9: Llamado, apartado y magnificado

"9: Llamado, apartado y magnificado," Parte A: Su llamamiento para enseñar—Prepárese espiritualmente, ()


El presidente Gordon B. Hinckley se refirió al significado de la palabra ‘magnificar’ cuando dijo: “Como yo la interpreto, quiere decir aumentar, aclarar, atraer y fortalecer”. También dijo que cuando los poseedores del sacerdocio magnifican sus llamamientos, aumentan “el potencial de [su] sacerdocio”(véase Liahona, julio de 1989, pág. 60).

Esto se aplica a su llamamiento para enseñar. Cuando magnifica su llamamiento “con toda diligencia… trabajando con todas [sus] fuerzas” (Jacob 1:19), está aumentando su potencial para ejercer una buena influencia en los demás.

Jacob y José, los hijos de Lehi, dan un buen ejemplo a las personas a quienes se ha llamado a enseñar. Jacob dijo que había“obtenido [su] mandato del Señor”. Él yJosé fueron “consagrados [o apartados] sacerdotes y maestros de [ese] pueblo”. Y magnificaron su “oficio ante el Señor” (Jacob 1:17–19).

El recibir el llamamiento para enseñar

Si usted tiene un llamamiento como maestro o como líder en la Iglesia, puede estar seguro de que su llamamiento es del Señor. Le ha sido dado por uno de Sus siervos escogidos, y Él ha dicho: “Sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38)

Un llamamiento es una sagrada oportunidad para servir; trae consigo una responsabilidad ante el Señor. Debería influir en la forma en que usted vive, dirigir sus decisiones y motivarle a ser un siervo fiel y sabio.

Cuando usted recibió el llamamiento de enseñar, quizás se haya dicho a sí mismo: “Pero a mí no me han capacitado para que enseñe. No tengo la habilidad necesaria para presentar una lección o conducir un análisis en la clase. Hay tantos otros miembros que podrían hacerlo mejor que yo”. Quizás otros tengan una mayor experiencia o habilidad natural que usted para enseñar. Sin embargo, es usted a quien han llamado. Si es humilde, fiel y diligente, el Señor hará de usted un instrumento en Sus manos. El presidente Thomas S. Monson enseñó lo siguiente:

“Si algún hermano o hermana siente que no está preparado, o no se siente capacitado para responder a un llamamiento para servir, para sacrificarse, para bendecir la vida de otras personas, debe recordar esta verdad: ‘A quien Dios llama, Dios habilita’. Él, quien nota cuando cae un pajarillo, no ignorará las necesidades de Sus siervos” (véase “Lágrimas, pruebas, confianza, testimonio”, Liahona, julio de 1987, pág. 43).

El ser sostenido y apartado

Usted recibirá una fortaleza adicional cuando sea sostenido por la congregación y cuando sea apartado. Al apartarlo, los líderes del sacerdocio pondrán las manos sobre su cabeza y le darán la instrucción de actuar en su llamamiento. También se le darán bendiciones para fortalecerle y guiarle. El presidente Spencer W. Kimball declaró: “El apartamiento puede tomarse literalmente; es un apartamiento [o separación] del pecado, de lo carnal; es un apartamiento de todo lo que es grosero, ruin, malicioso, despreciable y vulgar; es ser apartado del mundo hacia un plano más alto de pensamiento y de actividad” (The Teachings of Spencer W. Kimball, editado por Edward L. Kimball [1982], pág. 478).

Ningún llamamiento formal para enseñar es completo sin que se aparte a la persona por medio de la debida autoridad del sacerdocio. Si usted ha sido llamado y sostenido como maestro pero no ha sido apartado todavía, hable con su líder de quórum u organización auxiliar a fin de hacer los arreglos necesarios para que se le aparte.

El magnificar su llamamiento y el ser magnificado por el Señor

Como ya se ha mencionado, Jacob y José magnificaron sus llamamientos de enseñar al pueblo. Enseñaron la palabra de Dios “con toda diligencia… trabajando con todas [sus] fuerzas” (Jacob 1:19).

El Señor le magnificará a medida que usted magnifique su llamamiento de enseñar. El presidente Ezra Taft Benson enseñó: “No puede haber fracaso en la obra del Señor cuando [hacemos] lo mejor [que podemos]. No somos sino instrumentos en Sus manos; ésta es la obra del Señor. Ésta es Su Iglesia y el plan de Su Evangelio. Estamos trabajando con Sus hijos. Si hacemos lo que nos corresponde hacer, Él no permitirá que fracasemos. Cuando sea necesario, Él nos magnificará aun más allá de nuestros propios talentos y habilidades. Yo lo sé bien. Estoy seguro de que muchos de ustedes lo habrán experimentado como yo mismo lo he experimentado. Es una de las más dulces experiencias que puede tener un ser humano” (The Teachings of Ezra Taft Benson [1988], pág. 372).