13: El ayudar a las personas a aceptar la responsabilidad que tienen de aprender el Evangelio

"13: El ayudar a las personas a aceptar la responsabilidad que tienen de aprender el Evangelio," Parte B: Principios básicos de la enseñanza del Evangelio—Fomente el aprendizaje diligente, ()


La responsabilidad que cada persona tiene de aprender el Evangelio

En una carta acerca del estudio del Evangelio, el élder Bruce R. McConkie escribió lo siguiente: “Debemos llegar a… la conclusión que tendrá un efecto muy importante sobre nuestra salvación eterna, y es que cada persona debe aprender por sí misma la doctrina del Evangelio. Nadiemás puede hacerlo por ella. Cada persona es individualmente responsable en lo que a su conocimiento del Evangelio compete; cada uno tiene acceso a las mismas Escrituras y tiene derecho a ser guiado por el mismo Santo Espíritu; cada uno debe pagar el precio fijado por la Divina Providencia si es que habrá de obtener la perla de gran precio.

“El mismo principio rige tanto el aprendizaje de la verdad como el vivir de conformidad con las normas [de la verdad]. Nadie puede arrepentirse por otra persona o a favor de ella; nadie puede cumplir los mandamientos en el lugar de otra persona; nadie puede salvarse en nombre de alguien más. Y nadie puede obtener un testimonio o avanzar en luz y verdad hacia la gloria eterna sino para sí mismo. Tanto el conocimiento de la verdad como las bendiciones prometidas a quienes se ajusten a los principios verdaderos son cuestiones personales. Y así como un Dios justo ofrece la misma salvación a cada alma que vive en armonía con las mismas leyes, también ofrece el mismo entendimiento de Sus verdades eternas a todos los que estén dispuestos a pagar el precio de quien busca la verdad.

“El procedimiento de la Iglesia para lograr un conocimiento del Evangelio es el siguiente:

“a. La responsabilidad de obtener un conocimiento de la verdad recae sobre cada persona en base a sus propios esfuerzos.

“b. Segundo, las familias deben enseñar a sus propios miembros. A los padres se les manda criar a sus hijos en la luz y la verdad. El hogar debe ser el centro de enseñanza principal en la vida de cada Santo de los Últimos Días.

“c. Para ayudar a las familias y a cada persona, la Iglesia, como institución de servicio, ofrece muchas oportunidades para enseñar y aprender. Se nos ha mandado ‘[enseñarnos] el uno al otro la doctrina del reino’ (D. y C. 88:77). Esto se hace en las reuniones sacramentales, en las conferencias y en otras reuniones, mediante los maestros orientadores, en las clases del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, por medio de los programas de seminarios e institutos y a través del sistema educativo de la Iglesia” (“Finding Answers to Gospel Questions”, en Charge to Religious Educators, 3a. edición [1994], pág. 80).

La función del maestro en ayudar a las personas a aprender el Evangelio

Sabiendo que cada persona tiene la responsabilidad de aprender el Evangelio, podríamos preguntar: ¿Cuál es la función de los maestros? Es la de ayudar a la persona para que acepte la responsabilidad de conocer el Evangelio: despertar en ella el deseo de estudiar, entender y vivir el Evangelio y mostrarle la manera de hacerlo.

La hermana Virginia H. Pearce, quien sirvió como primera consejera de la presidencia general de las MujeresJóvenes, dijo:

“La meta del maestro es más que dar una clase acerca de la verdad; es invitar al Espíritu y emplear las técnicas que aumenten la posibilidad de que el alumno descubra la verdad por sí mismo y se sienta motivado a aplicarla…

“…Imagínense cientos de miles de clases dominicales, cada una con un maestro que entiende que ‘recae sobre el alumno la responsabilidad de aprender. Por lo tanto, es a él a quien se debe poner en acción. Si el maestro es la estrella del espectáculo, si sólo habla él y se encarga de todo, es por seguro que está interfiriendo con el aprendizaje de los miembros de la clase’ [Asahel D. Woodruff, Teaching the Gospel (1962), pág. 37).

“Un buen maestro no piensa: ‘¿Qué haré hoy en clase?’, sino, ‘¿Qué harán mis alumnos hoy en clase?’ No piensa: ‘¿Qué enseñaré hoy?’, sino, ‘¿Cómo podré hacer que mis alumnos se den cuenta de lo que tienen que saber?’ [La enseñanza del Evangelio: Un manual para los maestros y los líderes del SEI, pág. 13]. El buen maestro no desea que los alumnos salgan de la clase hablando de lo maravilloso y extraordinario que es el maestro, sino que hablen de lo magnífico que es el Evangelio” (véase “El salón de clase común y corriente: Lugar eficaz para un progreso firme y continuo”, Liahona, enero de 1997, pág. 13).

Los maestros que comprenden cuál es su verdadera responsabilidad respetan el albedrío de cada persona que enseñan. Se regocijan al ver que sus alumnos estudian las Escrituras por sí mismos, que descubren por sí mismos los principios del Evangelio y que contribuyen con perspicacia en los análisis de la clase. El mayor éxito de un maestro se manifiesta cuando sus alumnos estudian diligentemente, progresan en el conocimiento del Evangelio y logran un fortalecimiento que proviene de Dios.

El maestro excelente no se acredita a sí mismo el conocimiento y progreso adquirido por aquellos a quienes enseña. Tal como el jardinero que siembra y cuida de sus plantas, se esfuerza por fomentar las mejores condiciones posibles para el aprendizaje. Entonces agradecen a Dios cuando comprueban el progreso de sus alumnos. Pablo escribió: “Ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento” (1 Corintios 3:7).

Cómo fomentar la autosuficiencia en cuanto al aprendizaje del Evangelio

Las siguientes sugerencias podrían ayudarle a alentar a otros a asumir la responsabilidad de aprender el Evangelio:

  • Fortalezca su propio entusiasmo por estudiar las Escrituras y las enseñanzas de los profetas de los últimos días. Su propio entusiasmo podrá inspirar a quienes enseñe a seguir su ejemplo.

  • Al enseñar, dirija siempre la atención hacia las Escrituras y las enseñanzas de los profetas de los últimos días. Esto contribuirá a que los miembros aprecien cuán significativa es la palabra de Dios.

  • Formule preguntas que requieran que los alumnos busquen sus respuestas en las Escrituras y en las enseñanzas de los profetas de los últimos días. Aunque a veces está bien pedirles que den sus opiniones acerca de determinados temas, con frecuencia es mejor preguntarles lo que las Escrituras y los profetas de los últimos días nos enseñan al respecto.

  • Enseñe a sus alumnos cómo utilizar las ayudas para el estudio de las Escrituras. Las Escrituras podrían parecer abrumadoras para ciertas personas, especialmente para aquellas que tengan relativamente poca experiencia en la Iglesia. Usted puede ayudarles enseñándoles cómo emplear las notas al pie de página, la Guía para el Estudio de las Escrituras, las selecciones de la Traducción de José Smith de la Biblia y los mapas (véase “El enseñar en base a las Escrituras”, pág. 59). La persona que aprende a usar estas ayudas para el estudio adquiere una mayor confianza en cuanto a su habilidad para estudiar las Escrituras.

  • Proporcióneles asignaciones que requieran que estudien las Escrituras y las enseñanzas de los profetas de los últimos días. Considere la posibilidad de terminar una lección haciendo una pregunta o dando una asignación para lo cual les sea necesario recurrir a las Escrituras y a las enseñanzas de los profetas de los últimos días. Aun los niños pequeños pueden recibir esta clase de asignaciones. Por ejemplo, después de una lección sobre la oración, podría pedirles a los niños que lean con sus padres algunos pasajes de las Escrituras o un discurso de conferencia general en cuanto al tema.

  • Ayude a sus alumnos a entender que la gente mencionada en las Escrituras eran personas reales que experimentaban dificultades y gozo en sus esfuerzos por servir al Señor. Las Escrituras parecen cobrar vida cuando recordamos que los profetas y otros personajes de las Escrituras experimentaron muchas de las cosas que nosotros experimentamos.

  • Enseñe a sus alumnos lo que deben hacer para encontrar soluciones a los problemas de la vida en las Escrituras y en las enseñanzas de los profetas de los últimos días. Por ejemplo, podría ayudarles a utilizar laGuía para el Estudio de las Escrituras o el índice de los ejemplares de conferencias generales de la revista Liahona para buscar consejos sobre temas tales como el consuelo, el arrepentimiento, el perdón, las revelaciones o la oración.

  • Aliente abiertamente a quienes enseñe a estudiar las Escrituras y las enseñanzas de los profetas de los últimos días. Algunas personas nunca han llegado a entender la responsabilidad que tienen de aprender el Evangelio. Algunas la han olvidado. Un obispo comentó haber asistido a una reunión de capacitación de la Primaria en la que se dio el cometido de estudiar las Escrituras todos los días. Como resultado directo de esa experiencia, durante los trece años siguientes hubo un solo día en que él no lo hizo. Ese estudio diario, dijo, cambió en gran manera su vida.

  • Exprese su testimonio de que el Salvador es el centro mismo de lo que enseñan las Escrituras y los profetas de los últimos días, y especialmente exprese con denuedo su testimonio del Salvador. A medida que sus alumnos vean al Salvador en las Escrituras y en las enseñanzas de los profetas de los últimos días, aumentará su apetencia por el estudio y sus testimonios personales se fortalecerán.

Información adicional

Para mayor información sobre cómo ayudar a las personas a aceptar su responsabilidad de aprender el Evangelio, véase la lección 5 del curso Enseñanza del Evangelio (págs. 236–241).