34: Cómo evaluar la presentación de sus lecciones

"34: Cómo evaluar la presentación de sus lecciones," Parte B: Principios básicos de la enseñanza del Evangelio—Prepare todo lo necesario, ()


Después de haber enseñado una lección, un maestro de Doctrina del Evangelio se quedó muy preocupado porque algunas partes de la lección se desarrollaron bien pero otras fueron decepcionantes. “¿Por qué algunas cosas salieron bien y otras no?”, se preguntaba. “¿Qué volvería a hacer al presentar una lección y qué tendré que modificar?” Continuó haciéndose tales preguntas al pensar cómo podría ayudar a que los miembros de la clase aprendieran el Evangelio. Las preguntas que el maestro se hizo a sí mismo son muy comunes entre los maestros.

Además de evaluar lo que aprenden nuestros alumnos (véase “Cómo determinar si los alumnos están aprendiendo”, pág.79), también es importante que verifiquemos nuestro propio éxito al presentar las lecciones. El presidente Spencer W. Kimball enseñó en cuanto a la importancia de evaluarnos a nosotros mismos y procurar mejorar: “Determinamos y establecemos normas aceptables de excelencia… y evaluamos nuestra labor en base a ello. Debemos tener menos interés en aventajar a otros y preocuparnos más por mejorar nuestro propio desempeño” (The Teachings of Spencer W. Kimball, editado por Edward L. Kimball [1982], pág. 488).

Debemos dedicar algunos momentos después de cada lección para seguir el consejo del presidente Kimball de “evaluar nuestra labor”. Esto nos ayudará a preparar la siguiente lección y a continuar mejorándonos como maestros.

Cualesquiera sean los cambios que se sienta inspirado a hacer, recuerde que la evaluación de sus enseñanzas debe ser una experiencia positiva, no desalentadora.

Cada vez que descubra algún modo de mejorar su desempeño como maestro, encontrará una nueva manera de ayudar a otros para que aprendan el Evangelio y vivan de acuerdo con sus principios.

Preguntas que le ayudarán a evaluar la presentación de sus lecciones

El éxito de una lección se mide por la influencia que ejerza en sus alumnos. Al evaluar cada una de las lecciones que enseñe, trate de recordar las reacciones de sus alumnos en diferentes momentos de la misma. Podrá recordar más vívidamente esas reacciones si repasa la reseña que empleó al presentar la lección.

Las preguntas enumeradas a continuación podrían ayudarle a evaluar sus lecciones. Note que las primeras preguntas le ayudarán a determinar lo que ha hecho bien. Usted podrá generalmente aprender más en cuanto a cómo mejorarse si se concentra primeramente en los éxitos obtenidos en vez de en los momentos decepcionantes. Si reconoce con humildad sus virtudes, podrá fortalecerlas y emplearlas para mejorar su manera de enseñar. Después de evaluar lo que haya hecho bien, podrá determinar qué podría hacer para perfeccionarse.

  • ¿En qué puntos de la lección parecían mis alumnos estar más dispuestos a participar? ¿Cuándo parecían menos dispuestos a hacerlo?

  • ¿En qué puntos de la lección parecían estar sintiendo con mayor intensidad la influencia del Espíritu? ¿Cuándo fue que parecían estar sintiendo menos la influencia del Espíritu?

  • ¿En que puntos de la lección parecían estar concentrándose más? ¿Cuándo fue que no parecían estar pensando muy profundamente?

  • ¿En qué puntos de la lección parecían reconocer la forma de aplicar los principios en su vida? ¿Cuándo fue que parecían no captar la aplicación de la lección en su vida?

A medida que medite en cada una de estas preguntas, considere estas otras suplementarias:

  • ¿Qué aspecto de mi presentación parecía contribuir a las reacciones de mis alumnos?

  • ¿Qué me revela esto acerca de las personas a quienes enseño?

  • ¿Cómo podría servirme lo que he aprendido con esta evaluación para preparar la próxima lección?

Al formularse estas preguntas, considere la posibilidad de anotar sus respuestas a fin de poder recordar las perspectivas y la inspiración que reciba de ellas. Le sorprenderá descubrir cuánto habrá aprendido.

Al meditar con espíritu de oración sobre diferentes maneras de acercarse a quienes enseña, el Espíritu puede ayudarle a determinar aquellos aspectos que podría mejorar. Podría estudiar ciertas secciones de este libro. Por ejemplo, podría repasar la información en cuanto a formular preguntas que susciten un análisis entre los alumnos(véase “Cómo dirigir los análisis en clase”,págs. 68–70; “La enseñanza por medio de las preguntas”, págs. 73–75). Tal vez sienta que es importante aprender a iniciar las lecciones de una manera más interesante(véase “Cómo empezar la lección”, págs. 104–105, o desarrollar conclusiones más só-lidas para cada lección (véase “Cómo concluir la lección”, págs. 106–107).

Para obtener sugerencias adicionales en cuanto a desarrollar un plan de mejoramiento, véase “El establecer un plan para mejorar su método de enseñanza”, (págs. 25–28).