Capítulo 7

Los susurros del Espíritu

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley


“Ruego que constantemente busquemos la inspiración del Señor y la compañía de Su Santo Espíritu para que nos bendiga, a fin de mantener nuestros esfuerzos en un alto nivel espiritual”.

De la vida de Gordon B. Hinckley

El 24 de junio de 1995, el presidente Gordon B. Hinckley tomó la palabra en una reunión para nuevos presidentes de misión y sus esposas, y les dio consejos y guía para sus tres años siguientes de servicio. Contó la instrucción que recibió cuando el presidente Harold B. Lee, entonces miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, lo apartó como presidente de estaca:

“Solamente recuerdo una cosa que dijo: ‘Escuche los susurros del Espíritu en medio de la noche y responda a esos susurros’. No sé por qué la revelación llega a veces por la noche, pero así es. También llega durante el día, por supuesto; pero escuchen los susurros del Espíritu, el don de la revelación, al cual tienen derecho”1.

Refiriéndose a sus experiencias al seguir esa instrucción, dijo lo siguiente: “El Señor ha hablado suavemente… En medio de la noche, me han llegado ideas a la mente, las cuales pienso que han sido de naturaleza profética”2. Por ejemplo, en julio de 1992 se encontraba en Hong Kong con otros líderes de la Iglesia, buscando un lugar para construir un templo. Se acostó una noche sintiéndose inquieto con respecto a la decisión que debía tomar. Entonces, los susurros del Espíritu le despertaron temprano a la mañana siguiente.

“Me vino a la mente algo muy interesante”, anotó en su diario. “No escuché una voz con mis oídos naturales, pero llegó a mi mente la voz del Espíritu. Me dijo: ‘¿Por qué estás preocupado por esto? Tienes una fantástica propiedad donde se encuentran la casa de la misión y la pequeña capilla. Se encuentran en el corazón mismo de Kowloon, en un lugar que cuenta con la mejor transportación… Construye un edificio de [varias] plantas. Puede incluir una capilla y salas de clase en las dos primeras plantas y un templo en las dos o tres plantas superiores’”. Tras recibir esa revelación, el presidente Hinckley dijo: “Me relajé y volví a dormirme”3.

Hoy en Kowloon, una zona densamente poblada de Hong Kong, se alza un solo edificio donde antes se encontraban una capilla y la casa de la misión. Ese edificio, que alberga una capilla, la casa de la misión, una oficina de la misión y un sagrado templo, es un testamento de los susurros del Espíritu a un profeta de Dios.

Templo de Hong Kong, China

El Templo de Hong Kong, China.

Enseñanzas de Gordon B. Hinckley

1

El Espíritu Santo es el Consolador y testifica de la verdad.

El Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad, el Consolador prometido por el Salvador que enseñaría a Sus seguidores todas las cosas, y les haría recordar todas las cosas, todas las que Él les había dicho (véase Juan 14:26)4.

El Espíritu Santo da testimonio a nuestro corazón en cuanto al Padre y al Hijo5.

[Mi] testimonio [de Jesucristo] viene por el poder del Espíritu Santo; es un don, sagrado y maravilloso, que recibimos por revelación del tercer miembro de la Trinidad6.

El Espíritu Santo es quien testifica de la verdad, quien puede enseñar[nos] lo que [no podemos enseñarnos] el uno al otro. En sus grandiosas palabras, que representan un desafío, Moroni promete un conocimiento de la verdad del Libro de Mormón “por el poder del Espíritu Santo”. Y luego afirma: “Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:4–5).

Yo creo que ese poder, ese don, está a nuestra disposición hoy en día7.

2

Necesitamos que el Espíritu Santo nos guíe en nuestro servicio en el hogar y en la Iglesia.

No hay mayor bendición que pueda llegar a nuestra vida que el don del Espíritu Santo, la compañía del Santo Espíritu para guiarnos, protegernos y bendecirnos; para ir, por así decirlo, como una columna delante de nosotros y una llama que nos guíe por las sendas de la rectitud y la verdad. Podemos gozar de ese poder orientador del tercer miembro de la Trinidad si vivimos de manera que seamos dignos de él8.

Necesitamos contar con el Santo Espíritu en nuestras muchas responsabilidades administrativas. Lo necesitamos al enseñar el Evangelio en las clases y ante el mundo; lo necesitamos al gobernar y al enseñar a nuestra familia.

Al dirigir y al enseñar bajo la influencia de ese Espíritu, llevaremos la espiritualidad a la vida de las personas por quienes somos responsables…

Dulces son los frutos de la enseñanza que se realiza bajo la inspiración del Espíritu Santo, porque alimentan el espíritu y nutren el alma.

Permítanme decir una palabra especial de consejo a los padres que son cabezas de familia: Necesitamos la guía del Espíritu Santo en la tarea tan delicada y tremenda que tenemos de fortalecer la espiritualidad de nuestro hogar9.

Presten atención a los susurros del Espíritu. Sean humildes. Quizá la mano del Señor les guíe hacia alguna persona por motivo del espíritu, la actitud, el sentimiento y la humildad de ustedes10.

3

La revelación casi siempre nos llega por medio de una voz apacible y delicada: el susurro del Espíritu.

De vez en cuando, he sido entrevistado por representantes de los medios de comunicación, los cuales casi siempre me han preguntado: “¿Cómo recibe revelación el Profeta de la Iglesia?”.

Yo contesto que se recibe hoy como se recibía en el pasado. Entonces les relato la experiencia que tuvo Elías tras su enfrentamiento con los sacerdotes de Baal:

“Y he aquí que Jehová pasaba, y un grande y poderoso viento rompía los montes y quebraba las peñas delante de Jehová, pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento, un terremoto, pero Jehová no estaba en el terremoto.

“Y tras el terremoto, un fuego, pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego, una voz apacible y delicada” (1 Reyes 19:11–12).

Así es como sucede; hay una voz apacible y delicada, que llega en respuesta a la oración. Viene mediante el susurro del Espíritu, puede ser en el silencio de la noche.

¿Tengo alguna duda al respecto? Ni la más mínima. Lo he visto una y otra vez11.

Así ha sido casi invariablemente como nos ha llegado la palabra de Dios, no con trompetas, no desde las salas de consejo de los eruditos, sino mediante la voz apacible y delicada de la revelación. Al escuchar a aquellos que buscan en vano hallar sabiduría y que proclaman en alta voz sus panaceas [o curas] para los males del mundo, uno se inclina a responder con el salmista: “Quedaos tranquilos, y sabed que yo soy Dios” (Salmos 46:10) y con el Salvador: “El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 11:15)12.

4

Las cosas del Espíritu nos iluminan, edifican y elevan.

“¿Cómo podemos conocer las cosas del Espíritu? ¿Cómo podemos saber que son de Dios? Por sus frutos. Si algo conduce al progreso y al perfeccionamiento, a la fe y al testimonio, si lleva a una mejor forma de hacer las cosas y a la piedad, entonces es de Dios. Si nos destroza, si nos lleva a la obscuridad, si nos confunde y nos preocupa, si conduce a la falta de fe, entonces es del diablo”13.

Los susurros del Espíritu se reconocen por los frutos del Espíritu: aquello que ilumine, que edifique, que sea positivo, afirmativo y que eleve, y que nos guíe a pensamientos mejores, a mejores palabras y a mejores acciones, es del Espíritu de Dios. Aquello que nos destroce, que nos conduzca a sendas prohibidas, es del adversario. Creo que es así de sencillo, así de simple14.

Un erudito expresó una vez la opinión de que la Iglesia es enemiga del intelectualismo. Si al hablar del intelectualismo su intención fue referirse a esa rama de la filosofía que enseña “la doctrina de que el conocimiento se deriva total o principalmente de la razón pura” y “que la razón es el principio determinante de la realidad”, entonces, sí, nos oponemos a tan estrecha interpretación en lo que respecta a religión (citas del Random House Dictionary of the English Language, pág. 738). Esa interpretación excluye al poder del Espíritu Santo para hablarnos a nosotros y por medio de [nosotros].

Naturalmente, creemos en el desarrollo de la mente, pero el intelecto no es la única fuente de conocimiento. Existe una promesa que se ha recibido por la inspiración del Todopoderoso, la cual se expone en las bellas palabras: “Dios os dará conocimiento por medio de su Santo Espíritu, sí, por el inefable don del Espíritu Santo” (D. y C. 121:26).

Los humanistas que critican la obra del Señor, los llamados intelectualistas que difaman, solo parten de su ignorancia de las manifestaciones espirituales; no han oído la voz del Espíritu y no la han oído porque no la han buscado ni se han preparado para ser dignos de ella. Luego, al suponer que el conocimiento se obtiene solo por el razonamiento y las funciones de la mente, niegan el conocimiento que se recibe por medio del poder del Espíritu Santo.

Las cosas de Dios se comprenden por el Espíritu de Dios. Ese Espíritu es real. Para los que han experimentado las manifestaciones de este, el conocimiento que han obtenido por este medio es tan real como el que se adquiere por medio de los cinco sentidos. Doy testimonio de ello y confío en que la mayoría de los miembros de la Iglesia puedan testificar de la misma manera. Exhorto a todos a que sigamos esforzándonos para poner nuestro corazón en armonía con el Espíritu. Si así lo hacemos, nuestras vidas se embellecerán y perfeccionarán; sentiremos un vínculo que nos une con Dios, nuestro Eterno Padre; probaremos la dulzura de un regocijo que no se puede sentir de ninguna otra manera.

No nos dejemos seducir por los razonamientos engañosos del mundo, los cuales son en su mayor parte negativos y muy a menudo nos dan frutos amargos. Caminemos con fe en lo futuro, hablando con optimismo y adoptando una actitud de confianza. Al hacerlo, nuestra fortaleza servirá para fortalecer a las demás personas15.

Ruego que constantemente busquemos la inspiración del Señor y la compañía de Su Santo Espíritu para que nos bendiga, a fin de mantener nuestros esfuerzos en un alto nivel espiritual. Esas oraciones no quedarán sin respuesta16.

familia estudiando las Escrituras

“Las cosas de Dios se comprenden por el Espíritu de Dios. Ese Espíritu es real”.

5

El Espíritu Santo será nuestro compañero constante a medida que vivamos para obtener esta bendición.

Es el Señor quien ha dicho que si guardamos los mandamientos, el “Espíritu Santo será [nuestro] compañero constante” (D. y C. 121:46) para alentarnos, enseñarnos, guiarnos, consolarnos y sostenernos. Para obtener esa compañía, debemos solicitarla, llevar una vida digna para tenerla y ser leales al Señor17.

“¿Cómo puede uno mantener el Espíritu del Señor consigo en todo momento?”. Bueno, hay que vivir para ser digno de ello; vivir para ser digno del Espíritu del Señor. Eso es lo que hay que hacer y así se consigue… Simplemente, vivan rectamente. Manténganse alejados de la inmoralidad, manténganse alejados de la pornografía, Manténganse alejados de estas cosas que les arrastran hacia abajo. Los libros y las revistas que leen, los videos y los programas de televisión que ven, los espectáculos a los que asisten, todo ello tiene un efecto en ustedes, y lo ejercerá si se someten a la influencia de este tipo de cosas que incitan y que tienen por objetivo empobrecerlos a ustedes y enriquecer a otros. Manténganse alejados de ellas18.

Cada domingo, se imponen la renovación de su compromiso y de su convenio de tomar sobre ustedes el nombre del Señor Jesucristo. ¿Alguna vez pensaron en eso, en cuán importante es, en lo que significa tomar sobre ustedes el nombre del Señor Jesucristo con el compromiso y la promesa de guardar Sus mandamientos? Él hace un compromiso y promete que les dará Su Espíritu para que los acompañe. Qué cosa tan magnífica19.

Qué enorme bendición es contar con la influencia ministrante de un miembro de la Trinidad, habiendo recibido ese don bajo las manos de aquellos que actúan con divina autoridad. Si seguimos andando en la virtud, podremos disfrutar del cumplimiento de la promesa que el Señor hizo cuando dijo: “El Espíritu Santo será tu compañero constante, y tu cetro, un cetro inmutable de justicia y de verdad; y tu dominio será un dominio eterno, y sin ser compelido fluirá hacia ti para siempre jamás” (D. y C. 121:46)20.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • ¿Por qué necesitamos el Espíritu Santo? (Véanse las secciones 1 y 2). ¿En qué ocasión ha sentido que el Espíritu Santo le enseñaba y guiaba? ¿Qué ha aprendido de esas experiencias?

  • ¿Qué podemos aprender de la explicación del presidente Hinckley sobre la manera en que le llega la revelación al profeta? (Véase la sección 3). ¿Por qué es importante saber que el Espíritu Santo suele comunicarse mediante una “voz apacible y delicada”? ¿Qué ha aprendido por experiencia propia sobre la manera de reconocer las comunicaciones que proceden del Espíritu Santo?

  • Repase los “frutos del Espíritu” que el presidente Hinckley resume en la sección 4. ¿Cómo pueden ayudarnos estas enseñanzas a reconocer la influencia del Espíritu? ¿Cuáles son los peligros de creer que “el intelecto… es la única fuente de conocimiento”? ¿Qué experiencias ha tenido al obtener conocimiento espiritual?

  • ¿Qué sentimientos tiene al meditar las enseñanzas del presidente Hinckley en la sección 5 en cuanto a la compañía del Espíritu Santo? ¿De qué maneras ha sido bendecido por el Espíritu Santo?

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

1 Corintios 2:9–14; 1 Nefi 10:17; 2 Nefi 31:17–18; Mosíah 3:19; Moroni 8:25–26; D. y C. 11:12–14.

Ayuda didáctica

“Cuando amamos a quienes enseñamos, oramos por cada uno de ellos, y hacemos todo lo posible por saber cuáles son sus intereses, sus logros, sus necesidades y sus preocupaciones. Adaptamos nuestra enseñanza para satisfacer sus necesidades, aunque ello nos requiera dedicar más tiempo y esfuerzo. Advertimos cuando están ausentes y los reconocemos cuando están presentes. Les ofrecemos ayuda cuando la necesitan” (La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 34).

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Notas

  1. Véase Teachings of Gordon B. Hinckley, 1997, pág. 556.

  2. Véase Discourses of President Gordon B. Hinckley, Volume 1: 1995–1999, 2005, pág. 441.

  3. Véase Sheri L. Dew, Go Forward with Faith: The Biography of Gordon B. Hinckley, 1996, pág. 481.

  4. “El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, Liahona, marzo de 1998, pág. 8.

  5. Véase “Latter-day Counsel: Excerpts from Recent Addresses of President Gordon B. Hinckley”, Ensign, julio de 1999, pág. 72.

  6. Véase “El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, págs. 7–8.

  7. Véase “El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, pág. 8.

  8. Véase Teachings of Gordon B. Hinckley, pág. 259.

  9. “Alimenten el espíritu y nutran el alma”, Liahona, octubre de 1998, págs. 4, 6.

  10. Véase Discourses of President Gordon B. Hinckley, Volume 1, pág. 440.

  11. Véase “El Quórum de la Primera Presidencia”, Liahona, diciembre de 2005, pág. 39.

  12. En Conference Report, abril de 1964, págs. 38–39.

  13. Véase “Inspirational Thoughts”, Ensign, julio de 1998, pág. 5.

  14. Véase Teachings of Gordon B. Hinckley, pág. 261.

  15. Véase “La búsqueda constante de la verdad”, Liahona, febrero–marzo de 1986, pág. 11.

  16. Véase “Alimenten el espíritu y nutran el alma”, pág. 4.

  17. Véase “El vivir de acuerdo con nuestras convicciones”, Liahona, septiembre de 2001, págs. 5–6.

  18. Véase Discourses of President Gordon B. Hinckley, Volume 1, págs. 377–378.

  19. Véase Discourses of President Gordon B. Hinckley, Volume 1, pág. 319.

  20. Véase “Priesthood Restoration”, Ensign, octubre de 1988, pág. 72.