Capítulo 15: El matrimonio eterno

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“La plenitud y las bendiciones del sacerdocio y del Evangelio surgen del matrimonio celestial. Es la ordenanza suprema del Evangelio y la ordenanza suprema del templo”.

De la vida de Joseph Fielding Smith

Al joven Joseph Fielding Smith, de dieciocho años de edad, se le había dicho que una joven llamada Louie Emily Shurtliff vendría a vivir con la familia Smith mientras asistía a la universidad. Aún así le sorprendió —y le complació— cuando cierto día llegó a casa del trabajo y halló a Louie tocando un himno en el piano de la familia. A partir de ese día de finales del verano de 1894, Joseph y Louie entablaron una amistad que creció poco a poco hasta que se enamoraron. Se sellaron en el Templo de Salt Lake el 26 de abril 18981.

Louie y Joseph disfrutaron de una afectuosa relación. Cuando a él se le llamó a servir en una misión de dos años en Inglaterra poco después de haberse casado, ella trabajó para su propio padre a fin de sostenerlo económicamente. También lo sostuvo emocional y espiritualmente al enviarle alentadoras cartas. Tras el regreso de él, establecieron un hogar feliz y recibieron dos hijas en su familia. No obstante, después de diez años de matrimonio, Louie enfermó gravemente durante su tercer embarazo y falleció a la edad de 31 años.

Joseph halló consuelo en la certeza de que Louie había partido “a un mundo mejor” y escribió en su diario personal la súplica de que fuera “digno de reunirme con ella en gloria eterna, para estar unidos de nuevo”2. Sin embargo, a pesar del consuelo y la esperanza que hallaba en el Evangelio, Joseph extrañaba a Louie terriblemente. Además, le preocupaba que sus hijas no tuvieran una madre en casa. Poco después de la muerte de Louie, Joseph conoció a Ethel Georgina Reynolds. Aunque su amor por Louie no había disminuido, llegó a amar a Ethel como amaba a sus propias hijas. Con la aprobación de sus padres, de los de Louie y de los de Ethel, Joseph le pidió a Ethel que se casara con él. Se sellaron el 2 de noviembre de 1908; juntos tuvieron una vida dichosa y llena de acontecimientos al tener nueve hijos más. Su hogar se caracterizó por el orden, el trabajo arduo, el respeto, la limpieza, la tierna disciplina, el amor y la sana diversión3.

Tras 29 años de matrimonio, Ethel falleció de una enfermedad debilitante que había consumido sus fuerzas durante cuatro años. Una vez más, Joseph estaba solo, pero con el consuelo de la certeza del matrimonio eterno4. Y nuevamente, conoció a alguien con quien compartir la vida. Joseph Fielding Smith y Jessie Evans se sellaron el 12 de abril de 1938. “Durante sus 33 años de vida juntos, ella lo acompañó a casi todo lugar, cercano y distante. Él, a su vez, le ayudaba a hacer las compras de los víveres, a secar la vajilla de la cena y a envasar frutas durante el otoño. No tenía reparos en ser un apóstol que usara un mandil [delantal]”5. Con frecuencia Jessie decía de su esposo: “Es el hombre más amable que he conocido. Jamás le he oído pronunciar alguna palabra descortés”. A lo que él respondía con una sonrisa: “No conozco ninguna palabra descortés”6.

El biógrafo John J. Stewart escribió sobre la dulzura y la compasión del presidente Smith para con Jessie: “Desde el púlpito exhortaba a los maridos a ser amorosos y devotos con sus esposas. No obstante, el mensaje que me conmueve es cuando él ascendió nueve calles por las empinadas avenidas del norte de Salt Lake City hasta el Hospital Santo de los Últimos Días, en un caluroso día de julio de 1971, en el que pasó su cumpleaños número 95 sentado junto al lecho de Jessie, su esposa enferma. Conforme empeoraba su condición, permaneció con ella día y noche durante varias semanas velando angustiosamente, brindándole hasta el final todo el consuelo y el aliento que le fue posible”7.

Jessie falleció el 3 de agosto de 1971. Dos meses después, el presidente Smith ofreció el discurso de apertura de la conferencia general. Su testimonio demostró que la confianza en el Señor y la esperanza de la vida eterna calmaban su tristeza:

“Me siento inspirado a decir junto con Job de antaño, cuyo conocimiento provino de la misma fuente de la cual ha venido el mío: ‘Yo sé que mi Redentor vive, y que al final se levantará sobre el polvo’ y que ‘he de ver en mi carne a Dios, a quien yo veré por mí mismo; y mis ojos lo verán…’ (Job 19:25–27).

“Y al unir mi testimonio al de Job, también quisiera unirme a él en acción de gracias, para exclamar, desde la angustia y el pesar de su alma: ‘…Jehová dio y Jehová quitó: ¡Bendito sea el nombre de Jehová!’ (Job 1:21).

“Ruego que todos seamos guiados por el poder del Espíritu Santo, para que andemos rectamente delante del Señor, y podamos heredar la vida eterna en las mansiones y reinos que están preparados para los obedientes”8.

Después del discurso del presidente Smith, el presidente Harold B. Lee, quien dirigía la reunión, dijo: “Estoy seguro de que todos los miembros de la Iglesia en todas partes, al comprender las circunstancias bajo las que él ha pronunciado este elocuente mensaje, han sido edificados en extremo por medio del poder y la fortaleza que él ha manifestado ante nosotros aquí, esta mañana. Gracias, presidente Smith, desde el fondo de nuestro corazón”9.

Las enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

El matrimonio celestial es la ordenanza suprema del evangelio de Jesucristo

No hay ordenanza alguna relacionada con el evangelio de Jesucristo que sea de mayor importancia, de naturaleza más solemne y sagrada, ni más necesaria para [nuestro] gozo eterno… que el matrimonio10.

La plenitud y las bendiciones del sacerdocio y del Evangelio surgen del matrimonio celestial. Es la ordenanza suprema del Evangelio y la ordenanza suprema del templo11.

Quiero rogar a mis buenos hermanos y hermanas, los buenos miembros de la Iglesia, que vayan al templo a casarse por esta vida y por toda la eternidad12.

2

A diferencia de las costumbres del mundo, el matrimonio perdura para siempre en el plan del Evangelio

Muchas personas consideran el matrimonio como un mero contrato o acuerdo civil entre un hombre y una mujer de que van a convivir en una relación matrimonial. Pero es, de hecho, un principio eterno del que depende la existencia misma del género humano. El Señor dio esta ley al hombre en el comienzo mismo del mundo como parte de la ley del Evangelio, y el primer matrimonio debía perdurar para siempre. De acuerdo con la ley del Señor, todo matrimonio debe perdurar para siempre. Si todo el género humano viviera en estricta obediencia al Evangelio y en el amor que engendra el Espíritu del Señor, todos los matrimonios serían eternos…

…El matrimonio, tal como lo entienden los Santos de los Últimos Días, es un convenio ordenado para ser sempiterno. Es el fundamento de la exaltación eterna, puesto que sin él no habría progreso eterno en el reino de Dios13.

“El matrimonio, tal como lo entienden los Santos de los Últimos Días, es un convenio ordenado para ser sempiterno”.

Es muy evidente para todos los de entre nosotros que leemos los periódicos, escuchamos los noticiarios de la radio y vemos lo que se emite en la televisión, que hay demasiadas personas que no consideran el matrimonio y la unidad familiar de la manera en la que el Señor pretende14.

El matrimonio es un convenio sagrado; sin embargo, en muchos casos, las personas vulgares e impuras —y también muchas que se creen refinadas pero que no respetan el carácter sagrado de este gran principio— lo hacen blanco de bromas groseras, un chiste, una ilusión pasajera15.

El Señor nos ha dado Su evangelio sempiterno para que nos sea por luz y estandarte, y dicho Evangelio incluye Su santo orden del matrimonio, que es eterno por naturaleza. No hemos de seguir las costumbres matrimoniales del mundo ni debemos hacerlo. Tenemos mayor luz de la que el mundo tiene y el Señor espera más de nosotros de lo que espera de ellos.

Sabemos cuál es el verdadero orden del matrimonio; sabemos el lugar que ocupa la unidad familiar en el Plan de Salvación; sabemos que debemos casarnos en el templo y que debemos mantenernos limpios y puros a fin de obtener el sello de aprobación del Santo Espíritu de la promesa en nuestra unión matrimonial.

Somos hijos espirituales de nuestro Padre Eterno, quien estableció un Plan de Salvación mediante el cual podríamos venir a la tierra y progresar y avanzar y llegar a ser semejantes a Él; es decir, proporcionó un plan del Evangelio que nos permitiría tener unidades familiares eternas propias y disfrutar de la vida eterna16.

El Señor jamás tuvo la intención de que el matrimonio finalizara con el fallecimiento del cuerpo mortal; sino añadir honra, dominio y poder a las partes que hacen dicho convenio, y la unidad continua y eterna de la familia en el reino de Dios. Tales bendiciones se reservan para quienes estén dispuestos a permanecer en ese convenio del modo en que el Señor lo reveló. No es meramente una sociedad entre un hombre y una mujer, puesto que, como el Señor ha dicho, en el matrimonio éstos llegan a ser una sola carne y entran en una sociedad con Dios17.

3

La fidelidad al convenio matrimonial trae dicha y conduce a las bendiciones de la gloria eterna

Estoy agradecido al Señor por el conocimiento de la eternidad del convenio del matrimonio, que da al marido el derecho de reclamar a su esposa y a ésta el derecho de reclamar a su marido en el mundo venidero, si es que han ido a la Casa del Señor y alguien que posee el poder sellador los ha unido por esta vida y por toda la eternidad, ya que esa gran bendición no puede obtenerse de ninguna otra forma. También estoy agradecido por el conocimiento de que, en los casos en que estén debidamente organizadas, la relación familiar y la unidad de la familia continuarán en rectitud en la vida venidera18.

Quiero suplicar a las personas que han ido al templo y se han casado de esa manera que sean fieles y leales a sus convenios y obligaciones, ya que han hecho convenios solemnes en la Casa del Señor19.

Nada preparará tan rápidamente al género humano para la gloria en el reino de Dios como la fidelidad al convenio del matrimonio…

Si dicho convenio se recibe adecuadamente, llega a ser la fuente de la mayor dicha. Las bendiciones que resultan de él son el honor más grande en esta vida y en la venidera; honor, dominio y poder en amor perfecto. Esas bendiciones de gloria eterna se reservan para quienes están dispuestos a permanecer en ese y en todos los demás convenios del Evangelio20.

“En los casos en que estén debidamente organizadas, la relación familiar y la unidad de la familia continuarán en rectitud en la vida venidera”.

¿Qué significa el matrimonio para los miembros de la Iglesia? Significa que reciben en esta ordenanza la bendición más grande, la suprema bendición, la bendición de vidas eternas. Ahora bien, ésa es la manera en la que el Señor lo expresa: “vidas eternas”, lo cual significa que no sólo el marido y la esposa entrarán en la vida eterna, sino que sus hijos que hayan nacido bajo el convenio también tendrán derecho a vidas eternas mediante su fidelidad. Y más aún, que la relación entre el marido y la esposa no llegará a su fin después de la resurrección de los muertos. Con eso el Señor quiere decir que tendrán continuación de las simientes por siempre, y que la organización de la familia no tiene fin [véase D. y C. 132:19–24]21.

A fin de cumplir con los propósitos de nuestro Padre Eterno, debe existir una unión en la que los maridos y las esposas reciban las bendiciones que se prometen a quienes son fieles y leales, las cuales los exaltarán a la Divinidad. El hombre no puede recibir la plenitud de las bendiciones del reino de Dios solo, ni tampoco puede hacerlo la mujer, pero los dos juntos pueden recibir todas las bendiciones y privilegios pertinentes a la plenitud del reino del Padre22.

4

Toda alma cuyo corazón sea recto tendrá la oportunidad de recibir las bendiciones del matrimonio eterno, ya sea en esta vida o en la venidera

No se ha pasado nada por alto en el gran Plan de Salvación. El evangelio de Jesucristo es lo más bello del mundo. Acoge a toda alma cuyo corazón sea recto y que con diligencia lo busque a Él y desee obedecer Sus leyes y convenios. Por tanto, si alguna persona, por cualquier causa, se viera privada del privilegio de cumplir con alguno de los convenios, el Señor la juzgará según las intenciones del corazón. Hay millares de miembros de la Iglesia [que no tienen acceso a los templos], que se han casado y han criado familias en la Iglesia, que se han visto privados del privilegio de ser “sellados” por esta vida y por toda la eternidad. Muchos de ellos han fallecido y se les han brindado sus bendiciones de manera vicaria. El Evangelio es una obra vicaria. Jesús efectuó una obra por todos nosotros de manera vicaria, dado que nosotros no podíamos hacerla por nosotros mismos. Del mismo modo, ha concedido a los miembros vivos de la Iglesia que puedan actuar como representantes de quienes han muerto sin la oportunidad de actuar en su propio nombre.

Es más, hay millares de jóvenes, así como de jovencitas, que han pasado al mundo de los espíritus sin la oportunidad de esas bendiciones. Muchos de ellos han dado la vida en la batalla; muchos han muerto en la flor de la vida; y muchos han muerto en la infancia. El Señor no olvidará ni siquiera a uno de ellos. Se les darán todas las bendiciones correspondientes a la exaltación, puesto que ése es el curso de la justicia y la misericordia. Asimismo sucede con quienes viven en las estacas de Sión y en las zonas cercanas a nuestros templos; si se ven privados de bendiciones en esta vida, se les darán dichas bendiciones durante el milenio23.

Nadie que permanezca fiel puede ser privado de la exaltación … Un esposo indigno no puede impedir que una esposa fiel reciba la exaltación y viceversa24.

5

Los niños y los jóvenes se preparan para el matrimonio eterno conforme aprenden sobre el convenio del matrimonio, cultivan una fe firme, y se conservan limpios y puros

Ruego que todos los padres y madres Santos de los Últimos Días procuren enseñar a sus hijos el carácter sagrado del convenio del matrimonio. Que inculquen a sus hijos que no hay otro modo que no sea el de honrar los convenios de Dios, entre los cuales el del matrimonio eterno es uno de los mayores y el más esencial, en el que puedan obtener las bendiciones de vidas eternas 25.

Esta vida es breve, y la eternidad es larga. Al considerar que el convenio del matrimonio perdurará para siempre, es conveniente prestarle detenida consideración … El consejo adecuado para nuestros jóvenes es que lo consideren cuidadosamente, con el fin de escoger bien a un compañero que tenga una fe firme en el Evangelio. Es más probable que tal persona se muestre fiel a todos los votos y convenios. Cuando el joven y la jovencita están completamente fundados en la divina misión de nuestro Señor, y creen en el Evangelio tal como fue revelado mediante José Smith, el Profeta, tienen grandes probabilidades a favor de una unión dichosa que perdure por siempre26.

Les ruego a ustedes, los jóvenes de Sión de todas partes, que se conserven limpios y puros de modo que tengan derecho a ir a la Casa del Señor y, junto con los compañeros de su elección, gocen todas esas grandes bendiciones que el Señor les ofrece27.

Algo… en lo que quisiera hacer hincapié es que cuando los jóvenes se casan, no están satisfechos con empezar con poco y humildemente, sino que quieren recibir casi tanto como sus padres poseen en el momento en que ellos, los hijos, se casan … Quieren comenzar con todos los elementos que existan en el mundo para ofrecer comodidad. Pienso que eso es un error. Creo que deberían empezar humildemente, poniendo su fe en el Señor, edificando un poco aquí y un poco allí según puedan, acumulando de forma gradual, hasta poder alcanzar una posición de prosperidad tal como la que deseen tener28.

6

Conforme el marido y la esposa observen fielmente todas las ordenanzas y los principios del Evangelio, su dicha en el matrimonio aumentará en dulzura

El matrimonio fue ordenado por Dios; es un principio recto cuando se recibe y practica en santidad. Si hoy en día los hombres y las mujeres entraran en ese convenio con un espíritu de humildad, amor y fe, cual se les manda hacer, andando con rectitud en las sendas de la vida eterna, no habría divorcios ni hogares destruidos; sino una felicidad, un gozo, que excede toda expresión29.

Quiero recalcar a todos mis buenos hermanos y hermanas que se han casado en el templo que jamás deben olvidar las grandes bendiciones que se les confirieron: Que el Señor les ha dado, por medio de la fidelidad de ellos, el derecho de llegar a ser Sus hijos e hijas, coherederos con Jesucristo, y poseer, como dice aquí, todo lo que el Padre tiene [en referencia a Romanos 8:13–19 y Doctrina y Convenios 76:54–60].

Y sin embargo, hay miembros de la Iglesia que no comprenden eso, y que tras casarse por esta vida y por toda la eternidad… y recibir la promesa de la plenitud del reino del Padre, permiten que se interpongan en su vida algunas cosas que generan fricción y los separan; y olvidan que han concertado el uno con el otro un convenio por esta vida y por toda la eternidad; y no sólo eso, sino que han concertado un convenio con su Padre Celestial30.

Conforme el marido y la esposa observen fielmente el Evangelio juntos, su dicha en el matrimonio “aumentará en dulzura”.

Si un hombre y su esposa observan ferviente y fielmente todas las ordenanzas y los principios del Evangelio, no puede surgir causa alguna para divorciarse. La dicha y la felicidad de la relación matrimonial aumentará en dulzura, y el marido y la esposa se apegarán más el uno al otro con el paso de los días. No sólo el marido amará a la esposa y la esposa al marido, sino que los hijos que nazcan de ellos vivirán en un entorno de amor y armonía. El amor de cada uno de ellos hacia el resto no menguará, y aún más, el amor de todos hacia nuestro Padre Eterno y Su Hijo Jesucristo se arraigará con más firmeza en su alma31.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • Este capítulo comienza con ejemplos de la dicha y la tristeza que pueden formar parte del matrimonio y la vida familiar. ¿Cómo puede sostenernos la doctrina de la familia eterna al atravesar los momentos felices y los tristes de la vida?

  • ¿Qué es lo que convierte al matrimonio celestial en “la ordenanza suprema del templo”? (véase la sección 1).

  • El presidente Smith comparó el modo en que el Señor ve el matrimonio con la forma en la que el mundo lo ve (véase la sección 2). ¿Qué le resulta significativo de esa comparación? ¿Cómo podemos proteger y fortalecer el matrimonio y la familia en el mundo de hoy?

  • En la sección 3, el presidente Smith enumera por lo menos cinco bendiciones que reciben quienes son “fieles y leales” al convenio del matrimonio. ¿Qué significa en su opinión ser fiel y leal al convenio del matrimonio?

  • ¿Cuáles son algunas de las cosas que los padres pueden hacer para “enseñar a sus hijos el carácter sagrado del convenio del matrimonio”? (Para consultar algunas ideas, véase la sección 5).

  • En la sección 6, el presidente Smith explica el modo en que la relación matrimonial puede aumentar “en dulzura”. ¿Qué ejemplos ha visto usted de ese principio? Si está casado, piense en cuanto a lo que pueda hacer para que haya más dicha y amor en su matrimonio.

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

1 Corintios 11:11; D. y C. 42:22; 131:1–4; Moisés 3:18–24.

Ayuda didáctica

“Las preguntas escritas en la pizarra antes de empezar la clase ayudarán a los alumnos para que comiencen a pensar en los temas de la lección” (La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 105).

Mostrar las referencias

    Notas

  1.   1.

    Véase Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, 1972, págs. 65–75; Francis M. Gibbons, Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, 1992, págs. 51–55.

  2.   2.

    En The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 162.

  3.   3.

    Véase The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 214–241.

  4.   4.

    Véase The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 249.

  5.   5.

    The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 12–13.

  6.   6.

    En The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 268.

  7.   7.

    John J. Stewart, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 11; aunque esta obra es de autoría conjunta con John J. Stewart y Joseph Fielding Smith, hijo, el comentario es una observación personal de John J. Stewart.

  8.   8.

    Véase “Sé que mi Redentor vive”, Liahona, mayo de 1972, pág. 3.

  9.   9.

    En Conference Report, octubre de 1971, pág. 7.

  10.   10.

    “The Law of Chastity”, Improvement Era, septiembre de 1931, pág. 643; véase también Doctrina de Salvación, comp. por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1978–1979, tomo II, pág. 54.

  11.   11.

    En “Lay Cornerstone at Provo Temple”, Deseret News, 22 de mayo de 1971, pág. B2.

  12.   12.

    En Conference Report, octubre de 1951, pág. 120.

  13.   13.

    “The Perfect Marriage Covenant”, Improvement Era, octubre de 1931, pág. 704.

  14.   14.

    “President Joseph Fielding Smith Speaks to 14,000 Youth at Long Beach, California”, New Era, julio de 1971, págs. 7–8.

  15.   15.

    The Restoration of All Things, 1945, pág. 259.

  16.   16.

    “President Joseph Fielding Smith Speaks to 14,000 Youth at Long Beach, California”, pág. 8.

  17.   17.

    The Restoration of All Things, pág. 259.

  18.   18.

    En Conference Report, abril de 1915, pág. 119.

  19.   19.

    En Conference Report, octubre de 1951, pág. 120.

  20.   20.

    “The Law of Chastity”, pág. 643; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 55.

  21.   21.

    En Conference Report, octubre de 1951, págs. 120–121.

  22.   22.

    “Obedience to the Truth”, Relief Society Magazine, enero de 1960, pág. 6.

  23.   23.

    Answers to Gospel Questions, comp. por Joseph Fielding Smith, hijo, 5 tomos, 1957–1966, tomo II, págs. 37–38.

  24.   24.

    Véase correspondencia personal, citada en Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 61.

  25.   25.

    En Conference Report, octubre de 1965, pág. 30.

  26.   26.

    “Marriage Ordained of God”, Young Woman’s Journal, junio de 1920, págs. 307–308; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 72.

  27.   27.

    “President Joseph Fielding Smith Speaks to 14,000 Youth at Long Beach, California”, pág. 10.

  28.   28.

    En Conference Report, abril de 1958, pág. 30.

  29.   29.

    The Restoration of All Things, pág. 259.

  30.   30.

    En Conference Report, abril de 1949, pág. 135.

  31.   31.

    En Conference Report, abril de 1965, pág. 11.