Lección 4

La caída de Adán y el don del albedrío

Enseñanzas y doctrina del Libro de Mormón: Manual para el maestro


Introducción

La caída de Adán fue parte esencial del plan de Dios; dio lugar a las condiciones bajo las cuales podríamos venir a la Tierra y ser probados. El plan de Dios también contempla que Él otorgue el albedrío a Sus hijos (véase 2 Nefi 2:27). En esta lección los alumnos aprenderán que la clave para utilizar bien nuestro albedrío es procurar hacer la voluntad de Dios y seguir así el ejemplo que nos dio Jesucristo.

Lectura preparatoria

Sugerencias para la enseñanza

2 Nefi 2:19–26, 28; Alma 42:6–10, 14; Moisés 5:5–9

La caída de Adán

Muestre la siguiente declaración del élder Bruce C. Hafen, de los Setenta, y pida a un alumno que la lea en voz alta:

Élder Bruce C. Hafen

“Desde el siglo quinto, la cristiandad enseñaba que la caída de Adán y Eva había sido un trágico error… Ese punto de vista es erróneo… La Caída no fue un desastre; no fue error ni accidente, sino una parte deliberada del Plan de Salvación” (“La Expiación: Todo por todo”, Liahona, mayo de 2004, pág. 97).

  • ¿Por qué creen que es importante comprender que la Caída no fue un error ni un accidente sino una parte deliberada del Plan de Salvación?

Invite a los alumnos a estudiar 2 Nefi 2:19–25 y a hacer una lista de los efectos de la Caída: las cosas que le sucedieron a Adán y Eva luego de que comieron el fruto prohibido. Pídales luego que escriban en la pizarra algunos de los componentes de su lista. (Nota: El buscar listas en los pasajes de las Escrituras es una técnica para el estudio de las Escrituras que usted puede enseñar con este pasaje; véase La enseñanza y el aprendizaje del Evangelio, 2011, pág. 23). La lista debe contener lo siguiente: Adán y Eva fueron echados del Jardín de Edén; tuvieron hijos; entraron en un estado de probación; llegaron a estar perdidos y necesitaron el arrepentimiento; y afrontaron oposición, lo cual les permitió experimentar lo bueno y lo malo y utilizar sabiamente su albedrío.

  • ¿De qué modo la lista que está en la pizarra ayuda a explicar por qué la caída de Adán fue parte necesaria del plan del Padre Celestial? (Los alumnos podrían sugerir una variedad de respuestas, las cuales se resumen con este principio: La caída de Adán hizo posible que ingresáramos en la vida terrenal y progresáramos hacia la vida eterna).

  • ¿Qué significa que “todos los hombres… estaban perdidos” por causa de la Caída? (2 Nefi 2:21).

Para ayudar a los alumnos a responder esa pregunta, invite a varios de ellos a turnarse para leer en voz alta Alma 42:6–10, 14 mientras la clase presta atención a fin de encontrar otros efectos de la Caída. A medida que los alumnos compartan lo que hayan descubierto, usted podría añadir sus respuestas a la lista de la pizarra.

  • ¿Qué significa estar “separados de la presencia del Señor”?

Muestre la siguiente declaración del élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, y pida a un alumno que la lea en voz alta:

Élder Jeffrey R. Holland

“[Adán y Eva] transgredieron un mandamiento de Dios, lo cual exigía que salieran del jardín, pero que les permitió tener hijos antes de sufrir la muerte física. Además del pesar y de lo complejo de su situación, su transgresión tenía también consecuencias espirituales, excluyéndolos para siempre de la presencia de Dios. Debido a que nacimos en ese mundo caído y a que nosotros asimismo transgrediríamos las leyes de Dios, también se nos sentenció a los mismos castigos que afrontaron Adán y Eva…

“… desde el momento en que esos primeros padres salieron del Jardín de Edén, el Dios y Padre de todos nosotros, previendo la decisión que tomarían Adán y Eva, envió a los mismos ángeles de los cielos para que les declararan a ellos —y a través del tiempo a nosotros— que toda esa serie de acontecimientos se diseñó para nuestra felicidad eterna. Era parte de Su divino plan, en el que se proporcionaba un Salvador, el mismo Hijo de Dios, otro ‘Adán’, como lo llamaría el apóstol Pablo [véase 1 Corintios15:45], que vendría en el meridiano de los tiempos para expiar la primera transgresión de Adán. Esa Expiación lograría la victoria completa sobre la muerte física… De manera misericordiosa, también proporcionaría el perdón por los pecados individuales de cada uno, desde Adán hasta el fin del mundo, siempre y cuando nos arrepintiésemos y obedeciéramos los mandamientos divinos” (véase “Merced, justicia y amor”, Liahona, mayo de 2015, págs. 105–106).

  • ¿Por qué “se nos sentenció a los mismos castigos que afrontaron Adán y Eva”? (Nacemos en un mundo caído y transgredimos las leyes de Dios).

Invite a algunos alumnos a turnarse para leer en voz alta 2 Nefi 2:26, 28 y Moisés 5:5–9, mientras la clase presta atención a fin de descubrir cómo podemos superar en nuestra vida los efectos de la Caída.

  • Según esos pasajes, ¿cómo podemos ser redimidos de los efectos espirituales de la Caída? (Las respuestas deben incluir el siguiente principio: Si nos arrepentimos y le pedimos a Dios que nos perdone, podemos ser redimidos de nuestros pecados mediante la expiación de Jesucristo).

Invite a los alumnos a meditar la función de la Caída en el Plan de Salvación y la manera en que “se diseñó para nuestra felicidad eterna”. Pida a uno o dos alumnos que compartan con la clase lo que pensaron.

2 Nefi 2:14, 16, 26–29; Helamán 14:30–31; 3 Nefi 27:13

El don del albedrío

Muestre la siguiente declaración del presidente Russell M. Nelson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, e invite a un alumno a leerla en voz alta:

Presidente Russell M. Nelson

“[Por medio de la Caída, Adán y Eva] se volvieron seres mortales. Felizmente para nosotros, también pudieron engendrar hijos y cumplir el propósito por el cual el mundo había sido creado… Por medio de la Caída también obtuvimos otras bendiciones: esta puso en vigencia dos dones de Dios que están estrechamente relacionados y que son casi tan preciados como la vida misma: el albedrío y la responsabilidad” (“La constancia en medio del cambio”, Liahona, enero de 1994, pág. 39, cursiva agregada).

  • ¿De qué manera el albedrío y la responsabilidad son “casi tan preciados como la vida misma”?

Pida a los alumnos que estudien 2 Nefi 2:14, 16 y 26 y que busquen lo que esos versículos enseñan sobre la forma en que los hijos de Dios se diferencian de Sus demás creaciones.

  • ¿Qué diferencia ponen de manifiesto esos versículos entre los hijos de Dios y Sus demás creaciones? (Los alumnos deben reconocer la siguiente doctrina: Los hijos de Dios son creados para actuar por sí mismos y no para que se actúe sobre ellos).

  • ¿Qué significa que Dios nos creó para actuar y no para que se actúe sobre nosotros?

  • ¿Por qué es importante saber que los hijos de Dios fueron creados para actuar por sí mismos y no para que se actúe sobre ellos?

Para ayudar a los alumnos a responder esa pregunta, puede analizar las siguientes palabras del presidente Boyd K. Packer (1924–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles:

Presidente Boyd K. Packer

“El antiguo refrán: ‘El Señor está votando por mí, y Lucifer está votando contra mí, pero es mi voto el que cuenta’, describe una convicción doctrinal de que nuestro albedrío es más poderoso que la voluntad del adversario. El albedrío es de gran valor; de manera imprudente y ciega podemos cederlo, pero no nos lo pueden quitar a la fuerza.

“Existe también una antigua excusa: ‘El diablo me forzó a hacerlo’. ¡No es así! Él puede engañarlos y embaucarlos, pero no tiene el poder de obligarlos a ustedes ni a nadie a transgredir” (véase “Limpiemos el vaso interior”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 74).

Pida a algunos alumnos que lean 2 Nefi 2:26–29 y a otros que lean Helamán 14:30–31. Ínstelos a subrayar palabras y frases que señalen las consecuencias futuras de las decisiones que tomamos ahora. Invítelos a compartir algunas de las palabras y frases que hayan subrayado.

  • ¿Qué verdad podemos aprender de esos pasajes acerca de las consecuencias de nuestras decisiones? (Los alumnos deben reconocer la siguiente verdad: La forma en que usamos nuestro albedrío determina nuestro progreso espiritual y nuestras bendiciones eternas).

A fin de ayudar a los alumnos a comprender esa verdad, pida a uno de ellos que lea las siguientes palabras del élder Robert D. Hales, del Cuórum de los Doce Apóstoles:

Élder Robert D. Hales

“… cuando elegimos hacer la voluntad de nuestro Padre Celestial, se preserva nuestro albedrío, nuestras oportunidades aumentan, y progresamos… [Es] útil recordar que lo opuesto es también verdadero: Cuando no guardamos los mandamientos ni seguimos los susurros del Espíritu Santo, se reducen nuestras oportunidades; nuestras facultades para actuar y progresar disminuyen… [La] obediencia a los mandamientos, al fin de cuentas, protege nuestro albedrío” (véase “El albedrío: (Esencial para el plan de la vida”, Liahona, noviembre de 2010, págs. 25, 26).

  • ¿Cuáles son algunas de las consecuencias del mal uso del albedrío?

  • ¿De qué forma la obediencia a los mandamientos de Dios protege nuestro albedrío?

  • ¿Por qué es el utilizar nuestro albedrío para “hacer la voluntad de nuestro Padre Celestial” la clave de nuestro progreso espiritual?

Pida a los alumnos que lean 3 Nefi 27:13 en silencio y que consideren el ejemplo de Jesucristo de usar el don del albedrío con rectitud.

  • ¿De qué manera las palabras del Salvador “vine… a cumplir la voluntad de mi Padre” pueden ayudarnos a usar sabiamente el don del albedrío?

A fin de ayudar a los alumnos a comprender las grandes bendiciones que provienen de usar nuestro albedrío con rectitud, comparta la siguiente declaración del élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles:

Élder Richard G. Scott

“… El Señor tiene un interés particular en tu desarrollo y tu progreso, el cual se acelera si le permites a Él que te dirija a través de las experiencias de aprendizaje que se presenten, ya sea que te gusten o no. Cuando confías en el Señor, cuando te dispones a concentrar mente y corazón en Su voluntad, cuando le pides que el Espíritu te guíe para hacer Su voluntad, tienes asegurada la mayor felicidad a lo largo de la jornada y el logro más satisfactorio de esta experiencia terrenal. Si cuestionas todo lo que se te pida hacer o te rebelas ante todo problema, harás que le sea más difícil al Señor bendecirte [véase 1 Nefi 3:7].

“El albedrío, el derecho de tomar decisiones, no se te ha dado para que hagas lo que quieras, sino que tienes ese don divino para elegir aquello que tu Padre Celestial desee para ti; de esa manera, te puede conducir para que seas todo lo que Él desea que llegues a ser [véase D. y C. 58:26–32]” (“Cómo hallar gozo en la vida”, Liahona, julio de 1996, pág. 27).

Pida a los alumnos que piensen en ocasiones en las que hayan tomado la decisión de actuar con rectitud. Invite a algunos de ellos a compartir de qué manera las consecuencias de esas decisiones les trajeron bendiciones.

Inste a los alumnos a meditar cómo pueden seguir mejor el ejemplo de Jesucristo en cuanto a hacer la voluntad del Padre Celestial. Comparta su testimonio de que el uso adecuado del albedrío nos puede conducir a la vida eterna.

Material de lectura para el alumno