31: Cómo preparar las lecciones

"31: Cómo preparar las lecciones," Parte B: Principios básicos de la enseñanza del Evangelio—Prepare todo lo necesario, ()


Los breves momentos que usted emplee para enseñar una lección, ya sea en su hogar o en la Iglesia, pueden tener un efecto eterno en aquellos a quienes enseña. Cada lección puede ayudarles a sentir la influencia del Espíritu, a aumentar su amor por nuestro Padre Celestial y por Jesucristo y a incrementar su dedicación de vivir el Evangelio. Tenga esto en cuenta al preparar sus lecciones. Su éxito de representar alSeñor y de enseñar por medio del Espíritu dependerá del cuidado con que prepare sus lecciones.

Empiece a preparar con tiempo la lección

El planear una lección requiere tiempo y atención. Tan pronto como haya terminado de enseñar una lección, empiece a preparar la próxima. Probablemente estará más consciente de aquellos a quienes enseña y de sus necesidades e intereses inmediatamente después de haber estado con ellos. Asimismo, estará más consciente de la reacción que hayan tenido a sus enseñanzas.

Tres preguntas para guiarlo en la preparación de sus lecciones

Al comenzar su preparación, repase con espíritu de oración el material de la lección considerando las necesidades e intereses de sus alumnos. Estudie entonces las tres preguntas siguientes, las cuales deben guiarlo a lo largo de su preparación.

  • ¿Qué debería suceder en la vida de mis alumnos como resultado de esta lección?

  • ¿Qué principios específicos debería enseñarles?

  • ¿Cómo debo enseñarles estos principios?

A continuación se enumeran algunas maneras específicas de utilizar estas preguntas al comenzar a preparar una lección. Al repasar una lección de esta forma, anote las ideas que se le ocurran. Esto le dará una estructura para su continua meditación con espíritu de oración de la lección.

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    1. ¿Qué debería suceder en la vida de mis alumnos como resultado de esta lección?

    Estudie y medite sobre el material de la lección y los pasajes pertinentes de las Escrituras. Considere lo que deberían comprender, sentir, desear o hacer sus alumnos como resultado de la lección. Por ejemplo, al preparar una lección sobre la oración, quizás decida que sus alumnos deben entender cuán importante es la oración y resolverse a orar cada mañana y cada noche. Al preparar una lección sobre la responsabilidad familiar, quizás decida que como resultado de la misma los miembros de su familia deberían ser más diligentes en cumplir sus deberes en el hogar. Al enseñar una lección acerca del estudio de las Escrituras, podría decidir que dicha lección debería inspirar a sus alumnos a estudiarlas diariamente.

    Muchas lecciones de los manuales de la Iglesia incluyen una declaración del objetivo. Tales declaraciones pueden ayudarle a determinar cómo cada lección debería influir en sus alumnos.

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    2. ¿Qué principios específicos debería enseñarles?

    Tenga siempre presente las necesidades y los antecedentes de aquellos a quienes enseña. Hágase esta pregunta: “¿Qué principios de esta lección ayudarán a mis alumnos a solucionar los problemas a los que se enfrentan?

    Con frecuencia una lección contendrá más material del que usted podrá enseñar en el tiempo que tiene disponible. En tales casos, deberá escoger solamente el material que sea de mayor beneficio para sus alumnos.

    La cantidad de material que usted presente es menos importante que la influencia que ejerza en la vida de sus alumnos. Siendo que demasiados conceptos a la vez podrían confundirlos o extenuarlos, por lo general es mejor concentrarse en uno o dos principios primordiales. Luego podría encontrar otras ideas complementarias en el manual.

    Evite intentar enseñarles todo lo que podría decirse en cuanto a un tema determinado. Sus alumnos probablemente entiendan ya algo sobre dicho tema. Su lección debe suplementar, aclarar y confirmar lo que ya saben. Recuerde que su lección no será la única vez que aprenderán en cuanto al tema.

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    3. ¿Cómo debo enseñarles estos principios?

    Usted debe escoger los métodos de enseñanza que ayuden a que sus alumnos entiendan y vivan los principios que lesenseñe (para mayor información sobrecómo seleccionar métodos apropiados y eficientes, véanse las págs. 101–103).

    Cuando seleccione sus métodos, deberá primeramente repasar las preguntas, los relatos y otras actividades de aprendizaje que el manual de lecciones sugiera para los análisis. Si cree que esos métodos le ayudarán a satisfacer las necesidades de sus alumnos, familiarícese bien con dichos métodos. Si cree que debería emplear otros, comience con la debida anticipación a determinarcómo habrá de enseñar los principios de la lección. Considere la posibilidad de utilizar ejemplos, ilustraciones o experiencias personales que podrían ayudarle a enseñar los principios más importantes de la lección.

    Los métodos que decida utilizar podrían requerir que obtenga materiales de la biblioteca del centro de reuniones, tales como lá-minas, objetos, himnarios o videocasetes.

Desarrolle sus propias ideas

Después de considerar algunas ideas iniciales sobre cómo enseñará una lección, puede comenzar a desarrollarlas y refinarlas. Si ha comenzado a prepararse con anticipación, podrá estar más atento a las experiencias, historias y pasajes de las Escrituras que habrán de ayudar a sus alumnos. Al meditar sobre los principios a enseñar y las necesidades de sus alumnos, es posible que se le ocurran ideas adicionales. Ésta es una de las maneras en que el Espíritu puede ayudarle en su preparación. Quizás podría llevar siempre un cuaderno para ir anotando las ideas que vaya teniendo.

A esta altura de su planeación, sería de gran ayuda estudiar nuevamente los pasajes de las Escrituras que habrá de utilizar en la lección. Esto le ayudará a entenderlas mejor y a aplicarlas a quienes enseña.

Adapte y modifique según sea necesario

Al acercarse el momento de enseñar una lección, probablemente tendrá que hacer algunas adaptaciones finales. Esto se compara a cuando un jardinero debe podar un árbol o arbusto para darle la forma apropiada. Durante esta etapa, usted deberá hacer lo siguiente:

  • Tener una idea clara de lo que debería suceder en la vida de sus alumnos como resultado de esa lección. Pregúntese: “¿Tendrá esta lección tales resultados?”

  • Repase los puntos específicos que desee enseñar del manual: los principios más importantes y las ideas complementarias. Prepare una reseña clara. Asegúrese de planear un comienzo claro y una conclusión firme y específica (véase “Cómo empezar la lección”, págs. 104–105; “Cómo concluir la lección”, págs. 106–107).

  • Tome la decisión final sobre qué métodos para la enseñanza utilizará.

Asegúrese de que los métodos que escoja ayuden a que sus alumnos pongan enpráctica los principios que les enseñe.

  • Tome la decisión final sobre qué materiales utilizará.

Quizás el Espíritu lo inspire a hacer algunos cambios aun a última hora. Podría asimismo ser inspirado a hacer modificaciones en el preciso momento de estar enseñando. Sea receptivo a todos estos impulsos y reconozca que es su cuidadosa preparación lo que le permitirá recibir la continua orientación del Espíritu.

Examine estas dos ilustraciones. ¿Cuál de ellas le ofrece la mejor idea de lo que es la apariencia de un pato? Note que la primera ilustración presenta mayores detalles sobre el pato y que no incluye otros elementos que distraen. Al decidirse a enfocar su atención en uno o dos principios de la lección, asegúrese de no incluir ideas que hagan que los alumnos se distraigan de los principios fundamentales. Prepare sus lecciones a fin de que sean como la primera ilustración: sencillas, claras y enfocadas.