Capítulo 11: La revelación de Dios a Sus hijos

Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: George Albert Smith, 2010


Nuestro Padre Celestial nos guía individualmente y como Iglesia por medio del Espíritu Santo.

De la vida de George Albert Smith

A fin de enseñar acerca de la importancia de la revelación para guiar a la Iglesia, George Albert Smith relató una experiencia que tuvo en un vuelo desde Los Ángeles, California, a Salt Lake City, Utah:

“Ya cerca de Milford, Utah, de repente entramos en una de las peores neblinas que jamás he visto. Traté de mirar por la ventana del avión, pero no lograba ver nada a través de la neblina. No se veía absolutamente nada en ninguna dirección afuera del avión.

“Yo sabía que nos acercábamos a las montañas a una velocidad aproximada de cinco kilómetros por minuto y que teníamos que pasar por encima de ellas para llegar al Valle del Lago Salado. Estaba preocupado y me preguntaba: ‘¿Cómo puede el piloto encontrar el camino si no logra ver nada?’. Él tenía una brújula, pero el avión podía desviarse de su rumbo. Tenía instrumentos que indicaban la distancia sobre el nivel del mar, pero no tenía forma de saber a qué distancia estábamos del suelo. Pensé que tal vez podría volar suficientemente alto para librar las montañas que estaban en nuestro paso al Valle del Lago Salado y tratar de encontrar el campo de aterrizaje por el brillo de las luces intermitentes del aeropuerto si es que lográbamos acercarnos lo suficiente, pero me dieron escalofríos pensar en el peligro que corríamos si perdíamos el camino y no encontrábamos las luces y el aeropuerto.

“Ansioso, caminé hasta el lugar ocupado por el piloto y el copiloto para averiguar cómo sabían en qué dirección estábamos volando. Yo no me daba cuenta de si estábamos a treinta, trescientos o tres mil metros sobre el suelo, y no me daba cuenta de cómo podían saberlo ellos, excepto haciendo estimaciones. Noté que el piloto tenía un pequeño aparato en la oreja como el que usan los operadores de teléfonos. Le pregunté al copiloto cómo podían saber si volábamos en la dirección correcta o si nos habíamos desviado de nuestro rumbo. Él contestó: ‘Cuando no podemos ver, nos guía la señal de radio’.

“‘¿Y eso qué es?’, le pregunté. Me explicó que la señal se podía comparar con una carretera eléctrica entre dos puntos, y en nuestro caso los puntos eran Milford y Salt Lake City. Dijo que el aparato que tenía el piloto en la oreja funcionaba de tal forma que cuando el avión estaba dentro de la señal, se escuchaba un susurro constante, pero si se desviaba hacia la derecha o hacia la izquierda, el sonido cambiaba y el piloto escuchaba el aviso que sonaba como el chasquido de una tecla de telégrafo. Si él… regresaba a la señal o carretera, al sendero seguro, el chasquido cesaba y el susurro se reanudaba. Si continuábamos en la señal, llegaríamos a nuestro destino sin problemas.

“Regresé a mi asiento con el consuelo de saber que a pesar de estar envueltos en neblina y oscuridad, y a pesar de no ver ni sentir dónde estábamos, el piloto recibía información constante que le indicaba que estábamos en la carretera, y sabía que pronto llegaríamos a nuestro destino. Unos minutos después, sentí que el avión descendía. Habíamos pasado por encima de las montañas y nos acercábamos al aeropuerto. Cuando ya casi llegábamos a tierra, se alcanzaban a ver las potentes luces del campo que indicaban dónde aterrizar, y el avión, con su valioso cargamento, aterrizó tan suavemente como las gaviotas sobre el agua, se detuvo lentamente, y bajamos del avión, felices de estar de nuevo en casa…

“He pensado muchas veces en la lección que aprendí en el avión, y la he aplicado a la experiencia en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días…

“El Señor no sólo nos ha dado el consejo que ya está registrado en las Escrituras para guiarnos, sino que también ha colocado a un líder en esta Iglesia, uno de Sus hijos que ha sido escogido, ordenado y apartado para ser el Presidente. Él es nuestro piloto y será guiado por una voz que le permitirá dirigirnos a donde debemos ir. Si somos sabios, no lo juzgaremos, sino que nos dará gusto honrarlo en su llamamiento todo el tiempo que el Señor lo sostenga”.

El presidente Smith también se valió de su experiencia en el avión para enseñarnos que, si somos dignos, cada uno de nosotros puede recibir revelación para guiar nuestra propia vida:

“Si vivimos como sabemos que debemos hacerlo, tenemos derecho a recibir los susurros de la voz suave y apacible que nos advierte de peligros, que nos dice: Éste es el sendero seguro, camina en él… Si hemos errado en nuestra conducta, la voz nos susurrará: ‘Vuélvete; has cometido un error; no has hecho caso al consejo de tu Padre Celestial’. Vuélvanse del error de su camino mientras haya tiempo de hacerlo porque, si se desvían demasiado del sendero correcto, no escucharán la voz y es posible que se pierdan totalmente…

“El consejo que yo les doy es que obtengan el Espíritu de Dios y lo conserven, y la única forma de conservarlo es vivir cerca de Él, guardar Sus mandamientos… Escuchen la voz suave y apacible que siempre los guiará, si son dignos de ella, por el sendero que les dará la felicidad eterna”1. [Véase la sugerencia 1 en la página 124.]

Las enseñanzas de George Albert Smith

Dios se manifiesta a Sus hijos en nuestros días tal como lo ha hecho en épocas anteriores.

¡Qué privilegio es vivir en una época del mundo en que sabemos que Dios vive, que Jesucristo es el Salvador del mundo y nuestro Redentor, y en la cual sabemos que el Señor continúa manifestándose a Sus hijos que se han preparado para recibir Sus bendiciones! Esta mañana estoy mirando los rostros de una gran audiencia [en una sesión de la conferencia general], la mayoría de los cuales gozan de la inspiración del Todopoderoso y, cuando oran, lo hacen a su Padre que está en el cielo, sabiendo que sus oraciones serán contestadas con bendiciones sobre su cabeza… Sabemos que hay un Dios en el cielo, que es nuestro Padre, y que sí se interesa en nuestros asuntos y lo ha hecho desde que comenzó el mundo, cuando Sus primeros hijos fueron colocados sobre la tierra2.

La diferencia entre esta gran Iglesia y todas las demás iglesias desde el principio es que creemos en la revelación divina; creemos que nuestro Padre habla con los hombres hoy como lo ha hecho desde los tiempos de Adán. Creemos y sabemos –-lo cual es más que una simple creencia–- que nuestro Padre ha puesto Su mano en este mundo para la salvación de los hijos de los hombres3.

No es sólo por nuestra fe en estos libros [el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y La Perla de Gran Precio] que se nos considera un pueblo singular, sino también porque creemos con certeza que nuestro Padre que está en los cielos ha hablado en esta época. De hecho, sabemos que hay comunicación con los cielos. Creemos que Jehová siente lo mismo por nosotros que lo que sintió por Sus hijos que vivieron en este mundo en épocas pasadas; y que también tiene la misma influencia en nosotros que la que tuvo en ellos.

El incrédulo ha considerado a los miembros de la Iglesia de Jesucristo de todas las épocas del mundo como un pueblo singular. Cada vez que el Señor ha hablado por medio de Sus siervos, en distintas épocas ha habido mucha gente en la tierra que ha dicho: “Yo no creo en la revelación”. Y esta época no es ninguna excepción a la regla. Miles y millones de los hijos de nuestro Padre que viven en la tierra simplemente repiten la historia del pasado cuando niegan que Dios ha revelado Su voluntad de nuevo a los hijos de los hombres y cuando dicen que no tienen necesidad de revelación adicional4.

Nosotros no creemos que los cielos estén sellados sobre nuestra cabeza, sino que el mismo Padre que amaba y valoraba a los hijos de Israel nos ama y nos valora a nosotros. Creemos que tenemos tanta necesidad de la ayuda del Padre Celestial para dirigir nuestra vida como la tenían ellos. Sabemos que en el día y la época en que vivimos, el sello se ha roto, y Dios ha hablado de nuevo desde los cielos15. [Véase la sugerencia 2 en la página 124.]

El Señor guía a Su pueblo mediante la revelación que da al Presidente de la Iglesia.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se organizó por el mandato directo de nuestro Padre Celestial. Esta Iglesia se fundó sobre la roca de la revelación y ha sido guiada por revelación6.

En estos días, es singular pertenecer a una iglesia cuyos miembros creen que el Señor habla por medio de los líderes de ella. Cuando nos instruye el Presidente de esta Iglesia, creemos que él nos dice lo que el Señor desea que hagamos. Para nosotros es más que el simple consejo del hombre. Lo creemos, y esa creencia nos hace examinar nuestra alma y nos induce a renovar la determinación de ser lo que Dios desea que seamos7.

En la Iglesia ha habido algunas almas insensatas que, por su ignorancia, se han opuesto al consejo del [Presidente de la Iglesia] sin darse cuenta de que se oponían al Señor, y han caído en la oscuridad y el pesar y, a menos que se arrepientan, no hallarán un lugar en el reino celestial.

Recordemos que el Presidente de esta Iglesia ha sido designado oficialmente como el piloto de la Iglesia aquí en la vida mortal para representar al Maestro del cielo y de la tierra8.

Cuando los hombres se han acercado a una persona o a varias, como lo han hecho en ocasiones a fin de obtener el éxito en una u otra cosa, y han dicho: “Tuve un sueño, y esto es lo que el Señor quiere que hagamos”, sepan que no están del lado del Señor. Los sueños, las visiones y las revelaciones de Dios a los hijos de los hombres siempre han llegado mediante Su siervo nombrado. Ustedes pueden recibir sueños y manifestaciones para su propio consuelo o satisfacción, pero no los recibirán para la Iglesia… No seamos engañados9.

Este día mi alma está llena de gratitud por saber que, al continuar como miembros de la Iglesia, tenemos un piloto que conoce el camino y, si seguimos su dirección… no enfrentaremos los desastres espirituales que el mundo enfrenta, sino que seguiremos adelante haciendo el bien, bendiciendo a la humanidad y regocijándonos en la compañía de nuestros seres queridos10. [Véase la sugerencia 3 en la página 124.]

Si obedecemos los mandamientos, todos tenemos derecho a recibir inspiración personal del Espíritu Santo.

Yo creo en ustedes, mis hermanos y hermanas… Ustedes tienen derecho al mismo conocimiento que la persona que preside esta Iglesia. Tienen derecho a la misma inspiración que reciben los que Dios ha hecho que sean ordenados como Sus líderes. Tienen derecho a la inspiración del Espíritu, y al conocimiento de que Él es su Padre, y cuando digo “ustedes”, hablo de todos los que han obedecido los mandamientos de nuestro Padre, y que han participado de la dulce influencia del Espíritu del Señor en la Iglesia de Cristo… Cada uno de nosotros tiene derecho a la inspiración del Señor en proporción a la forma en que llevamos una vida recta11.

Sin importar a dónde vayan, no encontrarán a ningún otro grupo en el que cada uno tenga fe en Dios; y si les preguntáramos a todos ustedes cuántos tienen un testimonio, no sólo una creencia porque otra persona lo ha dicho, sino cuántos de ustedes tienen la certeza de que ésta es la obra de Dios, que Jesús es el Cristo, que nuestra vida es eterna, que José Smith fue un profeta del Dios viviente, contestarían que tienen ese testimonio que los eleva, los fortalece y les da satisfacción al seguir adelante en el mundo…

…De niño aprendí que ésta es la obra del Señor, que había profetas que vivían en la tierra, que la inspiración del Todopoderoso influye en los que viven dignos de merecerla, de manera que no dependemos de una persona ni de dos ni de media docena. Hay miles de miembros de esta Iglesia que saben –-y no es cuestión de la imaginación–-, ellos saben que Dios vive, que Jesús es el Cristo y que somos hijos de Dios12.

Ustedes no dependen solamente de la historia ni de las enseñanzas de algún hombre para saber que ésta es la obra del Señor, porque el don del Espíritu Santo lo ha grabado a fuego en sus almas. No cabe duda en su mente en cuanto a su origen ni en cuanto al lugar a donde irán cuando termine esta vida, si es que son fieles a la confianza que se ha depositado en ustedes13.

Otra persona no nos puede dar un testimonio. La convicción se recibe del Padre Celestial14.

Hoy estoy aquí profundamente agradecido por el conocimiento que he recibido. Estoy agradecido porque mi testimonio no depende de ninguna persona. Claro que estoy agradecido por el ánimo que recibo de otros que poseen luz y verdad y que me alientan con su vida recta, pero mi conocimiento de que Dios vive, de que Jesucristo es el Redentor de la humanidad y de que José Smith es un profeta del Señor no depende de ninguno de ellos. Yo sé estas cosas por mí mismo.

…Me regocijo al testificar que sé que el Evangelio es verdadero, y con toda el alma le doy las gracias a mi Padre Celestial por habérmelo revelado15.

De todas las bendiciones que he recibido en la vida, la más valiosa es el conocimiento de que Dios vive y que ésta es Su obra, porque eso incluye todas las demás bendiciones que espero disfrutar en esta vida o en la venidera16. [Véase la sugerencia 4 en la página 124.]

El Espíritu Santo es una guía segura por el sendero de la vida mortal.

La compañía del Espíritu [de Dios]… es una guía segura por el sendero de la vida mortal y una preparación segura para tener un hogar en Su reino celestial17.

En Job leemos que espíritu hay en el hombre, y la inspiración del Omnipotente le hace entender [véase Job 32:8]. Si guardamos los mandamientos de Dios, tenemos derecho a esa inspiración y, si vivimos como deben vivir los hijos de Dios, recibiremos esa inspiración, y nadie puede evitarlo, y el resultado será nuestro propio desarrollo físico, mental y moral en la vida mortal, y el desarrollo continuo por toda la eternidad18.

La compañía del Espíritu del Señor es el antídoto contra el cansancio… contra el temor y todas esas cosas que a veces nos vencen en la vida19.

Cuando los discípulos del Salvador estaban con Él, lo admiraban sin saber cuán grande era en realidad, pero no fue sino hasta que recibieron el Espíritu Santo y el bautismo de fuego que pudieron enfrentar los problemas y soportar las persecuciones que hacían que la vida fuera casi inaguantable. Cuando la inspiración del Omnipotente les dio entendimiento, supieron que su vida era [una] vida eterna, y que si demostraban ser fieles, al morir y dejar de lado su cuerpo, serían levantados de la tumba a la gloria y la inmortalidad.

Ése fue el resultado de la inspiración del Espíritu de Dios que les sobrevino, la inspiración del Omnipotente que les hizo entender…

Ruego que more en nosotros el Espíritu que nos mantiene en el sendero de la verdad y la rectitud, y ruego que aquel deseo que deriva de la inspiración de nuestro Padre Celestial nos dirija por el sendero de la vida20.

Cuando haya concluido la labor de nuestra vida, ruego que hayamos escuchado el susurro de aquella voz suave y apacible que siempre nos guía por el sendero de la rectitud, y que sepamos que ha significado la apertura de la puerta al reino celestial para nosotros y para nuestros seres queridos, para seguir avanzando por la eternidad… con felicidad eterna21. [Véase la sugerencia 5 a continuación.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Si necesita más ayuda, consulte las páginas V–VIII.

  1. 1.

    Al leer “De la vida de George Albert Smith” (páginas 115–118), considere cómo se aplica la analogía del presidente Smith a nuestro trayecto por la vida mortal. ¿Qué podrían representar la neblina, la señal de radio y el chasquido? ¿Cómo le ha advertido del peligro el Señor y le ha ayudado a permanecer en el sendero a la vida eterna?

  2. 2.

    En las páginas 118–119, el presidente Smith declara que la revelación es tan necesaria hoy como lo fue en los tiempos de la Biblia. ¿Cómo respondería usted si alguien le dijera que las revelaciones que se hallan en las Escrituras bastan para nuestros días? ¿Qué experiencias le han enseñado que nuestro Padre Celestial “sí se interesa en nuestros asuntos”?

  3. 3.

    Repase la sección que comienza en la página 119. ¿Cómo ha logrado saber que el consejo del profeta viene del Señor y “es más que el simple consejo de los hombres” (página 120)? ¿Cómo puede ayudarle la revelación personal a aceptar y poner en práctica la revelación que se da por medio del profeta?

  4. 4.

    Al estudiar la sección que comienza en la página 120, piense en la forma en que obtuvo un testimonio del Evangelio. ¿Cómo le ayudaron los testimonios de otras personas? ¿Qué hizo para llegar a saber la verdad por usted mismo?

  5. 5.

    En la última sección de las enseñanzas (páginas 123–124), busque las palabras y las frases que describen cómo nos puede ayudar el Espíritu Santo. Considere lo que usted puede hacer para ser digno de la compañía del Espíritu Santo con mayor frecuencia en su vida.

Pasajes de las Escrituras que se relacionan con el tema: Juan 15:26; 1 Nefi 10:17–19; 2 Nefi 32:5; Moroni 10:3–5; Doctrina y Convenios 1:38; 42:61; 76:5–10; Artículos de Fe 1:9.

Ayuda para la enseñanza: “No se preocupe si sus alumnos permanecen en silencio por un momento antes de contestar una pregunta. No responda a su propia pregunta; concédales tiempo para que piensen bien la respuesta. Sin embargo, un silencio prolongado podría indicar que no entienden la pregunta y que es necesario que usted la formule con otras palabras” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 74).

Mostrar referencias

    Notas

  1.   1.

    En Conference Report, octubre de 1937, págs. 50–53.

  2.   2.

    En Conference Report, abril de 1946, pág. 4.

  3.   3.

    En Conference Report, abril de 1917, pág. 37.

  4.   4.

    “Some Points of ‘Peculiarity’”, Improvement Era, marzo de 1949, pág. 137.

  5.   5.

    En Proceedings at the Dedication of the Joseph Smith Memorial Monument, pág. 55.

  6.   6.

    “Message to Sunday School Teachers”, Instructor, noviembre de 1946, pág. 501.

  7.   7.

    En Conference Report, octubre de 1930, pág. 66.

  8.   8.

    En Conference Report, octubre de 1937, págs. 52–53.

  9.   9.

    En Conference Report, octubre de 1945, págs. 118–119.

  10.   10.

    En Conference Report, octubre de 1937, pág. 53.

  11.   11.

    En Conference Report, octubre de 1911, pág. 44.

  12.   12.

    En Conference Report, abril de 1946, págs. 124–125.

  13.   13.

    En Conference Report, abril de 1905, pág. 62.

  14.   14.

    “Opportunities for Leadership”, Improvement Era, septiembre de 1949, pág. 557.

  15.   15.

    En Conference Report, octubre de 1921, pág. 42.

  16.   16.

    En Conference Report, abril de 1927, pág. 82.

  17.   17.

    “To the Latter-day Saints Everywhere”, Improvement Era, diciembre de 1947, pág. 797.

  18.   18.

    En Conference Report, abril de 1944, pág. 31.

  19.   19.

    En Conference Report, octubre de 1945, págs. 115–116.

  20.   20.

    En Conference Report, abril de 1939, págs. 124–125.

  21.   21.

    En Conference Report, abril de 1941, pág. 28.