento y que puede darle apoyo en el salón de clases, si fuera necesario. Incluso podría ofrecerse a observar ocasionalmente la clase del maestro nuevo y brindarle sugerencias. Entregue al maestro un ejemplar de este manual y explíquele cuándo tienen lugar las reuniones mensuales de consejo de maestros así como sus objetivos, y que se espera que los maestros nuevos participen en ellas.

Aliente al maestro nuevo a visitar la sección Mi llamamiento, en LDS.org, y la aplicación Biblioteca del Evangelio para obtener más información acerca de cómo mejorar como maestro.

Presidente Henry B. Eyring

“Hasta el más nuevo de los miembros de la Iglesia sabe que el llamamiento a servir debe ser, principalmente, un asunto del corazón. Llegamos a conocer al Maestro al entregarle por completo nuestro corazón y guardar Sus mandamientos… Lo que necesitarán [quienes son llamados a servir], mucho más que una capacitación en sus tareas, es ver con ojos espirituales lo que significa ser llamados a servir en la Iglesia restaurada de Jesucristo” (Henry B. Eyring, “Elévense a la altura de su llamamiento”, Liahona, noviembre de 2002, págs. 75–76).