Lección 12: Siga adelante y enseñe

"Lección 12: Siga adelante y enseñe," Parte G: Curso Enseñanza del Evangelio, ()


Objetivo

Ofrecer a los miembros de la clase la oportunidad de fortalecerse mutuamente en sus esfuerzos por mejorarse como maestros.

Nota para el maestro

El Señor señaló un importante principio de la enseñanza del Evangelio cuando dijo: “Nombrad de entre vosotros a un maestro; y no tomen todos la palabra al mismo tiempo, sino hable uno a la vez y escuchen todos lo que él dijere, para que cuando todos hayan hablado, todos sean edificados de todos y cada hombre tenga igual privilegio” (D. y C. 88:122).

La lección de hoy, la última del curso de Enseñanza del Evangelio, ofrece una oportunidad para que los miembros de la clase se enseñen y se edifiquen los unos a los otros al compartir sus sentimientos en cuanto a la doctrina, los principios, las aptitudes y los métodos que han aprendido durante este curso. Organice diligentemente la lección de modo que cada miembro de la clase tenga tiempo para participar.

Preparación

  1. 1.

    Con anticipación, recuerde a los miembros de la clase la asignación que se les dio a fin de prepararse para esta lección (véase la asignación 3 en la página 268).

  2. 2.

    Considere cómo ha progresado cada miembro de la clase durante este curso y lo que usted mismo ha aprendido de cada uno de ellos. Prepárese a compartir algunas de estas ideas como parte de la lección.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Comparta brevemente su testimonio acerca de la importancia de enseñar el Evangelio y acerca del privilegio de servir como maestro. Léales luego la siguiente declaración del élder Jeffrey R. Holland, pidiendo a cada alumno que escuche con mucha atención para ver en qué manera podría la misma servir como un resumen de este curso:

“Ya sea que impartamos enseñanza a nuestros hijos en el hogar o lo hagamos frente a una congregación en la iglesia, nunca permitamos que la fe sea algo difícil de advertir. Recuerden que debemos ser maestros ‘venido[s] de Dios’. Nunca sembremos semillas de duda; evitemos el comportamiento egoísta y la vanidad; preparemos bien las lecciones; presentemos sermones basados en las Escrituras; enseñemos la doctrina revelada; expresemos un testimonio sincero; oremos, practiquemos y tratemos de mejorar. En nuestras reuniones administrativas, ‘instruy[amos] y edifiqu[emos]’, como dice la revelación, para que incluso, en éstas, nuestra enseñanza al final sea ‘de lo alto’. La Iglesia llegará a ser mejor a causa de ello, y ustedes también, ya que, como Pablo dijo a los romanos: ‘Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?’ ” (“ ‘Venido de Dios como maestro’ ”, Liahona, julio de 1998, pág. 28).

Invite a cada miembro de la clase a que, por turno, hagan sus presentaciones (véase “Preparación”, punto 1).

Conclusión

Observaciones

Si el tiempo lo permitiese, comparta sus observaciones en cuanto al progreso de los miembros de la clase durante el curso (véase “Preparación”, punto 2). Hable asimismo acerca de lo que usted haya aprendido de ellos.

Testimonio

Exprese su testimonio según lo inspire el Espíritu. Quizás podría también incluir expresiones de confianza, aliento y apoyo para cuando los miembros de la clase sigan adelante para enseñar el Evangelio.