Capítulo 19: Las bendiciones temporales y espirituales que se obtienen por cumplir con la Palabra de Sabiduría

Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: George Albert Smith, 2010


Nuestro Padre Celestial nos dio la Palabra de Sabiduría para bendecirnos con salud física y para prepararnos para la vida eterna.

De la vida de George Albert Smith

Cuando George Albert Smith era niño, enfermó de fiebre tifoidea. El doctor que lo diagnosticó le dijo a su madre que debía quedarse en cama tres semanas, no comer alimentos sólidos y tomar algo de café. El presidente Smith más tarde recordó:

“Cuando el doctor se fue, le dije a mi madre que no quería tomar café. Se me había enseñado que la Palabra de Sabiduría, dada por el Señor a José Smith, nos aconsejaba no tomar café.

“Mamá había traído a tres hijos al mundo, y dos habían muerto, por lo que estaba muy preocupada por mí”.

El pequeño George Albert Smith pidió en vez de ello una bendición del sacerdocio, que recibió de manos de su maestro orientador.

“Cuando el doctor llegó la mañana siguiente, yo estaba jugando afuera con los otros niños, por lo que él se sorprendió. Me examinó y descubrió que la fiebre había desaparecido y que parecía estar bien.

“Estaba agradecido al Señor por mi recuperación. Estaba seguro de que Él me había sanado”1.

El presidente Smith quería que los santos entendieran que la obediencia a la Palabra de Sabiduría conlleva no sólo salud física, sino también bendiciones espirituales. En una sesión del sacerdocio de la conferencia general, relató la historia del profeta Daniel del Antiguo Testamento, que fue llevado cautivo a Babilonia, en donde se esperaba que comiera la carne y bebiera el vino del rey:

“Daniel era un profeta de Dios, y era profeta porque guardaba los mandamientos de Dios. Me gustaría… que se llevaran este mensaje. Daniel observó las enseñanzas de Dios junto con sus compañeros en cuanto al tipo de alimentos y bebidas que debían consumir, y rehusaron aceptar los alimentos que se sirvieron en la mesa del rey” [véase Daniel 1:3–16].

El presidente Smith entonces explicó que debido a la obediencia de Daniel a la ley de salud del Señor en su época, no sólo se le preservó la vida, sino que Daniel recibió una gran bendición espiritual: “la inspiración del Todopoderoso”2. [Véase la sugerencia 1 en la página 219.]

Las enseñanzas de George Albert Smith

La Palabra de Sabiduría es un consejo amoroso de parte de nuestro Padre, que sabe todas las cosas.

Les voy a leer una parte de lo que el Señor dijo a la Iglesia el 27 de febrero de 1833.

“Una Palabra de Sabiduría para el beneficio del consejo de sumos sacerdotes reunido en Kirtland, y la iglesia, y también los santos de Sión

“—para ser enviada por vía de salutación; no por mandamiento ni restricción, sino por revelación y la palabra de sabiduría, demostrando el orden y la voluntad de Dios en la salvación temporal de todos los santos en los últimos días—”.

Piensen ahora en eso por un momento: “en la salvación temporal de todos los santos en los últimos días”.

“Dada como un principio con promesa, adaptada a la capacidad del débil y del más débil de todos los santos, que son o que pueden ser llamados santos”. [Véase D. y C. 89:1–3.]

Entonces el Señor prosigue a decirnos las cosas que son buenas para nosotros, explica los tipos de alimentos que son deseables para que los usemos, y luego nos advierte en cuanto a algunas de las cosas que han sido más nocivas y perjudiciales [véase D. y C. 89:5–17].

Me parece que como pueblo hemos sido maravillosamente bendecidos… El Señor ha sido misericordioso con nosotros al prevenirnos, aconsejarnos y advertirnos con respecto a muchas cosas3.

Estimo la Palabra de Sabiduría como un consejo benévolo de nuestro Padre que está en los cielos, cuyo deseo es asegurarse de que Sus hijos lleguen a ser más parecidos a Él… Lo tomo como el consejo paternal de alguien que, teniendo conocimiento de lo que necesito, me dijo: “Hijo mío, estas cosas no son buenas para ti y, si las evitas, te daré la compañía de mi Santo Espíritu y te daré gozo mientras vivas en el mundo y, finalmente, la vida eterna”. Cuán insensato sería entonces si participara de esas cosas prohibidas tras tener la seguridad de que el Señor nos aconseja que nos abstengamos de ellas. Sentiría que estoy bajo condenación si participara de ellas, cuando Aquel que sabe más que cualquier otra persona dice que son dañinas y me ha advertido en contra de ellas…

…Él consideró que tenía suficiente importancia como para dárnosla y advertirnos; y si Él, que sabe todas las cosas, consideró necesario aconsejarnos en cuanto a estos asuntos temporales, cuán cuidadosos deberíamos ser nosotros, que no sabemos lo que nos aguarda el día de mañana, en cuanto a observar ese divino consejo. Considero que los Santos de los Últimos Días tienen en la Palabra de Sabiduría una ley que los exaltará y elevará por encima de los que no la cumplan4.

El propósito del evangelio de Jesucristo es proteger almas, de las cuales el cuerpo es el tabernáculo, para la felicidad eterna. Cuán insensatos somos si nos dejamos llevar por los hábitos y las costumbres del mundo… Nuestro Padre Celestial, con Su característica bondad y amor, [advirtió]: “Por motivo de las maldades y designios que existen y que existirán en el corazón de hombres conspiradores en los últimos días, os he amonestado y os prevengo, dándoos esta palabra de sabiduría por revelación” (D. y C. 89:4)… El objetivo del evangelio de Jesucristo es prepararnos para comprender la belleza de la vida de acuerdo con la manera que el Señor ha indicado que se debe vivir, para lo cual nos dice la forma en que podemos evitar las cosas que están destruyendo al mundo5.

¿Creen ustedes que el Señor nos dio la Palabra de Sabiduría? ¿Realmente creen que Él sabe lo que es bueno para nosotros? ¿Creen que le complacería si observáramos esa ley? Él dice que sí. ¿Creen que lo dijo en serio?6

Hermanos y hermanas: no podemos desestimar la Palabra de Sabiduría impunemente. Fue dada como un consejo, no por mandamiento ni restricción, sino como una palabra de sabiduría, de nuestro Padre, para la salvación temporal de nuestro cuerpo y la preparación de nuestras almas para la vida eterna7. [Véase la sugerencia 2 en la página 219.]

El Señor promete salud mental y física a los que obedezcan la Palabra de Sabiduría.

Estoy agradecido por la maravillosa Palabra de Sabiduría, tan sencilla como es, y como el Señor dijo, “adaptada a la capacidad del débil y del más débil de todos los santos, que son o que pueden ser llamados santos”. Hago una pausa para preguntar…: ¿Somos dignos de ser llamados santos? Todos los que esperan ser llamados santos deben por supuesto ser personas que observen la Palabra de Sabiduría. ¿Y qué significa para nosotros? Nos da dulzura en la vida, nos aleja de los vapores venenosos que muchas personas respiran como resultado de fumar tabaco. Nos evita esa nauseabunda condición que es el resultado de mascar tabaco. Nos protege, si la observamos, de las enfermedades resultantes de introducir en nuestro sistema las [drogas] que se hallan en el té y el café, y de los efectos desastrosos del licor…

Nuestro Padre Celestial no sólo nos dice lo que debemos evitar, sino que nos dice lo que podemos usar que es de provecho. Nos ha dicho que todo grano, toda hierba saludable, el fruto de la vid, etc., son buenos para el hombre. La carne de las bestias y de las aves del cielo; y todas esas cosas a las que se refiere las podemos usar con prudencia y acción de gracias; y quisiera hacer hincapié en la acción de gracias8.

Hemos observado que cumplir con las leyes de salud produce fuerza mental y física, y descubrimos que mediante la desobediencia a ellas, se produce un deterioro mental y físico. Es nuestro Creador, el Padre de nuestros espíritus, quien nos dio la oportunidad de morar en esta tierra, quien ha dicho que ciertas cosas a las que hace referencia en esa revelación no son buenas para nosotros. Nos ha hecho promesas valiosas, si obedecemos esta ley; promesas de sabiduría, de salud y fuerza, y de que el ángel destructor pasará de nosotros y no nos dañará, tal como pasó de los hijos de Israel [véase D. y C. 89:18–21]9. [Véase la sugerencia 3 en la página 219.]

Obedecer la Palabra de Sabiduría fortalece nuestra fe y nuestra espiritualidad.

Estoy completamente convencido de que el Señor, en Su misericordia, cuando nos dio la Palabra de Sabiduría, nos la dio, no sólo para que tuviéramos salud mientras viviéramos en el mundo, sino también para que nuestra fe se fortaleciera, para que nuestro testimonio de la divinidad de la misión de nuestro Señor y Maestro pudiera acrecentarse, para que de ese modo estuviéramos mejor preparados para regresar a Su presencia cuando nuestra obra aquí terminara. Me temo que como hijos e hijas de Sión a veces no reconocemos la importancia de este gran mensaje al mundo10.

Quiero decirles que, a juicio mío, el consumo de tabaco, aunque sin importancia según el criterio de algunos, ha sido el medio de destrucción de su vida espiritual, el medio de apartar de ellos al Espíritu de nuestro Padre, impidiéndoles relacionarse con buenas personas y acarreando sobre ellos el reproche y la falta de respeto de sus hijos. Sin embargo, el diablo le dice al hombre: ¡Ah, sólo es una cosa pequeña!11.

Vivimos en una época en la que el Señor ha hablado nuevamente a Su pueblo. Nosotros, que somos miembros de la Iglesia, que hemos cumplido con los requisitos de nuestro Padre Celestial, comprendemos perfectamente que Dios vive y que es galardonador de los que le sirven diligentemente. Comprendemos que nos ha dado ciertas reglas y reglamentos que han de gobernarnos en esta vida; la obediencia a Sus requisitos nos asegura Su complacencia, y después de nuestra obediencia recibiremos las bendiciones prometidas; sin embargo, si no obedecemos Sus enseñanzas, si hacemos caso omiso de Sus sabios consejos, entonces Él no nos promete nada, y estamos desperdiciando oportunidades que nunca más se nos presentarán. Siento la importancia de que los Santos de los Últimos Días observen esta ley en particular [la Palabra de Sabiduría]. Pienso que mediante la obediencia a ella, los Santos de los Últimos Días disfrutarán de mucha más fe. Leemos en las enseñanzas de Mormón que si no se obraron milagros entre ese pueblo fue porque no tenían fe; y les dijo, además, que sin fe, “terrible es la condición del hombre” [véase Moroni 7:37–38]. Si violamos la voluntad que conocemos del Señor, es natural que nuestra fe empiece a decaer, puesto que el Espíritu no siempre luchará con nosotros…

…Creo firmemente que a causa del incumplimiento de este sencillo requisito, la fe ha disminuido en los corazones de algunos de los nuestros; que, mediante una observancia más general de la Palabra de Sabiduría, la fe aumentará entre los Santos de los Últimos Días, y mayor conocimiento fluirá hacia nosotros como resultado de ello; pues por la obediencia a ella, surgirá una disposición a obedecer otras leyes de nuestro Padre, y el cumplir con cada una de ellas garantiza una bendición12. [Véanse las sugerencias 3 y 4 en la página 219.]

Al obedecer la Palabra de Sabiduría nos preparamos para la vida eterna.

A veces me pregunto si los Santos de los Últimos Días se dan cuenta de que [la Palabra de Sabiduría] se nos ha dado para nuestra exaltación; no sólo para nuestra bendición temporal, sino para prepararnos para la vida espiritual…

Se nos ha dicho que la gloria de Dios es la inteligencia [véase D. y C. 93:36], y todos admiramos a los hombres y a las mujeres que son inteligentes; por tanto, debiera ser nuestro deseo poner los cimientos para un mayor poder mental y no hacer nada que lo debilite. En la vida de algunos es evidente que, mediante el uso continuo de cosas que nuestro Padre Celestial ha dicho que no son buenas, se privan a sí mismos del poder cerebral que podrían disfrutar; como resultado de ello, se vuelven menos inteligentes y no se preparan para la vida eterna, que debiera ser su ambición13.

Si creemos lo que decimos creer, que Jesús es el Cristo y que somos hijos de nuestro Padre Celestial, entonces cuán cuidadosos deberíamos ser de comportarnos de tal manera que seamos dignos de los templos que ocupamos, que fueron creados a la imagen de Dios. ¿Cuántos de nosotros nos damos cuenta de que al introducir en nuestro sistema cosas que nuestro Padre ha prohibido, estamos profanando el templo de nuestro espíritu? ¿Cuántos de nosotros nos detenemos a considerar que cuando cedemos a las debilidades de la carne nos privamos de oportunidades que nos esperan en el futuro, y nos aislamos de las bendiciones que el Señor tiene reservadas para los fieles?14

Si esta ley, que está adaptada a la capacidad del más débil de entre nosotros, se obedece, será un cimiento sobre el cual se pueden agregar muchas grandes bendiciones que nuestro Padre con gusto otorgará, que de otra manera no tendríamos derecho a recibir y que no podríamos recibir. ¿Cómo puede alguno de nosotros sentirse justificado en hacer caso omiso de una ley sencilla de Dios que Él, por Su propia voz, ha dicho que cualquiera de nosotros puede obedecer? ¿Podemos acaso esperar guardar una ley mayor, y poder lograr gran exaltación, si no cumplimos con este requisito sencillo?15 [véase la sugerencia 3 en la página 219.]

La mejor forma de enseñar a nuestra familia a obedecer la Palabra de Sabiduría es obedecerla nosotros mismos.

Los padres y las madres, si cumplen con la Palabra de Sabiduría, podrán transmitir a sus hijos virtudes y fuerza que de ninguna otra manera podrían darles. Pienso que la compañía del Espíritu de nuestro Padre estará en los corazones y en las casas de aquellos que guarden esta ley, y su deseo de ser obedientes se transmitirá a sus hijos… Es un hecho bien conocido que el efecto del tabaco en el cerebro de un niño es muy dañino, que destruye la memoria y entorpece los sentidos; además, que el efecto del licor en el cerebro de un joven es muy perjudicial; echa abajo el deseo de ser honorable y recto, y lleva al vicio y al crimen… El Señor nos ha dado esta ley con bondad y amor, y nos promete ciertas bendiciones si obedecemos Su consejo. Siento que debo exhortarlos, mis hermanos y hermanas, a que enseñen esto en sus casas. Dirijan la atención de sus hijos que están creciendo a ello, así como a la recompensa que se basa en su observancia.

Permítanme decirles que la mejor prueba de nuestra fe en esa ley, que creemos que viene de Dios, es que la guardemos constantemente en nuestra vida. Podemos predicar en cuanto a ella todo el día, pero si en la práctica la infringimos, puede ser que nuestro ejemplo sea desastroso para los que amamos más que a la vida, porque sentirán que nos pueden seguir a salvo hacia donde los guiamos16.

Les suplico que escudriñen la Palabra de Sabiduría con espíritu de oración. No la lean solamente; escudríñenla con espíritu de oración. Descubran para qué nos la dio nuestro Padre Celestial. Nos la dio con una promesa de felicidad y de una vida más larga, no si no la cumplimos, sino al observarla. Lean la Palabra de Sabiduría en presencia de su familia y den el ejemplo. Si lo hacemos, Sión continuará creciendo. Si lo hacemos, la Iglesia del Cordero de Dios seguirá convirtiéndose en un poder para bien en el mundo17. [Véase la sugerencia 5 en la página 219.]

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Si necesita más ayuda, consulte las páginas V–VIII.

  1. 1.

    En la página 212, el presidente Smith hace alusión al relato de Daniel cuando rehusó participar de la carne y del vino del rey. Lea el capítulo 1 de Daniel y piense en cuanto a una experiencia que haya tenido en la que se esperaba que usted participara de algo que está prohibido en la Palabra de Sabiduría. ¿Cuáles son algunas formas apropiadas de obedecer la Palabra de Sabiduría en tales circunstancias sin dejar de ser respetuoso hacia los demás?

  2. 2.

    Repase la primera sección de las enseñanzas (páginas 212–214). ¿Cómo podría valerse de estas enseñanzas para ayudar a alguien que esté teniendo dificultades para obedecer la Palabra de Sabiduría?

  3. 3.

    Repase brevemente las páginas 214--218, en las que el presidente Smith habla sobre algunas de las bendiciones prometidas a los que obedecen la Palabra de Sabiduría (véase también D. y C. 89:18–21). ¿De qué manera se han cumplido estas promesas en su vida? ¿Qué otras bendiciones ha recibido conforme ha vivido esta ley?

  4. 4.

    En la página 217, el presidente Smith promete que obedecer la Palabra de Sabiduría conlleva una “disposición a obedecer”. ¿Qué significado tiene para usted esta frase?

  5. 5.

    En su opinión, ¿en qué manera nuestra obediencia a la Palabra de Sabiduría ayuda a la Iglesia a convertirse “en un poder para bien en el mundo”? (página 219). Estudie con espíritu de oración la sección 89 de Doctrina y Convenios, tal como lo sugiere el presidente Smith, y medite en cuanto a lo que puede hacer para obedecer la Palabra de Sabiduría más plenamente.

Pasajes de las Escrituras que se relacionan con el tema: 1 Corintios 6:19–20; Alma 34:36; Doctrina y Convenios 29:34; 130:20–21.

Ayuda para la enseñanza: “Usted puede expresar amor por aquellos a quienes enseña al escucharles con atención y al interesarse sinceramente por ellos y su vida. El amor cristiano tiene el poder de enternecer el corazón de las personas y ayudarles a ser receptivos a los susurros del Espíritu” (La enseñanza: el llamamiento más importante, pág. 50).

Mostrar referencias

    Notas

  1.   1.

    “Boyhood Experiences”, Instructor, febrero de 1943, pág. 73.

  2.   2.

    En Conference Report, octubre de 1943, pág. 44.

  3.   3.

    “Saints Blessed”, Deseret News, 12 de noviembre de 1932, sección de la Iglesia, pág. 5.

  4.   4.

    En Conference Report, abril de 1907, págs. 19–21.

  5.   5.

    “Seek Ye First the Kingdom of God”, Improvement Era, octubre de 1947, pág. 688.

  6.   6.

    En Conference Report, octubre de 1935, pág. 121.

  7.   7.

    En Conference Report, abril de 1907, pág. 21.

  8.   8.

    En Conference Report, octubre de 1923, págs. 72–73.

  9.   9.

    En Conference Report, abril de 1907, pág. 19.

  10.   10.

    En Conference Report, abril de 1907, pág. 19.

  11.   11.

    En Conference Report, abril de 1918, pág. 40. Véase también Doctrina y Convenios, Manual para el alumno, pág. 195.

  12.   12.

    En Conference Report, octubre de 1908, págs. 83–84.

  13.   13.

    En Conference Report, abril de 1907, pág. 19.

  14.   14.

    En Conference Report, abril de 1905, pág. 62.

  15.   15.

    En Conference Report, octubre de 1908, pág. 84.

  16.   16.

    En Conference Report, abril de 1907, pág. 21.

  17.   17.

    En Conference Report, abril de 1949, pág. 191.