Capítulo 16: “Ofrecerás tus sacramentos en mi día santo”

Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: George Albert Smith, 2010


Guardar el día de reposo y participar dignamente de la Santa Cena nos da más fortaleza espiritual.

De la vida de George Albert Smith

De niño, George Albert Smith aprendió la importancia de honrar el día de reposo. Con frecuencia, un grupo de niños del vecindario iba a su casa los domingos después de la Escuela Dominical para invitarlo a jugar a la pelota. “Yo era como los niños”, dijo él. “Pensaba que sería muy divertido jugar a la pelota y a otros juegos; pero tenía una maravillosa madre. Ella no me decía: ‘No puedes ir’, sino que me decía: ‘Hijo, serás más feliz si no lo haces…’. Quiero decirles que agradezco ese tipo de enseñanza en el hogar”1. El impacto de las enseñanzas de su madre se pueden ver en el hecho de que el presidente Smith con frecuencia les recordaba a los santos que el guardar el día de reposo nos da grandes bendiciones.

Como Autoridad General, George Albert Smith tuvo la oportunidad de asistir a reuniones dominicales de la Iglesia en muchos lugares. Al observar la forma en que los santos adoraban juntos durante el día de reposo, se sentía complacido por su actitud reverente hacia la Santa Cena: “Considero que es importante que los miembros de la Iglesia comprendan el carácter sagrado del sacramento de la Cena del Señor… Me regocijo cuando veo a los hermanos y a las hermanas venir al santuario y participar de estos emblemas… dignamente”2. [Véase la sugerencia 1 en la página 184.]

Las enseñanzas de George Albert Smith

El mandamiento de Dios de que guardemos el día de reposo no es una carga, sino una bendición.

[El Señor] nos ha enseñado que debemos observar el día de reposo para santificarlo. Un día de los siete lo ha apartado como Su día y, en consideración de todas las bendiciones que nos confiere durante los otros días, me parece que deberíamos sentir gozo al hacer las cosas que nos pide que hagamos en Su día santo, y pienso que a menos que lo hagamos, no hallaremos la felicidad… Él quiere que seamos felices y nos ha dicho cómo podemos ganarnos esa felicidad3.

Deberíamos pensar en el objetivo del día del [Señor] y participar de la influencia de la adoración. Cuánto se lograría para el mundo si todos los hijos de nuestro Padre Celestial —y todos somos Sus hijos— respetáramos Su deseo de que el día de reposo sea un día de adoración. No hay forma de calcular el cambio tan beneficioso que se produciría, no sólo en nuestra propia nación, sino en todas las naciones del mundo, si honráramos el día de reposo y lo santificáramos4.

El día de reposo se ha convertido en un día de juegos… el día que han apartado miles de personas para violar el mandamiento que Dios dio hace tanto, tanto tiempo, y estoy convencido de que mucho del pesar y de la angustia que aflige y seguirá afligiendo a la humanidad se debe al hecho de que han hecho caso omiso de Su admonición de que guardemos el día de reposo5. [Véase la sugerencia 2 en la página 184.]

Uno de los primeros sermones que se predicaron en este valle [del Lago Salado] estuvo a cargo del presidente Brigham Young, quien advirtió a las personas que guardaran el día de reposo y lo santificaran, y que, sin importar cuán difíciles fueran sus circunstancias, no debían salir a hacer trabajo manual el día de reposo… La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha exhortado a su pueblo a recordar el día de reposo para santificarlo, porque a nuestro Padre Celestial le complace que lo hagamos6.

Enseñemos a estos niños y niñas [de la Iglesia] conforme van creciendo a hacer las cosas que el Señor quisiera que hicieran durante el día de reposo, y será sorprendente la influencia que podrán tener en las comunidades en las que vivan. A menos que el mundo se arrepienta de su negligencia e indiferencia, a menos que nosotros los Santos de los Últimos Días, en muchos casos, nos arrepintamos de nuestra actitud de indiferencia con respecto al santo día de nuestro Padre Celestial, no recibiremos todo el gozo y la felicidad que deseamos disfrutar aquí, y no la tendremos en la eternidad7.

Al parecer, algunas personas piensan que si asistieron a las reuniones religiosas o si llevaron a cabo alguna porción del servicio que se les requiere el día domingo, entonces tienen la libertad de buscar los placeres y de participar en actividades que no son compatibles con el espíritu del día de reposo, y aún así continuar disfrutando de la aprobación de nuestro Padre. Les digo que si los miembros de la Iglesia, que saben lo que se espera de ellos, insisten en profanar el día de reposo en busca de placeres mundanos, perderán la fe; y el Espíritu de nuestro Padre Celestial se retirará de ellos8.

Violar el día de reposo no es algo sin importancia. Quiero decirles que pierden cada vez que violan el día de reposo, pierden más de lo que ganan, sin importar lo que ustedes piensen que van a ganar9.

Olvidar que [el día de reposo] es el día del Señor, como parece que algunos hacemos, es ser desagradecidos. Él ha apartado un día de cada siete, no para que sea una carga, sino para que haya gozo en nuestra vida y para que nuestras casas sean lugares de reunión para la familia, de manera que los padres y los hijos se congreguen alrededor del hogar y aumente el amor entre ellos…

Santos de los Últimos Días: honren el día de reposo y santifíquenlo, y recibirán gran gozo y nuestro Padre Celestial les otorgará las bendiciones que resultan de la obediencia a Su consejo10.

Asistir a la Iglesia es una parte importante de guardar el día de reposo.

Si hacemos lo que nuestro Padre Celestial desea que hagamos, iremos a Su santa casa el día de reposo y allí participaremos de la Santa Cena en memoria del sacrificio que el Redentor de la humanidad hizo por nosotros11.

Éste [el día de reposo] es el día santo del Señor; éste es el día que ha sido apartado en el cual debemos adorarle, y en estos últimos días nos ha dado el mandamiento adicional de que debemos ir a la casa de oración y ayuno en Su día santo, y allí reconocer nuestras faltas y dar nuestro testimonio en presencia de los demás [véase D. y C. 59:9–12]…

En esta época maravillosa en la que las personas se pueden sentar cómodamente en casa y escuchar la música del mundo y los discursos y sermones públicos, se quedarán junto a su propia chimenea y quizá sentirán que están recibiendo todo lo que podrían recibir si hubieran ido al lugar señalado para las reuniones religiosas.

Los Santos de los Últimos Días no deben ser engañados en este asunto. No es sólo la palabra que escuchamos que es de provecho; lo que es esencial es la influencia que invade nuestras casas de adoración que procede de nuestro Padre Celestial. Quizá tengamos una radio en casa, pero no nos beneficiaremos con ella espiritualmente tanto como si fuéramos a la casa del Señor en Su día santo, donde se nos permite participar de la Santa Cena y donde oramos e invocamos las bendiciones de nuestro Padre Celestial y recibimos [un] testimonio de la verdad que tiene el fin de salvar a la humanidad12. [Véase la sugerencia 3 en la página 184.]

Es un privilegio sagrado participar de la Santa Cena durante el día de reposo.

Pienso que quizás la mayoría de nosotros nos damos cuenta del gran regalo que hemos recibido en esas ocasiones en que se nos permite reunirnos en paz y en silencio, para congregarnos y participar de los emblemas del cuerpo quebrantado y la sangre derramada del Maestro. En la mente de cada uno de nosotros debería ser, y supongo que [lo] es, una ocasión de lo más sagrada y solemne el darnos cuenta de que estamos renovando nuestros convenios con Él, que dio Su vida para que pudiéramos resucitar y ser exaltados. Cuando participamos de estos emblemas, estoy seguro de que todos nos damos cuenta de que la Santa Cena, establecida por Él antes de morir, debe ser para nosotros algo que nos eleve e inspire, así como una bendición por toda la eternidad13.

La Santa Cena es de gran importancia. El Señor mismo ordenó que participáramos de esos emblemas. Hay muchas personas que piensan que es necesario ser bautizado y que se realicen otras ordenanzas del Evangelio a su favor y, sin embargo, llegan a ser indiferentes y despreocupados en cuanto a la Santa Cena del Señor. Nuestro Padre Celestial la consideró de tal importancia que, mediante Su Hijo Amado, y los apóstoles y profetas, tal como quedó registrado en las Escrituras, se amonestó a los santos a que participaran de ella con regularidad. Tres de los evangelistas [los que escribieron los Evangelios] hacen referencia a él [véase Mateo 26:26–28; Marcos 14:22–24; Lucas 22:19–20], y vemos que las Escrituras, en muchas partes, enseñan la importancia de ella, tal como lo enseñó el Señor mismo cuando moró en la carne. Nuestro Padre Celestial no nos da mandamientos ni consejos que no sean importantes. Nos enseña con el fin de elevarnos, de que crezcamos y nos desarrollemos y, si seguimos Su consejo, nos preparará para regresar a Su presencia… Se espera que cada día de reposo nos reunamos y participemos de los emblemas del cuerpo y de la sangre de nuestro Redentor resucitado…

También encontramos una referencia a esto en el capítulo 18 de 3 Nefi, donde el Salvador está instruyendo al pueblo de este continente [americano], tal como había enseñado a Sus discípulos en el viejo mundo, a observar la Santa Cena. Dice lo siguiente:

“Y cuando la multitud comió y fue llena, dijo a los discípulos: He aquí, uno de vosotros será ordenado; y a él le daré poder para partir pan y bendecirlo y darlo a los de mi iglesia, a todos los que crean y se bauticen en mi nombre.

“Y siempre procuraréis hacer esto, tal como yo lo he hecho, así como he partido pan y lo he bendecido y os lo he dado”.

…El siguiente versículo dice lo siguiente:

“Y haréis esto en memoria de mi cuerpo que os he mostrado. Y será un testimonio al Padre de que siempre os acordáis de mí. Y si os acordáis siempre de mí, tendréis mi Espíritu para que esté con vosotros” [3 Nefi 18:5–7].

…Además de eso, el Señor nos ha dado revelación en cuanto a ese tema en nuestros días. En la sección 20 de Doctrina y Convenios, el Señor nos da instrucciones en cuanto al asunto. En esa revelación, comenzando con el versículo 75, dice:

“Conviene que la iglesia se reúna a menudo para tomar el pan y el vino en memoria del Señor Jesús;

“y el élder o presbítero lo bendecirá; y de esta manera lo hará: Se arrodillará con la iglesia e invocará al Padre en solemne oración, diciendo:”.

Observen la hermosa oración que le sigue…

“Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este pan para las almas de todos los que participen de él, para que lo coman en memoria del cuerpo de tu Hijo, y testifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de tu Hijo, y a recordarle siempre, y a guardar sus mandamientos que él les ha dado, para que siempre puedan tener su Espíritu consigo. Amén” [D. y C. 20:75–77].

La oración y la bendición del agua es un tanto similar [véase D. y C. 20:78–79].

Cuán sagrados, cuán profundamente sagrados, son los pensamientos expresados en la oración sacramental. Los insto, mis hermanos, a que cuando oficiemos en la administración de la Santa Cena, repitamos… las palabras exactas dadas por revelación, y que lo hagamos con el Espíritu del Señor. Cuando repetimos esas oraciones, debemos sentir el significado expresado por las palabras que pronunciamos14.

A veces temo que, conforme se administra la Santa Cena en algunas de nuestras reuniones, no hay el ambiente solemne que debería haber. Es un privilegio tan sagrado… Los que [participan] de la Santa Cena deben tener en mente la obligación que se indica en la oración15. [Véase la sugerencia 4 en la página 184.]

Participar dignamente de la Santa Cena renueva nuestra fuerza espiritual.

Participamos de alimentos físicos; es decir, participamos de pan y agua, etc., para nutrir el cuerpo físico. Es igualmente necesario que participemos de los emblemas del cuerpo y de la sangre de nuestro Señor resucitado a fin de aumentar nuestra fuerza espiritual. Se ha observado que los hombres y las mujeres que dejan pasar año tras año sin participar de la Cena del Señor, gradualmente pierden el Espíritu de nuestro Padre Celestial; pierden Su compañía cuando han tenido la oportunidad de participar de esa bendición, pero no la han aprovechado…

He abierto mis Escrituras en un pasaje que se encuentra en el capítulo 11 de 1 Corintios, comenzando con el versículo 23, que dice lo siguiente:

“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,

“y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.

“Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis, en memoria de mí.

“Porque todas las veces que comáis este pan, y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

“De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

“Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.

“Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí.

“Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos duermen” [1 Corintios 11:23–30].

…Quisiera hacerles notar que hay peligro si lo hacemos [participar de la Santa Cena] indignamente. Antes de participar de la Santa Cena, nuestro corazón debe ser puro; nuestras manos deben estar limpias; debemos despojarnos de toda enemistad hacia las personas con las que nos relacionamos; debemos estar en paz con nuestros semejantes, y debemos tener en el corazón el deseo de hacer la voluntad de nuestro Padre y de guardar todos Sus mandamientos. Si lo hacemos, el participar de la Santa Cena será una bendición para nosotros y renovará nuestra fortaleza espiritual…

…Debemos considerar con seriedad los convenios que hacemos con nuestro Padre. Prestemos estricta atención a esos convenios y asegurémonos de comer y beber dignamente, para la bendición de nuestra alma y para que aumente nuestra fuerza espiritual. Esas bendiciones son para ustedes, mis hermanos y hermanas, que son de la familia de la fe. Apreciémoslas y vivamos dignos de ellas, para que nuestra vida ejemplifique nuestra creencia. Que ninguno de nosotros esté bajo condenación por participar de la Santa Cena indignamente, privándonos así de la compañía del Espíritu de nuestro Padre16.

Debemos participar de ella [la Santa Cena] con humildad, con la preparación de manos limpias y corazones puros, y con el deseo de ser aceptables ante nuestro Padre; entonces la recibiremos con dignidad y nos regocijaremos por la bendición que obtengamos17.

Que el Señor nos bendiga; que Su Espíritu continúe siendo derramado sobre nosotros. Que nos amemos unos a otros, como nuestro Padre nos mandó. Si podemos participar de la Santa Cena dignamente, podemos amarnos unos a otros, tal como nuestro Padre ha ordenado; recordando que nos ha dicho: “…si no sois unos, no sois míos” [D. y C. 38:27]18. [Véase la sugerencia 5 en las páginas 184 y 185.]

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Si necesita más ayuda, consulte las páginas V–VIII.

  1. 1.

    Lea el último párrafo de la página 175. Si el Presidente de la Iglesia asistiera a su reunión sacramental, ¿qué cree usted que pensaría? ¿Qué puede hacer usted personalmente para mostrar mayor reverencia por el Señor y la Santa Cena?

  2. 2.

    Medite las palabras del presidente Smith que se encuentran en el segundo y el tercer párrafo de la página 177. ¿De qué manera se beneficiaría la sociedad en general si más personas honraran el día de reposo? ¿Cuáles son algunas de las formas apropiadas en que podemos ayudar a nuestra familia y a otras personas a darse cuenta de que la observancia del día de reposo es una bendición y no una carga?

  3. 3.

    ¿Cuáles son algunas de los bendiciones de adorar juntos el día domingo que no recibimos al simplemente estudiar el Evangelio en nuestro hogar? (En la página 179 figuran algunos ejemplos; véase también D. y C. 59:9–12).

  4. 4.

    Conforme lea la sección que comienza en la página 179, medite sobre lo que puede hacer para que la ordenanza de la Santa Cena sea una parte más significativa de su vida. ¿Cuáles son algunas maneras de ayudar a los niños a prepararse para la Santa Cena y tratarla con reverencia?

  5. 5.

    A medida que lea los últimos cuatro párrafos de las enseñanzas (páginas 183–184), busque lo que el presidente Smith dice que nos hace merecedores de participar dignamente de la Santa Cena. ¿Por qué piensa usted que participar dignamente de la Santa Cena aumenta nuestra fortaleza espiritual?

Pasajes de las Escrituras que se relacionan con el tema: Éxodo 20:8–11; Isaías 58:13–14; Mateo 18:20; 3 Nefi 18:1–12; 20:8–9; Moroni 6:5–6.

Ayuda didáctica: “Un buen maestro no piensa: ‘¿Qué haré hoy en clase?’, sino, ‘¿Qué harán mis alumnos hoy en clase?’. No piensa: ‘¿Qué enseñaré hoy?’, sino, ‘¿Cómo podré hacer que mis alumnos se den cuenta de lo que tienen que saber?’” (Virginia H. Pearce, en La enseñanza: el llamamiento más importante, pág. 66).

Mostrar referencias

    Notas

  1.   1.

    En Conference Report, octubre de 1948, pág. 188.

  2.   2.

    En Conference Report, abril de 1908, págs. 34–35.

  3.   3.

    En Conference Report, octubre de 1937, pág. 50.

  4.   4.

    “A Faith Founded upon Truth”, Deseret News, 17 de junio de 1944, sección de la Iglesia, pág. 4.

  5.   5.

    En Conference Report, octubre de 1935, pág. 120.

  6.   6.

    En Conference Report, abril de 1948, págs. 13–14.

  7.   7.

    “Tribute to Richard Ballantyne”, Instructor, noviembre de 1946, pág. 505.

  8.   8.

    “Faith—and Life”, Improvement Era, abril de 1949, pág. 252.

  9.   9.

    En Conference Report, octubre de 1948, pág. 188.

  10.   10.

    En Conference Report, octubre de 1932, pág. 23.

  11.   11.

    En Conference Report, octubre de 1932, pág. 23.

  12.   12.

    En Deseret News, 31 de enero de 1925, sección 3, página 4.

  13.   13.

    “The Sacredness of the Sacrament”, Improvement Era, abril de 1946, pág. 206.

  14.   14.

    En Conference Report, abril de 1908, págs. 35–37.

  15.   15.

    “The Sacredness of the Sacrament”, pág. 206.

  16.   16.

    En Conference Report, abril de 1908, págs. 34–35, 37.

  17.   17.

    En Conference Report, abril de 1908, pág. 36.

  18.   18.

    En Conference Report, abril de 1908, pág. 37.