8: La influencia de otros miembros de la familia en la enseñanza

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Aunque son los padres quienes tienen la responsabilidad principal de enseñar el Evangelio a sus hijos, también otros miembros de la familia podrían ser de gran ayuda para ello. Los padres deben tratar en lo posible de encontrar oportunidades para que otros miembros de la familia enseñen y fortalezcan a sus hijos.

La influencia de los abuelos en la enseñanza

Los abuelos pueden fortalecer e inspirar a sus nietos cuando comparten con ellos sus experiencias, su testimonio y su fe. Con relatos verdaderos sobre la obediencia, lo que se aprende de los errores, el hacer sacrificios para lograr propósitos eternos y encarar con buena disposición los problemas, pueden ayudar a los niños cuando lleguen a tener dificultades similares. Además de conversar con sus nietos, los abuelos pueden escribir en cuanto a sus testimonios y experiencias en sus diarios personales, lo cual puede edificar y enseñar a los miembros de la familia en la actualidad y en generaciones futuras.

La hermana Susan L. Warner, quien sirvió como segunda consejera de la presidencia general de la Primaria, relató la siguiente historia:

“Conozco a un abuelo que, durante una reciente reunión familiar efectuada en las montañas, llevó a sus nietos a una caminata. Al llegar a un claro entre los árboles, invitó a los niños a sentarse sobre un tronco mientras les hablaba acerca de un joven de catorce años, llamado José Smith, que deseaba hacerle a nuestro Padre Celestial algunas preguntas que le inquietaban. El abuelo explicó que el joven José fue a una arboleda, cerca de su casa, para orar, teniendo la fe de que Dios le contestaría. Los niños escucharon con atención, pero Johnny, de cuatro años, que a menudo no puede permanecer quieto, no pudo aguantar más, y exclamó: ‘Ya he oído esa historia antes’.

“El abuelo habló en cuanto a la oración sincera de José y de la forma en que fue contestada con una gloriosa visita del Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo. Al terminar, el pequeño Johnny tomó al abuelo de la mano y le dijo: ‘Fue un testimonio muy bueno, abuelo’. Le encantaba escuchar el relato una y otra vez.

“No obstante que el abuelo había repetido ese sagrado relato en muchas otras ocasiones durante su vida, dijo: ‘El Espíritu del Señor nunca había testificado con tanto poder como cuando di mi testimonio de José Smith a mis propios nietos’. El abuelo y los niños sintieron el testimonio delEspíritu Santo” (“Para que demos testimonio de Él”, Liahona, enero de 1999, pág. 78).

Aun cuando los abuelos vivan lejos de sus nietos, todavía pueden influir en ellos para bien. Mediante llamadas telefónicas o cartas elogiosas y alentadoras, pueden inspirarles confianza y darles consejos.

La influencia de los hermanos y hermanas en la enseñanza

Los padres deben alentar a sus hijos para que se ayuden mutuamente a aprender y progresar. Los hermanos y las hermanas mayores pueden ser un ejemplo positivo para los más pequeños y a ellos se les puede asignar que les enseñen a efectuar quehaceres domésticos. Cuando un hijo está sirviendo en una misión, puede, por medio de su ejemplo y de sus cartas, influir grandemente en uno de sus hermanos menores para que también él tenga el deseo de servir. Cuando una hermana se casa en el templo, puede compartir su entusiasmo y su testimonio con sus hermanos y hermanas. Cuando los niños ayudan con buena voluntad en las tareas del hogar, dan un buen ejemplo y se enseñan unos a otros en cuanto al servicio y la responsabilidad; además, su propio aprendizaje es reforzado.

La influencia de los tíos, tías, primos y primas en la enseñanza

Suele haber ocasiones en que los tíos, las tías, los primos o las primas pueden tender la mano para ayudar a un miembro de la familia cuando ello no es posible para sus padres.

Cierto padre recordó cómo un primo había influido en su hijo. Por varias semanas, éste se rehusaba a asistir a las reuniones de la Iglesia. Se acercaba entonces la ocasión de una conferencia general y su primo, entusiasmado por asistir a la misma, se levantó muy temprano y formó fila para poder entrar al Tabernáculo de Salt Lake. El hijo vio ese ejemplo, quedó impresionado por la fe y el entusiasmo de su primo, y ello le motivó a asistir nuevamente a la Iglesia. Tal decisión cambió su vida y tiempo después sirvió fielmente como misionero.

Una madre se refirió a la influencia positiva de su hermano y su familia cuando ella y su esposo enviaron a uno de sus hijos a vivir con ellos para que trabajara en una gasolinera durante el verano. Otra mujer recordó con gratitud una conversación que su hijo había tenido con uno de sus tíos favoritos. A raíz de tal conversación, su hijo decidió evitar a ciertos amigos que estaban influyendo indebidamente en su comportamiento.

La influencia de los hijos en la enseñanza

Cuando escuchan a sus hijos, los padres pueden aprender una multitud de verdades. El élder Russell M. Nelson describió una ocasión en que aprendió algo gracias a una de sus hijas:

“Cuando nuestra hija menor tenía apenas cuatro años de edad, una noche llegué a casa muy tarde del trabajo en el hospital y me di cuenta de que mi querida esposa estaba muy cansada… Me ofrecí para poner en la cama a nuestra hijita. La llevé a su habitación y empecé a darle órdenes:‘Quítate la ropa, cuélgala, ponte el pijama, cepíllate los dientes, haz tus oraciones’, etc. Parecía un sargento dando órdenes. De pronto, algo pensativa, ella me dijo: Papá, ¿soy de tu propiedad?

“Mi hijita me enseñó una lección importante esa noche, pues estaba tratando a esa dulce criatura con coacción. El controlar a los niños por medio de la fuerza es una técnica de Satanás, no del Salvador” (véase “Escuchar para aprender”, Liahona, julio de 1991, pág. 23).