Capítulo 18: Permanezcan del lado del Señor

Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: George Albert Smith, 2010


El Señor nos ha dado mandamientos para que podamos resistir el mal y hallar la felicidad.

De la vida de George Albert Smith

El abuelo de George Albert Smith, llamado George A. Smith, prestó servicio por muchos años en el Quórum de los Doce Apóstoles y en la Primera Presidencia como consejero de Brigham Young. George Albert Smith con frecuencia repetía el consejo que su abuelo solía dar a su familia: “Hay una línea de demarcación, bien definida, entre el territorio del Señor y el del diablo. Si permanecen del lado del Señor, se hallarán bajo Su influencia y ningún deseo tendrán de hacer lo malo; mas si cruzan la línea y pasan al lado que pertenece al diablo, aun cuando no sea más que un solo centímetro, estarán bajo el dominio del tentador y, si éste tiene éxito, no podrán pensar ni razonar debidamente, porque habrán perdido el Espíritu del Señor”.

George Albert Smith dijo que se valió de ese consejo durante el transcurso de su vida como guía para tomar decisiones: “Cuando me he visto tentado en ocasiones a hacer cierta cosa, me he preguntado: ‘¿De qué lado de la línea estoy?’. Si llegaba a la conclusión de que estaba del lado que me mantiene a salvo, del lado del Señor, siempre tomaba la decisión correcta. Así que, cuando venga la tentación, piensen con espíritu de oración en cuanto al problema, y la influencia del Señor los ayudará a tomar una decisión sabiamente. El único lugar donde hay seguridad es del lado que le pertenece al Señor”1. [Véase la sugerencia 1 en la página 207.]

Las enseñanzas de George Albert Smith

El permanecer del lado del Señor requiere que seamos estrictamente obedientes a los mandamientos.

Toda la seguridad, toda la rectitud, toda la felicidad están del lado del Señor. Si están guardando los mandamientos de Dios al observar el día de reposo, están del lado que le pertenece al Señor; si hacen sus oraciones personales y familiares, están del lado del Señor; si están agradecidos por los alimentos y expresan su gratitud a Dios, están del lado que le pertenece al Señor; si aman a su prójimo como a ustedes mismos, están del lado del Señor; si son honrados en sus tratos con sus semejantes, están del lado que le pertenece al Señor; si guardan la Palabra de Sabiduría, están del lado del Señor. Y así podría continuar con los Diez Mandamientos y los otros mandamientos que Dios nos ha dado como guía, y nuevamente digo que todo lo que enriquece nuestra vida, nos hace felices y nos prepara para el gozo eterno está del lado que le pertenece al Señor. El criticar las cosas que Dios nos ha dado como guía equivale a no estar del lado del Señor2. [Véase la sugerencia 2 en la página 207.]

[El Señor ha dicho]: “…no puedo considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia”; ni con el más mínimo grado de tolerancia [D. y C. 1:31]. ¿Por qué? Porque sabe que si participamos del pecado perdemos una bendición que disfrutaríamos si no nos apartáramos del camino que lleva a esa bendición3.

De vez en cuando escuchamos a alguien decir: “No es necesario ser tan particular. El Señor no va a ser tan severo con nosotros si tan sólo cumplimos con parte de lo que nos pide”. La persona que habla de esa manera ya está del lado que le pertenece al diablo, y ustedes no van a querer escuchar a esa persona, porque si lo hacen, pueden ser engañados. Ninguna persona que tenga el Espíritu del Señor habla de esa manera. El Señor mismo ha dicho que debemos guardar Sus mandamientos: “Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan” (D. y C. 130:20). El evangelio de Jesucristo tiene la finalidad de enseñarnos cómo obtener esa bendición4.

Nuestro amoroso Padre Celestial nos da mandamientos a fin de ayudarnos a hallar la felicidad.

El Señor, en Su bondad, viendo la actitud de Sus hijos y sabiendo que necesitarían ser guiados, nos dio los Diez Mandamientos y otros mandamientos que se han dado de tanto en tanto, a fin de ayudarnos a hallar felicidad. Se puede ver a la gente corriendo para aquí y para allá en el mundo, buscando la felicidad sin poder hallarla. Si sólo se detuvieran un poco para aceptar el consejo del Señor, el resultado sería la felicidad; no la hallarán de ninguna otra forma5.

De niño reconocí, o pensé reconocer, que los mandamientos de Dios eran Sus leyes y reglamentos que me servirían de guía. Pensé reconocer que si se desobedecían esas leyes, habría un castigo, y de niño supongo que sentí que el Señor había arreglado y ordenado los asuntos de esta vida de manera que yo debía obedecer ciertas leyes o habría como resultado un castigo inmediato. Pero al crecer, he aprendido la lección desde otro punto de vista, y ahora las llamadas leyes del Señor, los consejos que se encuentran en las Santas Escrituras, las revelaciones del Señor para nosotros en este día y época del mundo, son sólo la dulce música de la voz de nuestro Padre que está en los cielos en Su misericordia para con nosotros. Son sólo el consejo de un amoroso Padre, que se preocupa más por nuestro bienestar que lo que nuestros padres terrenales podrían preocuparse; y, como consecuencia, aquello que en un tiempo parecía llevar el severo nombre de ley, para mí es ahora el amoroso y tierno consejo de un sabio Padre Celestial. Y por eso digo que no me es difícil creer que guardar los mandamientos de Dios es lo mejor para mí6.

Toda la felicidad que hemos recibido mi familia y yo ha sido el resultado de intentar guardar los mandamientos de Dios y de vivir de manera que seamos dignos de las bendiciones que Él ha prometido a los que lo honran y guardan Sus mandamientos7.

Si seguimos el consejo que el Señor ha dado, nuestro camino será un camino de felicidad; quizás no siempre sea un camino cómodo ni fácil, pero al final terminará en la presencia de nuestro Padre Celestial, y nuestra porción será gloria, inmortalidad y vida eterna8. [Véase la sugerencia 3 en la página 208.]

El adversario procura descarriarnos con sus engaños y sutilezas.

Existen dos influencias en el mundo de hoy que han existido desde el principio. Una es una influencia constructiva, que irradia felicidad y que forma el carácter; la otra es una influencia que destruye, que convierte a los hombres en demonios, que destroza y desanima. Todos somos susceptibles a ambas. Una proviene de nuestro Padre Celestial y la otra, de la fuente del mal que ha estado en el mundo desde el principio, procurando la destrucción de la familia humana9.

Todos seremos tentados; ningún hombre está libre de la tentación. El adversario utilizará todo medio disponible para engañarnos; intentó hacerlo con el Salvador del mundo y no lo logró. Lo ha intentado con muchos otros hombres que han tenido autoridad divina, y a veces encuentra un punto débil y la persona pierde lo que habría sido una gran bendición de haber sido fiel10.

Un hombre me dijo una vez —o más bien comentó en un lugar en el que yo estaba—: “Vaya, estas personas parecen creer que estoy lleno del diablo, pero no es así”. Y yo le dije: “Hermano mío, ¿alguna vez conoció usted a alguien que estuviera lleno del diablo y que lo supiera?”. Ése es uno de los trucos del diablo: tomar posesión de la persona y evitar que lo sepa. Y ésa es una de nuestras dificultades11.

El profeta Nefi, hace cientos de años, vio lo que ocurriría, que las personas contenderían unas con otras y negarían el poder del Espíritu Santo y del Santo de Israel, y que enseñarían como doctrina los mandamientos de los hombres. Existe una influencia en el mundo hoy en día que intenta hacer creer a la gente que por su propia inteligencia y su propio poder pueden obtener la vida eterna. Permítanme… leer en Nefi:

“Y también habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos; no obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados”.

Quiero que observen eso: “…él justificará la comisión de unos cuantos pecados”. Ese astuto adversario, sabiendo que si tan sólo pudiera hacer que un hombre o una mujer cometiera un poco de pecado, tanto así habrían entrado en su territorio, tanto así estarían en su poder.

“…no obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados; sí, mentid un poco, aprovechaos de alguno por causa de sus palabras, tended trampa a vuestro prójimo; en esto no hay mal; y haced todas estas cosas, porque mañana moriremos; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos azotes, y al fin nos salvaremos en el reino de Dios” [2 Nefi 28:8].

¿No es justamente eso lo que el diablo les dice a los hijos de los hombres en la actualidad, tan claramente como está aquí escrito? Cometan un poco de pecado, eso no causará ningún daño; mientan un poco, no habrá ningún daño en particular; el Señor los perdonará y sólo les dará algunos azotes y al final se salvarán en el reino de Dios. Eso es lo que le dice al hombre o a la mujer a quien se le ha enseñado la Palabra de Sabiduría cuando dice: toma un poco de té, no te va a hacer daño; usa un poco de tabaco, no te va a afectar; un poco de licor no te hará daño. Ésas son cosas pequeñas; siempre lo hace poco a poco, no todo a la vez. Eso es lo que quisiera yo que recordáramos… Son estos insignificantes e insidiosos susurros que traicionan a la humanidad y que nos ponen bajo el dominio del diablo…

Y Nefi continúa diciendo:

“Y a otros los pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sión; sí, Sión prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas”.

Quiero que se fijen en lo siguiente: “Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno” [2 Nefi 28:21]. Y ésa es la forma en que lo hace; es precisamente lo que hace. No viene y los toma físicamente para llevarlos a su territorio, sino que susurra: “Haz este pequeño mal”, y cuando tiene éxito con eso, otro pequeño mal y luego otro y, para usar la expresión citada, “engaña sus almas”. Eso es lo que hace. Les hace creer que están ganando algo cuando en realidad están perdiendo. Eso es lo que sucede cada vez que no observamos una ley de Dios o no guardamos un mandamiento: estamos siendo engañados, porque no se gana nada en este mundo ni en el venidero, sino mediante la obediencia a la ley de nuestro Padre Celestial.

…Esa indicación en particular, “y los conduce astutamente al infierno”, es de importancia; ése es su método. Los hombres y las mujeres del mundo de hoy están sujetos a esa influencia, y están siendo llevados aquí y allí, y ese susurro está presente y no comprenden lo que el Señor desea que hagan, pero continúan en el territorio del malo, sujetos a su dominio, en donde el Espíritu del Señor no puede estar.

Dice además…

“Y he aquí, a otros los lisonjea y les cuenta que no hay infierno; y les dice: Yo no soy el diablo, porque no lo hay; y así les susurra al oído, hasta que los prende con sus terribles cadenas, de las cuales no hay rescate” [2 Nefi 28:22].

Ahora, mis hermanos y hermanas, ésa es la situación del mundo en la actualidad. Nefi no podría haberlo expresado más claramente si hubiera estado aquí en el mundo de hoy. Y el adversario está trabajando, y puesto que nuestro Padre Celestial deseaba proteger a Sus hijos de la maldad de esa enseñanza y de esa creencia, envió al joven profeta, José Smith, al mundo, le dio autoridad divina, organizó Su Iglesia y comenzó nuevamente a enseñar la verdad a los hijos de los hombres, para que se alejaran del error de sus vías12.

Debemos aprender a superar nuestras pasiones, nuestras tendencias malas. Debemos aprender a resistir las tentaciones. Por eso estamos aquí; y a fin de poder lograrlo de manera más perfecta, el Evangelio ha sido restaurado sobre la tierra, y hemos llegado a participar de él, y tenemos la fuerza que proviene como resultado del poder del Espíritu Santo. No sólo tenemos la resistencia de una persona común, con las limitaciones que dicha persona tiene por no tener el conocimiento de la verdad; tenemos la misma resistencia que ella, y tenemos además la resistencia que proviene de saber la verdad y conocer el propósito de nuestra existencia13. [Véase la sugerencia 4 en la página 208.]

Es posible resistir el mal si escogemos sujetarnos a la influencia del Señor.

Recuerdo hace varios años a un buen hombre que en ese entonces era presidente del comité administrativo de la Iglesia Universalista de América. Vino de visita [a Salt Lake City] y asistió a dos de nuestras clases de la Escuela Dominical. En una de las clases [de niños] se interesó muchísimo. Al final, cuando la [clase] estaba por concluir, el encargado de la clase dijo: “¿No le gustaría decir algunas palabras a [la clase]?”. …Él respondió: “Me gustaría decir algunas palabras”. Dijo: “Si tan sólo pudiera vivir en el ambiente que encontré en esa pequeña… clase de Escuela Dominical esta mañana, no podría evitar ser un buen hombre”. [Véase la sugerencia 5 en la página 208.]

He pensado en eso muchas veces. Escogemos con mucho cuidado el ambiente donde respiramos para poder vivir con salud. Pero a veces, en nuestro descuido, nos ponemos en una situación tal que estamos sujetos a influencias inmorales que destruyen nuestra resistencia al mal, y eso nos lleva a hacer cosas que no debemos hacer y que no haríamos si estuviéramos bajo la influencia del Señor. Si tan sólo fuéramos humildes, si tan sólo oráramos, si tan sólo viviéramos de tal manera que en cada hora de nuestra vida con sinceridad pudiéramos decir: “Padre que estás en los cielos, estoy dispuesto y deseoso de hacer lo que quieres que haga”, nuestra vida sería enriquecida cada día conforme atravesamos esta experiencia terrenal14.

Nosotros decidimos dónde vamos a estar. Dios nos ha dado el albedrío y no nos lo quitará; y si hago lo que está mal y entro en el territorio del diablo, lo hago porque tengo la voluntad y el poder de hacerlo. No puedo culpar a nadie más, y si decido guardar los mandamientos de Dios y vivir como debo hacerlo, y permanecer del lado del Señor, lo hago porque debo hacerlo, y recibiré mi bendición por ello. No será el resultado de lo que alguien más haga15.

Cuán cuidadosos deberíamos ser los Santos de los Últimos Días de vivir cada día de nuestra vida de manera que recibamos la influencia del poder del Señor, y de manera que podamos hacer a un lado aquellas cosas que tienen la tendencia a destruir nuestro poder para ganar el reino celestial16.

Asegúrense de que sus pies estén firmemente plantados sobre la roca. Cerciórense de que sepan qué deseos tiene el Maestro con relación a ustedes y, una vez que sepan cuáles son esos deseos, asegúrense de guardar Sus leyes y mandatos. Cerciórense de que la pureza de su vida los haga merecedores de la compañía del Santo Espíritu, porque si son puros y virtuosos y rectos, el maligno no tendrá poder para destruirlos17.

Es mi ruego que nos examinemos para darnos cuenta de qué lado de la línea estamos; y si estamos del lado del Señor, permanezcamos allí, porque eso representa la felicidad eterna en compañía de los mejores hombres y las mejores mujeres que hayan vivido sobre la tierra.

Si hemos fallado de alguna manera, si hemos sido descuidados; si hemos escuchado al tentador y hemos cruzado la línea a fin de participar de aquellas cosas que el mundo piensa que son tan deseables y que el Señor ha dicho que no son buenas para nosotros, regresemos lo antes posible al otro lado, pidamos al Señor que nos perdone por nuestra insensatez, y entonces, con Su ayuda, sigamos viviendo la vida que da como resultado la felicidad eterna18.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Si necesita más ayuda, consulte las páginas V–VIII.

  1. 1.

    Lea “De la vida de George Albert Smith” (página 199) y Moroni 7:10–19. ¿Cómo podemos saber que estamos “del lado del Señor”? ¿Qué podemos hacer para ayudarnos unos a otros a permanecer del lado del Señor?

  2. 2.

    En el primer párrafo de la página 200, el presidente Smith menciona varios mandamientos que debemos obedecer para permanecer del lado del Señor. ¿Qué otras normas nos ha dado el Señor para ayudarnos a permanecer de Su lado de la línea?

  3. 3.

    A medida que lea la sección que comienza en la página 201, considere la forma en que podría usar las enseñanzas del presidente Smith para ayudar a alguien que piense que los mandamientos son demasiado restrictivos.

  4. 4.

    Conforme repase las páginas 202–205, procure identificar las tácticas de Satanás que el presidente Smith describe, y piense en las ocasiones en que haya visto pruebas de estas tácticas. ¿Cómo podemos ayudar a los jóvenes a reconocerlas y vencerlas? ¿De qué manera el “conocer el propósito de nuestra existencia” (página 205) nos ayuda a resistir la tentación?

  5. 5.

    Piense en cómo la historia que figura en la página 205 se puede aplicar a usted.. ¿Cuáles son algunos de los lugares o las circunstancias en las que no tiene deseo alguno de hacer el mal? ¿Qué podemos hacer para crear un ambiente de este tipo en nuestra casa, en nuestro lugar de trabajo, en nuestra comunidad y en nuestra vida personal?

Pasajes de las Escrituras que se relacionan con el tema: Mateo 4:1–11 (incluso los pasajes de la Traducción de José Smith que figuran en las notas al pie de la página); Santiago 4:7; 1 Juan 5:3–4; Alma 13:27–28; Helamán 5:12; Doctrina y Convenios 82:8–10.

Ayuda para la enseñanza: “Las preguntas escritas en la pizarra antes de empezar la clase ayudarán a los alumnos para que comiencen a pensar en los temas de la lección” (La enseñanza: el llamamiento más importante, pág. 105).

Mostrar referencias

    Notas

  1.   1.

    “A Faith Founded upon Truth”, Deseret News, 17 de junio de 1944, sección de la Iglesia, pág. 9.

  2.   2.

    En Conference Report, octubre de 1945, pág. 118.

  3.   3.

    Sharing the Gospel with Others, selecciones de Preston Nibley, 1948, pág. 198; discurso pronunciado el 4 de noviembre de 1945 en Washington, D.C.

  4.   4.

    “Seek Ye First the Kingdom of God”, Improvement Era, octubre de 1947, pág. 690.

  5.   5.

    En Conference Report, abril de 1941, pág. 25.

  6.   6.

    En Conference Report, octubre de 1911, pág. 43–44.

  7.   7.

    En Conference Report, abril de 1949, pág. 87.

  8.   8.

    En Conference Report, abril de 1937, pág. 36.

  9.   9.

    “A Faith Founded upon Truth”, pág. 9.

  10.   10.

    En Conference Report, octubre de 1945, pág. 117.

  11.   11.

    En Conference Report, abril de 1948, pág. 179.

  12.   12.

    En Conference Report, abril de 1918, págs. 39–41.

  13.   13.

    En Conference Report, octubre de 1926, pág. 102.

  14.   14.

    En Conference Report, octubre de 1929, pág. 23.

  15.   15.

    En Conference Report, octubre de 1932, pág. 27.

  16.   16.

    En Conference Report, octubre de 1926, pág. 103.

  17.   17.

    En Conference Report, octubre de 1906, pág. 48.

  18.   18.

    “Seek Ye First the Kingdom of God”, pág. 691.