Capítulo 6

¡Cuán poderosa es la oración!

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley


“El suplicar al Señor para recibir una sabiduría superior a la nuestra, para pedir fortaleza a fin de hacer lo que debamos hacer, para obtener consuelo y expresar gratitud es una acción maravillosa y trascendental”.

De la vida de Gordon B. Hinckley

“En realidad, ninguno de nosotros puede ganar la batalla solo”, dijo el presidente Gordon B. Hinckley; “necesitamos ayuda, la clase de ayuda que se recibe en respuesta a la oración”1. El presidente Hinckley puso en práctica ese principio en las decisiones a las que hizo frente en carácter de Presidente de la Iglesia. Refiriéndose a él, el élder Robert D. Hales, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Él es un hombre brillante y de juicio extraordinario, pero cuando se enfrenta con algún problema irresoluble, se pone de rodillas”2.

El presidente Hinckley y su esposa, Marjorie, también practicaban ese principio en casa. Su hijo Richard dijo: “No recuerdo que haya habido un solo día en el que no tuviéramos la oración familiar. Cuando era su turno ofrecerla, mi padre oraba con profunda sinceridad, pero nunca con tono dramático ni apasionado. Llegamos a percibir cuán profunda era su fe con solo escucharle orar. Se dirigía a Dios con gran reverencia, como quizá se hubiera dirigido a un sabio y venerado maestro o mentor, y se refería al Salvador con intenso sentimiento. Cuando era niño, yo sabía que, para él, eran personas reales, y que los amaba y reverenciaba”3. Marjorie observó: “Pienso que la oración familiar tuvo mucho que ver con la manera en que nuestros hijos nos respondían. Aun cuando Gordon no los sermoneaba, escuchaban todo lo que queríamos que oyeran en la oración familiar”4.

A lo largo de su servicio como Autoridad General, el presidente Hinckley instó a los miembros de la Iglesia a “creer en la oración y en el poder de esta”5. Testificó que “la oración libera los poderes del cielo para nuestro provecho”6 y prometió: “Sean dedicados a la oración y el Dios del cielo les sonreirá y bendecirá, y brindará felicidad a su corazón y una sensación de paz en su vida”7.

mujer orando

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7).

Enseñanzas de Gordon B. Hinckley

1

Dios es nuestro Padre y nos invita a que oremos a Él de manera individual.

De todas las grandes, inspiradoras y magníficas promesas que he leído, la que más me reconforta contiene estas palabras del Salvador: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7)8.

Nunca olviden quiénes son… Son, ciertamente, [hijos] de Dios… Él es su Padre Eterno y los ama. Pueden acudir a Él en oración. Él [los] ha invitado a hacerlo… Es algo maravilloso. Él es el más grande de todos, el Creador y Gobernante del universo, y, sin embargo, ¡escuchará su oración!9.

Por medio de la oración podemos acercarnos más al Señor, y esta podría convertirse en una conversación de acción de gracias. Nunca he podido comprender plenamente por qué el Gran Dios del Universo, el Todopoderoso, nos invita a nosotros, Sus hijos, a hablar con Él en forma individual. ¡Qué oportunidad tan valiosa es esa! ¡Qué maravilloso es que pueda ser así! Testifico que nuestras oraciones, ofrecidas con humildad y sinceridad, se escuchan y se contestan. Es un hecho milagroso, pero cierto10.

Hermanos y hermanas, sé que ustedes oran, y eso es algo maravilloso en esta época en que el hábito de la oración ha desaparecido de la vida de muchas personas. Suplicar al Señor para recibir una sabiduría superior a la nuestra, para pedir fortaleza a fin de hacer lo que debamos hacer, para obtener consuelo y expresar gratitud, es una acción maravillosa e importante11.

Es mi ruego que cada uno procure llevar una vida más cercana al Señor y esté en una comunión más frecuente con Él, con mayor fe.

Padres y madres, oren por sus hijos para que ellos encuentren resguardo de los males del mundo, para que crezcan en fe y conocimiento, para que sean dirigidos en el camino que lleva a una vida fructífera y de bien. Maridos, oren por sus esposas, expresando al Señor el agradecimiento que sienten por ellas y rogándole a Él el bien de ellas. Esposas, oren por sus maridos. Muchos de ellos transitan un camino difícil y plagado de problemas y de grandes perplejidades. Rueguen al Todopoderoso que guíe, bendiga, proteja e inspire los esfuerzos justos de sus maridos.

Oren para que haya paz en la tierra, para que el Todopoderoso que gobierna el universo extienda Su mano y haga que Su Espíritu se derrame sobre las personas, a fin de que las naciones no estén en guerra unas con otras… Oren para recibir sabiduría y entendimiento al seguir los difíciles senderos de su vida12.

Lo maravilloso de la oración es que es personal, individual, algo en lo que nadie más interfiere en lo que respecta a hablar con su Padre Celestial en el nombre del Señor Jesucristo. Sean dedicados a la oración. Pidan al Señor que les perdone sus pecados; pídanle que los ayude, que los bendiga y que los ayude a hacer realidad sus ambiciones rectas… Pídanle al Señor todas las cosas importantes que significan tanto para ustedes en su vida. Él está presto a ayudarles. Nunca lo olviden13.

2

La oración familiar brinda milagros a las personas, a las familias y a la sociedad.

En esta época se debe dar un nuevo énfasis a la honradez, al carácter personal y a la integridad. El modelo de nuestra época cambiará solamente si reincorporamos a nuestra vida las virtudes que son la esencia de una verdadera civilización. La pregunta que afrontamos es: ¿dónde comenzamos?

No me cabe duda de que debemos comenzar por reconocer que Dios es nuestro Padre Eterno y que nosotros somos Sus hijos; por comunicarnos con Él y reconocer Su posición como nuestro Soberano, y por suplicarle diariamente que nos guíe en nuestros asuntos.

Me permito sugerir que el volver al modelo antiguo de la oración, de la oración familiar en el hogar de las personas, es una de las medicinas básicas que detendría la horrible enfermedad que está destruyendo el carácter de nuestra sociedad. No podríamos esperar un milagro en un solo día, pero sí en una generación…

Hay algo en la acción misma de postrarse que contradice las actitudes que Pablo describió: “soberbios… impetuosos, envanecidos”;

hay algo en la práctica misma de que el padre, la madre y los hijos se arrodillen juntos que evapora otras de esas mismas condiciones que él describió: “desobedientes a sus padres, … sin afecto natural”.

Existe algo en el acto de dirigirse a la Deidad que elimina la tendencia a blasfemar y a convertirse en amadores de los deleites más que de Dios (véase 2 Timoteo 3:1–4).

La tendencia a ser impíos e ingratos, tal como lo describió Pablo, desaparece cuando los miembros de la familia le agradecen al Señor la vida y la paz y todo lo que tienen; y cuando agradecen al Señor el tenerse el uno al otro, en la familia se cultiva un nuevo sentimiento de aprecio, de respeto, de afecto mutuo…

Cuando recordamos juntos ante el Señor a los pobres, a los necesitados y a los oprimidos, crece en nosotros, de manera inconsciente pero realista, un amor por los demás que supera el que tenemos por nosotros mismos; crece el respeto por el prójimo y el deseo de atender las necesidades de los demás. Uno no puede pedirle a Dios que ayude a un semejante afligido sin sentirse motivado a hacer algo uno mismo para prestarle ayuda. Cuán grandes milagros ocurrirían en la vida de los hijos del mundo si hicieran a un lado su propio egoísmo y se perdieran en el servicio a los demás. La semilla de la que puede crecer ese árbol protector y fructífero se planta y nutre mejor con las súplicas diarias de la familia…

No conozco ninguna otra cosa que ayude tanto a suavizar las tensiones familiares, que de manera sutil produzca el respeto por los padres que lleva a la obediencia, ni que influya en el espíritu de arrepentimiento que hace desaparecer en gran medida la plaga de los hogares rotos, que orar juntos, confesar las debilidades juntos ante el Señor e invocar Sus bendiciones sobre el hogar y quienes allí viven…

La familia es la unidad básica de la sociedad y la familia que ora es la esperanza de una sociedad mejor. “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado” (Isaías 55:6)14.

Me conmovieron… las palabras de un joven [misionero]. Él dijo: “He estado aquí varios meses y no he podido aprender el idioma. La gente no me cae bien, estoy deprimido en el día y lloro por la noche. Deseaba morir. Le escribí a mi madre y le supliqué una excusa para regresar a casa. Aquí tengo su respuesta; dice: ‘Oramos por ti. No pasa un día sin que nos arrodillemos todos juntos por la mañana antes de comer y por la noche antes de ir a dormir, y le roguemos al Señor que te bendiga. Ahora hemos añadido el ayuno a la oración, y cuando tus hermanos y hermanas menores oran, dicen: “Padre Celestial, bendice a Johnny… y ayúdalo a aprender el idioma y a llevar a cabo la obra que fue llamado a realizar”’”.

Con los ojos llenos de lágrimas ese joven continuó diciendo: “Intentaré de nuevo. Uniré mis oraciones a las de ellos y mis ayunos a los de ellos”.

Ahora, cuatro meses más tarde, recibí una carta de él en la que dice: “Ha ocurrido un milagro. He aprendido el idioma como si fuera un don del Señor, y he aprendido a amar a las personas de esta hermosa nación. Doy gracias a Dios por las oraciones de mi familia”15.

¿Podemos embellecer más nuestros hogares? Sí, dirigiéndonos como familia a la Fuente de toda verdadera belleza. ¿Podemos fortalecer a la sociedad y convertir este mundo en un lugar mejor para vivir? Sí, fortaleciendo la virtud de la vida familiar al arrodillarnos juntos y suplicarle al Todopoderoso en el nombre de Su Hijo Amado.

familia orando

Podemos fortalecer la familia al arrodillarnos juntos en oración.

Esa práctica, el regreso a la adoración en familia, si se extendiera por toda nación y por toda la tierra, en una sola generación eliminaría en gran medida la plaga que nos está destruyendo. Restauraría la integridad, el respeto mutuo y el espíritu de agradecimiento en el corazón de las personas16.

¿Es la oración algo tan difícil de hacer? ¿Sería tan difícil instar a los padres y a las madres a ponerse de rodillas con sus pequeños y dirigirse al trono de Dios para expresar gratitud por las bendiciones, para rogar por los afligidos así como por ellos mismos, y luego pedir todo eso en el nombre del Salvador y Redentor del mundo? ¡Cuán poderosa es la oración! De eso yo les testifico y ustedes también pueden hacerlo. Cuan trágica es la pérdida para cualquier familia que no aprovecha esa práctica sencilla pero de gran valor17.

Si hubiera alguno entre ustedes que no está llevando a cabo la oración familiar, comience esa práctica ahora, de arrodillarse juntos, si es posible hacerlo, cada mañana y cada noche, y hable al Señor y exprésele su agradecimiento, invocando Sus bendiciones sobre los necesitados de la tierra, y hablándole en cuanto a su propio bienestar18.

Doy mi testimonio de que, si hacen la oración familiar con toda sinceridad, no será en vano. Puede que los cambios no se noten de inmediato y que sean muy sutiles, pero serán cambios verdaderos, porque Dios “es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

Ruego que seamos fieles en dar el ejemplo ante el mundo de esa práctica y en instar a los demás a hacer lo mismo19.

3

Debemos ser dedicados a la oración y escuchar, porque nuestras oraciones serán contestadas.

Nunca piensen que van a lograrlo solos; necesitan la ayuda del Señor. Nunca duden en arrodillarse en algún lugar a solas y hablar con Él. ¡Qué maravillosa y extraordinaria es la oración! Piensen en ello. En verdad podemos hablar con nuestro Padre Celestial; Él escuchará y contestará, pero debemos prestar atención a esa respuesta. Nada es demasiado grave ni nada es de tan poca importancia como para no compartirlo con Él20.

Oren al Señor esperando una respuesta… El problema con la mayoría de nuestras oraciones es que las hacemos como si estuviéramos levantando el teléfono y haciendo un pedido de comestibles: hacemos el pedido y colgamos. Es necesario que meditemos, contemplemos y pensemos sobre lo que estamos orando, y que luego hablemos con el Señor como un hombre habla con otro. “Venid ahora, dice Jehová, y razonemos juntos” (Isaías 1:18)21.

Nada ayuda tanto como poner un asunto en las manos del Señor… No vacilo en decir que he recibido respuesta a mis oraciones. Lo sé y no podría negarlo. Debemos orar pidiendo guía en esta difícil época… Lo maravilloso es que no es necesario ser un genio para orar. Él escuchará la voz del más humilde… Recurran al Señor. Él nos ha hecho la invitación y nos contestará22.

Crean en el poder y en la majestuosidad de la oración. El Señor contesta nuestras oraciones. Lo sé. Lo he visto acontecer una y otra vez. La oración nos introduce en una sociedad con Dios; nos ofrece la oportunidad de hablar con Él, de darle gracias por Sus magníficas bendiciones y de pedirle guía y protección al andar los senderos de la vida. Esta gran obra, que se está extendiendo por toda la tierra, tiene sus orígenes en la oración de un muchacho. Él había leído en la Biblia de su familia: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la ola del mar, que es movida por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:5–6). Esa es la promesa. ¿Hay en el mundo una promesa más grande que esa?23.

Mis amigos, sean dedicados a la oración y escuchen. Es posible que nunca escuchen una voz; lo más probable es que no. Pero de una manera que no podrán explicar, recibirán impresiones y serán bendecidos, ya que el Señor ha prometido: “Hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti” (D. y C. 8:2).

Sean dedicados a la oración, y sabrán que Dios escucha y responde; no siempre será como quisiéramos que nos respondiera, pero con el paso de los años llegaremos a comprender de manera tan certera como el amanecer que Él nos escuchó y nos respondió24.

Conserven la humildad que hará que se arrodillen a orar, en reconocimiento de Su poder y bondad. Él no les fallará; escuchará sus oraciones y las contestará. En la quietud de la noche, escucharán los susurros de Su Espíritu que los dirigirá en épocas de aflicción y necesidad. Esos momentos les llegarán a ustedes como le llegan a todos. Conserven la fe en Dios y Él nunca los defraudará. Él nunca les dará la espalda25.

Permitan que su Padre Celestial sea su amigo a quien siempre puedan acudir en oración26.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • ¿De qué manera le ha ayudado la oración a estar más cerca de nuestro Padre Celestial? Repase las enseñanzas del presidente Hinckley sobre lo que debemos incluir en las oraciones (véase la sección 1). ¿En qué ocasiones lo ha ayudado la oración a hallar “sabiduría superior a la [suya]”? ¿En qué ocasiones la oración le ha brindado “alivio y consuelo”? ¿Por qué algunas de las oraciones deben ser una “conversación de acción de gracias”?

  • Medite sobre cada una de las bendiciones que el presidente Hinckley dijo que pueden recibirse mediante la oración familiar (véase la sección 2). ¿Cuáles son algunas de las formas en que su familia ha sido bendecida por orar juntos? ¿Cuáles son algunos de los obstáculos para llevar a cabo la oración familiar con regularidad? ¿De qué manera pueden trabajar juntos los integrantes de la familia para vencer esos obstáculos?

  • ¿En qué forma el poner en práctica las enseñanzas del presidente Hinckley de la sección 3 puede ayudarnos a que nuestras oraciones sean más significativas? ¿Qué ha aprendido sobre las formas en que el Padre Celestial contesta las oraciones? ¿Por qué tiene la oración el poder de “[introducirnos] en una sociedad con Dios”?

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

Mateo 6:5–15; Lucas 18:9–18; 2 Nefi 32:8–9; Alma 34:17–28; 37:36–37; 3 Nefi 18:15–25; D. y C. 19:28.

Ayuda para el estudio

“Obtenga una perspectiva general, ya sea leyendo rápidamente el libro, el capítulo o el pasaje o estudiando los encabezamientos. Trate de comprender el contexto y los antecedentes históricos” (Predicad Mi Evangelio, 2004, pág. 24). Considere leer un capítulo o pasaje más de una vez de modo que pueda comprenderlo más plenamente. Al hacerlo, podrá descubrir conceptos profundos.

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Notas

  1. Véase “Seamos verídicos y fieles”, Liahona, julio de 1996, pág. 105.

  2. Véase Robert D. Hales, en Sheri L. Dew, Go Forward with Faith: The Biography of Gordon B. Hinckley, 1996, pág. 444.

  3. Véase Richard G. Hinckley, en Sheri L. Dew, Go Forward with Faith, pág. 171.

  4. Véase Marjorie Pay Hinckley, en Sheri L. Dew, Go Forward with Faith, pág. 171.

  5. Véase Teachings of Gordon B. Hinckley, 1997, pág. 469.

  6. Véase Teachings of Gordon B. Hinckley, pág. 470.

  7. Véase “Dedication of Gordon B. Hinckley Building”, Universidad Brigham Young–Idaho, 22 de octubre de 2002, byui.edu/Presentations/transcripts/devotionals/2002_10_22_hinckley.htm; accedido el 21 de septiembre de 2015.

  8. Véase “Los pilares de la verdad”, Liahona, mayo de 2002, pág. 3.

  9. Véase “Seamos verídicos y fieles”, pág. 104.

  10. Véase “Un corazón humilde y contrito”, Liahona, enero de 2001, pág. 103.

  11. Véase “La trama de la fe y del testimonio,” Liahona, enero de 1996, pág. 102.

  12. Véase “Bendición”, Liahona, mayo de 2003, págs. 99, 100.

  13. Véase Teachings of Gordon B. Hinckley, pág. 468.

  14. Véase “Las bendiciones de la oración familiar”, Liahona, septiembre de 1991, págs. 3–4, 5.

  15. En Conference Report, abril de 1963, pág. 128.

  16. Véase “Las bendiciones de la oración familiar”, pág. 6.

  17. Véase “Cuatro principios sencillos para ayudar a nuestra familia y a nuestro país”, Liahona, junio de 1996, pág. 9.

  18. Véase Teachings of Gordon B. Hinckley, pág. 217.

  19. Véase “Las bendiciones de la oración familiar”, pág. 6.

  20. Véase “Permanezcan en el sendero de la rectitud”, Liahona, mayo de 2004, pág. 114.

  21. Véase Teachings of Gordon B. Hinckley, pág. 469.

  22. Véase Teachings of Gordon B. Hinckley, pág. 469.

  23. Véase “No temas; cree solamente”, Liahona, octubre de 2000, págs. 28–29; negrita y cursiva eliminadas.

  24. Véase “Watch the Switches in Your Life”, Ensign, enero de 1973, pág. 93.

  25. Véase Discourses of President Gordon B. Hinckley, Volume 2, 2000–2004, 2005, pág. 346.

  26. Véase “Hijas de Dios”, Liahona, enero de 1992, pág. 111.