Capítulo 1: Nuestro Padre Celestial

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“Mi deseo es recordarles la clase de Ser que Dios es, para que puedan adorarlo en espíritu y verdad, y por ese medio obtener todas las bendiciones de Su Evangelio”.

De la vida de Joseph Fielding Smith

El presidente Joseph Fielding Smith se maravillaba de los avances de la tecnología de su época. “Ha habido gran progreso en mecánica, química, física, cirugía y otras cosas”, dijo. “Los hombres han construido grandes telescopios que han traído galaxias ocultas a la vista. Con la ayuda del microscopio han descubierto vastos mundos de microorganismos … Han descubierto medios para controlar enfermedades. … Han inventado máquinas más sensibles que el tacto humano, que ven más lejos que el ojo humano. Han controlado los elementos y fabricado maquinaria que puede mover montañas, y han hecho muchas otras cosas que son demasiado numerosas para mencionar. Ciertamente, ésta es una época maravillosa”. Sin embargo, le preocupaba otra tendencia que veía en el mundo. Se lamentó: “Todos estos descubrimientos e inventos ¡no han acercado al hombre más a Dios! Tampoco han creado en su corazón humildad y el espíritu de arrepentimiento, sino lo contrario, para su condenación. … La fe no ha aumentado en el mundo, ni la rectitud, ni la obediencia a Dios”1.

En contraste con la creciente indiferencia del mundo hacia Dios, el presidente Smith demostró una cercanía a su Padre Celestial. Uno de sus nietos recordó: “Mamá era una excelente cocinera y el abuelo comía con frecuencia en nuestra casa. A menudo mi padre lo invitaba a pedir la bendición de los alimentos. Sus oraciones siempre eran muy personales, como si estuviera hablando con un amigo”2.

Enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

Empezando con la primera visión de José Smith, el verdadero conocimiento de Dios se ha restaurado en nuestra época

Estoy muy agradecido por la Primera Visión, en la que el Padre y el Hijo se aparecieron al joven profeta y restauraron de nuevo al hombre el verdadero conocimiento de Dios3.

Mediante la primera visión de José Smith, se restauró “el verdadero conocimiento de Dios”.

Se debe recordar que todo el mundo cristiano de 1820 había perdido la verdadera doctrina concerniente a Dios. La sencilla verdad que los apóstoles y santos de la antigüedad comprendían tan claramente, se había perdido en los misterios de un mundo apóstata. Todos los profetas de la antigüedad y los apóstoles de Jesucristo tenían una comprensión clara de que el Padre y el Hijo eran personajes separados, tal como nuestras Escrituras enseñan tan claramente. Ese conocimiento se perdió por medio de la apostasía… Dios había llegado a ser un misterio, y se consideró que tanto el Padre como el Hijo eran una desconocida efusión de espíritu, sin cuerpo, partes ni pasiones. Con la venida del Padre y del Hijo hubo en la tierra un testigo divino que pudo por conocimiento restaurar al mundo la verdadera naturaleza de Dios4.

La [primera] visión de José Smith dejó en claro que el Padre y el Hijo son personajes separados que tienen cuerpos tan tangibles como el del hombre. Se le reveló además que el Espíritu Santo es un personaje de espíritu, distinto y separado de las personas del Padre y del Hijo [véase D. y C. 130:22]. Esta verdad tan importante dejó pasmado al mundo y, sin embargo, cuando consideramos las expresiones claras de las Sagradas Escrituras, es un hecho muy sorprendente y causa maravilla que el hombre haya errado tanto. El Salvador dijo: “…el Padre mayor es que yo” [Juan 14:28], e invitó a Sus discípulos, después de Su resurrección, a tocarlo y ver que era Él, pues, dijo Él: “…un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo” [Lucas 24:39.]. Los apóstoles entendían claramente las entidades distintas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, a quienes constantemente hacían referencia en sus epístolas; y Pablo informó a los corintios que cuando todas las cosas estén sujetas al Padre, “entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” [1 Corintios 15:28].

José Smith vio al Padre y al Hijo; por lo tanto, pudo testificar con conocimiento personal que era verdadero el pasaje de las Escrituras en el que leemos: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” [Génesis 1:27.]. Esto debía entenderse literalmente, y no en un sentido místico o figurado5.

2

A fin de ejercer fe en Dios y adorarle, debemos tener un entendimiento de Sus características.

Una de nuestras revelaciones nos dice que si hemos de ser glorificados en Cristo, como Él lo es en el Padre, debemos saber cómo adorar y a quién. (véase D. y C. 93:19–20).

Mi deseo es recordarles la clase de Ser que Dios es, para que puedan adorarlo en espíritu y verdad, y por ese medio obtener todas las bendiciones de Su Evangelio.

Sabemos que se puede conocer a Dios únicamente mediante la revelación; que se da, de lo contrario permanece para siempre desconocido. Si deseamos saber la verdad acerca de Dios, debemos acudir a las Escrituras y no a los científicos o filósofos. De hecho, la gran profecía de Juan, respecto a la restauración del Evangelio por medio de un ángel que volaría en medio del cielo, dice que ocurriría para que los hombres llegaran al conocimiento del Dios verdadero y recibieran la enseñanza: “Temed a Dios, y dadle gloria… y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:7). En otras palabras, empezando con la restauración del Evangelio en esta dispensación, el hombre sería llamado una vez más a adorar y servir a su Creador, y no a los falsos conceptos de Dios que prevalecen en el mundo.

En toda época, los profetas del Señor han sido llamados a combatir la adoración falsa y a proclamar la verdad respecto a Dios. En el antiguo Israel, hubo aquellos que adoraban imágenes y dioses paganos, e Isaías preguntó: “¿Con quién, pues, compararéis a Dios, o qué imagen le compondréis?

“¿No has sabido? ¿No has oído que el Dios eterno, Jehová, el cual creó los confines de la tierra, no desfallece ni se fatiga? Su entendimiento es inescrutable” (Isaías 40:18, 28).

La gran mayoría de [los habitantes del] mundo no tiene este conocimiento de Dios, y aun en [la Iglesia] hay aquellos que no han perfeccionado su entendimiento de ese glorioso Ser que es nuestro Padre Eterno. A los que carecen de este conocimiento podemos decirles: “¿Por qué limitan la gloria de Dios? ¿O por qué suponen que Él es menos de lo que es? ¿No han sabido? ¿No han oído que el Dios eterno, el Señor, el Creador de los confines de la tierra, es infinito y eterno; que tiene todo poder, toda fuerza y todo dominio; que sabe todas las cosas y que todas las cosas están presentes ante Él?”.

En la sección 20 de Doctrina y Convenios, en la cual se mandó al profeta José Smith organizar de nuevo la Iglesia en esta dispensación, tenemos un resumen revelado de algunas de las doctrinas básicas de salvación. En cuanto a Dios, la revelación dice: “…hay un Dios en el cielo, infinito y eterno, de eternidad en eternidad el mismo Dios inmutable, el organizador de los cielos y de la tierra, y de todo cuanto en ellos hay” (D. y C. 20:17) …

Dios es nuestro Padre; Él es el Ser a cuya imagen el hombre fue creado; tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre (D. y C. 130:22), y es el Padre literal y personal del espíritu de todos los hombres. Es omnipotente y omnisciente; tiene todo poder y toda sabiduría; y Sus perfecciones consisten en la posesión de todo conocimiento, toda fe o poder, toda justicia, todo juicio, toda misericordia, toda verdad y la plenitud de todos los atributos divinos. … Si hemos de lograr esa fe perfecta mediante la cual podemos asegurar la vida eterna, debemos creer en Dios como el poseedor de la plenitud de todas estas características y atributos. Yo también afirmo que Él es un Ser infinito y eterno, y que como Ser invariable, posee esos poderes y atributos perfeccionados de eternidad en eternidad6.

Nosotros sabemos que nuestro Padre Celestial es un Personaje glorificado y exaltado que tiene todo poder, toda fortaleza, todo dominio y que sabe todas las cosas. Testificamos que Él, por medio de Su Hijo Unigénito, es el Creador de esta tierra y de mundos sin fin7.

3

Dios es un Ser personal y el Padre de nuestros espíritus.

Dios, nuestro Padre Celestial, es el padre de nuestros espíritus… Somos miembros de Su familia… Moramos con Él durante largas épocas en nuestra vida preterrenal… Estableció un plan de progreso y salvación que nos permitiría, si éramos fieles en todas las cosas, avanzar y progresar hasta llegar a ser como Él8.

En las Escrituras se nos enseña que Dios es, literalmente y no en sentido figurado, nuestro mismo Padre Eterno. Las palabras de nuestro Redentor, dirigidas a María cerca de la tumba de la cual Él se había levantado y en donde había obtenido la victoria sobre la muerte, son de lo más sublimes y están llenas de glorioso significado: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; pero ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” [Juan 20:17]. Con estas palabras, la verdad de la Paternidad de Dios queda proclamada enfáticamente por Su Hijo Unigénito, quien declara que Él es nuestro hermano y que tenemos el mismo Padre Eterno9.

Estoy agradecido porque el conocimiento de Dios y Sus leyes han sido restaurados en nuestra época ,y porque aquellos que pertenecemos a la Iglesia sabemos que Él es un Ser personal, y no como algunas denominaciones han dicho, “una congerie [un cúmulo desordenado] de leyes flotando como niebla en el universo”. Estoy agradecido por saber que Él es nuestro Padre Celestial, el Padre de nuestros espíritus y que ordenó las leyes mediante las cuales podemos avanzar y progresar hasta que lleguemos a ser como Él. Estoy agradecido porque sabemos que es un Ser infinito y eterno que sabe todas las cosas y posee todo poder, y cuyo progreso consiste no en obtener más conocimiento o poder, ni en seguir perfeccionando Sus atributos divinos, sino en el aumento y multiplicación de Sus reinos10.

4

El Padre Celestial nos ama y se interesa en cada uno de nosotros.

Me viene a la mente una expresión de la Perla de Gran Precio, en la visión de Moisés, que se dio en una ocasión en que Moisés fue arrebatado a una montaña extremadamente alta y vio a Dios cara a cara y habló con Él. El Señor le mostró a Moisés las “obras de Sus manos”, y Moisés vio el mundo y a todos los hijos de los hombres hasta las últimas generaciones [véase Moisés 1:1–8, 27–29].

Y el Señor le dijo a Moisés:

“Porque he aquí, hay muchos mundos que por la palabra de mi poder han dejado de ser. Y hay muchos que hoy existen, y son incontables para el hombre; pero para mí todas las cosas están contadas, porque son mías y las conozco.

“Y aconteció que Moisés habló al Señor, diciendo: Sé misericordioso para con tu siervo, oh Dios, y dime acerca de esta tierra y sus habitantes, y también de los cielos; y entonces quedará conforme tu siervo.

“Y Dios el Señor habló a Moisés, diciendo: Los cielos son muchos, y son innumerables para el hombre; pero para mí están contados, porque son míos” [Moisés 1:35–37].

…Me viene a la mente el pensamiento de que a pesar de la cantidad innumerable de mundos y la gran magnitud de muchos de ellos, éstos son un medio para lograr un fin, y no el fin en sí. El Padre está creando mundos con el propósito de poblarlos: poner sobre ellos a Sus hijos e hijas. Se nos informa en la sección 76 de Doctrina y Convenios que por Él y por medio de Él “los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios” [D. y C. 76:24].

De estos pasajes de las Escrituras que he leído, y de otras revelaciones del Señor, aprendemos que el hombre es la más importante de todas las creaciones de nuestro Padre. En la misma visión que se le dio a Moisés, el Padre dijo: “Y así como dejará de existir una tierra con sus cielos, así aparecerá otra; y no tienen fin mis obras, ni tampoco mis palabras. Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” [Moisés 1:38–39].

De este y de otros pasajes de las Escrituras, digo yo, aprendemos que la gran obra del Padre es llevar a cabo la salvación de Sus hijos al dar a cada uno la recompensa que amerite de conformidad con sus obras. Siento con gran certeza que nuestro Padre Celestial está mucho más interesado en un alma —uno de Sus hijos— de lo que podría estar un padre terrenal en uno de sus propios hijos. El amor que tiene por nosotros es mayor de lo que puede ser el amor de un padre terrenal por sus hijos11.

Moisés, ilustrado aquí viendo la tierra prometida, recibió una visión en la que aprendió en cuanto a la obra y la gloria de Dios.

5

El Padre Celestial llora por Sus hijos desobedientes.

Se nos informa que cuando el Señor le habló a Enoc y le mostró las naciones de la tierra, y le explicó la naturaleza del castigo que les sobrevendría por sus transgresiones a Sus mandamientos, el Señor lloró y mostró con lágrimas Su pesar por la desobediencia de ellos. Debido a ello, Enoc se maravilló y pensó que era extraño que el Señor pudiera llorar.

Éste es el pasaje:

“Y aconteció que el Dios del cielo miró al resto del pueblo, y lloró, y Enoc dio testimonio de ello, diciendo: ¿Por qué lloran los cielos, y derraman sus lágrimas como la lluvia sobre las montañas?

“Y dijo Enoc al Señor: ¿Cómo es posible que tú llores, si eres santo, y de eternidad en eternidad?

“Y si fuera posible que el hombre pudiese contar las partículas de la tierra, sí, de millones de tierras como ésta, no sería ni el principio del número de tus creaciones; y tus cortinas aún están desplegadas; y tú todavía estás allí, y tu seno está allí; y también eres justo; eres misericordioso y benévolo para siempre” [véase Moisés 7:28–30].

Y el Señor contestó: “He allí a éstos, tus hermanos; son la obra de mis propias manos, y les di su conocimiento el día en que los creé; y en el Jardín de Edén le di al hombre su albedrío;

“y a tus hermanos he dicho, y también he dado mandamiento, que se amen el uno al otro, y que me prefieran a mí, su Padre, mas he aquí, no tienen afecto y aborrecen su propia sangre” [Moisés 7:32–33].

Ésas son las razones por las que el Señor lloró y por las que los cielos lloraron.

En una ocasión un hermano me preguntó si un hombre podría ser completamente feliz en el reino celestial si a uno de sus hijos no se le permitía entrar allí. Le dije que suponía que cualquier hombre que tuviera el infortunio de que a uno de sus hijos no se le permitiera entrar al reino celestial tendría, por supuesto, sentimientos de pesar debido a esa situación; y ésa es justamente la posición en la que se encuentra nuestro Padre Celestial. No todos Sus hijos son dignos de la gloria celestial, y a muchos se les obliga a padecer la ira de Él debido a sus transgresiones, lo cual causa que el Padre y todos en el cielo sientan pesar y lloren. El Señor obra de conformidad con la ley natural. El hombre debe ser redimido de acuerdo con la ley, y su recompensa se debe basar en la ley de la justicia. A causa de ello, el Señor no dará a los hombres aquello que no ameriten, sino que recompensará a todos los hombres de conformidad con sus obras

…Estoy convencido de que nuestro Padre Celestial, si le fuera posible, salvaría a todos los hombres y les daría la gloria celestial, que es la plenitud de la exaltación. Pero le ha dado al hombre su albedrío, y es necesario que el hombre obedezca la verdad de acuerdo con lo que se ha revelado a fin de obtener la exaltación de los justos12.

6

El Padre Celestial ha provisto la forma de obtener la redención a fin de que podamos ser llevados de regreso a Su presencia.

Cuando Adán estaba en el Jardín de Edén, estaba en la presencia de Dios, nuestro Padre… Después de que fue expulsado del Jardín de Edén la situación cambió. Adán fue desterrado de la presencia del Padre debido a su transgresión. En las Escrituras dice que llegó a estar espiritualmente muerto; es decir, estaba excluido de la presencia de Dios13.

Sé que Jesucristo es el Hijo de Dios y que recibió de Su Padre el poder para rescatar a los hombres de la muerte espiritual y temporal que llegó al mundo debido a la caída de Adán14.

Existía sólo una forma de lograr la redención, una forma por medio de la cual pudiera haber restitución, y que el cuerpo fuera restaurado nuevamente al espíritu; y era mediante una expiación infinita, que tenía que llevar a cabo un ser infinito, alguien que no estuviera sujeto a la muerte, pero que tuviera el poder de morir y también tuviera poder sobre la muerte. Así que nuestro Padre Celestial nos envió al mundo a Su Hijo, Jesucristo, con vida en Sí mismo. Y a causa de que Él [Jesucristo] tenía una madre por cuyas venas corría sangre, tenía el poder de morir. Podía entregar Su cuerpo a la muerte y luego volverlo a tomar. Permítanme leer Sus propias palabras: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.

“Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:17–18)15.

Nunca ha sido la intención de nuestro Padre Celestial dejar a los hombres para que busquen el camino a tientas en la obscuridad, ni que lo hagan sin luz que los guíe, ni esperar que bajo esas condiciones encuentren el camino a Su reino y a Su santa presencia. Ésa no es la manera del Señor. A lo largo de los tiempos y desde el principio, nuestro Padre Celestial ha mostrado Su bondad por Sus hijos y ha estado dispuesto a guiarlos. Desde un principio los cielos han estado abiertos; el Señor ha enviado mensajeros desde Su presencia a siervos divinamente nombrados, hombres que poseen la autoridad del sacerdocio, que han sido comisionados para enseñar los principios del Evangelio para advertir a las personas y enseñarles la rectitud; y esos hombres han recibido ese conocimiento, esa inspiración y guía de esos mensajeros de la presencia de Dios. Eso es cierto en nuestra propia dispensación. No hay necesidad de que los hombres cierren los ojos y sientan que no hay luz, y que sólo pueden confiar en su propio razonamiento, puesto que el Señor siempre ha estado dispuesto a dirigir y guiar y mostrar la senda. Ha enviado, como dije, mensajeros desde Su presencia; ha mandado revelación; ha ordenado que se escriba Su palabra, que se publique, a fin de que todas las personas la conozcan16.

Les digo a ustedes, y a toda la Iglesia, y de hecho al mundo entero, que un Padre misericordioso y amoroso ha hablado desde el cielo nuevamente en estos últimos días a Sus siervos los profetas.

Su voz invita a todos los hombres a venir a Su Amado Hijo, a aprender de Él, a participar de Su bondad, a llevar Su yugo y a labrar la salvación mediante la obediencia a las leyes de Su evangelio. Su voz ha sido de gloria y honor, de paz en esta vida y de vida eterna en el mundo por venir17.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • ¿Qué piensa que permite que una persona ore a Dios “como si estuviera hablando con un amigo”? (“De la vida de Joseph Fielding Smith”). Considere las distintas formas en que pueda fortalecer su relación con su Padre Celestial.

  • El presidente Smith expresó su gratitud por la primera visión de José Smith, la cual restauró “el verdadero conocimiento de Dios” (sección 1). ¿Cuáles son algunos conceptos verdaderos que usted sabe en cuanto a Dios el Padre y Jesucristo gracias a la Primera Visión?

  • De las características de Dios que el presidente Smith menciona en la sección 2, ¿cuáles son las más significativas para usted? ¿Por qué? Al ejercer la fe en su Padre Celestial, ¿de qué manera le ayuda el tener conocimiento de Sus características?

  • El presidente Smith testificó: “Dios, nuestro Padre Celestial, es el padre de nuestros espíritus … Somos miembros de Su familia” (sección 3). ¿Qué influencia ha tenido en usted esta verdad?

  • En las secciones 4 y 5, ¿qué expresiones le ayudan a sentir el amor que su Padre Celestial tiene por usted? ¿Por qué es importante entender que Dios nos ama y que se interesa por nosotros individualmente? ¿De qué manera podemos ayudar a nuestros familiares y amigos a sentir el amor de Èl?

  • Piense en lo que el Padre Celestial ha hecho para ayudarle a regresar a Su presencia (véase la sección 6). ¿Qué sentimientos tiene cuando piensa que el Padre Celestial envió a Su Hijo Amado? ¿En qué formas ha enviado el Padre Celestial “luz que [le] guíe”?

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

Juan 3:16; 17:3; 1 Nefi 11:17; Alma 30:44

Ayuda didáctica

“Gran parte de la enseñanza en la Iglesia se efectúa de manera tan rígida que parece un sermón. En la sala de clases no se responde bien a los sermones. Esto se hace en las reuniones sacramentales y en las conferencias. Pero la enseñanza puede ser interactiva, para que usted pueda hacer preguntas. Es fácil fomentar las preguntas en la clase” (Boyd K. Packer, “Principios de la enseñanza y del aprendizaje”, Liahona, junio de 2007, pág. 55).

Mostrar las referencias

    Notas

  1.   1.

    En Conference Report, abril de 1943, págs. 15–16.

  2.   2.

    Manuscrito inédito de Hoyt W. Brewster, hijo.

  3.   3.

    En Conference Report, abril de 1930, pág. 90.

  4.   4.

    Answers to Gospel Questions, compilado por Joseph Fielding Smith, hijo, 5 tomos, 1957–1966, tomo III, pág. 117.

  5.   5.

    “Origin of the First Vision”, Improvement Era, abril de 1920, págs. 496–497; véase también Doctrina de Salvación, editado por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1979, tomo I, págs. 2–3.

  6.   6.

    Véase “El conocimiento más importante”, Liahona, septiembre de 1971, págs. 1–2.

  7.   7.

    Véase “Libres de la obscuridad”, Liahona, octubre de 1971, pág. 2.

  8.   8.

    Sealing Power and Salvation, Brigham Young University Speeches of the Year, 12 de enero de 1971, pág. 2.

  9.   9.

    “Purpose and Value of Mortal Probation”, Deseret News, sección de la Iglesia, 12 de junio de 1949, pág. 21; véase también Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 1.

  10.   10.

    Véase “El conocimiento más importante”, pág. 2.

  11.   11.

    En Conference Report, abril de 1923, págs. 135–136. Obsérvese que la visión de Moisés registrada en Moisés 1 es un ejemplo en el que el Salvador pronuncia las palabras del Padre por divina investidura de autoridad (véase “The Father and the Son: A Doctrinal Exposition by the First Presidency and the Twelve”, Improvement Era, agosto de 1916, pág. 939; reimpreso en Ensign, abril de 2002, pág. 17). El texto de las Escrituras y el comentario de Joseph Fielding Smith de este capítulo indican que las palabras de Moisés 1 representan la disposición y la voluntad de Dios el Padre.

  12.   12.

    En Conference Report, abril de 1923, págs. 136–137, 139. Véase también la nota 11 de este capítulo, que igualmente se aplica a la visión de Enoc que se registra en Moisés 7.

  13.   13.

    En Conference Report, octubre de 1953, pág. 58.

  14.   14.

    “A Witness and a Blessing”, Ensign, junio de 1971, pág. 109.

  15.   15.

    En Conference Report, abril de 1967, pág. 122.

  16.   16.

    En Conference Report, octubre de 1931, pág. 15.

  17.   17.

    “A Witness and a Blessing”, pág. 109.