Capítulo 10: Nuestra búsqueda de la verdad

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“Se nos requiere, como miembros de esta Iglesia, que nos familiaricemos con lo que el Señor ha revelado, a fin de no ser descarriados … ¿Cómo vamos a andar en la verdad si no la conocemos?”

De la vida de Joseph Fielding Smith

Cuando Joseph Fielding Smith tenía ocho años, su padre le dio un ejemplar del Libro de Mormón y le pidió que lo leyera. Más adelante recordó: “Recibí esos anales nefitas con gratitud y me dediqué a la tarea que se me había asignado”. Su amor por el libro lo motivaba a terminar sus ocupaciones con rapidez y, en ocasiones, incluso a abandonar los partidos de béisbol anticipadamente para poder hallar un sitio tranquilo donde leer. Menos de dos años después de recibir el presente de su padre ya había leído el libro dos veces. Más adelante dijo lo siguiente en cuanto a ese estudio realizado durante su niñez: “Hay ciertos pasajes que se me han grabado en la mente y jamás los he olvidado”1. También leía otros libros. Dijo: “En aquella época acostumbraba leer los libros que se preparaban para los niños de la Primaria y para los de la Escuela Dominical, y por lo general tenía un libro en la mano cuando estaba en casa … Más adelante leí History of the Church [Historia de la Iglesia], que se publicó en [el diario] Millennial Star. Además leía La Biblia, el Libro de Mormón, la Perla de Gran Precio y Doctrina y Convenios, así como cualquier otra publicación que cayera en mis manos”2.

El presidente Smith mantuvo esa sed de conocimiento del Evangelio durante toda la vida. Al aprender las verdades del Evangelio, las compartía y, cuando era necesario, las defendía. Tres años después de ordenársele apóstol, recibió una bendición del sacerdocio que contenía el siguiente consejo: “Se te ha bendecido con la capacidad de comprender, analizar y defender los principios de la verdad más que a muchos de tus compañeros, y llegará el tiempo en que el conjunto de las evidencias que has recabado se erigirá cual un muro defensor contra quienes procuran y procurarán destruir la evidencia de la divinidad de la misión del profeta José; y tú jamás serás confundido en dicha defensa, y los rayos de la luz del Espíritu brillarán en tu corazón suavemente cual rocío que destila del cielo, y revelará a tu entendimiento muchas verdades concernientes a esta obra”3. Vivió fiel a esas palabras proféticas. En su carácter de erudito del Evangelio, profesor y escritor, trabajó con diligencia para explicar y defender las doctrinas de salvación. El presidente Heber J. Grant una vez lo llamó “el hombre mejor versado en las Escrituras” entre todas las Autoridades Generales4.

Hacia el final de su vida, el presidente Smith a menudo reflexionaba sobre las bendiciones que había recibido a través de su estudio del Evangelio:

“Toda mi vida he estudiado y meditado los principios del Evangelio, y he procurado vivir las leyes del Señor. Como resultado, he recibido en el corazón un gran amor por Él y por Su obra y por todos aquellos que procuran promover Sus propósitos en la tierra”5.

“Todos mis días he estudiado las Escrituras y he procurado la guía del Espíritu del Señor para llegar a comprender su verdadero significado. El Señor ha sido bueno conmigo, y me regocijo en el conocimiento que me ha dado y en el privilegio que he tenido y que tengo de enseñar Sus principios de salvación”6.

El élder Joseph Fielding Smith, del Quórum de los Doce Apóstoles, y el presidente Joseph F. Smith, 1914.

Las enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

Debemos buscar la verdad en muchos campos, pero el conocimiento más importante es el del Evangelio

Creemos en la formación académica. Como pueblo, siempre hemos procurado el aprendizaje en todos los campos, y como Iglesia hemos gastado grandes sumas de dinero y hecho considerables sacrificios para ofrecer oportunidades de formación académica a los miembros de la Iglesia; y en particular en esta época de investigación y desarrollo científicos. Pensamos que nuestros jóvenes deben obtener tanta formación académica y capacitación técnica como sea prudentemente necesario.

No obstante, creemos que esa búsqueda de conocimiento secular debe combinarse con una búsqueda semejante de entendimiento espiritual. Es mil veces más importante tener conocimiento de Dios y Sus leyes, a fin de que podamos hacer aquello que brinda la salvación, que tener todo el conocimiento secular que se pueda obtener7.

“…y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

Toda persona debe aprender algo nuevo cada día. Todos ustedes tienen mentes curiosas y procuran la verdad en muchos campos. Deseo sinceramente que su mayor búsqueda sea en el reino de lo espiritual, porque es allí donde podemos alcanzar la salvación y lograr el progreso que conduce a la vida eterna en el reino de nuestro Padre.

El conocimiento más importante del mundo es el del Evangelio; es el conocimiento de Dios y Sus leyes, de aquello que los hombres deben hacer para labrar su salvación con temor y temblor ante el Señor [véase Filipenses 2:12; Mormón 9:27]8.

No toda verdad es del mismo valor ni importancia. Algunas verdades son más importantes que otras. La verdad más importante, o las verdades más importantes, las encontramos en los fundamentos del evangelio de Jesucristo. En primer lugar, que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Redentor del mundo, que vino a este mundo a morir a fin de que los hombres pudieran vivir. Debemos saber esa verdad. Es mucho más importante saber que Jesucristo es nuestro Redentor, y que nos ha dado los principios de la vida eterna, que saber todo lo que pueda procurarse en formación secular9.

En lo que concierne a la filosofía y la sabiduría del mundo, éstas no significan nada a menos que concuerden con la palabra revelada de Dios. Cualquier doctrina, ya sea que se presente en nombre de la religión, la ciencia, la filosofía o lo que fuere, si está en conflicto con la palabra revelada de Dios, fracasará. Puede parecer verosímil; puede presentársenos con palabras elocuentes y a las cuales ustedes quizás no sean capaces de responder. Puede parecer estar establecida mediante evidencias que ustedes no puedan refutar, mas todo lo que tienen que hacer es esperar con paciencia. El tiempo alineará todas las cosas. Encontrarán que toda doctrina, todo principio, sin importar cuán universalmente aceptado sea, si no está de acuerdo con la divina palabra del Señor dada a Sus siervos, perecerá. Tampoco es necesario que tratemos de ajustar la palabra del Señor en un vano intento de ponerla de conformidad con esas teorías y enseñanzas. La palabra del Señor no dejará de cumplirse, pero todas las doctrinas y teorías falsas fracasarán. La verdad, y nada más que la verdad, permanecerá cuando todo lo demás haya perecido10.

2

El Señor nos ha mandado escudriñar las Escrituras

El Señor ha mandado a los miembros de la Iglesia de estos días que lo busquen mediante la oración, la fe y el estudio. Se nos ha mandado estudiar los mandamientos que Él nos ha dado en Doctrina y Convenios, en el Libro de Mormón y en todas las Escrituras, con la promesa de que “cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero” [D. y C. 130:18–19]… El Salvador dijo a los judíos: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” [Juan 5:39]. ¿Cuántos miembros de la Iglesia piensan lo mismo, pero pasan por alto prepararse tanto por el estudio como por la fe?11

A mi parecer, un miembro de esta Iglesia no es capaz de descansar en paz y tranquilidad, ni tener la conciencia tranquila, sin tener conocimiento tanto por el estudio como por la fe de los libros canónicos de la Iglesia. Esos anales son de un valor incalculable. El mundo se mofa de ellos, pero mediante sus enseñanzas se nos permite acercarnos más a Dios, obtener una mejor comprensión sobre nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo, familiarizarnos más con Ellos y conocer más en cuanto al maravilloso Plan de Salvación que nos han dado a nosotros y al mundo12.

Los profetas antiguos, quienes vieron nuestros tiempos, han hablado, no particularmente en beneficio de las personas de su época, sino para beneficio de quienes viven en los días a los cuales se refieren esas profecías13.

Les digo, mis hermanos y hermanas, que no pueden guardar los mandamientos del Señor y andar en rectitud a menos que sepan cuáles son. El Señor nos ha mandado escudriñar las Escrituras, puesto que las cosas que contienen son verdaderas y se cumplirán [véase D. y C. 1:37] … Escudriñen las Escrituras; familiarícense con aquello que el Señor ha revelado para su salvación, la salvación de su familia y la del mundo14.

3

Tenemos la gran responsabilidad de dar oído al mensaje de la verdad que el Señor revela ahora a Sus siervos

Si damos oído a las palabras del Señor y escudriñamos por nuestra cuenta y obtenemos conocimiento del Libro de Mormón, de la Biblia, de Doctrina y Convenios, de la Perla de Gran Precio, y de las enseñanzas que las autoridades de la Iglesia nos imparten de cuando en cuando, y procuramos hacer la voluntad del Señor, sin olvidarnos de nuestras oraciones y convenios delante de Él, no nos desviaremos15.

En el noveno Artículo de Fe declaramos que “creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios”. Siendo ello verdad, llega a ser menester que entendamos todo lo que Él ha revelado y lo que ahora revela; de otro modo, no estamos en contacto con Su obra ni podemos conocer Su voluntad concerniente a nosotros, puesto que no la comprendemos16.

Los Santos de los Últimos Días deben poner su confianza en sus líderes y seguir las enseñanzas de las autoridades de la Iglesia, ya que éstas les hablan con voz de profecía e inspiración. El Señor ha declarado en la primera sección de Doctrina y Convenios que ya sea que Él hable con Su propia voz o mediante la voz de Sus siervos, es lo mismo [véase D. y C. 1:38]. Por tanto, estamos bajo el mismo grado de responsabilidad y obligación de escuchar la voz de quien está a la cabeza para enseñar al pueblo o de escuchar la voz de los élderes de Israel, conforme éstos lleven entre el pueblo el mensaje de la verdad, como lo estaríamos [si] el Señor enviara de Su presencia un ángel o Él mismo viniese a declararnos estas cosas17.

4

Podemos saber de la veracidad del Evangelio por el estudio, la fe y la obediencia, y mediante la guía del Espíritu Santo

Sería bueno que siguiéramos el consejo que el Señor nos ha dado, el cual dice: “…y el que atesore mi palabra no será engañado” [José Smith—Mateo 1:37]. Atesorar Su palabra es mucho más que meramente leerla. Para atesorarla se debe no sólo leer y estudiar, sino procurar con humildad y obediencia cumplir con los mandamientos dados, y obtener la inspiración que impartirá el Espíritu Santo18.

En ocasiones oímos la queja: “No tengo tiempo”. No obstante, todos tenemos tiempo para leer y estudiar aquello que es nuestro deber solemne. ¿No podemos organizarnos para hallar al menos quince minutos cada día a fin de dedicarnos a la lectura y la reflexión sistemáticas? Sería una cantidad de tiempo insignificante, y sin embargo sería una hora y cuarenta y cinco minutos en una semana, siete horas y media durante un mes de treinta días, y noventa y una horas y un cuarto al año…

…Muy pocos de entre nosotros leemos lo suficiente; la mayoría leemos muy poco. El Señor ha dicho: “Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” [D. y C. 88:118; 109:7]19.

Se espera que estudiemos y aprendamos todo lo que podamos por medio de la investigación y el análisis. No obstante, hay un límite en nuestra capacidad de aprendizaje en las áreas de la razón y del estudio. Las cosas de Dios sólo pueden conocerse mediante el Espíritu de Dios; debemos obtener conocimiento por medio de la fe20.

Los hombres pueden indagar, estudiar y aprender, por supuesto, muchas cosas; pueden atesorar un gran cúmulo de información, pero jamás podrán llegar a la plenitud de la verdad… a menos que los guíe el Espíritu de Verdad, el Espíritu Santo, y guarden los mandamientos de Dios21.

La verdadera fe, acompañada por el espíritu de humildad, conducirá a los hombres al conocimiento de la verdad. No existe ninguna razón valedera por la cual los hombres de todas partes no puedan conocer la verdad que los hace libres. No existe ninguna razón valedera que impida que todos los hombres descubran la luz de la verdad y sepan si el Señor ha hablado de nuevo en estos últimos días o no. Pablo manifestó que los hombres han de “[buscar] a Dios, si en alguna manera, palpando, le [hallan]; aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros” [Hechos 17:27]. Incluso en medio de la oscuridad espiritual y la falta de fe que cubren la tierra, el brazo de Jehová no se ha acortado. Él escuchará la súplica ferviente del buscador sincero de la verdad; y no es necesario que persona alguna ande sin el conocimiento de la verdad divina y sin [saber] dónde hallar la Iglesia de Jesucristo. Todo lo que la persona necesita es una fe humilde y un espíritu contrito con la determinación de andar en la luz, y el Señor se lo revelará22.

Todos podemos conocer la verdad, pues no estamos sin ayuda. El Señor ha hecho posible que cada hombre conozca la verdad mediante la observancia de [Sus] leyes y a través de la guía del Espíritu Santo, el cual se envía específicamente para enseñarnos cuando cumplimos con la ley, a fin de que conozcamos aquella verdad que nos hace libres [véase Juan 8:32]23.

5

A medida que ponemos nuestra vida en armonía con la verdad, el Señor aumenta nuestra luz y nuestro entendimiento

Se nos requiere, como miembros de esta Iglesia, que nos familiaricemos con lo que el Señor ha revelado, a fin de no ser descarriados … ¿Cómo vamos a andar en la verdad si no la conocemos?24

Nuestro único objetivo en lo que concierne a las verdades de salvación ha de ser averiguar lo que el Señor ha revelado y luego creer y actuar de conformidad con ello25.

Si seguimos el Espíritu de Luz, el Espíritu de Verdad, el Espíritu que se expone en las revelaciones del Señor; si por medio del espíritu de oración y humildad procuramos la guía del Espíritu Santo, el Señor aumentará nuestra luz y nuestro entendimiento; así que tendremos el espíritu de discernimiento, entenderemos la verdad, reconoceremos la falsedad al verla y no se nos engañará.

¿A quién se engaña en esta Iglesia? No se engaña al hombre que ha sido fiel en el cumplimiento del deber; tampoco al hombre que se ha familiarizado con la palabra del Señor; ni al hombre que ha puesto en práctica los mandamientos dados en esas revelaciones; sino al que no está familiarizado con la verdad, al hombre que está en la obscuridad espiritual, al hombre que no comprende ni entiende los principios del Evangelio. Tal hombre será engañado, y cuando los espíritus falsos vengan entre nosotros tal vez no podrá entender o ser capaz de distinguir entre la luz y la oscuridad.

No obstante, si andamos a la luz de las revelaciones del Señor, si escuchamos los consejos que dan quienes están en los concilios de la Iglesia, que están facultados con poder para dar las indicaciones, no seremos descarriados26.

Escudriñemos [las] Escrituras, conozcamos aquello que el Señor ha revelado, pongamos nuestra vida en armonía con Su verdad. Entonces no seremos engañados, sino que tendremos el poder de resistir el mal y la tentación. Nuestra mente será vivificada y seremos capaces de comprender la verdad y distinguirla del error27.

“Escudriñemos [las] Escrituras, conozcamos aquello que el Señor ha revelado, pongamos nuestra vida en armonía con Su verdad”.

Si hay alguna doctrina o principio relacionado con las enseñanzas de la Iglesia que no entendemos, entonces pongámonos de rodillas. Presentémonos ante el Señor con un espíritu de oración, de humildad, y pidamos que se nos ilumine la mente para que podamos entender28.

“Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios” —y ésa es la clave de la situación— “recibe más luz, y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto” [D. y C. 50:24].

De modo que de ello desprendemos que el hombre que busque a Dios y [sea] guiado por el Espíritu de Verdad, o el Consolador, y persevere en Dios, aumentará en conocimiento, en luz y en verdad hasta que con el tiempo llegue para él el día perfecto de luz y verdad.

Ahora bien, no obtendremos todo eso en esta vida. Es imposible que el hombre alcance ese objetivo en los pocos años de la existencia terrenal. Pero lo que aprendemos aquí, aquello que es eterno, aquello que el Espíritu de Verdad inspira, continuará con nosotros más allá de la tumba y luego seguiremos adelante, si seguimos perseverando en Dios, para recibir luz y verdad hasta que finalmente lleguemos a ese día perfecto29.

Se ha prometido a todas las personas que reciban la luz de la verdad, y que por medio de su escudriñamiento y obediencia se esfuercen para familiarizarse con el Evangelio, que recibirán línea sobre línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí, hasta que su herencia sea la plenitud de la verdad; incluso les serán dados a conocer los misterios ocultos del reino, “porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” [Mateo 7:8; 3 Nefi 14:8; véase también Isaías 28:10; D. y C. 76:1–10; 98:11–12]. Todos ellos son herederos de salvación y serán coronados con gloria, inmortalidad y vida eterna como hijos e hijas de Dios, con la exaltación en Su reino celestial30.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • Al leer sobre los esfuerzos del presidente Smith por aprender el Evangelio (véase la sección “De la vida de Joseph Fielding Smith”), reflexione en sus propios esfuerzos. ¿Qué bendiciones ha recibido usted al estudiar las Escrituras y otras enseñanzas del Evangelio?

  • ¿Qué podemos aprender en la sección 1 en cuanto al equilibrio entre el aprendizaje espiritual y el secular? ¿Cómo podemos ayudar a nuestros familiares y a otras personas a dar prioridad al conocimiento espiritual a medida que se dediquen a lograr metas de formación académica?

  • ¿De qué modo le han ayudado las Escrituras a “familiarizarse más” con nuestro Padre Celestial y Jesucristo? (véase la sección 2). Piense sobre lo que puede hacer para mejorar su estudio de las Escrituras.

  • Después de leer la sección 3, piense en cuanto a las bendiciones que ha recibido al haber seguido el consejo de los líderes de la Iglesia. ¿Cómo podemos compartir las enseñanzas de los profetas vivientes con nuestra familia y con otras personas?

  • ¿Qué significa para usted atesorar la palabra del Señor? (Para consultar algunas ideas, véase la sección4). ¿De qué manera puede influir en nuestra vida apartar “al menos quince minutos cada día a fin de dedicarnos a la lectura y la reflexión sistemáticas”?

  • Medite el modo en que el consejo que está en la sección 5 se aplica a su vida. A medida que la información falsa se vuelve más agresiva y accesible, ¿cómo podemos “distinguir entre la luz y la oscuridad”? ¿Qué podemos hacer para ayudar a los niños y a los jóvenes?

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

Salmo 119:105; Juan 7:17; 2 Timoteo 3:15–17; 2 Nefi 4:15; 32:3; Helamán 3:29–30; D. y C. 19:23; 84:85; 88:77–80.

Ayuda didáctica

“Aun cuando esté enseñando a muchas personas al mismo tiempo, usted puede acercarse a ellas individualmente. Por ejemplo, lo hace al saludarles amablemente al principio de la clase … También se acerca a la persona cuando crea un ambiente de participación abierta y en el que los alumnos sienten confianza de hacer comentarios” (La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 37).

Mostrar las referencias

    Notas

  1.   1.

    Véase Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, 1972, pág. 57.

  2.   2.

    The Life of Joseph Fielding Smith, pág. V.

  3.   3.

    En The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 195.

  4.   4.

    Heber J. Grant, en Richard O. Cowan, “Advice from a Prophet: Take Time Out”, Brigham Young University Studies, primavera de 1976, pág. 416.

  5.   5.

    Véase “Sé que mi Redentor vive”, Liahona, mayo de 1972, pág. 3.

  6.   6.

    En Conference Report, octubre de 1970, pág. 5.

  7.   7.

    Mensaje pronunciado en el Instituto de Religión de Logan, Utah, 10 de enero de 1971, págs. 1–2, Biblioteca de Historia de la Iglesia; manuscrito inédito.

  8.   8.

    Véase “El conocimiento más importante”, Liahona, septiembre de 1971, pág. 1.

  9.   9.

    En Conference Report, abril de 1955, pág. 51.

  10.   10.

    En Conference Report, octubre de 1952, pág. 60.

  11.   11.

    Answers to Gospel Questions, comp. por Joseph Fielding Smith, hijo, 5 tomos, 1957–1966, tomo I, pág. XIV; la cursiva es parte del original.

  12.   12.

    En Conference Report, octubre de 1961, pág. 18.

  13.   13.

    En Conference Report, octubre de 1927, pág. 142.

  14.   14.

    En Conference Report, octubre de 1920, págs. 58–59.

  15.   15.

    En Conference Report, octubre de 1918, págs. 56–57.

  16.   16.

    “Search the Scriptures”, Young Woman’s Journal, noviembre de 1917, pág. 592.

  17.   17.

    En Conference Report, octubre de 1916, pág. 73.

  18.   18.

    “The Resurrection”, Improvement Era, diciembre de 1942, pág. 780; véase también Doctrina de Salvación, comp. por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1978–1979, tomo I, pág. 289.

  19.   19.

    “How and What to Read”, Improvement Era, agosto de 1913, págs. 1004–1005; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, págs. 194–195.

  20.   20.

    “Pres. Smith Stresses Value of Education”, Church News, 12 de junio de 1971, pág. 3.

  21.   21.

    “And the Truth Shall Make You Free”, Deseret News, 30 de marzo de 1940, sección de la Iglesia, pág. 4; véase también Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 284.

  22.   22.

    The Restoration of All Things, 1945, pág. 195.

  23.   23.

    “Evidences of Eternal Life”, Deseret News, 3 de junio de 1933, sección de la Iglesia, pág. 5; véase también Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 280.

  24.   24.

    En Conference Report, octubre de 1934, pág. 65; véase también Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 286.

  25.   25.

    Véase “Libres de la obscuridad”, Liahona, octubre de 1971, pág. 2.

  26.   26.

    En Conference Report, abril de 1931, pág. 71; véase también Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 271.

  27.   27.

    “The New and Everlasting Covenant”, Deseret News, 6 de mayo de 1939, sección de la Iglesia, pág. 8; véase también Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 286.

  28.   28.

    En Conference Report, octubre de 1959, pág. 20.

  29.   29.

    “And the Truth Shall Make You Free”, pág. 4.

  30.   30.

    “Search the Scriptures”, págs. 591–592; véase también Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 287.